sexta-feira, 9 de junho de 2017

Random, por CHARLY GARCÍA

Sin lugar a dudas, es un acontecimiento importante para la vida cultural argentina: después de una década, Charly García editó un disco de canciones nuevas. Un acto de dignidad y arrojo para la era del cinismo.



Escrito por MARTÍN E. GRAZIANO



Un día, Bob Dylan se enfadó. El trovador de Minnesota acababa de editar Love And Theft, y un periodista de Rolling Stone, puesto a diseccionar el disco, hizo una analogía con Highway 61 Revisited. «No voy a comparar mi nuevo trabajo con el viejo –dijo Dylan-. Me crea una especie de Talón de Aquiles». Se trata de una vieja costumbre de los críticos: buscar a los artistas entre las ruinas de su propia Pompeya. En el caso de Charly García, el problema se vuelve aún más complejo. Random, el disco de regreso del gigante argentino, no solo está repleto de referencias a su propia obra sino a la peripecia de su vida pública.

En junio de 2008, Charly sufrió un colapso nervioso y comenzó un largo proceso de rehabilitación. Si bien editó discos en vivo, el postergado Kill Gil y algún single, desde entonces no había editado música nueva. Hasta ahora. La guerra, por supuesto, dejó secuelas. Como el soldado de Salinger, Charly no tiene las facultades precisamente intactas: el piano se limita a sus labores elementales y la voz es un hilo de oro sostenido por los coros de Rosario Ortega. La proeza recuerda a El ángel azul, el inolvidable disco final del uruguayo Eduardo Darnauchans donde la fragilidad se volvía una herramienta más para los fines del arte.

García, sin embargo, se pone el disco al hombro. En un acto de dignidad y arrojo, se hace cargo de todas las composiciones y buena parte de los instrumentos (el personal se completa con la batería de Fernando Samalea y el aporte del guitarrista Kiuge Hayashida Soiza en tres temas). La melodía, por lo demás, está ahí. La emoción y la ironía. Las consignas para tatuarse en el corazón: «Pedimos perdón/ corriendo enmascarando el fin/ por eso te busqué/ por eso diseñé/ la máquina de ser feliz».

A lo largo de las diez canciones, Charly García entrega piezas de orfebrería que dialogan con su universo artístico: los Beatles, Kubrick, Chopin, el Phil Spector de My Girl. El manantial del artista, parece decir el disco, es un paraíso infranqueable: es la fuente al final del arco iris. Como esta no es una reseña mística, no diremos que es un milagro. Diremos que Charly García está vivo. ¿Les parece poco?



[Fuente: www.zonadeobras.com]

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