Más verdes, espaciosas y saludables, dentro
y fuera de nuestras fronteras. Los arquitectos y especialistas en
urbanismo Norman Foster, Manuel Herce, Nerea Calvillo, Edward Glaeser,
Juan Herreros, Beatriz Colomina y Anna Puigjaner señalan algunos de los
puntos fundamentales que las ciudades deberían atender tras el Covid-19.
Las tendencias y la pandemia
Norman Foster, Premio Pritzker de Arquitectura

Esta pandemia está acelerando procesos que ya estaban en marcha. A
corto plazo, parecerá que los cambios son su consecuencia, pero el
futuro de la humanidad no está a dos metros de distancia y la normalidad
volverá tras un período de transición. Los exteriores serán más
saludables, limpios y verdes. Habrá menos carreteras y estacionamientos y
más espacio para peatones, runners, ciclistas y terrazas.
Compartiremos el coche, que será más limpio y silencioso, igual que el
transporte público. La tecnología ayudará a que los espacios urbanos
sean más frescos en verano y cálidos en invierno, y necesitaremos
edificios más saludables, en los que habrá que mejorar la calidad del
aire. Los smart watches y los wearables monitorizarán
nuestro estilo de vida, y las puertas y los ascensores tendrán un
sistema de reconocimiento facial. El equilibrio entre lo global y lo
local será mayor.
Sálvese quien pueda
Manuel Herce, especialista en movilidad y Premio Nacional de Urbanismo

Las infraestructuras más necesitadas de cambio son las de movilidad
aunque dudo que la economía renuncie a apoyar la venta de automóviles.
Nos venden un futuro con coches eléctricos, pero ¿cómo vamos a producir
tanta electricidad? Hace muchos años que sabemos que movilidad y
transporte no son términos equivalentes; en el segundo hay negocio. El
problema se agrava en las ciudades en las que por motivos ecológicos se
limita la entrada de coches al centro, dejando sin acceso a miles de
ciudadanos a los que hemos expulsado de la ciudad. Necesitamos
estaciones de transporte colectivo con aparcamiento gratuito en la
periferia para todo tipo de vehículos y dejar de construir carreteras
con criterios de velocidad.
El cambio es posible
Nerea Calvillo, arquitecta e investigadora

El Covid-19 ha levantado la alfombra. Ha sacado a la luz todo lo que
se había intentado enterrar en aras de un supuesto progreso: que la
urbanización rampante ha creado el virus y que el aislamiento en un
entorno vivible es un privilegio; que el turismo de masas destroza las
ciudades; que los trabajos necesarios son los de los cuidados y que la
desigualdad sostiene esa alfombra pesada y mohosa. Hemos visto, también,
cosas inimaginables: visitas de los animales que vivieron en nuestros
solares; aguas y aires transparentes; soporte comunitario y relevancia
de las infraestructuras públicas. El cambio es posible, solo hay que
decidir qué se pone en marcha y no adaptar las ciudades al virus, sino
repensar la urbanización.
La globalización de la salud
Edward Glaeser, economista y profesor en Harvard

La ciudad es capaz de lo mejor y lo peor. Potencia el intercambio y
el comercio, y una creatividad colaborativa de la que son fruto la
filosofía ateniense, el Renacimiento o Facebook. La densidad de
población acarrea, además, delincuencia, tráfico y enfermedades. En el
siglo XIX, las pandemias favorecieron la inversión en acueductos,
parques y alcantarillado que hicieron de las ciudades occidentales
espacios más saludables. Sin embargo, existen hoy muchas ciudades que
tienen pocos de esos activos. Esta pandemia debería enseñarnos que la
salud de Madrid y de Los Ángeles depende, también, de limitar la
propagación de las enfermedades en los lugares más pobres del mundo que
necesitan una arquitectura e infraestructuras mejores.
Una emergencia medioambiental
Juan Herreros, arquitecto y docente

Habrá cambios, seguro, pero el interés no está en adivinarlos sino en
activarlos conscientemente. El Covid-19 es una emergencia
medioambiental que nos dice que tenemos que cuidar la calidad del aire
–la contaminación mata–, intensificar la presencia de la naturaleza
–azoteas verdes, huertos urbanos, bulevares con grandes árboles–, y
renunciar al coche en favor de sistemas blandos de movilidad –fomentar
bicis, patinetes y coches eléctricos evitando una vuelta al vehículo
privado como espacio seguro–. Con ello evitaremos un daño significativo
al planeta que repercutirá en nuestra calidad de vida y reduciremos las
desigualdades que condenen a una parte de la población a vivir en
condiciones medioambientales nefastas.
La ciudad invisible
Beatriz Colomina, especialista en Historia de la Arquitectura y profesora en Princeton

Cuando se especula sobre la ciudad del futuro, una práctica habitual
durante las crisis, solo se piensa en la ciudad visible: su forma,
materiales, organización, calles, parques y edificios. Pero lo que la
pandemia ha sacado a la luz ha sido lo invisible: el urbanismo de las
desigualdades, los trabajadores de la economía sumergida y el acceso
dispar a los cuidados. Tendemos a olvidar que las ciudades se han
construido a partir de emergencias médicas. Son espacios en los que los
contagios se aceleran pero también incubadoras de ideas y relaciones.
Quizá la ciudad del futuro no sea tan diferente en apariencia, pero sus
ritmos ocultos sí habrán cambiado. Este virus inspirará nuevas formas de
organización urbana. La clave no será la forma de la ciudad, sino el
acceso a la vivienda, la educación y la sanidad.
Mutable, líquida y digital
Anna Puigjaner (MAIO), arquitecta y docente

La condición de lo urbano y lo doméstico se han reformulado de un
modo inesperado. El confinamiento ha ampliado y visibilizado la
digitalización de estas esferas, así como las condiciones precarias en
las que se sustentan. Al mismo tiempo, han sucedido cosas que no parecían
posibles: los tiempos de reestructuración y reutilización de lo
construido se han acelerado y seguramente impactarán en cómo diseñamos y
organizamos el territorio en el futuro. Estamos pasando de una ciudad de
usos permanentes y sistemas de control físicos a una más mutable,
líquida y digital. Se amplían las posibilidades de nuestros espacios
pero también se abre un debate muy importante sobre los derechos y los
nuevos sistemas de control que entrañan.
[Fuente: www.elcultural.com]
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