Abogado y activista de derechos humanos, Raja Shehadeh (Ramala, Cisjordania, Palestina, 1951), fue cofundador en 1979 de Al-Haq, una de las primeras organizaciones de derechos humanos del mundo árabe. Su obra literaria combina memoria personal, análisis jurídico y crónica política para narrar la vida bajo ocupación y las transformaciones del territorio palestino desde la creación del Estado de Israel. En su reciente libro ‘¿Qué teme Israel de Palestina?’ (Alianza Editorial), revisa la historia del conflicto desde 1948 hasta hoy, hasta un presente que comenzó su última etapa en octubre de 2023, cuando Israel emprendió una operación bélica definida por Naciones Unidas como genocidio y limpieza étnica, y en la que ha matado a más de 70.000 personas y destruido buena parte de las infraestructuras de Gaza. En esta entrevista, por vídeollamada desde su ciudad natal, reflexiona sobre la deriva política israelí y sostiene, a pesar de todo lo vivido, que la paz sigue siendo posible.
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Raja Shehadeh, abogado y activista de derechos humanos palestino
Escrito por Lucas Ferreira Hernández
Israel ha
destruido las instituciones educativas y sanitarias de Gaza, además de sus
infraestructuras de vivienda y transporte. Otro tanto está sucediendo en
Cisjordania. ¿Qué futuro tienen los jóvenes palestinos de hoy?
La destrucción del sistema educativo y de las palancas de
desarrollo de los palestinos es también contraproducente para Israel. Pero no
debemos olvidar que hay muchos palestinos que viven fuera de Palestina, más
incluso que dentro. Personas con capacidad, influencia y conocimiento que, en
buena medida, son la imagen de Palestina en el mundo y que ayudarán a su
reconstrucción cuando el momento lo permita, cuando Israel les deje entrar en
Palestina.
En su
reciente libro comenta que el odio a Palestina ha terminado por convertirse en
una de las señas de identidad del Estado de Israel. ¿Cree que es posible
desmontar este imaginario? ¿Se puede establecer un símil con lo que los
alemanes o italianos hicieron tras el fin del nazismo y el fascismo?
La comparación no es apropiada, porque cuando los
italianos y los alemanes miraron a su pasado, sus países no habían sido
destruidos. Ya existían antes del nazismo y del fascismo. En el caso de Israel
y Palestina, el caso es diferente, porque Israel siempre ha mantenido que
Palestina no existe, un reconocimiento que no está dispuesto a conceder y
asumir. Sin embargo, llegará el día en que los israelíes se den cuenta de que
no pueden continuar permanentemente en guerra.
¿Cómo cree que los palestinos, los habitantes de Gaza y
Cisjordania, superarán todo lo perdido y sufrido?
Es muy difícil responder a esta pregunta porque la guerra
sigue vigente. En el caso de Israel, la población se ha unido y apoya
mayoritariamente la guerra. Pero esta situación, ese sentimiento, puede cambiar
en función de cómo evolucionen los acontecimientos y la respuesta mundial. En
cuanto a los palestinos, su vivencia está siendo agotadora, a la continua
violencia se unen las dificultades económicas. Por el momento, su objetivo es
sobrevivir.
Aunque el apoyo a la guerra es mayoritario entre los
israelíes, también hay ciudadanos contrarios a la acción de su gobierno.
¿Quiénes son? ¿Dónde están?
Hay mucha censura sobre la guerra; cualquiera que se
manifieste en su contra es señalado como traidor. La reacción es silenciosa, es
difícil saber cuántos son y dónde están. Por mis amigos en el país, sé que algo
se está moviendo, que han surgido iniciativas como Sabra, una publicación
digital en hebreo que busca humanizar la imagen de los palestinos en Israel. Es
una novedad respecto al pasado, quizás lleguen más en el futuro.
Instituciones como Naciones Unidas o países como España
dedican palabras y declaraciones de apoyo a Palestina. ¿Por qué no han sido
suficientes para conseguir cambiar su situación? ¿Qué nos dice esto sobre el
escenario global en términos de multilateralismo y derecho internacional?
Si miras a los gobiernos de muchos países, su relación
con el derecho internacional y Palestina resulta distorsionada. Ningún
gobierno, excepto España, ha presionado a Israel con sanciones o acciones que
realmente tuvieran un impacto en Israel y los israelíes. Por otro lado, ahora
hay un mayor conocimiento de lo que sucede y ha sucedido en Palestina desde
1948, ahora se publican cosas que antes no se decían.
El uso del antisemitismo ha ido tan lejos que ahora se
puede volver en contra de Israel. En Estados Unidos ha llegado a un nivel
ridículo, en India han prohibido una película (La voz de Hind) porque
consideraban que dañaba la imagen de Israel. Aun así, la película ha sido
vista. Hay una separación entre gobiernos y ciudadanos. La actuación de muchos
gobiernos ha sido negativa, mientras que la gente se ha levantado y apoyado a
Palestina, y esto es importante para el futuro. En el caso de Sudáfrica, la
población mundial hizo más que muchos gobiernos en contra del apartheid, y se consiguió
el cambio. Lo mismo podría suceder en Palestina.
A pesar de las más de siete décadas desde la Nakba de
1948, desde que se creara el Estado de Israel y muchos palestinos se vieron
obligados a abandonar sus hogares, Palestina sigue existiendo y reclamando su
derecho a existir. ¿De dónde nace y cómo se mantiene esa fuerza y resiliencia?
El pueblo palestino ha permanecido en su tierra tanto
como le ha sido posible en condiciones muy duras y difíciles. Ha optado por no
desistir, no ha cedido a la presión para renunciar a sus derechos. Tanto los
palestinos dentro de Palestina como los que viven fuera. Hay muchos palestinos
que no han podido visitar su país en estos más de 70 años, y aunque no la
conocen, la defienden y trabajan para conseguir su autodeterminación. Los
palestinos no han desistido y es por eso por lo que no van a ser derrotados.
La actualidad informativa está ahora centrada en la
guerra que Israel y Estados Unidos mantienen contra Irán, preguntándose cómo afectará a la geopolítica y a la economía mundial. ¿Cómo
viven este otro conflicto en Palestina?
La situación en Palestina es muy difícil, porque Israel
ha estrangulado nuestra economía. Hay más de 100.000 trabajadores que han
perdido los empleos que antes tenían en Israel. Los impuestos de los palestinos
que Israel recaudaba y entregaba a la Autoridad Palestina están ahora
retenidos. La producción agrícola ha sido restringida, la comunicación entre
pueblos y ciudades también es mucho más difícil. Cada pueblo y ciudad es casi
como una prisión. Hay más de 800 puestos de control y la violencia de los
colonos ha aumentado. La guerra y la destrucción siguen en Gaza. Los palestinos
no pueden ver más allá, porque están en la peor situación posible, están
centrados en sobrevivir.
Su trayectoria y producción literaria ayudan a conocer
qué ha sucedido y sigue sucediendo en Palestina. A pesar del reconocimiento,
parece no ser suficiente. ¿Qué más ha de hacerse?
Cuando era joven pensaba que publicar un libro supondría
un hito, que cambiaría la mentalidad de la gente. Cuando publiqué The Third Way en 1982 creía que haría ver a la sociedad
israelí lo que estaba pasando en los territorios ocupados. Durante muchos años
seguí pensando que cada nuevo libro supondría un avance. Ahora miro atrás y veo
que sí, que los libros pueden impulsar el cambio, pero ese cambio tarda en
llegar. Aun así, creo que los libros son importantes por su efecto a largo
plazo.
Ayer recibí un mensaje de un amigo desde Edimburgo, me
contaba que mientras caminaba vio a un hombre con una bandera palestina y le
preguntó por qué apoyaba a Palestina. Este le respondió que hace 25 años había
leído un libro que cambió su mentalidad sobre Palestina. El efecto de los
libros es lento, pero importante, ayudan a que los lectores entiendan a los palestinos,
a que se pongan en su lugar. Es un impacto mayor que el de los medios de
comunicación, especialmente los audiovisuales, cuyo alcance es muy momentáneo.
Confío mucho en los libros y en su papel y potencial a largo plazo.
Retrocedamos al 7 de octubre de 2023. ¿Cómo se sintió cuando supo del ataque de Hamás y del horror que causó? ¿Cómo le afectó la
reacción de Israel?
Al oír la primera noticia sobre el ataque, valoré el
hecho de que Hamás había roto el bloqueo de Israel. Era importante que Israel
tomara conciencia de que las barreras y los muros no evitan ataques. Después,
conocí la masacre, la muerte de más de mil personas y pensé que era un crimen.
Son dos aspectos diferentes, romper la barrera y el crimen. Romper la barrera
puede considerarse legítimo en el contexto de una ocupación, pero lo que
sucedió después fue un crimen. Esto me lleva también a pensar en Israel después
de lo que han hecho y hacen en Gaza. Lo mismo que están haciendo ahora en el
sur del Líbano. Siempre he creído que es importante tener una vida en común con
los israelíes. Pensé que, cuando vieran lo que han hecho, cambiarían. Pero no
es así, dicen que quieren repetir lo mismo. Muestran desesperación en lugar de
ganas de cambio. Es una situación muy angustiosa.
Usted tiene 75 años, ¿mantiene la esperanza? ¿Cómo mira
al futuro?
He pasado por ocho guerras, y cada vez ha sido difícil,
pero nunca tanto como ahora. La destrucción abarca a toda la región, Israel,
Líbano, Irán, Cisjordania, Gaza… Es muy duro ver tanta destrucción. Pero creo
que las guerras también pueden provocar cambios. El mundo ha visto que, sin
resolver el problema palestino, sin reconocer la autodeterminación palestina,
habrá más guerras.
Israel intenta eliminar cualquier oposición a sus
políticas y expandirse. Pero todo esto se basa en una ilusión, porque ya lo han
intentado antes y han fallado. Israel también tiene problemas internos, hay
contradicciones en su sociedad, incluyendo el crecimiento de sectores
religiosos que no participan en el Ejército ni en la economía, lo que puede
generarle graves problemas en el futuro. Su sociedad vive importantes tensiones
internas, pero su gobierno no les presta atención, siguen pensando en la guerra
como forma de supervivencia y expansión. Pero el futuro no será
necesariamente favorable para Israel.
[Foto: Mariana Cook
- fuente: www.elasombrario.publico.es]

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