La obra de Segato es vasta: aborda religiones afro-brasileras,
las cárceles, la violencia de género, el racismo, las nuevas formas de
la guerra y la perspectiva teórica de la crítica de la colonialidad.
La agenda de esta antropóloga feminista, nacida en Argentina y
residente en Brasil desde hace 25 años, es intensa: entre sus múltiples
viajes está en Uruguay hasta este jueves 3 de abril, siendo que a las
19:30 horas participará en Facultad de Ciencias Sociales de la Mesa
Redonda: ¿Para qué la aplicación de acciones afirmativas en la
educación? "Balance de la primera experiencia de acciones afirmativas
para negros e indígenas en Brasil: 2003-2013".
Esta charla es la última de una serie de participaciones que tuvo
Segato en Montevideo, tanto a nivel académico como institucional, para
contar cómo se dio la lucha para que en Brasil se implementaran cuotas
raciales en las universidades y permitir una mayor paridad y, por lo
tanto, igualdad de oportunidades para estudiantes negros e indígenas,
respecto a los blancos.
Esta doctora en Antropología brindó el lunes 31 de marzo la
conferencia magistral "Las lecciones de una lucha contra el racismo
académico. La lucha por las cuotas raciales en Brasil", en el marco de
la apertura del Diploma en Afrodescendencia y Políticas Públicas
(FCS-Udelar); participó en reuniones con la Comisión Interinstitucional
que trabaja en la implementación de la ley de Acciones Afirmativas (N°19.122) y brindó un seminario en la FCS.
Uypress tuvo la oportunidad de dialogar con Segato sobre la
experiencia brasileña de las cuotas raciales y, en una segunda parte de
esta entrevista, sobre la violencia de género y las nuevas formas de las
guerras que utilizan el cuerpo de las mujeres como territorio de
batalla.
"El racismo está invisibilizado en Brasil"
Como sintetiza Isabela Manuela Estrada Portales en su trabajo Las cuotas raciales en el discurso mediático y académico brasileño:
"La política de cuotas raciales para la admisión a la universidad
pública en Brasil es una forma de acción afirmativa que consiste en
reservar un cupo de matrículas para estudiantes negros y pobres,
egresados de la escuela pública que hayan aprobado el examen de ingreso.
Aunque ha habido diversas propuestas de ley, en general se busca la
reserva de aproximadamente un 40 por ciento de las matrículas y las
instituciones deben tomar en consideración la composición racial del
estado y la ciudad, para que el porcentaje no se torne una camisa de
fuerza. Esta política busca una mayor equidad en la admisión a las
universidades, dado que este segmento del estudiantado no puede asistir a
escuelas privadas, recibe una educación pública que se reconoce muy
inferior y por consiguiente está en desventaja al enfrentarse al examen
de ingreso".
El 20 de noviembre del 2008 la Cámara de Diputados aprobó la Lei de Cotas
que determinaba que un 50 por ciento de las plazas en las universidades
públicas tienen que ser reservadas para egresados de escuelas públicas y
el 25 por ciento de estas plazas deberán otorgarse por el sistema de
cuotas raciales, en proporción a la distribución de la población de
negros, blancos e indígenas en cada estado.
Diez años antes de esta aprobación, Rita Segato evidenciaba, a través
del caso de un estudiante del Doctorado de Antropología de la
Universidad de Brasilia, del que ella era parte, el racismo
invisibilizado en Brasil.
El conocido "caso Ari" toma el nombre de Arivaldo Lima Alves, el
primer alumno negro en entrar al doctorado, después de 20 años de
existencia de dicho programa. En el primer semestre del curso fue
reprobado de manera sumaria (sin explicación) en una materia obligatoria
que condicionaba su continuidad en el posgrado.
"Ahí comenzó un proceso que se extendió durante dos años, primero
para lograr que aprobara esa materia", recuerda Segato. Finalmente, Ari
consiguió la aprobación del Consejo de Enseñanza, Investigación y
Extensión de la Universidad. "Es curioso que de los 25 votos, los únicos
5 votos contrarios a la aprobación provinieran de las Ciencias
Sociales", comenta la antropóloga. "Aunque no tenían que argumentar por
qué votaban en contra, lo que estaba por detrás es que en Brasil el
racismo es un crimen inafianzable; entonces, con ese voto de apoyo al
estudiante y castigo al profesor que había discriminado, el profesor
podía llegar a ser juzgado".
"A partir de ese proceso, dos profesores de la Universidad de
Brasilia -José Carvalho y yo- empezamos en la necesidad de hablar de
acciones afirmativas porque, si no había sido posible conservar un
alumno negro en un doctorado, sería mejor pensar en reformas
sociales. Porque si nos había costado tanto mantenerlo a él en una
academia tan conservadora, que ya no tiene nada que ver con el
movimiento de los '70, pensamos que era necesario un cupo, por ejemplo
del 20% (actualmente es del 40% y se aplica en siete de cada 10
universidades federales). Así se crearon tres mesas redondas sobre
reserva de cupos en la Universidad de Brasilia, desarrolladas en
noviembre y diciembre de 1999, y este debate incidió en que los
indígenas también consideraran que debían tener su cuota", explica la
experta.
Segato reconoce que en Brasil el Movimiento Negro venía debatiendo
por décadas la necesidad de implementar la discriminación positiva.
"Luego, en el período final del gobierno de Henrique Cardoso se plantea
la necesidad de pensar sobre estos procesos, pero es un tema que se
aborta porque ponía en discusión la propia composición de clases de su
propio partido político, que es un partido de elite, entonces ese
proceso no siguió".
Finalmente, lo que deriva en el proceso de debate y posterior
implementación de las cuotas raciales es el caso Ari, emblemático aunque
-evidentemente- no el único: "Muchos alumnos negros han sufrido
históricamente racismo en las universidades federales públicas, que son
las de elite, cuyo ingreso está condicionado por pruebas de ingreso que
generalmente pasan quienes asistieron a una educación primaria y
secundaria privada", remarca Segato.
-¿Cómo llega Ari a la universidad pública, viniendo de un sector pobre?
- Porque generalmente estas familias apuestan a que uno de sus
integrantes llegue a alcanzar los estudios superiores. En este caso es
un hombre brillante, que finalmente pudo terminar sus estudios
doctorales y hoy en día es profesor en la Universidad Estadual de Bahía.
Con el caso Ari, el tema de la lucha por las cuotas se nacionaliza,
sale del gueto, porque toca el corredor donde se reproduce el control
sobre el Estado: la universidad. Esta es el corredor que se debe
transitar para llegar a las reparticiones públicas, para llegar a cargos
públicos donde se decide el destino de los recursos de la nación.
Cuando se amenaza con democratizar ese corredor, la elite salta en
contra y dice "la universidad es meritocrática. El examen de ingreso es 'ciego', donde los participantes entran como un número" -es
decir, no se sabe el nombre-, pero se están olvidando todos los accesos
a la educación previos a ese examen, de los que disfrutan los
estudiantes de la elite, que tienen acceso económico para una buena
preparación. También otro privilegio de los blancos o blanqueados es ser
mirados por maestros y maestras como aquellos que tendrán un futuro,
mientras que sobre los adolescentes negros pesa la mirada racista de que
de ellos no depende el futuro de la nación. Eso está cambiando de a
poco, aunque el racismo está invisibilizado en Brasil.
-En su trabajo Las cuotas raciales en el discurso mediático y académico brasileño,
Isabela Manuela Estrada afirma que la cuota "rompe con el pernicioso
universalismo que constribuye a la inmovilidad de las relaciones
raciales".
- Claro, el proceso de discusión de las cuotas agita a la nación. La
gente que siempre tuvo acceso a la educación superior afirma que no
existe racismo en Brasil y mucho menos en las universidades, niega la
discriminación y afirma que no hay pruebas sobre esto. Por un azar de la
historia aparecen estadísticas sobre el racismo en Brasil que eran
hasta ese momento desconocidas, en especial sobre oportunidades de
salario y de trabajo para negros y blancos. Aparecen los números y,
frente a estos, los que eran anticuotas se quedan sin argumentos.
Brasil es un país profundamente racista... y ¿por qué no lo vemos? Porque hay un discurso en la cultura que es de interculturalidad
(a través del carnaval, la música, etc.), pero esta no existe en el
hueso duro de la distribución de los recursos, donde hay segregación.
Brasil tiene una profunda falta de concordancia entre lo que ocurre con
sus manifestaciones interculturales y lo que ocurre en la economía y la
sociedad.
-Pensando que en Uruguay, puede llegar a haber cuestionamientos en torno a cómo determinar quién es negro
y entonces por qué ubicar a esa persona dentro del grupo social al que
le corresponde la asignación de la cuota, ¿esto cómo fue saldado en
Brasil?
- Yo no creo que eso esté resuelto en ninguno de nuestros países. Es
muy difícil nombrar la raza en nuestros países... es un territorio de
sombras. Una vez un editor de la revista Nueva Sociedad estaba publicando un número sobre cárceles. Yo trabajé un tiempo en cárceles y me pidió un texto (El color de las cárceles en América Latina).
No tenía mucho tiempo para escribir, pero le dije que lo podía resolver
escribiéndole a ocho personas que conozco en distintos países,
pidiéndole las estadísticas de la población negra en las cárceles. Todos
me contestaron que estos censos no existían, que no había datos
desagregados al respecto. Ahí empiezo a pensar por qué. ¿Cuál es la raza
de los encarcelados? ¿Son exactamente indígenas? No lo son. ¿Son afro,
en el sentido más estricto? No lo son, o muchos no lo son. Entonces
concluí que las cárceles llevan el color de la no blancura de nuestra sociedad. Nuestras cárceles llevan un color no blanco. Nuestras sociedades tiene un amplio espectro poblacional no blanco y no sabemos ponerle un nombre.
Como digo en el libro La nación y sus otros, cada uno de
nuestros países es una matriz de alteridades; en Argentina, en Brasil,
en Bolivia, cada país está construyendo su gramática racial de una forma
distinta. Pero digamos que en cada uno hay una gran masa de población no blanca,
que sufre discriminación, para la cual no tenemos los nombres
necesarios como para analizarla. Porque no es un grupo humano que se
pueda vincular a una cultura, a una etnicidad. Simplemente, cuando uno
va a los barrios más pobres, la población se oscurece; cuando uno va a
los trabajos menos prestigiosos, los trabajadores se oscurecen; pero no
tenemos un nombre para este fenómeno de la marca de los vencidos en la
piel de las personas.
Yo tengo una definición de raza, que la voy formulando lentamente en esta lucha, cuando la gente pregunta qué es un negro en Brasil:
"La raza es la marca de una posición en la historia colonial en los
cuerpos, leída por un ojo que conoce esa historia". Si bien es difícil
'cercar' la raza, recortarla, es perfectamente detectable. Es cómo
leemos la posición en que un determinado cuerpo estuvo en la historia de
la Conquista y la colonización.
Ocurre que los cambios de fondo están en lo subjetivo. Las cuotas
pueden ayudar a dar el debate, pero se necesita un cambio más profundo,
que tiene que ver con mirarnos a nosotros mismos y eso comienza en
lugares como la escuela, donde nos enseñan a mirar 'hacia afuera' y
adquirir categorías que son diseñadas desde fuera hacia nosotros.
Las categorías que usamos son prefabricadas, nos vienen de un lugar
que le concedemos para teorizar y generar categorías para nosotros; las
utilizamos porque tienen 'prestigio', porque nos llueven del Norte hacia
el Sur, y muchas veces no nos sirven. Si no, ¿cómo se entiende que haya
una enorme cantidad de población a la que no podemos nombrar? Y no me
refiero solo a la población afro de Uruguay, que puede ubicarse en dos
barrios de Montevideo (en referencia a Sur y Palermo), sino la población
'provinciana', a la que no vemos y que sufre permanente discriminación.
Buenas políticas son las que no tienen fobia de localidad, que son capaces de mirar el espacio inmediato que habitamos.
-¿Cómo ve el proceso que lleva adelante en Uruguay para
la implementación de acciones afirmativas para la población
afrodescendiente?
- Veo a la gente muy libre para pensar la realidad; como, por
ejemplo, la gente del MIDES (en referencia a la Dirección Nacional de
Políticas Sociales) que es muy poco burocrática, lo que en mi
vocabulario es un elogio, que no está solo pendiente de ir del proyecto
al informe y se dan un tiempo espacio para pensar la realidad.
La segunda parte de esta entrevista, en la que abordamos
distintas conceptualizaciones de Segato en torno a la violencia de
género, será publicada el sábado 5 de abril en Uypress.
ac
[Fuente: www.uypress.net]
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