Escrito por Natalia Rivera Hoyos
Antes del 4 de
octubre lo veíamos como una hipótesis estadística o una posibilidad
estocástica. Creíamos en las encuestas y pensábamos que una victoria de
Bolsonaro no se vería con contundencia en la primera vuelta, que la batalla se
daría hasta la segunda y el equilibrio precario entre izquierdas y derechas se
definiría, tal vez por un suspiro, a fines de mes. Y claro, pensábamos que
sería a favor de Lula.
Pero Flávio Bolsonaro venció la primera ronda de la
elección presidencial, y su partido, el Partido Liberal (PL), ganó el
Legislativo -ambas cámaras- y varias gubernaturas. La perspectiva del 25 de
octubre ahora se ve distinta, incluso si Bolsonaro pierde la elección
presidencial. Sería histórico, pues desde la redemocratización en Brasil,
ningún candidato presidencial que ha perdido la primera vuelta ha logrado
vencer en la segunda. Flávio Bolsonaro puede perder, pero el bolsonarismo ya
ganó. ¿Qué ganó Bolsonaro sin ganar (todavía) la presidencia de Brasil?
Me arriesgo a decir que ganó las condiciones de la
gobernabilidad nacional por, al menos, los siguientes 4 años. Ganó una fuerza
electoral que sostendrá un movimiento de derecha de largo aliento, ganó el
poder en 5 estados que gobiernan 32 millones de habitantes y donde se gesta y
crece la industria, las finanzas y el agronegocio en Brasil. En mi perspectiva,
el bolsonarismo ganó las condiciones para transformar un cambio de partido en
un cambio de régimen.
Gubernaturas
La primera vuelta de las elecciones en Brasil terminó con
al menos 20 gubernaturas electas. Cinco estados y el Distrito Federal tendrán
segunda vuelta. De esas 20 gubernaturas, el PL ganó 5: Paraná, Rio Grande do
Sul, Santa Catarina, Rondônia y Roraima. Su aliado, el partido Republicanos,
ganó nuevamente São Paulo y venció en Minas Gerais y Mato Grosso. Río de
Janeiro está a la espera de una decisión judicial sobre la candidatura de
Anthony Garotinho; si se confirma su inelegibilidad, Douglas Ruas (del PL)
podría ganar en primera vuelta; de lo contrario, habrá una segunda vuelta
contra Eduardo Paes.
Estos resultados confirman un corredor del sur gobernado
por la derecha, con los estados más poblados y más ricos bajo su control, con
poder de decisión sobre los centros financieros e industriales del país y buena
parte del agronegocio brasileño bajo su bandera política.
Cámara de Diputados
Con los resultados del 4 de octubre, el PL ganó la Cámara
de Diputados. Tendrá 121 de 513 diputados federales. Rompió récord. Ningún
partido había sumado una bancada de ese tamaño desde 1986, en la primera
elección tras el fin de la dictadura, cuando la oposición, reunida bajo el
Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), logró 260 escaños a su
favor.
Esta vez, si sumamos los aliados de derecha (el Partido
Progresista y Republicanos), el bolsonarismo puede sumar 303 diputados, el 59 %
de la Cámara.
Cámara de
Senadores
En esta elección, se votaron dos terceras partes de la
Cámara de Senadores, 54 de 81 escaños. De esos 54, el PL ganó 19, que, sumados
a los 9 que ya tenía, alcanza 28 senadores. También un récord. Además de los 19
electos del PL, 11 senadores de otros partidos fueron electos con el apoyo de
Bolsonaro, de modo que entre senadores recién electos y senadores a la mitad de
su mandato, la bancada bolsonarista puede sumar 39 escaños. El PT de Lula, la
segunda fuerza en el Senado, apenas pudo sumar 9 espacios.
Entre los nuevos integrantes de la Cámara
alta, ya se posicionó el apellido Bolsonaro. Michelle Bolsonaro, esposa de Jair
y madrastra de Flávio, fue electa por el Distrito Federal (Brasília) como la
candidata más votada, y Carlos Bolsonaro, hermano de Flávio, fue electo por
Santa Catarina.
Del Legislativo al Judicial
El control del Senado era clave para el
proyecto bolsonarista, pues es la cámara que aprueba las propuestas de la
Presidencia de la República para los ministros del Supremo Tribunal Federal (el
equivalente a la Suprema Corte de Justicia en México), y la única instancia que
puede iniciar y juzgar su destitución.
Por un lado, el Senado tendrá poder sobre
el nombramiento de al menos 3 nuevos ministros: una posición que se liberó en
2025 y que sigue vacante, una que deberá renovarse en 2028 y otra en 2029. Además,
uno de los ministros actuales tiene prevista su jubilación el penúltimo día del
próximo mandato presidencial, el 30 de diciembre de 2030, y quien gane la
elección presidencial este año podría sumar esa cuarta vacante a su lista de
posiciones por ocupar. De ser así, el bolsonarismo habrá nombrado 6 de 11
ministros del Supremo Tribunal Federal (STF), y tendría mayoría también en ese
poder.
Por otro lado, este Senado bolsonarista
podría finalmente iniciar el proceso de destitución del ministro Alexandre de
Moraes que Jair Bolsonaro ha querido concretar desde 2021 por investigaciones
judiciales en su contra. Tras los sucesos de 2022, por los que Jair Bolsonaro
fue juzgado y sentenciado, Moraes fue nombrado como el relator responsable de
su caso y es quien todavía puede decidir sobre las medidas cautelares y las
restricciones en su comunicación.
Para destituirlo, el bolsonarismo necesita
54 votos que el PL no tiene por sí solo, pero que podría alcanzar con sus
aliados de derecha y mediante negociaciones con el llamado “Centrão” (el bloque
de partidos de centro-derecha). Febrero de 2027 será fundamental para eso, pues
el Senado elegirá a su presidente, el cargo que decide qué denuncias se
tramitan, incluidas las solicitudes de destitución de los jueces del Supremo.
La composición del STF importa también para
el Tribunal Superior Electoral, pues 3 de sus 7 ministros deben ser,
obligatoriamente, miembros del STF. Así, quien juzga en la cúpula del Poder
Judicial federal también lo puede hacer en la cúpula del máximo órgano
electoral de ese país.
Queda claro que al bolsonarismo le interesa
y le favorece un STF debilitado y bajo su control, sin fuerza para investigar y
castigar la corrupción política, que no interfiera en los excesos
presidenciales, que no bloquee reformas constitucionales y que pueda defender
los intereses electorales de la derecha. El bolsonarismo necesita un Poder
Judicial a modo, que respalde las nuevas reglas del juego y que se someta él
mismo a nuevas directrices. Y claro, que le dé amnistía a Jair Bolsonaro y lo
libere de la prisión domiciliaria.
En uno de sus discursos tras la victoria
del primer turno, Bolsonaro declaró sus planes legislativos, y celebró que
“Brasil ya me dio un Congreso mucho más a la derecha de lo que es hoy. Con
mayoría en el Senado para elegir al presidente del Senado, con mayoría en la
Cámara para elegir al presidente de la Cámara. Para que cambiemos la
Constitución, para que redemocraticemos este país, para que las instituciones
vuelvan a respetar la Constitución.”
No veo un aviso más claro. El bolsonarismo
ya llegó. Con Flávio o sin Flávio, cambiarán las reglas del juego.
Natalia Rivera Hoyos es politóloga por El Colegio de México y maestra en Sociología por la Universidad de São Paulo, en Brasil
[Fuente: www.nexos.com.mx]

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