Familias comparten tips para evitar que los hijos
pierdan la lengua materna.
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| En el hogar de los Jiménez Lozano el español es la lengua obligatoria. |
Nueva York – Nicolás Jiménez, de 10 años, lee,
escribe y habla en español tanto como en inglés. Eso es en parte porque en la
escuela P.S. 116, en el Alto Manhattan, recibe clases y se comunica con sus
compañeros en ambos idiomas. Pero en casa sólo se habla español.
"Es un poco más fácil leer en inglés, pero me
siento cómodo con los dos", admite el niño de familia colombiana.
Sus padres, Juan Pablo Jiménez, de 40 años, y
María Eugenia Lozano, de 38, aseguran que la constancia y la tenacidad son la
fórmula para preservar el español en una sociedad donde el inglés es la lengua
dominante.
"Aquí en Estados Unidos no se reconoce la
importancia que tiene la lengua materna para reforzar el sentido de identidad,
autoestima y orgullo en los niños", afirma María Eugenia, quien estudia un
doctorado en docencia e investiga técnicas para conservar la lengua materna.
Además de su regla de "sólo español", Lozano
dice que siempre está en la búsqueda de libros originales en ese idioma, porque
ha detectado que las traducciones no hacen que Nicolás "devore las páginas"; y
se asegura de hablar con frecuencia con los abuelos en Colombia y viajar al
menos una vez al año a ese país para compartir con la familia y "equipar" la
biblioteca casera.
Juan Pablo, su esposo, también profesor e
investigador de español, asegura que el bilingüismo potencia el rendimiento
académico y que los niños que hablan una o dos lenguas "no sólo son más
productivos, sino manejan un vocabulario más completo".
En uno de sus estudios, Juan Pablo vio a una
maestra entregar libros de prekinder a una niña mexicana recién llegada, a pesar
de que en su país ya había cursado hasta el segundo grado.
Él usa esa anécdota
para ilustrar que, algunos docentes en este país siguen considerando no hablar
inglés como una falla de aprendizaje.
La maestra Donna McKenna, quien enseña en el
mayor programa bilingüe de la ciudad en Queens, aclara: "Más que un obstáculo
para la formación, desenvolverse como bilingües debería ser tomado como una
habilidad y un recurso para niños que aprenden a manejarse en esta sociedad".
Ser bilingüe 'is a plus'
Según McKenna, muchos maestros desalientan a
sus alumnos a que hablen su lengua y los motivan a que se comuniquen sólo en
inglés por desinformación o por creer que "mientras más te sumerjas en una
lengua, más rápido la aprenderás", explica la docente.
Por otra parte, la presión por asimilarse a
una sociedad y cultura ajenas hace que "los padres prefieran que sus hijos
estudien en inglés", sin cuidar que ellos continúen adquiriendo destrezas en su
propio idioma.
Por eso, McKenna recomienda a los padres de su
escuela leer el periódico con sus hijos, conversar sobre lo que leen, visitar la
biblioteca pública para hallar libros en su lengua materna y, especialmente,
enseñarles a abandonar su cultura.
"Si no hay libros, conversaciones o algún
reforzamiento en el hogar no es posible lograr que el niño hable, lea y escriba
una lengua, mucho menos dos", dice la docente quien tiene un hogar bilingüe.
Libros, música y comida
Tras 20 años en el país, el dominicano
Wellington De La Cruz, de 35, lucha a diario para que su hijo de seis años se
comunique en español. "Cuando nos dice algo en inglés le enseñamos cómo decirlo
en español", dice.
"También una o dos veces por semana la lectura
de la noche es en español", agrega. Y como a su pequeño le encanta el merengue,
utiliza la música para su formación bilingüe. "El canta todas las canciones",
dice este padre quien sostiene que mantener sus valores y cultura es vital para
el futuro de sus hijos.
A Iris Minaya, residente de Los Sures, utiliza
la televisión como instrumento para la formación bilingüe de su niña de once
años. Viendo premiaciones o programas de espectáculos ha logrado captar su
atención. "Ella entiende, habla y escribe bien, pero como yo estoy aprendiendo
inglés también tratamos de hablar en inglés en casa", explica.
La comida le ha servido para reforzar sus
raíces. "En eso sí es 100% dominicana, porque le encanta un mangú", bromea esta
madre que repite el dictamen de su profesor. "En diez años, quien no hable
español en este país no tendrá futuro".


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