Escrito por Eduardo Lucita
Sería tal vez la segunda semana de enero de aquel año. Nos dimos cita en un campo cercano a Villa María, Córdoba (ciudad natal de mi compañera de toda la vida), Eduardo Requena y Soledad García, dirigentes docentes de Córdoba, el Rafa Flores del caucho y referente de la Mesa de Gremios en Lucha de Córdoba, José Montenegro (más conocido por Pepe Macondo por el nombre de la librería que tenía en la ciudad). No recuerdo bien pero es posible también estuviera la Negra Elba Gigante, docente que fuera la compañera del Gordo Varas, asesinado por la triple A junto con Atilio López en 1974, pocas horas después de que salieran de nuestra casa.
Nos encontramos en ese campo, cuyos dueños eran una pareja amiga de los amigos y militante de las causas justas, porque allí tenían refugiado a Alberto Piccinini, el histórico dirigente metalúrgico de Villa Constitución. Fuimos para acompañarlo pero también autoconvocados en una suerte de reunión de urgencia, para analizar las complejidades y los riesgos de la coyuntura política nacional.
En esa tarde noche, que recuerdo corría una suave y refrescante brisa, todos en ronda alrededor del fogón, intercambiamos ideas acerca del impacto que la crisis de los petrodólares de inicio de la década causó en nuestra economía. Cómo la crisis desembocó en el Rodrigazo, la respuesta obrera y sindical que se tradujo en la primera huelga general contra un gobierno peronista y en contrapartida la emergencia de las Coordinadoras Gremiales del ’75 organismos de debate y deliberación, con sus asambleas en puerta de fábrica y masivas movilizaciones. Con el tiempo las he caracterizado como embriones de organismos de doble poder, cuyo desenvolvimiento el golpe cortó de cuajo. Pasamos revista a la crisis de los partidos tradicionales y la salida de esa encerrona… Pero lo que sobrevoló en toda la reunión, de varias horas, era la inevitabilidad del golpe militar. Discrepábamos en los tiempos y el momento, pero su concreción nos parecía inevitable. Sin embargo, no creo que ninguno de los que allí estábamos imagináramos la profundidad y consecuencias que tendría el anunciado golpe.
Luego de aquel encuentro se editó el último boletín de la Coordinadora cordobesa, el Rafa escribió el editorial con el título “Orden cerrado sobre el país”, ilustrado con un mar de botas que marchaban sobre nuestro territorio.
De aquel grupo Requena continúa detenido desaparecido, Soledad y el Rafa fueron secuestrados y luego puestos a disposición del PEN, finalmente exiliados en España, mientras que Piccinini estuvo cinco años detenido, y luego al exilio, creo en Canadá. José y la Negra Elba también se exiliaron, España y México respectivamente. La pareja dueña del campo y nosotros sobrevivimos a salto de mata en el exilio interno.
El golpe que cambió nuestras vidas
Yo vengo del setenta, de esa raza
que se atrevió a vivir en rebeldía
y que quemó sus días como brasas
en el pagano altar de la utopía.
Juan Gelman “Los setentistas”
[Fuente: www.huelladelsur.ar]

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