A finales de la década de 1990, hizo irrupción en Venezuela un aberrante neologismo que hoy se ha expandido –por desgracia- en gran parte de la comunidad hablante. El sustantivo “apertura” daría tumbos por el buró de cierto gerente bancario esnobista y pitiyanqui que, al tratar de imitar la impresionante plasticidad de la lengua de Shakespeare, patentó la pirueta lingüística de “aperturar”. Bastaría que sus dóciles subalternos lo escucharan articular semejante barbaridad para que ellos repitieran, como creyentes en un rezo del Rosario, el novel cataclismo verbal que hasta nuestros días yace espeluznante en el glosario de unas cuantas bocas.
Por lo general, cuando nace un término nuevo en un idioma se debe a la necesidad de comunicar esa realidad entre sus hablantes ante la ausencia de un vocablo referente en una lengua determinada. Es por ello que se da el fenómeno de los préstamos lingüísticos, los cuales -en su mayoría- pertenecen a la esfera tecnológica y por lo tanto carecen de un equivalente en contextos diferentes al anglosajón, verbigracia. Innumerables palabras han sido “adoptadas” por el español debido a la razón antes expuesta: escáner (scanner), printer (impresora) woky-toky o radio portátil (walkie-talkie), ci-dí (CD), di-vi-dí (DVD), link (enlace), internet (red interconectada), chat (chat-chatting), entre otras.
Ahora bien, cuando ya existe una representación precisa en español y –sin embargo- un grupito de la plutocracia se empeña en “manufacturar” otra ¿alternativa? obviando las reglas más elementales de estética y gramática del idioma, la gracia o exquisitez corporativa deviene en patética mueca. ¿Para qué buscarle las cinco patas al gato con “aperturar” si ya tenemos “abrir”? ¿Por qué el afán de superioridad de la banca al querer imponernos un disparate como “aperturar”? Es que hasta los empleados se dan el lujo de corregirte cuando osas pronunciar “abrir” en cualquier recoveco de una entidad financiera. ¡Santa Inquisición Bancaria!
Habrá que interrogar -al respecto- algo muy sensato: ¿los banqueros son expertos en gramática o en números? ¡Por favor! Deberíamos concluir esta reflexión con el chiste de un señor muy humilde que arribó -una vez- a una sucursal del ramo en cuestión: -¡Buenos días, señorita! Deseo abrir una cuenta, por favor. -¿Quiere APERTURAR una cuenta, señor? –Señorita, yo deseo ABRIR una cuenta… ¡pero usted necesita ABRIR un diccionario!
Por Adán González L., traductor y locutor
[Fuente: www.aporrea.org]
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