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| Veronica Mayta Pari |
Escrito por JORDINA ARNAU
Los aimaras
son una nación indígena milenaria que vive en torno al altiplano del lago
Titicaca y que cuenta con unos dos millones de población repartida entre Bolivia,
el Perú y Chile. Una nación que continúa viviendo de la naturaleza, de la pesca
y de la agricultura, que cuenta con rituales ancestrales y que lucha por sobrevivir.
Esta entrevista se publica más tarde de lo que estaba previsto porque durante
diversos meses de búsqueda tan solo hemos logrado contactar con una persona con
consciencia aimara que viva en Catalunya: Veronica Mayta Pari. Sin embargo, la
suma de bolivianos y peruanos residentes en el país llega a la cifra de las 50.000
personas.
Veronica Mayta Pari es una mujer aimara que desde hace 11 años vive en
Barcelona. Nació el año 1978 en la comunidad de Coquena, en la provincia de Omasuyos
(Bolivia), y a los 9 años emigró a La Paz. Sus padres eran agricultores y tenían
un par de vacas para subsistir, pero no disponían de ningún ingreso económico, como
la mayoría de los habitantes del pueblo. Ella emigraba con la idea de estudiar más
(en el pueblo solo había la posibilidad de cursar la educación básica hasta los
6 años), poder comprarse el uniforme y material escolar. De La Paz emigró a Cochabamba
con la misma intención de poder estudiar, pero siempre ha tenido que seguir trabajando
para ayudar económicamente a la familia. En 2005 decidió buscarse la vida en
Europa y se instaló en Valencia. Al cabo de dos años, optó por Barcelona.
Actualmente es trabajadora doméstica. Se define como aimara por delante de todo
y como una defensora de la lengua, cultura y tradiciones de ese pueblo
indígena.
Nationalia: ¿Quiénes sois los aimaras?
Veronica Mayta Pari: Los aimaras somos un pueblo indígena milenario, con
mucha historia. Vivimos en el altiplano del lago Titicaca, entre el lago y
los cerros. Estamos repartidos
entre Bolivia, el Perú y Chile. Somos un pueblo muy conectado con la naturaleza,
porque vivimos de ella. La gente es pescadora y agricultora. Los pescadores van
con botes (lanchas) a
pescar al lago y los campesinos cultivan khojcho (papa),
cebada, habas, oka (semejante a una papa, pero de color rojo o
amarillo) y así subsistimos.
Nuestros apellidos son muy importantes para la colectividad. Cada año gobierna
y vigila el pueblo un apellido, es decir, una familia del pueblo asume las tareas
de un alcalde, al que llamamos el mandón. Quien es mandón lleva
un wara, un chicote (látigo
formado por tres tiras de cuero) y una pañoleta que va pasándose cada año
de apellido a apellido. Cada miembro de la familia es mandón o mandona durante
15 días o un mes hasta llegar a los 12 meses que les toca entre todos. Somos un
pueblo con pocos recursos y la palabra es muy importante. Si hay algún problema
se va al mandón y se convoca una reunió con todo el pueblo.
Allí toda la familia que lleva el apellido del mandón halla
una solución al conflicto que sea.
Hay parte de la población aimara que es evangélica, pero en nuestro pueblo
somos católicos. Tenemos una lengua muy bonita y muy distinta de las vuestras lenguas,
el aimara. Y la danza también nos define y es muy importante para nosotros. La
Khena Khena es una danza muy típica y representa una danza de guerra (antiguamente)
y ahora, más que nada, es agraria. Nos sirve para agradecer a la Madre Tierra por
la caza y las cosechas que nos ofrece. Mi pueblo —o comunidad, como decimos nosotros—,
Coquena, es totalmente aimara y allí continúo a ir cada año, a pasar las vacaciones.
N: ¿Cómo describes una persona aimara?
V. M. P.: Somos un pueblo sencillo, humilde, generoso y solidario. En
general, siempre nos ayudamos mutuamente y cooperamos con el resto de los aimaras.
Si acaso no poseemos tractores y que tenemos que cultivar con vacas y el arado,
y hay gente que dispone de estos recursos... Entonces, compartimos.
Los aimaras estimamos mucho nuestra lengua. Los que hemos emigrado sabemos
hablar castellano, pero la gente que no ha salido de la comunidad continúa hablando
aimara siempre. La lengua es muy importante para nosotros.
N: Has dicho que perteneces a la comunidad de Coquena. ¿Cómo es tu pueblo?
V. M. P.: En Coquena ahora mismo viven unas 100 personas, y está rodeado
por el lago Titicaca. Es una comunidad con muchos cultivos distintos; en febrero
está precioso, porque es cuando todo está florido. Es como nuestra primavera. Durante
los meses de junio y julio hacemos el chuñu, como hacemos todos los
aimaras, que sirve para alimentarnos cuando los campos no producen, porque es
un producto seco que se conserva muy bien.
Para hacer el chuñu, primeramente se arrancan las papas y se
seleccionen las medianas. Se dejan en la calle para que se congelen durante la noche
y al siguiente día se aplastan con los pies y se tornan a dejar congelar. Los aimaras
guardamos esta clase de pasta de papa seca de cara a la temporada seca.
N: Coquena, además, también es un ser mitológico, ¿sí?
V. M. P.: Sí, Coquena es un ser mitológico que representa que es un abuelo
que vive en el cerro y
creemos que nos ayuda con los cultivos, la caza... Nos regala bienes con abundancia,
pero se enoja mucho si se caza más de lo que se necesita, por ejemplo. Sin
embargo, no lo representamos con ninguna imagen concreta.
Por otro lado, el Agua, el Sol y la Madre Tierra también son huacas (divinidades)
para los aimaras a quienes dedicamos rituales. Por ejemplo, si no llueve, hacemos
un ritual con un círculo donde nos ponemos todos de rodillas para pedir que llueva.
Si no hiela, también pedimos que hiele por tal de poder hacer el chuñu.
El chuñu es muy importante porque entre junio y agosto no se
produce prácticamente nada en el campo, ya que es la temporada seca y debemos tener para
comer, preparado para esos meses.
También pedimos deseos a los santos. En la iglesia católica rezamos al
Tata Asunción, un santo que festejamos a finales del mes de mayo. Hacemos una
gran fiesta del pueblo aimara: entonces bailamos la Morenada (danza en honor al
Tata) y nos disfrazamos con polleras
y ropa que cosemos nosotros mismos, artesanalmente. En esta fiesta, pedimos
abundancia de alimentos, salud para todos, y los deseos que quieras.
Comunidad de
Coquena a la montaña con la bandera Whipala en el ritual para pedir deseos durante
el Carnaval. Aparecen ahí los mandones del año.
N: ¿Cuál es la situación actual del pueblo aimara?
V. M. P.: Realmente se han notado muchísimo los cambios que ha producido
la política de Evo Morales en relación con la vivienda. Antes de que él gobernara,
habíamos de construir nosotros todas las casas, manualmente, con los productos
que teníamos al alcance, pero ahora el gobierno, por primera vez, ha construido
algunas casas de ladrillos en el pueblo.
También disponemos de más recursos, porque muchos de nosotros hemos emigrado
desde hace unos 30 o 40 años y aportamos dinero al pueblo. Antes, todos vivíamos
de la pesca y de los cultivos para el consumo propio y había mucho menos dinero
para invertir. Imagínese que para nosotros una naranja o un pan era una bendición
que nos llevaba quien venía de la ciudad.
Desde hace unos años también contamos con la ayuda de una ONG italiana
que se ha instalado en la comunidad. Pese a la situación económica y que no
generamos plazas de trabajo como corresponden, la calidad de vida, cabe señalar,
es muy buena. Ahora vivimos tranquilamente, donde se puede relajar, y solo consumimos
productos naturales, sin ningún químico. No obstante, si quieres trabajar para
ganar un sueldo tienes de emigrar a la ciudad, y no hay ciudades aimaras.
En cuanto a la sanidad, también hemos mejorado, en general. Cuando yo
tenía cinco años, nos curábamos con hierbas naturales y de tanto en tanto llegaba
algún barco con médicos del Perú. Ahora disponemos de algunos pequeños centros
sanitarios en algunos pueblos. En el nuestro, lo ha construido la ONG que
comentaba.
N: ¿Cuál es el estado de salud de la lengua aimara?
V. M. P.: La lengua aimara se mantiene en todos nuestros pueblos
oralmente. De hecho, es todavía nuestra lengua principal, afirmaría. Aquellos
que emigramos aprendemos el castellano, pero quien no emigra, no. Pero actualmente,
como he dicho, mucha gente y sobre todo la joven, emigra y sus descendientes ya casi no hablan aimara, a
pesar de comprenderlo. Yo, por ejemplo, hablo en aimara a mis hijos, pero ellos
me contestan en castellano y ya no lo practican.
N: ¿Cuál es la realidad de las mujeres aimaras?
V. M. P.: Los hombres aimaras han sido y continúan a ser, en gran medida,
muy machistas. Anteriormente, por el hecho de ser mujer, habías de estar en
casa, y los hombres eran los responsables exclusivos de los cultivos. Ahora, de
eso se encargan hombres y mujeres. Diría que se notan algunos cambios para mejor,
pero hay muchos hombres que continúan siendo machistas y la división de roles
de género es muy fuerte.
N: ¿Cuántos aimaras viven en Barcelona? ¿Y en Catalunya? ¿Mantenéis algún
vínculo?
V. M. P.: Desde que vivo en Barcelona he hallado una sola persona
que supiera hablar aimara. Algunas veces, he visto personas de La Paz a quienes he
preguntado si son aimaras, pero siempre me lo han negado porque quizás ya no hablen
aimara o les da vergüenza identificarse con nosotros.
N: ¿Cómo mantienes la cultura aimara fuera de tu comunidad?
V. M. P.: Yo siempre intento seguir las tradiciones. Cocino los platos
típicos aimaras: pez con chuñu, por ejemplo. También celebro la Semana
Santa tal y como lo hacemos nosotros, que cocinamos doce platos tradicionales. San
Juan también es un día de celebración que mantengo. Ese día quemamos ramos de quínoa
para saber cuántos animales nacerán en el ganado. Quemamos los ramos el 23 y el
24 de junio a las 6 de la mañana y miramos cuántos dibujos aparecen en las cenizas
para saber si habrá más animales o no. El mismo día también es típico echarnos
agua entre nosotros, como una bendición.
N: ¿Como valoras el proceso que ha encabezado Evo Morales para reconocer
la plurinacionalidad y las autonomías indígenas bolivianas?
V. M. P.: El cambio se ha notado, sí. Sobre todo en el campo. Antiguamente,
los campesinos e indígenas era como si no existiésemos; y ahora, en cambio, se nos
valora. Con ese cambio se han podido construir casas de ladrillos y cemento en nuestros
pueblos.
N: ¿Cuál tipo de consciencia existe entre la comunidad boliviana que
reside en Catalunya sobre las lenguas y culturas indígenas?
V. M. P.: Simplemente no existe
esta consciencia.
N: ¿Cómo ves el futuro del pueblo aimara?
V. M. P.: Económicamente veo un futuro sin cambios substanciales. La
gente joven emigra, sin embargo regresa a los pueblos de origen de vacaciones o
para hacer una visita familiar. Las tradiciones y la lengua se van perdiendo como
consecuencia de la emigración. Yo, en cambio, tengo la esperanza de comprarme
un terreno en la comunidad, cuando me pueda jubilar y hacer como antes, como cuando
era pequeña. Este pensamiento siempre lo tengo presente y me reconforta.
[Traducción:
CLIN - fuente: www.nationalia.cat]


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