Escrito por Siham El Khoury Caviedes
Oiga, vecino, sabe
el significado
de esta palabra blanca que
como un pez se evade?
No… Y me tiembla en la boca
su temblor delicado.
Pablo Neruda, “Saudade”
Gran parte de la experiencia humana es aprender a perder. Más
específicamente, a transformar la pérdida; a significarla; a voltearla y
sacudirla hasta que algo más salga del vacío. Eso, entre otras cosas, es la saudade.
Primero se le llamó soedade,
luego suidade;
una palabra que suena y se siente como soledad, pero la rebasa. La
investigadora Inês Oseki-Dépré rastrea el nacimiento de este concepto hasta el
establecimiento de las primeras colonias europeas en África y América, cuando
los colonos galaico-portugueses expresaban sus sentimientos hacia la lejana
patria desde Madeira, Alcazarquivir, Arcila, Tánger, Cabo Verde, las islas
Azores y la bella Ilha de Vera Cruz, que ahora conocemos como Brasil. Los
rumores decían que entre los marineros portugueses del siglo XV solía brotar
una sensación agridulce que los motivaba a contar historias y entonar
canciones, porque trasladarse “más allá del mar” implicaría una vida entera en
añoranza por su tierra de origen.
¿Qué sucedió cuando esta afección trascendió los puertos y llegó hasta las
nuevas ciudades? Con el tiempo, la suidade tomó el nombre que conocemos hoy en día y
adquirió una dimensión espiritual y existencial. El sentimiento de falta por
una causa externa claramente identificable (el hogar, la patria) se convirtió
para algunos en una inquietud inherente al alma, que podía o no rastrearse a
una pérdida concreta. Y eso se sentía muy humano. Más que humano: gallego,
lusitano, brasileño. Así, la saudade comenzó a protagonizar coplas y poemas de
la lírica trovadoresca, movimientos estéticos e incluso políticos que buscaban
consolidar una identidad nacional específica, un posicionamiento frente a la
irremediable finitud de la vida y sus placeres. Por eso, hasta la fecha, la saudade es un valor esencial del ser y el imaginario lusobrasileño e impregna
diversas expresiones de su cultura y su arte.
Sería pretencioso intentar contener la saudade, que es un concepto arbóreo
y complejo, plagado de historia y matices, en uno solo signficado “oficial”. De
hecho, tuvieron que pasar siglos para que la saudade se asentara en
definiciones aceptadas de los tesauros. Los diccionarios más comunes de la
lengua portuguesa, como el Michaelis o el Aurélio, suelen coincidir en que la
sensación de falta es el centro y la cuna de la saudade. El Dicionário Houaiss,
en particular, se refiere a la saudade como “un sentimiento más o menos
melancólico de incompletud, ligado mediante la memoria a situaciones de
privación […], de alejamiento de un lugar o de una cosa, o a la ausencia de
ciertas experiencias y determinados placeres ya vividos”. En las mismas fuentes
encontraremos que el adjetivo “saudoso” puede aplicarse tanto para quien
experimenta la saudade, como para quien (o lo que) la provoca. Así que, desde
un punto de vista lingüístico, no se diferencia a quien extraña y lo que se extraña; la saudade recorre y colapsa esa distancia.
Muchos investigadores se han basado en este
tipo de definiciones para crear una propia. Para Hans Ulrich Gumbrecht, por
ejemplo, la saudade se resume en “la añoranza de una situación pasada que se ha
perdido irremediablemente”, una tristeza vinculada tanto a la psique como a la
tierra, que dispara el recuerdo de algo lejano y profundamente querido. Otros
académicos, como Francisco Foot Hardman, entienden la saudade más bien como un
concepto en desplazamiento, con expresiones similares en las literaturas de
otros pueblos y lenguas, con frecuencia cercanas a la experiencia del abandono
y el exilio.
Por supuesto, hay muchos términos afines: el dor rumano, el längtan sueco, el verbo alemán verlangen, el famoso spleen de Baudelaire.
Incluso nuestra “melancolía” y “nostalgia” son similares, pero no idénticas a
la saudade. ¿Qué diferencia a esta última, entonces?
Podríamos decir que todos estos conceptos comparten el mismo punto de
partida: el dolor de la pérdida. Pero la saudade va un paso más allá de ese
dolor; le da la vuelta; lo reconfigura; le imprime una dimensión o expresión
“afirmativa” (humorística, creativa, lúdica) que, en teoría, no debería tener.
Por eso la expresión de Francisco Foot Hardman, ser o estar “en
desplazamiento”, es tan importante. Más allá del traslado geográfico de la palabra,
hay un movimiento interior, a nivel emocional y psicológico.
En particular, la investigadora en letras brasileñas Ana Lúcia Liberato
Tettamanzy ve en la saudade un “sentimiento de inadecuación profunda con el
tiempo”, una “errancia mental y física”. La “errancia” de la que habla (otra
forma de desplazamiento) está íntimamente ligada a la memoria y la imaginación:
la conciencia de lo perdido, o incluso de lo que podría perderse en el futuro,
nos obliga a fugarnos del presente. Fantaseamos; tememos; lamentamos. El
filósofo portugués Eduardo Lourenço la define como un “dolor inexpresable ante
el tiempo que huye” que genera otra suerte de huida, un “viaje a través de la
eternidad perdida de nosotros mismos”.
El resultado de todo esto es una doble dimensión temporal: un aquí y ahora
que se abre inesperadamente a evocaciones dulces, como lagunas. Pensemos en la
saudade como un lugar trascendental, un tiempo más allá del tiempo, un espacio
que se abre sólo bajo nuestros propios pies. Entonces comenzamos a ir y venir
entre el pasado y el futuro, la satisfacción y la pérdida, la pena y el
agradecimiento, con un vaivén similar al del mar o al del péndulo de un reloj.
Para Lourenço, esta es una “última puesta en escena”, es decir, una re-presentación, “para
aliviar el luto de nuestras esperanzas rotas, de nuestros anhelos perdidos, de
nuestros amores difuntos”.
Sin embargo, re-cordar (etimológicamente,
traer de vuelta al corazón) no restaura lo que se ha ido. Si acaso, nos lo
regresa deformado y corrompido por el paso de los días, con huecos rellenados
por la ficción. Todo lo recordado es re-creado, y así mismo nos re-creamos (nos desgarramos y reconstruimos)
cuando recordamos, cada rememoración como un hilo nuevo en el entramado de
nuestra experiencia del mundo.
Todas estas cosas, que no me pertenecen, me aseguran la meditación sensible
con lazos de resonancia y de saudade. En cada una de esas sensaciones soy otro,
me renuevo dolorosamente en cada impresión indefinida.
Vivo de impresiones que no me pertenecen, perdulario de renuncias, otro
distinto en el modo de ser yo.
Fernando Pessoa, “93”, Libro del desasosiego
Si vemos la vida como un tejido, la saudade es la perforación de una aguja
que introduce una nueva puntada, un nuevo patrón. Una sensibilidad enfermiza,
una angustia entrañable, capaz de penetrar y transformar repetidamente la
imagen sin destruirla. En las palabras de Eduardo Lourenço, “ardemos en el
tiempo sin consumirnos en él”.
La saudade suena como se siente, con esa misma reiteración, ese afán de
volver. Es la voz que se ovilla y desovilla en el aire, como las plegarias, los
mantras y las canciones. Su expresión se parece mucho a la de nuestras
celebraciones porque, en efecto, celebra y conmemora lo que ya no se tiene, porque se tuvo. He ahí lo
que diferencia a la saudade: interpreta la ausencia, incluso el sufrimiento,
como un recordatorio de que se perdió algo digno de amar. Extrañar no es más
que la otra cara del disfrute. El vacío es una marca (“algo valioso estuvo
aquí”) y merece festejarse, honrarse con risa queda y canto compartido. Como
señala Clarice
Lispector en “Saudades”:
Encontré una palabra
para usar todas las veces
que siento este vacío en el pecho,
medio nostálgico, medio sabroso,
mas que funciona mejor
que un signo vital
cuando se quiere hablar de vida
y de sentimientos.
¡Ella es la prueba inequívoca
de que somos sensibles!
De que amamos mucho
lo que tuvimos…
Ahí radica la experiencia afirmativa del dolor en la vida y el temor a su finitud. En suma, la saudade es mucho más que melancolía o nostalgia; es un dique de contención, un freno a la invasión del sufrimiento. También es lo que Machado de Assis define como “epitafio” en las Memorias póstumas de Blas Cubas: “Una expresión de aquel piadoso y secreto egoísmo que induce al hombre a arrancarle a la muerte un harapo”.
Referencias
Foot Hardman, Francisco. “Espectros de la nación: figuras desplazadas entre
‘saudades’ y soledades”. Remate de Males, vol. 22, núm. 2, noviembre de 2012,
pp. 76-96. DOI:10.20396/remate.v22i2.8636160.
Gumbrecht, Hans Ulrich. “The
Beautiful Form of Sadness: Machado de Assis’ Memorial de Aires”. Portuguese Literary and
Cultural Studies, vol. 13/14, 2004-2005, pp. 307-16.
Holanda Ferreira, Aurélio
Buarque. “Saudade”. Dicionário
Aurélio da Língua Portuguesa, Editora Positivo, p. 1556.
Houaiss, Antônio, ed.
“Saudade”. Dicionário
Houaiss da Língua Portuguesa, 2001, p. 2525. Instituto Antônio Houaiss,
www.iah.com.br/sp/servicos.php.
Liberato Tettamanzy, Ana
Lúcia. “Da melancolia em Padre Antônio Vieira e Machado de Assis”. Via Atlântica, vol. 1,
núm. 12, diciembre de 2007, pp. 195-208. Portal de Revistas da USP, DOI:
doi.org/10.11606/va.v0i12.50178.
Lispector, Clarice. “Saudades”, versión al español de Daniela Aguilar. Periódico de poesía, UNAM, verseando.com/blog/clarice-lispector-saudades/.
Lourenço, Eduardo. Portugal como destino, seguido
de Mitologia da saudade. Editorial Gradiva, 1999. Colección Obras de
Eduardo Lourenço.
Machado de Assis, Joaquim
Maria. Memorias
póstumas de Blas Cubas. Traducción de Antonio Alatorre,
introducción de Lucía Miguel Pereira, Fondo de Cultura Económica, Biblioteca
Americana, 1951.
Michaelis, Henriette, y
Carolina Michaelis (eds.). “Saudade”. Dicionário Michaelis, Editora Melhoramentos, 2015. Dicionário Brasileiro da Língua
Portuguesa,
michaelis.uol.com.br/moderno-portugues/busca/portugues-brasileiro/saudade.
Neruda, Pablo. “Saudade”. Crepusculario, RBA –
Instituto Cervantes, 2005 (publicación original: 1923). Asistentes Virtuales,
www.poesi.as/pn23028.htm.
Oseki-Dépré, Inês. “La ‘Saudade’”. Les Chantiers de la Création: Revue Pluridisciplinaire en
Lettres, Langues, Arts et Civilisations, vol. 1, 2008, pp. 1-11. Open Edition Journals, 28
de octubre 2014, DOI: doi.org/10.4000/lcc.103.
Pessoa, Fernando. Libro
del desasosiego, compuesto por Bernardo Soares,
www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/serviciosAlAfiliado/librosDigitales/Pessoa-Libro-Desasosiego.pdf.
Sánchez-Moreno, Iván. “Razones del alma contrita: fenomenologías de la saudade: apuntes para una
teoría histórico-cultural de la saudade”. Revista de História Comparada, vol. 11, núm. 2, 2017,
pp. 108-31.
Siham El Khoury
Caviedes estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad
Iberoamericana
[Ilustración: Gonzalo Tassier - fuente: www.nexos.com.mx]

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