Feliz cumpleaños, Cahiers du Cinéma. La ya legendaria revista francesa de crítica cinematográfica cumple setenta y cinco, pero quien le rinde su homenaje más memorable es un cineasta texano, Richard Linklater, nacido precisamente en el año en que Jean-Luc Godard estrenaba su icónica À bout du souffle. Pesimamente traducida al español como Al final de la escapada cuando bastaba con su lectura literal –Sin aliento-, Linklater recrea lo que fue su desopilante making off en Nouvelle Vague.
Cine antiguo en París proyecta película de la Nouvelle Vague; público de todas las edades observa atentamente.
Escrito por Álvaro BermejoTras
pasar por Cannes, como era de esperar -sin pena ni gloria-, esa algo más que
refrescante nueva ola llega a nuestras desérticas pantallas como un baño de
juventud, la de aquel tiempo tan diferente al nuestro, el del desencanto.
Aunque la etiqueta la acuñó una periodista
de L’Express,
Françoise Giroud, la Nouvelle Vague surgió
del océano de papel de Cahiers du Cinéma, con
el estreno de Los cuatrocientos golpes. El más radical de
los críticos de aquella revista, luego el más lírico de los cineastas, François
Truffaut, cambiaba la pluma por la cámara para convulsionar todas las
estructuras del discurso estético y político con una marejada de alto voltaje
literario que sacudió hasta sus cimientos la Francia del general De Gaulle.
Un año después, el más genial, Godard,
tomaba el relevo con À bout de souffle. Seguirían
Alain Resnais, Eric Rohmer, Agnès Varda, Louis Malle, los dos Jacques -Demy y
Rivette-, y tantos más. Detrás, el cine de Roberto Rosellini, todo el
existencialismo francés concentrado en el Quartier Latin, y su mejor
literatura. Las novelas de Marguerite Duras, las de Alain Robbe Grillet. Hasta
las de un maldito como Drieu de La Rochelle rehabilitado por Malle en su Le
feu follet.
Eran jóvenes, transgresores por definición,
podían permitírselo. Y se atrevieron a todo. Revolucionar el lenguaje cinematográfico
sin pasar por ninguna escuela. “Escribir ya es hacer cine”, sentenciaría
Godard. Despreciar los estudios y salir a los bulevares con cámaras portátiles
de emulsión más sensible y magnetófonos que recogían el sonido ambiente. Hacer
de la precariedad virtud -a falta de raíles para sus travelling, sillas de
ruedas-. Filmar al límite, sin apenas recursos y, a paso de carga, desde la
improvisación. “Una cuestión moral” que alcanzaría hasta los actores que
pusieron rostro a sus audacias mientras irrumpían en la pantalla para alcanzar
la altura del mito -de Jean Seberg a Catherine Deneuve, de Jeanne Moreau a
Jean-Paul Belmondo, hasta Brigitte Bardot-.
Lo trascendental no era tanto lo que
contaban, sino cómo lo contaban. Su libertad de tono, su creatividad, su
irreverencia. Justo lo que ha desaparecido del panorama cinematográfico actual
-y, por extensión, de todo eso a lo que seguimos llamando cultura cuando no
pasa de un simulacro industrial-.
A la luz de todo lo que ilumina Nouvelle
Vague, uno se pregunta hasta qué punto el progreso apareja ciclos
de involución como el que nos ocupa. Qué pequeños somos, que poco pesamos si
nos medimos en la balanza con aquellos jóvenes algo más que airados,
sencillamente geniales, que se reían de todo mientras cambiaban el mundo.
Aquel Godard, Pierrot le fou, que
llevaría su iconoclastia a autocalificarse como “God-Art”, mientras increpaba a
los académicos –“No sabéis hacer cine porque no sabéis lo que es”. Aquel
Truffaut que se jactaba de cualquier academicismo asegurando que su único nexo
generacional era que ellos jugaban al flipper, mientras los
viejos realizadores seguían con el póker. Aquel Resnais que se atrevería a
llevar a la pantalla un idilio entre una francesa y un japonés, en Hiroshima
mon amour, como si lo situara hoy entre una americana y un iraní,
sobre el estrecho de Ormuz.
Su guerra fue la de Argelia, y acabó con
las barricadas del Mayo del ’68. Un siglo adelante, siguen siendo faros en la
noche para cualquiera que ame el cine y la vida, sin preguntarse dónde diablos
está la frontera.
[Foto: Imagen generada por inteligencia artificial – Cibeles AI - fuente: www.todoliteratura.es]

Sem comentários:
Enviar um comentário