domingo, 19 de dezembro de 2021

El síntoma francés

 La autora aventura la segunda vuelta de las presidenciales francesas será un duelo entre Macron -que podría declararse candidato hacia febrero o marzo-y un representante de la derecha más radical

El presidente francés, Emmanuel Macron.
El presidente francés, Emmanuel Macron

      

 

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Con la elección de Valérie Pécresse como candidata de Les Républicains a la presidencia de Francia se dibuja ya claramente el que será el panorama electoral de unas elecciones que, sin duda, son un claro indicador de la situación actual de la política en Europa. O más concretamente, del cada vez más evidente distanciamiento de los ciudadanos de las instituciones y del corazón de lo que representa la acción política.

Las primarias de Les Républicains, que se han celebrado las dos últimas semanas, son un interesante termómetro del estado de ánimo político y social en el país vecino. Los candidatos a priori favoritos, los perfiles más de hombre de Estado, Michel Barnier y Xavier Bertrand, ni siquiera alcanzaron la segunda vuelta. El vencedor inesperado de esa primera vuelta fue Eric Ciotti, el candidato con un discurso más radicalmente de derechas. El relato de Ciotti tiene muchos puntos en común con el de Éric Zémmour, ese expolemista transformado en centro de todas las polémicas electorales. Con él coincide en cuestiones como eliminar el ius solis, es decir, el derecho a obtener la nacionalidad francesa por haber nacido en suelo francés, reforzar la seguridad, o crear un Guantánamo a la francesa en el que ubicar a aquellos sujetos considerados peligrosos que atenten o puedan atentar contra Francia.

Tras Ciotti, se clasificó para la segunda vuelta Valérie Pécresse, una mujer con amplio recorrido político y amplia experiencia en gestión pero que no hace tanto, en 2019, renegaba de Les Républicains e intentaba crear su propio movimiento para refundar la derecha francesa. Con un perfil en principio más moderado, finalmente, ante el empuje de Ciotti, se ha desplazado hacia posiciones más duras, por ejemplo, apoyando la idea de la desaparición del ius solis y endureciendo su discurso en lo referente a seguridad.

Aunque Ciotti ha jurado y perjurado que apoyará siempre la elección Pécresse y que no traicionará a su familia política, lo cierto es que el escenario que queda en la derecha francesa merece ser seguido con atención. Por un lado, Marine Le Pen, que continúa en su línea tradicional de nacionalismo francés excluyente, lucha contra la inmigración y amenazas de desvincularse de Europa. Por otro, Éric Zemmour, a quien los sondeos dan resultados de hasta un 18%, lo que le posiciona con opciones para pasar a la segunda vuelta, y que presentó este fin de semana su movimiento Reconquête (Reconquista) en un mitin en el que consolidó su gran línea argumental, la del gran reemplazo, es decir, la de la desaparición de lo francés –y de los franceses– por el efecto de la llegada de la inmigración. Un discurso que no es solo propio de la extrema derecha francesa, pero que Zemmour ha sabido personificar gracias a la coherencia con sus escritos y declaraciones en su faceta de polemista y gracias, también, a usar un cierto aire nostálgico gaulliano en alguna de sus apariciones.

Con estos dos contendientes a la derecha de la derecha, lo que hagan los votantes de Les Républicains que optaron por Ciotti (un 39%) será clave. Zemmour, por ejemplo, ya los está cortejando, a través de una carta abierta en la que le invita al perdedor de la primaria de LR a unirse a Réconquête y a trabajar juntos por unas propuestas que comparten en gran medida. Pécresse, por su parte, tendrá que conseguir la cuadratura del círculo si quiere tener posibilidades. Tendrá que ganarse a los electores más radicales, los que han votado a Ciotti, que podrían decantarse por Zemmour o Le Pen y, a la vez, satisfacer a los electores más moderados, aquellos que en las elecciones de 2017 se decantaron por las propuestas de Emmanuel Macron, atraídos por la moderación y el centrismo. Sin duda, un trabajo de precisión en el que cualquier desliz puede ser fatal.

En el otro fiel de la balanza, una izquierda clásica muy debilitada en la que ni siquiera aupar a una mujer popular y carismática como Anne Hidalgo a la candidatura presidencial parece poder salvar, y un partido ecologista que puede perfectamente dar un sorpasso al PS y posicionarse por delante incluso la France Insoumise de Jean-Luc Melénchon. Los verdes, con Yannick Jadot como candidato presidencial y la ecofeminista Sandrine Rosseau como contrapunto para satisfacer a las posiciones más radicales, han sabido mediatizar adecuadamente su campaña y ocupar un espacio comunicativo que, unido a sus buenos resultados en las municipales donde ganaron en grandes ciudades como Lyon, Burdeos, Tours o Grenoble, pueden convertirlos en un incómodo compañero de viaje para la izquierda más tradicional.

Hoy por hoy, el panorama parece indicar que la segunda vuelta de las presidenciales será un duelo entre Macron –que aún no se ha declarado candidato, pero que, como casi todos los candidatos-presidentes suelen hacerlo más tarde, hacia febrero o marzo– y un representante de la derecha, más que probablemente, de la derecha más radical.

Si así sucede será interesante ver qué pasará entre el 10 y el 24 de abril, es decir, en el periodo entre las dos vueltas. Aunque una alianza Zemmour-Le Pen parece, en estos momentos, poco probable, dependerá de si vence el ego o la sed de gobernar. Si es lo segundo y ambos llegan a un acuerdo, por ejemplo, repartiéndose la presidencia y el cargo de primer ministro, podríamos encontrarnos ante un duelo Macron contra la extrema derecha francamente complicado, ya que se sumarían las fuerzas de los Le Pen y Zemmour –según los últimos sondeos de Harris y de Ifop podrían acumular un 35% del voto fácilmente–, y añadirse parte del voto de Les Républicains, sobre todo ese 40% aproximadamente de votantes de derecha que le apoyaron en la segunda vuelta de las primarias.

Más allá del análisis puramente político o de la mayor o menor inquietud que estas probabilidades puedan despertar, la clave de la interpretación de estos posibles resultados está en un sistema de partidos que no está satisfaciendo las expectativas de los ciudadanos, hasta el punto de que estos prefieren arriesgarse a opciones menos consolidadas, más espectaculares, más basadas en promesas que en la garantía que deberían suponer las estructuras clásicas. Que una sociedad interesada en política por encima de la media como la francesa y con una larga tradición de reivindicación y de acción esté en proceso de enfrentarse a esta disyuntiva tiene que hacer reflexionar sobre qué ofrece el sistema de partidos políticos a los ciudadanos hoy en día y desde qué nuevas perspectivas debe afrontarse la elección de responsables políticos para ser capaces de responder a las expectativas de los pueblos y poder desarrollar, realmente, liderazgos que vuelvan a recuperar la confianza en la democracia.

Bethlem Boronat es doctora en Periodismo (Comunicación Política) y Profesora en EAE Business School.

 

[Foto: JOHANNA GERONREUTERS - fuente: www.elmundo.es]

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