Los filólogos y aficionados a conocer el pasado de las palabras pueden
consultar en la red, desde el pasado viernes 30 de marzo, los recursos básicos
utilizados para elaborar el Nuevo diccionario
histórico del español, entre ellos los diez millones de papeletas del
antiguo fichero de la Real Academia Española (RAE).
Esta gran obra, que reconstruirá la evolución del léxico español a lo largo
de los siglos y que sólo estará disponible en Internet, podría alargar sus
plazos si continúan los recortes presupuestarios.
En 2011, el equipo responsable contó con un tercio de los 800.000 euros
(1.067.774 dólares) que se le asignaban anualmente, lo que obligó a prescindir
de parte del personal. “En estos momentos no tenemos constancia de que nos vayan
a mantener ni ese tercio”, afirma José Antonio Pascual, director del Nuevo
diccionario histórico.
“El proyecto no se parará nunca”, aseguró, sin embargo, Pascual. “Irá más
despacio y habrá que realizar una buena gestión y buscar nuevos fondos”.
Además de los diez millones de fichas, están ya disponibles en la página web
de la Academia (en la entrada “Fundación Rafael Lapesa: NDHE”), el Corpus del
Nuevo diccionario histórico (CDH), el antiguo Diccionario histórico
de la lengua española (1960-1996) y el Mapa de diccionarios.
Los diez millones de fichas, disponibles ya en Internet, fueron redactadas
sobre todo entre 1930 y 1996, fechas en que la Academia afrontó la redacción del
Diccionario histórico. El Corpus del Nuevo diccionario
histórico (CDH), por su parte, cuenta con unos 53 millones de “presencias o
de registros” de todos los períodos del español.
De ellos, 32 millones pertenecen a textos españoles de la Edad Media y de los
siglos XVI al XX, y los veinte millones restantes a obras americanas. El corpus
vale para las palabras más frecuentes de la lengua española, que son de 40.000 a
50.000, y en los próximos meses, añade Pascual, saldrán “otros dos corpus más
amplios”.
Pero quien quiera ver ahora mismo, por ejemplo, qué significado tenía
“nación” en el pasado, verá que, entre otros, figura el de nacimiento o lugar de
origen: “Yo soy de nación aragonesa”, se decía.
Y si uno busca “espingarda” se encontrará con multitud de ejemplos, entre
ellos “estas dos batallas del prínçipe y del obispo yvan forneçidas de grande
número de espingardas”, de 1480.
En la red están también el antiguo Diccionario histórico que la RAE
editó entre 1960 y 1996 y que sólo llegó a las letras “a-apasanca” y “b-bajoca”,
y seis ediciones representativas del diccionario académico: 1780, 1817, 1884,
1925, 1992 y 2001.
En el futuro estarán todas las ediciones de esta obra esencial de referencia
y habrá “una especie de llamada que remita al fichero de la Academia y explique
por qué se añadieron algunas acepciones”, comenta Pascual.
Así, la palabra “sarnilla” que se utiliza en Honduras para aludir al
“piojillo de las aves”, “no se sabe por qué está ahí, pero, si se relacionan
todos los diccionarios con el fichero antiguo, averiguaremos quién la propuso y
cuándo”, señala Pascual.
Dentro de dos meses saldrán ya “200 palabras definidas de una forma clara
para que se vea cómo va a ser el Nuevo diccionario histórico”, y “en el
horno” tienen “otras dos mil”.
Para esa primera entrega se han seleccionado voces relacionadas con armas e
instrumentos, y aparecerán familias de palabras: alabarda, alabardero; sable,
sablista, sablear...
El Nuevo diccionario histórico se puso en marcha en 2005 y lo que
estaba previsto era, en una primera fase de quince años, ofrecer la historia de
unas 40.000 a 50.000 palabras.
[Fuente: www.letralia.com]
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