Con la apertura asiática hacia los vinos occidentales se presenta un dolor de cabeza para los miles de especialistas que toman para sí la tarea de ilustrar a sus connacionales de la bondades de cada producto. "Las etiquetas de vino están escritas en francés, español o italiano y pocas veces en ingles", dice uno de ellos. Además, aún en inglés, la definición de un aroma o un sabor no coincide con la descripción que puede tener en cada idioma asiático".
"¿Cómo es un vino con olor a frambuesa brillante? No tengo ni idea de qué es eso", dice Kim Woo-jin, un joven estudiante koreano de 19 años, de la escuela de Sommelier que dirige Kim June-cheol, de 58, la JC Wine School en el sur de Seúl. Es muy poca la información que le puede transmitir el director al alumno: Las apreciaciones sobre aromas del mundo occidental, no coinciden con las percepciones en Oriente. Un kit de olores es un intrumento útil para que estos aprendices saquen sus propias conclusiones, pero se encuentran con dos dificultades.
Por un lado es muy caro y no está al alcance de todos, y por otro la relación entre el olfato y la descripción en un idioma occidental presenta una barrera casi infranqueable. Ni qué decir por supuesto de la florida y rebuscada retórica ("Un aroma de musgo sobre una roca caliente, bajo la luna, en una playa solitaria".) a la que nos tienen acostumbrados algunos aplaudidos críticos; mas considerando que la bebida despierta recuerdos anidados en una cultura que se expresa con sensaciones propias. El vino en Oriente tiene una aceptación que hace las delicias de las bodegas, pero pone en aprietos a las mentes mas brillantes del marketing de este lado del mundo. La solución sigue siendo un acertijo que premiará con creces a quien lo resuelva. R.B.
[Fuente: www.diariodelvino.com]

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