Nacido en Jerusalén, afirmó que era imprescindible la creación de un Estado
palestino y lo llamaron “traidor”. Su última novela, “Judas”, desmiente
la entrega de Cristo.
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| La paz, una causa. Oz con palestinos, en Cisjordania, en 2002. / AFP |
Escrito por DANIELA PASIK
“Uno
discute con su mujer quién tiene que bajar la basura y, de pronto, cae en que
lo hace en el idioma del Cantar
de los cantares”, reflexionaba Amos Oz poco después de ganar el Premio Príncipe de Asturias de las Letras
en 2007. Así también, con esa dicotomía que pone en tensión lo antiguo con lo
moderno, vivió, escribió y trabajó el novelista, periodista y académico que
murió este viernes 28 a los 79 años.
Mi
amado padre ha muerto por cáncer tras un rápido deterioro mientras dormía en
calma y rodeado por sus seres queridos", twiteó su
hija Fania Oz Salzberger a primera hora de la tarde Israelí, cerca de la media
mañana argentina. La vida y la obra del destacado autor se mezclan, confluyen y
también ponen en tensión lo que podría darse por sentado. Amado y discutido, mantuvo siempre
una coherencia profunda en favor de mejorar el mundo.
El escritor participó en la Guerra
de los Seis Días, en 1967, y en la de Yom Kipur, 1973. Después, en los 70, fue uno de
los fundadores del movimiento israelí Paz Ahora (Shalom
Ajshav), a favor de una solución del conflicto con los palestinos basada en
crear dos Estados. En sus libros, con su prosa y por medio de sus historias, unió
de alguna forma la herencia cultural milenaria del pueblo judío con la
identidad y realidad israelí moderna.
Su última novela
publicada, Judas (2015), traducida en más de 30 idiomas, desmintió
la traición a Jesús más con un espíritu detectivesco que
teológico en el contexto de una angustiosa historia de amor que sucede en 1959.
Quien entre al mundo literario de Oz puede elegir su camino favorito, aunque en
todos está presente en la trama o como contexto subyacente una exploración de la
angustia y tensiones de la sociedad israelí contemporánea,
marcadas por las fronteras ideológicas y geográficas.
Amos Oz "Judíos y palestinos somos dos familias desgraciadas y mal avenidas".
Mi querido Mijael (1968) cuenta la historia
del matrimonio desgraciado de Jana y hace un paralelismo con Jerusalén, una
ciudad que no para de cambiar, pero que siempre está impregnada de tristeza o
cierta melancolía. Una pantera en el sótano (1995) cuenta
la relación que surge entre un niño judío y un sargento de la policía británica
durante 1947, en la Jerusalén de finales del Mandato Británico en Palestina. Entre amigos (2013) reúne ocho relatos en el imaginario kibutz
Yikhat, en donde además de contar hermosas y conmovedoras historias personales, muestra una realidad que es bastante
desconocida fuera de Israel.
“La mañana la dedico a mi obra literaria, luego
hago una siesta y por la tarde me toca batallar por la paz.
Escribo a mano, con lapiceras diferentes, una azul, otra negra, según sea una
novela o un artículo contra el Gobierno. Nunca las mezclo", contó hace
años en una entrevista. Además de sus ensayos, escribía columnas de opinión
casi siempre referidas a la salida del conflicto israelí-palestino
que, según él, no se iba a resolver con colonias.
En qué color habrá escrito el manuscrito
original de Una historia de amor y oscuridad (2003), su
autobiografía, llevada al cine dos años más tarde por su coterránea radicada en
Hollywood Natalie
Portman, que compró los derechos cinematográficos, hizo la adaptación a guion,
la filmó en Jerusalén, la dirigió y actuó en el rol de la madre de Oz.
Hijo de una familia sionista de derecha que huyó
en 1917 de Odessa a Palestina, nació en Jerusalén el 4 de mayo de 1939. Tenía
nueve años cuando se proclamó el estado de Israel y apenas 15 en 1954 cuando se
fue de su casa y dejó atrás el apellido paterno Klausner para adoptar el Oz,
que en hebreo significa "coraje". Dos años antes se había suicidado
su madre y desde entonces, y por dos décadas, el escritor vivió en el kibutz Hulda,
que fue su espacio de formación en los tiempos épicos de la creación de Israel.
“El kibutz fue un gran intento de cambiar la
naturaleza humana, pero es imposible porque no puede cambiarse”, reflexionó el año pasado
en una entrevista, instalado en la ciudad de Tel Aviv, cuarenta años más tarde
de aquel joven que le daba sus primeras ganancias como escritor al tesorero de
su comunidad agraria mientras estudiaba Literatura y Filosofía en la
Universidad Hebrea de Jerusalén, entre 1960 y 1963, cuando publicó sus primeros
cuentos cortos.
Además estudió en la Universidad de Oxford.
Desde 1991 fue miembro de la Academia del Idioma Hebreo y durante muchos años
profesor de Literatura en la Universidad Ben-Gurión de Beer Sheba, en el
Neguev, y miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes. Entre otros
reconocimientos, ganó el Premio Israel de Literatura en 1988; el Goethe en 2005
y fue candidato recurrente al Nobel.
Uno de los intelectuales más eminentes de la
izquierda israelí, y miembro del partido socialdemócrata pacifista Meretz.
Escribió sin cansancio contra los asentamientos israelíes en
los territorios palestinos en todo diario que le diera un espacio y consideró
crímenes de guerra las operaciones de las Fuerzas de Defensa Israelíes durante
el Conflicto de la Franja de Gaza entre 2008 y 2009.
Hasta
el último día, Oz trabajó por mejorar el mundo con las
herramientas a su alcance. Ya con premios y el pelo blanco, desencantado de la
experiencia kibutziana pero igual de comprometido con su plan de mejorar
el mundo, en 2015 afirmó que la supervivencia del Estado de Israel requiere de
la creación de un Estado Palestino independiente y que la coexistencia de ambos Estados es el camino hacia
la paz en la región. Algunos en el poder los llamaron “traidor”, la mayoría lo
considera un héroe y referente indiscutido.
[Fuente: www.clarin.com]


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