Las mal denominadas nuevas tecnologías están cambiando el mundo. Y no
solo han logrado modificar nuestros hábitos de vida, sino que han
logrado transformarla desde un punto de vista conceptual. Ya no
entendemos el 'ser' sino como un ser social, con presencia digital y que
busca su firma en buscadores para corroborar la reputación de su perfil
virtual. Somos el yo físico y el yo de nuestras cuentas en Twitter,
Facebook, Tuenti o Linkedin.
En definitiva, nuestro modo de comunicarnos ha cambiado y con él los
usos lingüísticos asociados a nuestra actividad virtual.La eterna
cuestión de la lengua como antecedente del pensamiento humano cobra hoy
más importancia que nunca. Un idioma es tan rígido o puede resultar tan
adaptable como sus hablantes sean capaces de asumir y los organismos de
control lingüística de justificar o rechazar.
Aunque son varios los organismos de control y observación de los
lenguajes especializados, el lenguaje tecnológico, que es un tipo de
lenguaje científico, por su naturaleza y características especiales
requiere una atención especial. Son muchos los neologismos acuñados en
poco margen de tiempo de adaptación y otros tantos barbarismos, sobre
todo anglosajones, que se anticipan a nuestro idioma y gracias o por
culpa, precisamente, de la globalización que procuran los medios
virtuales, exportan su terminología sin filtro previo debido a la
inmediatez que exigen sus hablantes.
La RAE nos guía, pero somos los castellano parlantes quienes tenemos la palabra final. Ellos toman nota.
Por Verónica Mellado
[Foto: Elvira Megías - fuente: www.elnortedecastilla.es]

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