La cumbre, celebrada en Toronto, se centró en azuzar la islamofobia, criminalizar a los judíos de izquierdas y alimentar las acusaciones de antisionismo a quienes se oponen al genocidio en Palestina
Escrito por Shiri Pasternak
Uno de los paneles del Simposio Mundial contra el Antisionismo
Mondoweiss
Al describir al judío antisionista como un insecto “execrable” con el
cerebro secuestrado por un parásito, Gad Saad, psicólogo evolucionista y
profesor de marketing en Canadá de origen libanés, pidió a la gran sala,
repleta de cientos de personas, que gritaran los nombres de los “grillos más
degenerados”. La multitud comenzó a gritar con entusiasmo una lista de judíos.
“¡Bernie Sanders!”, “¡Peter Beinart!”.
Saad respondió desde el estrado: “Beinart es un buen ejemplo, lo
desprecio. Pero no”. Hizo una
pausa. “Gabor Maté”.
Maté es un médico y escritor húngaro-canadiense, de renombre
internacional por su trabajo en la investigación del trauma y las adicciones.
También denuncia la “ocupación brutal e ilegal de los territorios palestinos
por parte de Israel”. Saad se burló de la hipocresía “empática” de Maté y
calificó de “exageración” creer que es un superviviente del Holocausto. Según
él, se trata de una falsa posición desde la que manipular a la gente, ya que
Maté solo tenía seis meses cuando fue separado de su familia para escapar del
genocidio nazi. “Si él es un superviviente del Holocausto, entonces yo también
lo soy, porque en la década de 1940 nadaba en los testículos de mi padre como
espermatozoide”.
A continuación, Saad se lanzó a exponer su teoría de la “empatía
suicida”, que difama la empatía cuando se basa en marcos contra la opresión.
Refiriéndose a una cifra desmentida sobre el tráfico sexual de musulmanes en el
Reino Unido, preguntó: “¿Cómo es que son los judíos los culpables de que
Mahoma, Mahoma y Mahoma violen en grupo a tu hija? Y la respuesta es: ‘¿Quién
los dejó entrar?’. Los judíos. Así que, incluso cuando tres Mahomas violan en
grupo a tu hija, el culpable es Mardoqueo, por supuesto”.
Aún no se había servido el almuerzo y ya se había comparado a los judíos
con parásitos, se había cuestionado el trauma del Holocausto, se había difamado
la fe islámica y se había tildado a la izquierda de “idiotas útiles”.
Bienvenidos al primer Simposio Mundial contra el Antisionismo (WSAA) de la
historia. Celebrado en un espacio multiusos de Woodbridge, Ontario, el 17 de
mayo, este relanzamiento del movimiento sionista dejó de centrarse en el
antisemitismo para considerar el antisionismo como la principal amenaza mundial
para los judíos.
El ponente principal y emprendedor digital, Ben Shapiro, culpó al
antisionismo no solo de los pecados de la izquierda, sino también del auge de
lo que James Lindsay (otro ponente de la conferencia) denomina la
“derecha woke”. Shapiro afirmó que, desde 2016, “la derecha se está
mostrando cada vez más receptiva hacia voces marginales y antisemitas en nombre
de ser ‘antiizquierda’”. Estas facciones escindidas aspiran a hacerse con el
control de todo el partido y secuestrar a la derecha. Por eso Trump ha
intentado expulsar a Tucker Carlson y a Candace Owen del movimiento, declaró
Shapiro.
Pero, como señala Naomi Klein, fue Trump quien perdió el control sobre
los comentaristas independientes y muy populares de la derecha “groyper”.
Su eclipse en el partido a manos de esta facción supone una alineación
verdaderamente peligrosa con la teoría de la conspiración antijudía que se
sustenta en la violencia genocida de la guerra contra Gaza. Esta derecha no
MAGA se centra en un repliegue hacia los valores blancos y cristianos que se
desvinculan de la narrativa de la civilización judeocristiana y la cuestionan
profundamente. Es la facción del “gran reemplazo” que se hace pasar por
antisionistas.
Sin embargo, incluso teniendo en cuenta su antipatía hacia Nick Fuentes y
sus seguidores, la mayoría de las observaciones de Shapiro se dirigieron al
antisionismo de la izquierda. Este tipo de antisionismo, afirmó, es la “prueba
de resistencia” para una gama mucho más amplia de ideologías deplorables que se
centran en la “destrucción de Occidente”, como la oposición al Estado-nación, a
las fronteras sólidas, a la propiedad privada, al binario de género, al libre
mercado y a la libertad individual.
Argumentó que el antisionismo de izquierdas es “maligno” y “se basa en la
violencia para alcanzar los fines que persigue”. El sionismo, por otro lado,
significa simplemente la creencia de que “Israel no debe ser destruido”. Si te
preguntas qué lugar ocupan los palestinos en todo esto, a él no le importa.
Afirmó que la “Nakba de mierda” es un concepto que originalmente significaba el
“fracaso a la hora de destruir el Estado real de Israel”. Los palestinos
sufrieron una “falsa expulsión” de “tierras propiedad de Israel”. Shapiro
también recibió un gran aplauso por afirmar que los judíos antisionistas que se
oponen a un Estado étnico no son verdaderos judíos.
Aunque se denominó “simposio”, el ambiente en la sala se asemejaba a
menudo más a un mítin, con ovaciones de pie, carcajadas estruendosas y aplausos
del público. El simposio fue organizado por la organización judía de extrema
derecha Tafsik. Se formó tras el 7 de octubre como respuesta “en tiempos de
guerra” al odio hacia los judíos, criticando a las organizaciones proisraelíes
tradicionales por estar demasiado alineadas con el Gobierno y centrarse en una
gama demasiado amplia de cuestiones sociales como para librar esta batalla de
forma eficaz. Se autodenominan una alternativa “de base” que goza de libertad
para expresarse sin filtros. Como ejemplo de este discurso sin tapujos, el
director de Tafsik, Amir Epstein, declaró a un periódico que una exposición
sobre Palestina inaugurada en el Museo Canadiense de los Derechos Humanos no
representaba las opiniones de los judíos que “celebran la Nakba”.
El acto de la WSAA del 17 de mayo contó con un fuerte dispositivo de
seguridad: había policías apostados fuera del recinto en Woodbridge (Ontario) y
una fuerza de seguridad sionista autodenominada “Magen Herut” se encargaba de
controlar la entrada y estaba distribuida por todo el recinto. Fuera del
recinto del evento, durante aproximadamente una hora al comienzo de la jornada,
una docena de activistas antisionistas de la coalición “Jews Say No To
Genocide” (Los judíos dicen no al genocidio) celebraron un almuerzo a base de
bagels en el césped. Una mujer sostenía un cartel en el que se leía: “El
antisionismo es amor”.
La alianza entre los sionistas y la extrema derecha quedó patente a lo
largo de toda la jornada, basándose en gran medida en un marco común de
islamofobia. En la mesa redonda sobre “medios alternativos”, la moderadora
e influencer sionista Emily Austin señaló que la inmigración
era un problema para el sionismo en Estados Unidos. “La gente abandona sus
países del tercer mundo para venir a un país del primer mundo fenomenal y
funcional que adolece de una empatía suicida, que les permite entrar en masa, y
luego traen a este país los valores que destruyeron el suyo”.
Dirigiéndose a Eve Barlow, una antigua periodista musical que se ha
convertido en defensora a tiempo completo de Israel, Austin preguntó: “Eve,
¿hay alguna esperanza para el Reino Unido, para Canadá, para estos países
suicidas y empáticos que no ven la amenaza de que el islamismo radical
conquiste su país desde dentro? ¿Hay esperanza?”.
Barlow respondió: “La gente sigue teniendo miedo de hablar de lo que
realmente está pasando, que es [que] este islamismo y antisionismo insidioso ha
sido el caballo de Troya”. Describió una “energía oscura” en el Reino Unido
atribuida al creciente poder y presencia de los musulmanes.
En la mesa redonda se barajaron varias teorías sobre los orígenes del
antisionismo y las razones de su auge. Austin alegó que era producto del
“aburrimiento” y los “privilegios”. Barlow argumentó que la gente estaba
“obsesionada” y “adicta” al odio hacia los judíos. El podcaster canadiense
Jesse Brown opinó que el placer del odio resulta “divertido” para la gente. “Es
una actividad cotidiana en la que cada día tienes que encontrar nuevo
combustible para tu odio, y tiene que ser cada vez mayor y más extremo, por eso
surgen historias como la de Nicholas Kristoff”, dijo Brown, refutando
aparentemente el artículo del New York Times sobre las
violaciones de palestinas en las cárceles israelíes.
Brown no hizo referencia alguna a las vidas de los palestinos afectados
por la matanza masiva perpetrada por Israel en la Franja de Gaza, ni a la
destrucción de pueblos en todo el sur del Líbano, ni a su guerra contra Irán.
En cambio, lamentó que los sionistas estén “perdiendo” y sean censurados en los
medios de comunicación. “Somos minúsculos y ellos son un fenómeno global, y
ahora mismo estamos perdiendo”.
El virulento miedo y odio antimusulmán se combinó con un miedo igual de
intenso expresado hacia los judíos que cuestionan el sionismo. Los abogados
hablaron de sus intentos por fusionar de forma inseparable el sionismo y el
judaísmo en la ley, al tiempo que insistían en que el judaísmo es inseparable
de una defensa sin límites de Israel, aparentemente sin excepción ni
restricción alguna a sus acciones.
Por ejemplo, Mark Goldfeder, director ejecutivo y consejero delegado del
National Jewish Advocacy Center (NJAC), argumentó que la identidad inmutable
constituía una sólida defensa jurídica en los casos en los que se alegaba
discriminación contra los judíos, ya que “el sionismo es una parte integral de
nuestra identidad; cambiarla sería algo muy drástico, y sería abominable que el
Gobierno intentara hacerlo”. La identidad inmutable es una categoría protegida por
el Código de Derechos Civiles.
Mencionó dos casos de prueba que tuvieron éxito. Uno de ellos se refería
a los cargos contra una activista del grupo Code Pink por arrancarle una
bandera israelí a una mujer judía en noviembre de 2024. El Tribunal de Circuito
del Distrito de Columbia consideró que se trataba de un acto de antisemitismo
racial.
El otro caso se refería a una protesta frente a la sinagoga Adas Torah en
Los Ángeles en junio de 2024, por la que se interpuso una demanda contra los
manifestantes en virtud de la Ley FACE. La Ley FACE (Freedom of Access to
Clinic Entrances) regula la libertad de acceso a las entradas de las
clínicas. Aprovechando una cláusula de la ley que protege los espacios
religiosos, el NJAC argumentó que, dado que el evento incluía la venta de
inmuebles en Cisjordania dirigidos a estadounidenses que realizaban la aliá
–una peregrinación religiosa a Israel–, los manifestantes podían ser
procesados, ya que la aliá es un derecho protegido por la Primera Enmienda.
Desde entonces, el Departamento de Justicia ha creado su propio equipo
especializado en la Ley FACE para perseguir las protestas a favor de Palestina.
Pero ahí radica el quid de la cuestión. Los sionistas insisten en que no
se puede separar a los judíos del sionismo y, sin embargo, califican de
“antisemitismo” cualquier intento de hacer que los judíos rindan cuentas por
las acciones de Israel. La izquierda ha sido blanco de ataques, arrestos y
detenciones, y ha visto cómo la vida en los campus se veía diezmada por estas
acusaciones. Ahora que la “derecha woke” se ha dado cuenta y ha
rechazado esta lógica, la alianza de la derecha contra la izquierda resultará
inútil para los sionistas. Se han dividido hacia el movimiento MAGA, pero
incluso allí Israel y sus partidarios están cada vez más aislados. El
vicepresidente Vance ha advertido: “Si yo estuviera en el gabinete del Gobierno
israelí, quizá no estaría atacando al único aliado poderoso que me queda en
todo el mundo”.
Al final, el Simposio Mundial contra el Antisionismo demostró que a los
partidarios de la derecha israelí no les preocupa realmente la normalización
del antisemitismo en la política estadounidense y en todo el mundo, sino que
solo ven una amenaza en quienes trabajan para impedir la colonización de
Palestina por parte de Israel. Dado que esto conduce al surgimiento de nuevas y
peligrosas alianzas, está claro que el objetivo apuntará directamente a los
palestinos.
[Foto: X (@Eve_Barlow) - reproducido en www.ctxt.es]
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