Escrito por Rokhaya Diallo
Saint-Denis
se encuentra a poco más de 9 kilómetros del centro de París, pero pertenece al
departamento más pobre de toda la Francia metropolitana, una región marcada por
el desempleo, los bajos ingresos y las desventajas sociales. Con todo, el
ayuntamiento de Saint-Denis fue escenario de unas celebraciones memorables y
alegres la noche del 15 de marzo. Una multitud enloquecida llevó a hombros al nuevo
alcalde, mientras coreaba su nombre una y otra vez. Bally Bagayoko, que
encabezó una lista de izquierdas que unía al partido de izquierda radical La
France Insoumise (LFI) y al Partido Comunista, logró una hazaña notable al
vencer de forma contundente en la segunda ciudad más grande de la región de
París (Île-de-France) en la primera de las dos vueltas. Fue el único candidato
a una alcaldía francesa de una población de más de 150.000 habitantes que no
necesitó una segunda vuelta.
Por primera
vez, Saint-Denis, donde conviven 130 nacionalidades, tiene un alcalde que
refleja su comunidad: un hijo de la ciudad e hijo de inmigrantes de Mali.
Bagayoko no
es el único. Otros municipios de las afueras de París —donde una gran parte de
la población desciende de migrantes postcoloniales— han elegido también con
entusiasmo, por primera vez, a alcaldes de color. En Seine-Saint-Denis, zona
emblemática de las banlieues, 13 de los 39 alcaldes elegidos
pertenecen a minorías étnicas y representan a diversas formaciones políticas.
En un momento
en el que, a escala nacional, la extrema derecha controla más pueblos y
ciudades que nunca, habría que aclamar la aparición de una nueva generación de
políticos de color como signo de una democracia sana. Por el contrario, parece
haber resonado como un terremoto político en una Francia que aún parece incapaz
de hacerle un hueco a sus ciudadanos de color.
Así pues, las
celebraciones en Saint-Denis han durado poco. No pasó mucho tiempo sin que el
carácter inusual de estas elecciones desencadenara una reacción en los medios
de comunicación que rayaba en el pánico. Desde el momento en que se declaró su
victoria, Bagayoko se enfrentó a una reacción violenta. Se le acusó en las
redes sociales de haber dicho en una entrevista la noche de las elecciones que
convertiría Saint-Denis en una «ciudad de negros» («ville des Noirs»), cuando
en realidad había dicho claramente que Saint-Denis era «la ville des rois»
(“ciudad de reyes”), una conocida referencia a la basílica de Saint-Denis como
lugar de enterramiento histórico de la mayoría de los monarcas franceses.
Pero esa
falaz afirmación, impulsada inicialmente por la extrema derecha, se extendió
rápidamente por los principales medios de comunicación. Su aparente
credibilidad se basaba únicamente en una cosa: el color de la piel del nuevo
alcalde, lo que alimentó la suposición de que Bagayoko sería incapaz o no
estaría dispuesto a gobernar su ciudad para todos.
Bagayoko no es un recién llegado a la política —ni mucho menos—; su trayectoria cumple todos los requisitos convencionales de la política democrática. Representante electo desde 2001, este hombre de 52 años ha sido teniente de alcalde y vicepresidente del consejo departamental, y ha ocupado un alto cargo ejecutivo en una empresa pública, la compañía de transporte de la región de París, la RATP. Su trayectoria no tiene nada de atípica.
Pero un periodista blanco le confrontó directamente con la insinuación de que su campaña había recibido el respaldo de traficantes de drogas, y le preguntó «en manos de quién» estaba.
El tono de los ataques dio entonces un giro particularmente vil cuando, en el canal de noticias de derecha CNews, un invitado lo comparó con un «jefe tribal primitivo» y con un mono. La policía está investigando el asunto, y CNews ha negado el racismo.
Pero, a pesar de la extrema gravedad de los insultos dirigidos a un representante de la República, la respuesta institucional ha sido insuficiente. El primer ministro, Sébastien Lecornu, y el ministro del Interior, Laurent Nuñez, condenaron los ataques, pero solo después de verse cuestionados en los medios de comunicación y en la Asamblea Nacional.
El presidente, Emmanuel Macron, que suele pronunciarse con rapidez, se limitó a hacer decir a su séquito que «siempre ha condenado todos los ataques racistas, independientemente de su procedencia», sin especificar qué opinaba sobre estos ataques concretos.
El sábado pasado me sumé a una gran multitud en Saint-Denis, en respuesta al llamamiento del nuevo alcalde para manifestarnos contra el racismo. Nos reunimos simbólicamente entre la basílica y el ayuntamiento. Aunque me sentí motivada al encontrarme entre decenas de miles de personas de todas las generaciones, me horrorizó que no asistiera ni un solo miembro del Gobierno. La ministra encargada de la lucha contra la discriminación, Aurore Bergé, ofreció una inverosímil justificación de su ausencia. «No era el papel del Estado» estar allí, afirmó, a pesar de que el entonces primer ministro, los presidentes del Senado y de la Asamblea Nacional y varios ministros del Gobierno encabezaron una marcha contra el antisemitismo en noviembre de 2023.
En los suburbios de París, más allá de Seine-Saint-Denis, muchos representantes locales recién elegidos deben su victoria menos a las estructuras partidistas que a sus propias raíces territoriales y sociales, a menudo a través de redes locales en el ámbito del deporte, el trabajo con jóvenes y la organización comunitaria.
Sin embargo, todos ellos han sufrido ataques
racistas. En lugar de acoger con satisfacción un auge democrático sin
precedentes, marcado por una participación récord y escenas de júbilo popular
—con algunos ayuntamientos incapaces de contener a las multitudes—, los medios
de comunicación y los actores políticos siguen tratando a estos ciudadanos como
votantes ilegítimos. Un entrevistador, por ejemplo, presionó a Bagayoko para
que explicara por qué algunos complejos de viviendas sociales y bloques de
pisos de Saint-Denis habían «votado en exceso», como si una alta participación
en estas zonas fuera un problema. Mientras tanto, a los propios cargos electos
se les tachaba de intrusos, como si se hubiesen colado por la puerta trasera, a
pesar de gozar de un mandato popular indiscutible. Cuatro diputados negros de
la Asamblea Nacional, todos ellos miembros de LFI, recibieron una carta en la
que se insinuaba que su lugar no estaba en el Parlamento, sino en un zoológico.
La nueva generación de líderes de color no ha surgido de la nada. A lo largo de muchos años, han construido proyectos que
reflejan sus propias trayectorias y las de las comunidades a las que
representan.
Además, están trabajando por mejorar distritos
que se encuentran entre los más pobres y con la población más joven del país.
La participación sigue siendo alarmantemente baja y las necesidades de sus
habitantes son enormes.
Estas zonas se enfrentan a otros retos urgentes
relacionados con la infrarrepresentación. De los 39 alcaldes elegidos en Seine-Saint-Denis, solo cuatro eran mujeres y solo dos no eran blancos. Pero
las elecciones locales han reavivado una profunda ansiedad civilizatoria en un
país que sigue teniendo dificultades para verse a sí mismo como algo diferente
de lo blanco.
El examen desproporcionado al que se ha visto sometido Bagayoko revela un profundo pánico racial: el miedo a una Francia encarnada por rostros negros o morenos y, más fundamentalmente, a la erosión de una supremacía blanca arraigada en la historia colonial del país. La cuestión no es tanto la presencia de personas de color, como su acceso a puestos de poder. Los descendientes de los pueblos colonizados ya no están confinados a posiciones sociales subordinadas: ahora aspiran a liderar su país, Francia.
Rokhaya Diallo es escritora, periodista colaboradora de diversos medios franceses y angloamericanos, presentadora de televisión, actriz y directora de cine, activista antirracista y columnista de The Guardian Europe. Cofundadora de la asociación Los Indivisibles, que presidió de 2006 a 2010, sus últimos libros son “La France tu l´aimes ou tu la fermes?” (2019) y “Ne reste pas à ta place” (2019).
[Fuente:
The Guardian - reproducido en www.sinpermiso.info]

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