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| Antonio Tejero hizo famoso el «Se sienten, coño», en el intento fallido de golpe de Estado del 23-F de 1981 |
Por A. F. Vergara / I. G. Peña
Pese a los intentos -y los logros- de Camilo José Cela para incluir la palabra «Coño» en el Diccionario de la Real Academia de la lengua española,
su pronunciación en el Congreso, en público, y en la tribuna, demuestra
que su «especial sonoridad» hace que esté lejos de considerarse una
palabra «refinada», aunque sí es de uso habitual.
Solo tenemos que recordar que el presidente del Congreso, Jesús Posada,
pedía el pasado miércoles 12 de febrero disculpas y reconocía que
debería haber tenido «más control» de sus propias palabras cuando se le escapó la palabra «coño» en el momento en el que trataba de imponer el orden en un rifirrafe del debate. «Estas cosas ocurren.
Realmente yo tenía que haber tenido más control de mis propias
palabras, pero en fin, pronuncié alguna interjección que no debía»,
decía Posada.
En el Congreso, no es la primera vez que se oye esta palabra. El «Se sienten, coño» de Antonio Tejero durante el fallido intento de Golpe de Estado del 23-F se hizo tan famoso que tanto en películas, series y en conversaciones entre amigos se ha reproducido hasta la saciedad.
Oda al órgano femenino
Buscando referencias sobre esta palabra en nuestra
literatura, uno de los primeros autores que nos encontramos es Camilo
José Cela, quien empleaba este término de forma muy habitual. Es más,
una de sus biografías, escrita por Gaspar Sánchez Salas, lleva por
título «El coño de Don Camilo y otras anécdotas inéditas», lo que da cuenta de lo habitual que era en su vocabulario.
Precisamente fue el escritor gallego quien
consiguió que la palabra «coño» se incluyera en el Diccionario de la
Real Academia Española. Ya en el año 1968, en el preámbulo de su
«Diccionario secreto», Cela se lamentaba porque el Diccionario de la
Academia «ignora por ejemplo, la voz "coño" y no registra ningún
cultismo que designe el concepto a que se refiere la palabra proscrita, con lo que se da el despropósito de que el aparato reproductor externo de la mujer no tiene nombre oficial en castellano».
Pero si seguimos con nuestro recorrido literario,
no podemos dejar de hacer referencia a Juan Manuel de Prada, que
publicaba «Coños» en el año 1994. Un libro de varios capítulos cortos,
en cada uno de los cuales el autor describe la vagina de una mujer
diferente. Un libro muy elogiado, por otra parte, por Francisco Umbral,
otro de los autores de nuestra literatura que han contado en numerosas
ocasiones con esta palabra entre sus expresiones más habituales.
¿Un término «sexista»?
Según el diccionario de la Real Academia Española,
la primera de las acepciones de la palabra «coño» hace referencia a la
«parte externa del aparato genital de la hembra» y como interjección se
utiliza para expresar diversos estados de ánimo, especialmente extrañeza o enfado.
En Chile, según este mismo diccionario, el término se puede traducir por «Español», y tanto en este país como en Ecuador puede ser un adjetivo con el significado de «miserable o tacaño». Su
origen es la palabra latina «cunnum», según explican Alberto Buitrago y
Agustín Torijano en su «Diccionario del origen de las palabras (Espasa,
1998)», y, en este sentido, hace alusión a «cuño» que se forma en la
zona pélvica de la mujer, entre las ingles.
El término «Coño» en España tiene unas connotaciones un
tanto «sexistas». Cuando algo nos molesta, nos fastidia profundamente,
usamos la palabra coño, en una referencia vulgar al miembro femenino. Lo
mismo ocurre cuando nos aburrimos: «Vaya coñazo». Sin embargo, cuando un evento nos entusiasma exclamamos un «Es cojonudo», en este caso en referencia al órgano masculino.
En Italia la historia es al revés.
Nuestros vecinos mediterráneos utilizan el joder, el «Cazzo», en una
clara alusión a las partes íntimas del hombre, al igual que para señalar
que una cosa es una tontería o gilipollez: «Che cazzata». Por el
contrario, cuando una cosa encanta o sorprende, utilizan una palabra que
menciona el miembro femenino, la «figa»: «Che figata», que se traduciría
en un «Qué chulada».
[Fuente: www.abc.es]

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