Los términos abarcantes son muy útiles. Si no sabemos que
un endrino es un endrino, decimos “árbol”
Constitución del nuevo Ayuntamiento de Madrid el pasado 15 de junio, con José Luis Martínez Almeida, del PP, como alcalde. .
Escrito por ÁLEX GRIJELMO
Los hiperónimos son,
para entendernos, unos sustantivos genéricos cuyo significado engloba el de
sustantivos específicos. Es decir, una especie de palabras grandes en las que
caben otras más pequeñas. Por ejemplo, “casa” es el hiperónimo de “piso”,
“chalé”, “apartamento” o “mansión”. “Árbol” es el hiperónimo de “roble”,
“pino” o “castaño”. “Animal” es el hiperónimo de “gato”, “vaca” o “cocodrilo”.
Este tipo de términos abarcantes adquieren
una gran utilidad cuando no disponemos de información precisa o desconocemos
cómo se denomina un individuo de los englobados por ellos. Si no sabemos que
un endrino es un endrino, decimos “árbol” y santas pascuas.
Las palabras grandes pueden alterar la
importancia de algo. Si prometemos a un niño regalarle “un animalito”, el niño
se imaginará tal vez un perro; y si le entregamos una sardina, no podrá alegar
que le hemos mentido. Sin embargo, sus expectativas razonables habrán quedado
defraudadas.
Dentro de “regalo” caben un
Ferrari, una escoba, una camiseta o un peine. Si alguien regala a otra persona
una escoba, una camiseta y un peine en una misma semana, podrá decir a quien
reciba tales muestras de cariño “te he colmado de regalos”. Del mismo modo que
quien reciba un Ferrari puede protestar: “Sólo me ha hecho un regalo en su
vida”.
Los negociadores políticos de
estas semanas han acudido en sus ofertas a los hiperónimos, y lo sucedido nos
sirve de enseñanza para nuestra vida cotidiana; para aprender que conviene huir
de lo general y exigir lo preciso.
Otro tanto puede ocurrir con
los “altos cargos” (pero no ministerios) ofrecidos por el PSOE a Podemos en las
conversaciones para la formación del Gobierno de la nación. Un “alto cargo” es
un secretario de Estado del mismo modo que un animal es un buey; pero un “alto
cargo” es también un director de la Autoridad Portuaria del mismo modo que un
pájaro es un pingüino. Y nunca pensamos en un pingüino cuando alguien nos habla
de pájaros.
Por eso los hipónimos no
prototípicos (“tigre” o “perro” son hipónimos de “animal”) pueden engañarnos
fácilmente.
Según las leyes españolas, se
considera altos cargos a los ministros, a los secretarios de
Estado, los subsecretarios, los delegados del Gobierno, los jefes de misión
diplomática, los secretarios generales técnicos, los directores generales y
asimilados, los directivos de las empresas públicas, los directores generales
de las Entidades Gestoras y Servicios Comunes de la Seguridad Social; los
responsables del Consejo Económico y Social… Un porrón de gente.
Así que ante estos juegos de
hipónimos e hiperónimos, ante tanta ambigüedad verbal, cabe esperar que todos
tomemos conciencia de que con ellos se puede engañar sin mentir. Basta con usar
palabras que provoquen en el receptor una idea prototípica, para luego darle el
cambiazo por un elemento insospechado y, sin embargo, englobado en la
definición.
[Foto: KIKE PARA - fuente:
www.elpais.com]
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