Convocados por la realización de Uva & Vino Point en el departamento de Soriano, conocimos el Castillo & Bodega Barón de Mauá, única en su tipo que depende de un gobierno municipal en América Latina. Atraídos por su singularidad, la conocimos a fondo de la mano de su director y te la contamos en exclusiva para Bodegas del Uruguay.
Por Ramiro Benedetti
Alexis Gutiérrez (66) es un tipo campechano, sencillo, simpático y de pocas palabras, que se radicó en Mercedes en 1992. No obstante, lejos de los grandes discursos, sus actos se reflejan en su quehacer diario, que está enfocado -desde diciembre de 2017- en la puesta a punto de una de las bodegas más antiguas y peculiares que conserva nuestro país: el Castillo & Bodega Mauá.
El establecimiento, localizado en la capital sorianense, está ubicado dentro del Complejo Barón de Mauá, que incluye un parque natural de grandes dimensiones, un pequeño zoológico y el Museo Antropológico Alejandro Berro. En la actualidad, y desde hace más de medio siglo, todo pertenece a la Intendencia de Soriano.
Un poco de historia
Cuenta la leyenda que el “famoso Barón de Mauá” -de origen brasileño- había comprado esos terrenos, que rondaban las 30 o 40 hectáreas, en 1857. Si bien para ese momento no se conocían bien sus fines, sí era claro que se trataba de un personaje tan ambicioso como pudiente, que poseía inversiones en todo el mundo: “en ese entonces, era un tipo que dominaba parte de la economía mundial”, apunta Gutiérrez. Lo cierto es que, apenas tres años después, en 1860, comienza la construcción del castillo, en el lugar donde actualmente funciona el Museo Alejandro Berro.
Al tiempo, llega a nuestro país una persona que resultaría clave en este entramado: el italiano Bonaventura Caviglia, que le compra al barón todas sus tierras y comienza, en 1896, la construcción de la actual bodega. A partir de allí, este inmigrante se embarca en la confección de un gran establecimiento productivo -denominado Santa Blanca, en honor a su esposa-, que incluía viñedos, lógicamente, pero también olivares y otros menesteres (entre los que se destacaba el criadero de gusanos de seda). La producción de vino, en esa época, estaba bajo la conducción de su enólogo de confianza: Brenno Benedetti. De hecho, esta actividad productiva fue la principal referente de la estancia, en la que llegó a haber 100 hectáreas de viñedos. Algunas de las variedades plantadas, según detalla el material informativo provisto por la bodega, eran: Tannat Noir, Merlot, Fresia, Gamay de Liverdun, Sauvignon, Semillón, Moscato bianco, Frankenthal, Chasselas, el Barbarossa y el Black Hamburgo, entre otras.
Se dice que la calidad de los productos era tal que sus productos eran comercializados no solo en Mercedes y Montevideo, sino también en Buenos Aires y Europa. Quizás sea por eso que su aceite de oliva nunca llegó a salir a la calle; debido a su alta calidad, antes de poder comercializarse al público en general, su producción ya estaba vendida en Buenos Aires.
Debido a las pestes que azotaron a la zona, y especialmente a las vides, la empresa dio quiebra a comienzos del siglo XX. Años más tarde, en 1950, el establecimiento es expropiado por el Estado y cedido a la Universidad del Trabajo, para que luego (y finalmente) recaiga en la órbita de la Intendencia de Soriano. Este hecho le otorgó el título de ser la única bodega de América Latina que depende de un municipio, no hay otra.
En vistas de los escasos recursos con los que disponía el gobierno departamental, la bodega comenzó a deteriorarse, principalmente desde el punto de vista edilicio. Si bien nunca cesó su producción de vino, comenzaron a sonar las alarmas y el mensaje de que había que tomar cartas en el asunto era cada vez más fuerte. Todo esto a pesar de los denodados esfuerzos que realizaron las autoridades de turno para obtener el apoyo de inversores nacionales o extranjeros.
La nueva conducción
Hace prácticamente un año, en diciembre de 2017, la Intendencia de Soriano -que lidera el nacionalista Agustín Bascou-, y a raíz de una enfermedad del entonces director, puso al frente a Gutiérrez, quien hasta ese entonces era ajeno al gobierno municipal. De hecho, su acercamiento está únicamente ligado al desarrollo de este proyecto. Actualmente, su principal objetivo es “recuperar todo lo que se pueda, porque entiendo que es parte de la historia de Mercedes y un ícono de la cultura sorianense, más allá de ser una bodega”.
Además de apuntar a su recuperación, se trazó el objetivo de aggiornarla y convertirla en una bodega boutique. “No tenemos interés en producir grandes cantidades de vino, (sino) seguir produciendo el vino artesanalmente, como se hace ahora, pero modernizarla y poder hacer eventos y otras actividades que complementen la rutina de la bodega”.
Además de su director, la bodega cuenta con el enólogo Edgar Barrera, que asiste religiosamente una vez por semana al establecimiento, así como varios empleados de vasta trayectoria en el rubro, entre los que hay un capataz general y personal técnico de la bodega. Vale la pena destacar que todo el personal está empleado por el municipio. Ellos son quienes llevan adelante todo el proceso de elaboración, desde la molienda hasta la distribución, pasando por el proceso de fermentación, crianza, filtrado y envasado.
Como podrá notarse a partir del relato, desde aquella peste que afectó a todos los viñedos no cuentan con uvas propias, sino que la adquieren a distintos establecimientos del norte y oeste del país: Bella Unión en un principio, luego Paysandú y, finalmente, a Colonia (a Nueva Helvecia, fundamentalmente). “Eso nos permite a nosotros ir secuenciando las cosas, porque en el norte madura primero la uva, lo que nos da como dos o tres semanas de diferencia con la uva del oeste”, comentó Gutiérrez.
La actualidad productiva de la bodega
Al entrevistado se le infla el pecho al hablar de la actualidad de sus ventas y de la fuerte incidencia que posee la bodega en la zona. “Según me dijeron en INAVI, fuimos la única bodega que no bajó sus ventas”, acotó.
En la vendimia de 2018 procesaron aproximadamente 420.000 kilos de uva, lo que resultó en 300.000 litros de vino.
En lo que tiene que ver con la comercialización, se trata de vinos puramente “departamentales”, en la medida de que se distribuyen principalmente en el tramo que se conoce localmente como “la línea”; es decir, a todos los pueblos que están entre Mercedes y Cardona (un trayecto de 96 kilómetros por la Ruta Nacional 2) y que dividen prácticamente en dos partes iguales al departamento. Según lo comentado por Gutiérrez, también se incluye en el reparto a las ciudades de Dolores y Villa Soriano.
Bajo este modelo, Mauá vende aproximada y constantemente unos 30.000 litros por mes, lo que permite mantener controlado el stock de la bodega. Las presentaciones son bien diversas: hay damajuanas, envases PET, Tetra Pak y botellas de 750cc. Las principales variedades producidas en la actualidad son: Tannat, Merlot, Cabernet Sauvignon y Sauvignon Blanc.
Como puede apreciarse en las imágenes, tanto el proceso de envasado como de etiquetado y envasado “es todo manual”. De hecho, hay espacios en la bodega que están específicamente delimitados para cada una de esas tareas. Así, no llama la atención que el establecimiento aún conserve una especie de “oficina” en la que funcionaba la administración y la sección de pagos de la bodega (realizándolos a través de una reja) y en la que se conservan casi intactos algunos elementos históricos, como una caja fuerte antigua o un teléfono con clavijas que funcionaba a través de una operadora.
Desafíos y otras yerbas
Si bien el pasado, presente y futuro de Mauá estuvo siempre supeditado a los presupuestos que se aprueban en la intendencia y la junta departamental, Gutiérrez destaca que “lo bueno es que hay intenciones”, a la vez que se muestra comprensivo cuando relata otras prioridades que enfrenta el departamento.
Casi que acuñando aquella célebre frase del “maestro” Óscar Washington Tabárez -“el camino es la recompensa”-, Gutiérrez afirma que si bien no sabe cuántos años les va a llevar recuperar todo, es consciente de que se irá haciendo “de a poquito”. Está claro que depende de los recursos económicos, de los humanos, pues allí también cada administración pone énfasis en lo que entiende conveniente.
Pese a que se mantienen productivos de manera permanente, el director del establecimiento acusó varios desafíos que enfrentan, como no disponer de tanques de frío para un mejor control de la temperatura durante el proceso de fermentación. “Lo hacemos natural, lo que hace que el vino que salga de la bodega sea un poco fuerte. Si lo controlamos, podríamos mejorar la calidad del vino”.
“Sabemos que hay que comprar tanques de acero inoxidable, pero cada uno vale como 2.000 o 3.000 dólares, por lo menos, y los equipos de frío que están por encima de los 50.000 dólares”, comentó.
La realidad, a su vez, le indica que allí no recibirá soluciones mágicas. Más allá de su trabajo y el de sus compañeros, es poco probable que pueda llegar un inversor que catapulte el proyecto. “Si ves el predio que hay, es maravilloso. A esto, puesto en otro lugar, en una ciudad de uno o dos millones de habitantes, viene alguien y le pone un millón de dólares. Ahora, en una ciudad de 40.000 habitantes, donde el parque solo se llena los fines de semana, o que recibe dos ómnibus de Montevideo en un mes, esa inversión no la recuperaría nunca más. Es algo lógico”, sentenció. De todas formas, eso no ha impedido que se la sigan ingeniando para obtener recursos.
Mientras van llegando los recursos, “se va comprando y se van haciendo cosas, de a poco”. Gutiérrez nos cuenta que todavía hay secciones enteras para limpiar y dejar presentables, como el lugar donde se destilaba y en el que se producía el aceite de oliva.
Entre otras particularidades, el director nos muestra vitrales hermosos, de antaño, esperando a ser refaccionados, porque en el departamento ya ni siquiera existe ese tipo de vidrio. Lo mismo sucede con otras reliquias, como carteles de madera pintada, que reflejan largas tradiciones, como la fiesta de la vendimia o la fiesta de la primavera, que hasta hace pocos años se celebraban en la bodega.
Otros ejemplos son las máquinas de envasado, de pleno siglo XIX, que aún están operativas; o sus 116 piletas de vino; o su sistema de poleas que aún se sigue utilizando. Los ejemplos abundan y desbordan incluso a la mirada más atenta.
Con muestras de orgullo y una mirada contemplativa, Alexis le va poniendo fin a la recorrida del edificio que, por su disposición de dos plantas, llevó su tiempo recorrer. Los enormes toneles de roble, en el fondo, son parte del paisaje y del patrimonio de un lugar que no solo recuerda a otras bodegas históricas (como Los Cerros de San Juan e Irurtia), sino que invita, con sencillez y el sustento de una rica historia, a la visita de todos los amantes de la vitivinicultura nacional.
El futuro está llegando
Tiempo después de nuestra recorrida y de la notoriedad alcanzada a partir de la participación en Uva & Vino Point -y otros eventos locales, como degustaciones organizadas por el Rotary Club-, la Intendencia de Soriano realizó un evento de lanzamiento de un vino en homenaje al primer enólogo de la bodega, Brenno Benedetti, en el que aprovechó para mostrar las mejoras del establecimiento y oficializar su incorporación a la propuesta de enoturismo nacional.
Si bien Mauá participaba de actividades y acciones en otras locaciones externas, recién ahora está comenzando a plantearse -en serio- la posibilidad de realizar eventos en sus instalaciones.
De hecho, no fue hasta hace mucho que la bodega permanecía cerrada los fines de semana. Ahora, la idea es poder abrirla en estas instancias para recibir excursiones o programar degustaciones y visitas guiadas, por ejemplo, como parte del valor agregado que se le puede dar a la zona. En el futuro cercano, la idea pasa por poder armar un pequeño museo dentro de la bodega, que dé cuenta de toda su historia y las peculiaridades que tiene el lugar, dejándole un lugar en la más rica tradición de la vitivinicultura nacional.
Entre semana, el horario de visitas está comprendido entre las 08:00 y las 15:00, aunque se recomienda coordinar previamente al teléfono 093 472 025, o por el correo bodegamaua@soriano.gub.uy.
[Fuente: www.bodegasdeluruguay.com.uy]

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