sábado, 10 de outubro de 2026

¿Qué ganó Bolsonaro sin ganar (todavía) la presidencia de Brasil?

 


Escrito por Natalia Rivera Hoyos 

Antes del 4 de octubre lo veíamos como una hipótesis estadística o una posibilidad estocástica. Creíamos en las encuestas y pensábamos que una victoria de Bolsonaro no se vería con contundencia en la primera vuelta, que la batalla se daría hasta la segunda y el equilibrio precario entre izquierdas y derechas se definiría, tal vez por un suspiro, a fines de mes. Y claro, pensábamos que sería a favor de Lula.

Pero Flávio Bolsonaro venció la primera ronda de la elección presidencial, y su partido, el Partido Liberal (PL), ganó el Legislativo -ambas cámaras- y varias gubernaturas. La perspectiva del 25 de octubre ahora se ve distinta, incluso si Bolsonaro pierde la elección presidencial. Sería histórico, pues desde la redemocratización en Brasil, ningún candidato presidencial que ha perdido la primera vuelta ha logrado vencer en la segunda. Flávio Bolsonaro puede perder, pero el bolsonarismo ya ganó. ¿Qué ganó Bolsonaro sin ganar (todavía) la presidencia de Brasil?

Me arriesgo a decir que ganó las condiciones de la gobernabilidad nacional por, al menos, los siguientes 4 años. Ganó una fuerza electoral que sostendrá un movimiento de derecha de largo aliento, ganó el poder en 5 estados que gobiernan 32 millones de habitantes y donde se gesta y crece la industria, las finanzas y el agronegocio en Brasil. En mi perspectiva, el bolsonarismo ganó las condiciones para transformar un cambio de partido en un cambio de régimen.

Gubernaturas

La primera vuelta de las elecciones en Brasil terminó con al menos 20 gubernaturas electas. Cinco estados y el Distrito Federal tendrán segunda vuelta. De esas 20 gubernaturas, el PL ganó 5: Paraná, Rio Grande do Sul, Santa Catarina, Rondônia y Roraima. Su aliado, el partido Republicanos, ganó nuevamente São Paulo y venció en Minas Gerais y Mato Grosso. Río de Janeiro está a la espera de una decisión judicial sobre la candidatura de Anthony Garotinho; si se confirma su inelegibilidad, Douglas Ruas (del PL) podría ganar en primera vuelta; de lo contrario, habrá una segunda vuelta contra Eduardo Paes.

Estos resultados confirman un corredor del sur gobernado por la derecha, con los estados más poblados y más ricos bajo su control, con poder de decisión sobre los centros financieros e industriales del país y buena parte del agronegocio brasileño bajo su bandera política.

Cámara de Diputados

Con los resultados del 4 de octubre, el PL ganó la Cámara de Diputados. Tendrá 121 de 513 diputados federales. Rompió récord. Ningún partido había sumado una bancada de ese tamaño desde 1986, en la primera elección tras el fin de la dictadura, cuando la oposición, reunida bajo el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), logró 260 escaños a su favor.

Esta vez, si sumamos los aliados de derecha (el Partido Progresista y Republicanos), el bolsonarismo puede sumar 303 diputados, el 59 % de la Cámara.

Cámara de Senadores

En esta elección, se votaron dos terceras partes de la Cámara de Senadores, 54 de 81 escaños. De esos 54, el PL ganó 19, que, sumados a los 9 que ya tenía, alcanza 28 senadores. También un récord. Además de los 19 electos del PL, 11 senadores de otros partidos fueron electos con el apoyo de Bolsonaro, de modo que entre senadores recién electos y senadores a la mitad de su mandato, la bancada bolsonarista puede sumar 39 escaños. El PT de Lula, la segunda fuerza en el Senado, apenas pudo sumar 9 espacios.

Entre los nuevos integrantes de la Cámara alta, ya se posicionó el apellido Bolsonaro. Michelle Bolsonaro, esposa de Jair y madrastra de Flávio, fue electa por el Distrito Federal (Brasília) como la candidata más votada, y Carlos Bolsonaro, hermano de Flávio, fue electo por Santa Catarina.

Del Legislativo al Judicial

El control del Senado era clave para el proyecto bolsonarista, pues es la cámara que aprueba las propuestas de la Presidencia de la República para los ministros del Supremo Tribunal Federal (el equivalente a la Suprema Corte de Justicia en México), y la única instancia que puede iniciar y juzgar su destitución.

Por un lado, el Senado tendrá poder sobre el nombramiento de al menos 3 nuevos ministros: una posición que se liberó en 2025 y que sigue vacante, una que deberá renovarse en 2028 y otra en 2029. Además, uno de los ministros actuales tiene prevista su jubilación el penúltimo día del próximo mandato presidencial, el 30 de diciembre de 2030, y quien gane la elección presidencial este año podría sumar esa cuarta vacante a su lista de posiciones por ocupar. De ser así, el bolsonarismo habrá nombrado 6 de 11 ministros del Supremo Tribunal Federal (STF), y tendría mayoría también en ese poder.

Por otro lado, este Senado bolsonarista podría finalmente iniciar el proceso de destitución del ministro Alexandre de Moraes que Jair Bolsonaro ha querido concretar desde 2021 por investigaciones judiciales en su contra. Tras los sucesos de 2022, por los que Jair Bolsonaro fue juzgado y sentenciado, Moraes fue nombrado como el relator responsable de su caso y es quien todavía puede decidir sobre las medidas cautelares y las restricciones en su comunicación.

Para destituirlo, el bolsonarismo necesita 54 votos que el PL no tiene por sí solo, pero que podría alcanzar con sus aliados de derecha y mediante negociaciones con el llamado “Centrão” (el bloque de partidos de centro-derecha). Febrero de 2027 será fundamental para eso, pues el Senado elegirá a su presidente, el cargo que decide qué denuncias se tramitan, incluidas las solicitudes de destitución de los jueces del Supremo.

La composición del STF importa también para el Tribunal Superior Electoral, pues 3 de sus 7 ministros deben ser, obligatoriamente, miembros del STF. Así, quien juzga en la cúpula del Poder Judicial federal también lo puede hacer en la cúpula del máximo órgano electoral de ese país.

Queda claro que al bolsonarismo le interesa y le favorece un STF debilitado y bajo su control, sin fuerza para investigar y castigar la corrupción política, que no interfiera en los excesos presidenciales, que no bloquee reformas constitucionales y que pueda defender los intereses electorales de la derecha. El bolsonarismo necesita un Poder Judicial a modo, que respalde las nuevas reglas del juego y que se someta él mismo a nuevas directrices. Y claro, que le dé amnistía a Jair Bolsonaro y lo libere de la prisión domiciliaria.

En uno de sus discursos tras la victoria del primer turno, Bolsonaro declaró sus planes legislativos, y celebró que “Brasil ya me dio un Congreso mucho más a la derecha de lo que es hoy. Con mayoría en el Senado para elegir al presidente del Senado, con mayoría en la Cámara para elegir al presidente de la Cámara. Para que cambiemos la Constitución, para que redemocraticemos este país, para que las instituciones vuelvan a respetar la Constitución.”

No veo un aviso más claro. El bolsonarismo ya llegó. Con Flávio o sin Flávio, cambiarán las reglas del juego.

Natalia Rivera Hoyos es politóloga por El Colegio de México y maestra en Sociología por la Universidad de São Paulo, en Brasil

 

[Fuente: www.nexos.com.mx]

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