La literatura de Alberto Gerchunoff sintetiza la integración a un país
pluralista sin renunciar al origen inmigratorio y la propuesta de un
mestizaje cultural argentino que se desplegará en las sucesivas
generaciones, afirma Ricardo Feierstein, autor de un reciente libro
sobre la vida de quien supo ser un periodista y ensayista paradigmático.
En Alberto Gerchunoff. El argentino más judío, el judío más argentino, editado por Capital Intelectual,
Feierstein registra una semblanza completa del autor de Los Gauchos
Judíos en quien, asegura, se entrecruza “el modernismo con el
naturalismo y articula una profunda vocación hispánica y el compromiso
con su identidad judía y la tierra argentina”.
Gerchunoff llegó al país a través de los planes migratorios y
colonizadores de quienes creyeron que la mejor forma de poblar Argentina
era como un espejo de Europa, un falso liberalismo que negaba la
identidad nativa para reconvertir a la nación en un inadecuado crisol de
razas en el que todo se fundía. Y ya se sabe, en un crisol no se
distingue la particularidad de los componentes.
Gerchunoff, contra eso, trató de dejar impregnada su literatura de una
identidad judía que tomó su máxima expresión en ‘Los gauchos judíos’,
“en una estrategia literaria que enfrentó con éxito las postulaciones
xenófobas de la sociedad que lo cobijó, sin olvidar el mestizaje
cultural al que se enfrentaba en su proceso inmigratorio”, afirmó
Feierstein.
De hecho, esa mezcla entre lo europeo y lo criollo se dio desde su
arribo al país, al que llegó en 1890 con su familia y se radicaron en la
localidad santafesina de Moises Ville. Allí su padre fue asesinado por
un gaucho matrero y la familia se mudó a Entre Ríos, “donde inmortalizó
sus relatos y crónicas plagadas con hombres de campo”, dijo el autor.
Cuando se radicó en Buenos Aires adhirió al socialismo y en 1916 se
incorporó al Partido Demócrata y se identificó con el liberalismo.
Sin embargo, Feierstein advirtió que “resulta difícil definir, desde una
mirada actual, derecha e izquierda en las primeras décadas del siglo XX
argentino. Gerchunoff provenía de una tradición humanista, libertaria y
teñida de solidaridad social y fraternidad que le fue inculcada por sus
maestros de la infancia (en la colonia entrerriana) y, ya en Buenos
Aires, por su maestro Roberto Payró, gran escritor argentino y uno de
los fundadores del Partido Socialista local”.
En 1916 adhirió a la Democracia Progresista de Lisandro de la Torre “y
el mismo Payró lo llevó al diario La Nación, donde se conectó con el
prestigio del alto mundo literario y social de su época”.
Feierstein explicó a Télam que “durante más de cuatro décadas
(1908-1950) -y con algún pequeño intervalo- Gerchunoff trabajó en ese
periódico, fue modificando su forma de pensar y terminó por adherir al
eje Caseros-Sarmiento-Mitre-civilización, antes que a su opuesto y
simétrico Rosas-Gauchos-Barbarie-Yrigoyen-Perón”.
A pesar de esta mirada política, “conservó intacta su estructura moral y
de principios que lo llevó a solidarizarse con todas las causas
libertarias del mundo, y luego del ascenso de Hitler, comenzó a
apartarse de muchos de sus antiguos colegas y asumió una postura
antinazi”.
Sin embargo, su obra más conocida, ‘Los Gauchos Judíos’, aparece para el
primer centenario argentino en el que refleja “un canto a la
integración desde las particularidades, con lo que comienza la
literatura judeo-argentina, desde donde trató de sumar y promover unión y
respeto entre las personas, obviando diferencias de credo y buscando lo
que los une por sobre lo que los separa”.
Feirestein agregó que “Gerchunoff jamás renegó de sus raíces judías.
Hablaba en idish, estaba fuertemente relacionado con su colectividad,
fue uno de los fundadores de la Sociedad Hebraica Argentina (y quien
eligió ese nombre), participó activamente en la lucha antinazi y, al
mismo tiempo, fue un enamorado de su tierra de adopción, un argentino
por elección y un nostálgico cronista de la tierra entrerriana que lo
formó en su infancia”.
- ¿Por qué consideró que Gerchunoff fue el argentino más judío y el judío más argentino?
- En mi libro planteo, como hipótesis, que de manera consciente o construyendo la idea sobre la marcha, Gerchunoff elaboró una estrategia literaria que abrió un amplio campo de aceptación para que los creadores de origen inmigratorio pudieran sumarse a la cultura y la vida argentina. Entendió su particularidad como una sumatoria, que enriquece. No eligió, metafóricamente, querer más a su padre o a su madre, sino a ambos en conjunto, reunidos con sus otros amores que no resignó como el origen, la familia, los hijos y amigos, la buena comida”.
Y agregó que “frente a las líneas del nacionalismo cultural patricio y xenófobo, Gerchunoff aplicó la técnica del yudoka: utilizar la fuerza ajena en beneficio propio”.
“Es así que que Gerchunoff reflexionó: - ¿Gauchos? Sí, claro. Pero gauchos judíos. ¿Herencia hispánica? Sí, claro, la del idioma sefardí -por sus antecesores judíos del Siglo de Oro español- a partir del cual se convierte en un maestro impar del idioma castellano”, agregó el autor.
“Sin dudas, fue una jugada genial”, concluyó Feierstein.
- ¿Por qué consideró que Gerchunoff fue el argentino más judío y el judío más argentino?
- En mi libro planteo, como hipótesis, que de manera consciente o construyendo la idea sobre la marcha, Gerchunoff elaboró una estrategia literaria que abrió un amplio campo de aceptación para que los creadores de origen inmigratorio pudieran sumarse a la cultura y la vida argentina. Entendió su particularidad como una sumatoria, que enriquece. No eligió, metafóricamente, querer más a su padre o a su madre, sino a ambos en conjunto, reunidos con sus otros amores que no resignó como el origen, la familia, los hijos y amigos, la buena comida”.
Y agregó que “frente a las líneas del nacionalismo cultural patricio y xenófobo, Gerchunoff aplicó la técnica del yudoka: utilizar la fuerza ajena en beneficio propio”.
“Es así que que Gerchunoff reflexionó: - ¿Gauchos? Sí, claro. Pero gauchos judíos. ¿Herencia hispánica? Sí, claro, la del idioma sefardí -por sus antecesores judíos del Siglo de Oro español- a partir del cual se convierte en un maestro impar del idioma castellano”, agregó el autor.
“Sin dudas, fue una jugada genial”, concluyó Feierstein.
[Fuente: www.telam.com.ar]


Sem comentários:
Enviar um comentário