domingo, 13 de agosto de 2017

«El ídolo de barro»: Al juicio final con guantes puestos

Escrito por Alfonso Asín

La carrera de nuestro homenajeado está repleta de films icónicos, casi innumerables a bote pronto, de eso no hay ningún tipo de duda. Kirk Douglas ha tenido una procelosa vida sembrada de muy variopintos personajes que fueron forjando un estatus de superestrella que aún hoy, con la centena cumplida y años retirado, mantiene por derecho propio. Uno de sus personajes más queridos en su larga lista fue el de la película que hoy analizamos, el Midge Kelly de ‘El ídolo de barro‘ (1949, el mismo año de ‘Carta a tres esposas’ de Mankiewicz), su primera nominación al Oscar y en definitiva un personaje con el que dio a conocer a todo el mundo su férreo físico, sus dotes frente a la cámara y su mentón de famoso hoyuelo.
Douglas, tras sus notables apariciones en ‘El extraño amor de Martha Ivers’ o ‘Regreso al pasado’, estaba más que preparado para afrontar con garantías su primer papel protagonista, algo que supo ver pronto la United Artist junto al prometedor realizador canadiense Mark Robson, director del film.
Robson, quién se dio a conocer gracias a su trabajo en la RKO Pictures como ayudante de montaje de Robert Wise en films como ‘Ciudadano Kane’ o el ‘Cuarto mandamiento’ de Orson Welles, adapta en ‘El ídolo de barro‘ el relato corto titulado Champion, escrito en 1916 por el periodista deportivo y escritor satírico Ring Lardner, en el que ponía de manifiesto las grandes habilidades/preocupaciones que Lardner (quién perdió un hijo en la Guerra Civil Española en las tropas internacionales) poseía sobre las oscuras entrañas del mundo del deporte aderezado siempre con gotas de sátira sobre el matrimonio -muy patente a lo largo de todo el film-.
La United Artist, sabedora del tirón que el mundo del boxeo generaba -sin duda el deporte más cinematográfico de todos- y a pesar de no ser el primer film con temática semejante (conviene recordar que la RKO, no sé si por despecho hacia Robson -quien había trabajado para ellos años atrás como mencionaba y al que quizás no supieron valorar lo suficiente- o con datos fehacientes, denunció a la United por el parecido del film con otro de su producción y protagonizado por Robert Ryan ese mismo año, ‘Nadie puede venderme’), pues ya existían films como ‘El campeón’ (1931, King Vidor), ’Han hecho de mí un criminal’ (1939, Busby Berkeley), ‘Gentleman Jim’ (1942, Raoul Walsh) o sobre todo ‘Cuerpo y alma’ (1947, Robert Rossen); a pesar de todo ello decidió apostar fuerte por el film, contratando no solo a Kirk Douglas para su primer protagonista -un Douglas cada vez más convencido de romper con los grandes estudios y marcar él su propia carrera, y que a su vez supo escoger adecuadamente su papel en un film más autoral al decantarse por ‘El ídolo de barro’ en detrimento de ‘El gran pecador’ de la MGM, película propuesta a Douglas y finalmente interpretada por Gregory Peck tras ser desestimada por el primero- o a un relativamente neófito Mark Robson (quién después se consolidó filmando otro film pujilístico: ‘Más dura será la caída’ en 1956, protagonizado por Humphrey Bogart), sino también la sórdida fotografía noir del notable director de fotografía Franz Planer -quien ganó el Globo de Oro y obtuvo la nominación al Oscar por su trabajo (posteriormente se encargó de films tan sobresalientes como ‘Desayuno con diamantes’, ‘Vacaciones en Roma’, ‘La muerte de un viajante’ o ‘La calumnia’)- y sobre todo, el marcado y notable trabajo de montaje de Harry W. Gerstad II, el cual le valió el único Oscar que obtuvo el film en la edición de 1950 (6 nominaciones).
El ídolo de barro‘ es cine negro intenso, un drama que utiliza el macguffin del boxeo para narrar la bajeza moral de una sociedad embargada por la crisis económica y el fin de la Guerra, la inmoralidad de una serie de personajes que, o bien caen a manos del poderoso dinero o sufren a la orilla de tan inexpugnable crecida. El film comienza con un prólogo donde Midge Kelly es campeón del mundo de los pesos medios y se dispone a defender el título, para a continuación, envolvernos en un largo flashback en el que narra con fiereza el ascenso de un buscavidas que de manera casual -ya saben eso de estar en el momento adecuado en el lugar preciso- saborea las mieles del éxito tras suplir a un boxeador indispuesto.
Kirk Douglas muestra todo su potencial en un personaje altivo, de una rudeza casi prehistórica, con un nivel de autoconfianza desmedido pero sobre todo ambicioso y despegado, muy marcado por el abandono de su padre en la infancia y su necesidad por la subsistencia. Midge Kelly buscará trabajo junto a su hermano por la costa Oeste (un estupendo Arthur Kennedy, también nominado por su papel) hasta llegar al restaurante del que creen haber adquirido una parte de la propiedad. Kelly ya mostrará con abundante gestualización el tipo de hombre que es, no achantándose frente a nada ni nadie, no quedando impasible ni siquiera ante los comentarios altivos de la rubia acompañante de un campeón de boxeo que los recoge con el coche. Una vez localizado el bar, su constancia y trabajo les hará ganarse un puesto de trabajo, y no solo eso. El flirteo de Midge con la camarera e hija del dueño (Ruth Roman) le lleva a abandonar la ciudad tras contraer matrimonio obligado por el padre de la joven (aquí presenciamos una de las muchas ironías que Ring Lardner expone sobre el sacramento en cuestión). Una vez consigue un manager y comienza a entrenar, pronto demostrará todas las expectativas que había generado a su alrededor, comenzando así el ciclo de la carroña. Lo llamo así pues es cuando él mismo experimenta sus propias iras, comenzándose a rodear de gente interesada que busca el bien propio con independencia del suyo. Un juguete en manos de una industria corrupta en sus más altas esferas -la del boxeo- que proporciona una de las grandes conversaciones de un impulsivo e indignado Midge con su manager Tommy Haley (Paul Stewart) una vez este le explica que debe perder con su próximo rival, si quiere tener un carrera sólida:
Pero que Marranada de mundo es este. Tres años trabajando como un esclavo, haciendo músculos, haciendo nada, viviendo como un monje, dejándote machacar y luego vienen los barrigudos del puro y te dicen que eres un vagabundo”.
Douglas haciendo gala de un imponente físico para le época y de su evidente galantería perfila el rasgo de un ídolo de barro, moldeado por su ambición económica, un mujeriego que no duda en usar a las personas a su alrededor con su único beneficio. La película es rica en metáforas bíblicas. Una de las escenas más esclarecedoras nace en lo alto de un rascacielos, cuando un adinerado manager pone la ciudad a sus pies:
Solo hay dos clases de personas en el mundo, las pequeñas y las grandes, y muy pocas veces se tiene ocasión de decidir por si mismo a cual de las dos perteneces”.
Una conversación cual demonio a Jesucristo. Un hombre plegado ante la lujuria y mordido por la serpiente de la codicia.
El film es oscuro. Rico en personajes sórdidos. La dubitativa mujer abandonada, el hermano tullido que ve con estupor el cambio en su hermano, pero que lo defiende a ojos de su madre, la rubia buscafortunas que se arrima al árbol de mayor sombra, los representantes que juegan con el futuro, la mujer despechada del avaro millonario. Un carnaval de la posguerra que luce pavoroso ante la llegada del juicio final para nuestro protagonista. Un juicio final a modo de combate sobre el ring, con los guantes puestos y con las víctimas sentadas a escasos metros, en la grada. Un final que Carl Foreman modula con su guion adaptado para dar forma a un film autoral sólido, de brillante montaje (a pesar de las hoy llamativas pausas narrativas y abundantes fundidos a negro) y con las habilidades evolutivas de un personaje magníficamente interpretado por Kirk Douglas. Sin duda un film de bajas miras que pronto se alzó hasta colocarse entre las mejore películas del año, gracias, entre otras cosas, a la excelente interpretación de nuestro homenajeado.
Lo mejor: La creación de un submundo cadavérico donde la traición y la ambición consumen cualquier otro sentimiento.
Lo peor: El retrato sobre la mujer florero, común por otra parte en el cine de esta época.
VALORACIÓN:
Dirección: 8
Guion: 9
Interpretación: 9
Banda sonora: 7
Fotografía: 8,5
Satisfacción: 8,5
NOTA FINAL: 8,3



[Fuente: www.habladecine.com]


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