segunda-feira, 23 de julho de 2018

“Veganos impuros”, porque la coherencia está sobrevalorada

Hoy mi recomendación es ‘Hacia un futuro vegano’ (Plaza y Valdés), del periodista y activista belga Tobias Leenaert. Un libro que puede resultar controvertido y hasta molesto para cierto sector del veganismo, pero que ayudará a acercarse de otra manera a este modelo de vida. En vez de ser inflexible y estricto con los dogmas, o con las etiquetas, Leenaert propone flexibilizar el concepto de veganismo e incorporar así a la “causa” al mayor número posible de personas.

Escrito por Javier Morales
En una de sus ilustraciones diarias para denunciar el maltrato animal, el gran Paco Catalán nos propone una alternativa para ese final trágico y brutal que tienen los toros en los sanfermines. La imagen está dividida en dos partes. En la primera vemos la escena tradicional, la gente, pañuelo rojo al cuello, corre detrás de los toros por las calles laberínticas del centro de Pamplona. Pero el destino, como cabía esperar, y ahí viene la segunda parte, no es la plaza, sino el campo, la libertad. Vemos que la gente persigue a los toros no para torturarlos y matarlos después en la plaza sino para que huyan, para devolverles al lugar de donde nunca debieron salir. Sin duda sería un final feliz para los toros y muchos de nosotros nos alegraríamos.
Pienso en los sanfermines, en el dibujo de Paco Catalán, y creo que también sería un feliz, en este caso para muchos animales de granja, si en lugar de vivir hacinados, en condiciones deplorables e indignas, vivieran en libertad y su destino no fuera el matadero. ¿Quién no estaría de acuerdo con que los animales tuvieran bienestar y dignidad antes de morir? Creo que la mayoría de nosotros se mostraría a favor y estaríamos dispuestos a reducir su consumo de carne para denunciar la situación en la que ahora viven miles de millones de animales. Con la segunda parte, que el destino de estos animales no fuera el matadero, que no les causáramos un sufrimiento inútil, solo estaríamos de acuerdo una minoría. De momento. Entre esa minoría se encuentran (nos encontramos) los veganos.
Más de una vez me ha pasado que acabo de conocer a alguien, tomando unas cañas o como sea, sale el tema de la comida y esa persona, con la que probablemente tengo muchos puntos en común, afirma: “Eres vegetariano, pero no vegano, ¿no?”. Para muchos, los veganos se han (nos hemos) convertido en los nuevos inquisidores. Muchas de las críticas que se hacen son absurdas y otras simplemente son un acto de defensa o de justificación por el hecho de seguir comiendo carne, pero reconozco que hay algunas que tienen una pequeña parte de razón. A nadie nos gusta que se nos juzgue (por la comida o por lo que sea) y es cierto que algunos (creo que una minoría) de veganos caen a veces en el error de adoptar una posición de superioridad moral respecto a los omnívoros. No deberíamos tomarnos tan en serio a nosotros mismos.
Ya digo que este grupo puritano es una minoría, pero si usted es de los que aún tiene prejuicios y cree que los veganos son una raza aparte, antipática, y no alguien como usted, tolerante, alguien que persigue “un modo de vida que busca excluir, en la medida de lo posible y en la práctica, todo tipo de explotación animal” (Los Watson, fundadores de la Vegan Society), les recomiendo que lean Hacia un futuro vegano (Plaza y Valdés), del periodista y activista belga Tobias Leenaert.
El libro está planteado como una propuesta de estrategia de comunicación del movimiento vegano para intentar tener el mayor impacto posible, esto es, que cada vez haya más gente que reduzca el consumo de animales, al margen de si se define o no como vegano. En lugar de ser inflexible y estricto con los dogmas, o con las etiquetas, Leenaert propone flexibilizar el concepto de veganismo e incorporar así a la “causa” al mayor número de personas posible. Esto no supone desvirtuar el veganismo sino todo lo contrario, agrandarlo, en realidad llevarlo a su origen. Los fundadores del movimiento, los Watson, aceptaban como parte del “club” a quienes compartían los objetivos, al margen del grado de cumplimiento que cada uno tuviera luego en la práctica.
La coherencia está sobrevalorada, nos dice Leenart, uno de los nombres más reconocidos del veganismo y cofundador del ProVeg International, una nueva organización que busca reducir el consumo mundial de animales al 50% en 2040. Las situaciones personales hacen que no siempre podamos cumplir al 100% nuestros principios y el autor, buen conocedor de la psicología social, es consciente de esta limitación. Decía Voltaire (a quien oportunamente Leenart cita en varias ocasiones) que quien no se contradice al menos tres veces al día es tonto. Todos nos contradecimos, incluso aquellos que piensan de sí mismos que son unos “santos”.
Para el autor, y a riesgo de simplificar la idea que sostiene el libro, más vale contar con miles de millones de veganos “impuros”, que no lo sean al 100% (¿de verdad uno deja de ser vegano porque un día se come las galletas con mantequilla que le ha preparado su abuela) que con bastantes menos activistas, aunque sean absolutamente coherentes con sus principios, algo que por otro lado es imposible.
Ameno, divertido y profundo, Leenart aporta argumentos inteligentes, con ejemplos prácticos, de por qué es necesaria una estrategia pragmática para lograr la liberación animal, una estrategia que por otro lado se ha probado como la más efectiva en otros momentos de la historia, como con la esclavitud. Es posible que esta visión nos lleve a ciertas contradicciones, pero haremos el camino con más gente.
Creo que el libro de Leenart ayudará a acercarse de otra manera al veganismo a la gente sensible al sufrimiento animal y que aún no se ha decidido a dar el paso. Hacia un futuro vegano puede ser controvertido y hasta molesto para cierto sector del veganismo, el que abraza las ideas de una manera más dogmática. Pero sobre todo irritará, y mucho, a la industria cárnica porque demuestra que cualquier persona, también usted, querido lector, puede ser vegano siempre que persiga excluir, en la medida de lo posible y en la práctica, todo tipo de explotación animal. Y ahí cabe, cabemos, muchas personas.


[Ilustración de Paco Catalán - fuente: www.elasombrario.com]

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