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La escritora Yasmina Reza.
Escrito por Rosa M. Tristán
Un crisol de crímenes y delitos, personajes reales que podrían estar en novelas de ficción, pero que en la escritora francesa Yasmina Reza son seres tangibles, que caminan por el mismo mundo que nosotros, con sus impulsos de venganza, sus dolorosas infancias, sus pasiones, su dolor interior o su maldad. Es la variopinta e inmensa capacidad humana de causar daño que, asegura, a todos nos atañe y que nos trae en su último libro ‘Casos reales’, que acaba de publicar Alfaguara. Estuvimos el día de presentación de la obra en la Fundación Telefónica de Madrid; la expectación no podía ser mayor. “Me fui por toda Francia a presenciar juicios; son como un teatro de la condición humana. Los seres humanos somos violentos por naturaleza”.
Desde días antes, las entradas están agotadas para escuchar en directo a una escritora que saltó hace ya muchos años a la fama mundial con el estreno de su obra de teatro Conversaciones tras un entierro, donde nos habla de la familia y las relaciones con la mordacidad que la caracteriza. Después llegaría Arte, una historia sobre la amistad que nos enfrenta a lo que somos y lo que los más cercanos esperan de nosotros; y más tarde Un dios salvaje, que de nuevo nos enfrenta a turbios instintos que están ocultos bajo el barniz de una educación civilizada que salta por los aires incluso ante asuntos que no son importantes.
La cola para entrar en el Espacio Telefónica es un reflejo del interés en conocer de cerca a la persona detrás de esa forma de acercarse a la fragilidad humana y desenmascararla, quizás también para observarla con tanto detenimiento como Yasmina Reza hace con los personajes de su nuevo libro. Tal vez, simplemente, para escucharle contar en directo por qué se ha pasado 15 años yendo de juicio en juicio para hacer una particular crónica, tan alejada de lo periodístico, en la que la complejidad de las vidas de madres que matan a sus hijas, ladrones, corruptos o agresores sexuales se resumen en un expediente. La audiencia, como en tantos eventos culturales, es de una mayoritaria presencia femenina, un público maduro que llena las butacas y también decenas de sillas que se han colocado detrás del escenario para dar cabida a más gente, aunque ahí solo podrán verla por dos pantallas.
Yasmina Reza, de 66 años, viste sencilla, un traje oscuro y una blusa roja, su larga melena negra suelta. Para dialogar con ella, la conocida periodista Montserrat Domínguez, exdirectora de varios medios y programas de radio y televisión, conduce la conversación desde el conocimiento de toda su obra, buscando acercar a la autora a su público: “Todos sabemos que los hay cada día, pero otra cosa es que vayamos. En tu caso, ¿qué te impulsó a ir a los juicios?”, le pregunta Domínguez, como si captara esa curiosidad que flota en el ambiente. “Me gusta ver documentales en televisión y me atrapó uno sobre el caso de un profesor que asesinó a su mujer, así que pensé que los tribunales eran lugares donde ver esa imperfección de la vida que más ha obsesionado siempre, así que me fui por toda Francia a presenciar juicios; son como un teatro de la condición humana. Los seres humanos somos violentos por naturaleza, así que la civilización surgió para limitar esa violencia que está presente en los tribunales como si fuera el último derrape”.
Yasmina es una convencida de que esa condición humana no es siempre evidente, ni siquiera se sospecha, hasta que llega: “De los 20 juicios a los que he ido, en 15 los acusados no eran violentos previamente, eran gente que todos consideraban normal, pero un día sí que lo son, lo que no es excusa, ni tampoco es azar. Allí, en el tribunal, sus vidas se desnudan, se les humilla poniendo en público lo que quieren esconder”.
La idea de que cualquiera puede –podemos– ser un criminal violento “si derrapa” es abrumadora, y por ello en Yasmina hay una mirada sobria, de compasión hacia esos seres con los que no ha podido intercambiar ni una palabra, que no son psicópatas, que llevaban una vida normal, incluso anodina. “En los juicios están siempre entre cristales, como en una caja, y no hablan. Solo a veces hacen gestos. Todo es como un escenario donde jueces, testigos, abogados, periodistas desempeñan su función, no hay otro sitio igual para observar a la sociedad humana”, asegura.
Domínguez menciona algunos de los casos que ha recogido que más le han impactado, como el de ese hombre poco atractivo que se hacía pasar por un galán atractivo en las redes sociales para atraer a las mujeres, algo tan habitual que choca que se convierta en delito. Reza profundiza en esta historia: “Es un hombre solo, de 68 años, que chatea con mujeres, conversaciones cada vez más sexuales. Algunas acaban enamoradas de él y quieren verle, a lo que al principio se niega; luego acepta, pero ellas tienen que ir a su casa y con un antifaz. Algunas aceptan y mantienen relaciones con él, pero al acabar, al ver cómo es, se sienten engañadas y dos le denuncian por violación. Fue condenado a ocho años. Una locura. Es un ejemplo de que la Justicia es porosa, porque entiendo que se sientan engañadas, pero es una estafa, no una agresión sexual”, comenta la autora.
No se puede obviar sacar también el caso de Nicolás Sarkozy, el expresidente francés ahora en libertad bajo supervisión judicial (estuvo 20 días en prisión) tras ser condenado por financiación ilegal durante la campaña electoral de 2007. Precisamente Reza llegó a un acuerdo con él para seguirle aquellos días y escribir su retrato literario. Fruto de aquello fue la obra El alba, la tarde o la noche, publicada ese mismo año, de la que después ha dicho que fue “un ejercicio de observación del poder”, pero por la que recibió no pocas críticas de quienes pensaron que blanqueaba al personaje. Ahora, en Casos reales, vuelve a Sarkozy para contar otro proceso judicial donde se le acusó: “Es un caso relacionado con sus intentos para recuperar unas agendas telefónicas que le confiscó el tribunal. En ese juicio se escucharon llamadas entre él y su abogado, se le acusó de voluntad de corrupción, no de corrupción, y se le condenó, pero sé que no había nada de ello”.
De ahí a otro tipo de juicio que hoy tiene gran poder, ese que es el paralelo y se realiza en las redes sociales, tan real y con consecuencias como el de las salas de lo penal. “Sí, existe. En países democráticos, la justicia se basa en leyes y, aunque tiene fallos, esto permite a todo el mundo poder expresarse, pero en las redes sociales se condena a la gente sin pruebas y eso es más grave”, comenta Yasmina.
Al leer Casos reales, sorprende la cantidad de historias que hay sobre violencia de género y violencia en el seno de las familias, cosidas con un diario de experiencias personales. También que quedan sin final, sin conocer la sentencia final, aunque se intuye en esos jueces que son implacables, en testigos que no saben cómo responder, en fiscales y abogados tan biodiversos como la naturaleza humana. “Y eso no quita importancia a la necesidad de la Justicia, de tener reglas, aunque haya equivocaciones. Pero lo mejor es no acabar ahí, porque detrás hay hombres y mujeres como nosotros y los hay brillantes y mediocres. Eso sí, en los países donde no hay justicia, tampoco hay esperanza”, concluye con su semblante serio, como ha estado casi todo el acto. Da cierta sensación de cansancio, quizá porque estas giras de entrevistas y presentaciones no dan tregua.
Un gran aplauso pone fin a sus palabras. Solo una persona ha querido participar del turno de preguntas que ha dado lugar a esa última frase. Bien es verdad que Casos reales ha salido a la venta ese mismo día (15 de enero) y aún la mayoría no lo ha leído. De hecho, casi todo ese público que la ha escuchado en un silencio impecable sale a comprarlo en cuanto acaba. Hay un stand de una librería en la entrada de la sala para que pueda adquirirse. Enseguida se hace una larga cola ante una sencilla mesa en la que Yasmina Reza estampará decenas de firmas. Hay tanta gente que no puede entretenerse en preguntar más que el nombre a sus futuros lectores.
Cuando una larga media hora después acaba, no se entretiene. En Madrid, al salir, llueve y hace frío, un ambiente gélido como el que se respira en las salas de vistas de los juzgados.
[Fuente: www.elasombrario.publico.es]

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