Una triste noticia. El tradicional restaurante reinó 42 años
en la esquina de 18 y Ejido del otro lado del charco. Como si fuera poco
será reemplazado por la cadena Burger King.
“Por lo general está limpio, pero hoy no. Acá es donde se hacían las
pizzas, las pastas, los flanes”, dice el empleado. Es donde funcionaba
la cocina: el subsuelo de lo que hasta hoy era La Pasiva de 18 de Julio y
Ejido.
El piso está sucio, las cámaras frigoríficas están vacías y la única
comida que se ve son restos de muzzarella en algún plato y de fainá en
un tacho de desperdicios.
Quien muestra esto es Álvaro Aunchayna, un corpulento cocinero de 40
años que trabajaba desde hace un año en el local. Abre una gruesa y
antigua puerta de madera tras la que se ven unos grandes recipientes de
metal. “La cerveza de barril. Están quedando… veinte litros”, dice
mientras muestra y sacude los recipientes.
En ese momento son las 18.15, y cuando se acabe esa cerveza quedará poco que hacer en el lugar. Álvaro toma un bidón de plástico blanco al que le quedan un par de litros de un líquido blanquecino: “La última mostaza de La Pasiva. Esta es la última, la original. La polenta”, dice Álvaro con humor. Todo un símbolo de la casa: la mostaza de La Pasiva.
Arriba, en el comedor, el ruido de una sierra eléctrica y de una maza
aturde al público. Se trata de cinco obreros que se dedican a desarmar
el barril gigante de madera y metal que adorna el espacio.
Los cerca de veinte clientes que se reparten entre la barra y las
mesas del interior del local intentan disfrutar sobre el chillido agudo
alguno de los platos tradicionales: unos panchos, unas húngaras a la
plancha y las últimas jarras de cerveza de barril. Los últimos que
servirán los mozos de esta Pasiva.
Algunos clientes registran con las cámaras de fotos de sus celulares
el final de uno de los íconos del paisaje urbano de Montevideo.
“Es difícil. Mi familia… Desde mis hijos a mis nietos nacieron
trabajando yo acá. Viene esa desazón que le queda a uno en las
postrimerías de la vida”, confiesa Barranqué con los ojos humedecidos.
La emoción que demuestra contrasta con el chirrido insoportable de las
sierras y el pedido repentino de un cliente que se acerca en busca del
último trofeo: un pancho planchado y una húngara.
El
mismo Barranqué presenta a Luis, “un cliente, un señor”. Luis, de unos
50 años, no oculta la pena que le da ver cómo desarman el local mientras
sus amigos siguen trabajando.
“Yo jugaba al fútbol con los mozos. Ellos salen a la una de la mañana
y jugamos contra otras Pasivas a las dos en Sudamérica”, cuenta.
Explica que estar ahí es como un pequeño homenaje. Muestra un pedazo de
papel: “El último ticket…”, y agrega, con orgullo: “Aparte, con panchos,
¿no?”
El ambiente no es de tristeza. Hay dolor, en eso coinciden todos.
Pero no faltan las bromas y la ironía. “¡Se va La Pasiva! Como la Onda…
La gente va a pasar y va a decir acá estaba La Pasiva”, bromea. Es
Aunchayna, que despide los últimos chops al grito de: “¡De los últimos
tengo, de los últimos!”, e ilustra la situación: “¿Viste los músicos del
Titanic, que siguieron tocando? Bueno, acá pasa lo mismo”, parodia con
un grado de oportunismo histórico.
Él sabe que no puede compararse con los que llevan más de 40 años
trabajando en este lugar. “Mañana a más de uno de los veteranos se les
va a piantar un lagrimón”, dice.
En la cocina, una pequeña bandera de Uruguay, de las que se cuelgan
en las ventanas de los autos, se iza sobre una chimenea. “Es una
promesa. Mañana lo último que voy a hacer es bajar aquella bandera
uruguaya. La puse yo y la voy a sacar yo. La puse cuando supimos que nos
íbamos, hace 30 días, nos dieron el ultimátum. La encontré en la calle,
la lavé, aunque no se debe, y la colgué. Dije, cuando nos vayamos la
voy a sacar. Cosillas”, suspira el cocinero. Luego, antes de subir a
cumplir con sus últimas horas, mira la cocina sucia y vacía y dice. “Lo
que fue La Pasiva y lo que queda… ¡Dale un beso que se va!”, agrega con
humor y un trasfondo de amargura el robusto cocinero.
[Fuente: El País de Montevideo - Foto: Flick adrianaMk - escrito por Fondo de Olla: fondodeolla.com ]
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