Aunque no seas hippy ni hayas pasado el medio siglo de edad, es posible que la estética del movimiento te suene. El color, los fractales, las curvas y las amebas resultaron una liberación formal en el diseño y el epicentro de toda esta explosión estaba en la costa californiana, en San Francisco.
Escrito por DAVID GARCÍA
Lo
curioso del tema es que el, quizás, mayor responsable de que la
estética gráfica del hippismo trascendiese al futuro no es
californiano, ni siquiera estadounidense. Nació en el pueblo gallego de
Oleiros, en 1936, y se llama Víctor
Moscoso. Aún sigue vivo.
El
diseñador gallego que conquistó el mundo en los hippies años
60
Cualquier mañana, te levantas de la cama, te
haces el desayuno y te sientas a tomarte el café mientras echas aceite en tu
tostada de tomate. Ahí, coges el móvil, abres Facebook, te roba los datos y,
mientras, tan pancho como siempre, te comunicas con tus amigos.
Hay un evento el viernes y así te lo anuncian los carteles que iluminan
tu pantalla, las imágenes de ese evento de Facebook. Terminas de desayunar,
sales a la calle y las paredes de la ciudad que aún se despereza muestran lo
que está por venir las semanas subsiguientes.
Así transcurre el día, normal, como otro, en el que decenas de impactos
visuales configuran tus gustos y tus ganas de botar en un pogo de punk, de ver una
obra de Aristófanes o de engullir la última exposición del gran museo de tu
ciudad.
Para que la cultura gráfica llegase hasta aquí, hubo pioneros en todo el mundo
que depuraron la técnica y el lenguaje visual hasta convertir los carteles en
arte. Es habitual que muchos de los afiches anunciadores de conciertos, que
comenzaron como mera publicidad, sean ahora obras expuestas en las paredes de
miles de hogares. Uno de los responsables es Víctor Moscoso. Si el nombre no te
dice nada, su propuesta seguro que sí.
Uno de los movimientos con más personalidad del siglo XX fue el
Movimiento Hippy, que tuvo su epicentro en San Francisco,
durante los años 60. Lo que ocurrió allí configuró una sociedad que adoptó
valores mucho menos rígidos que los de las generaciones anteriores. La
libertad, la música, el pensamiento y el orden social reventaron los corsés y
declararon el inicio de una nueva era.
Todo aquello quedó ilustrado con carteles coloridos, líquidos y plásticos,
llenos de imaginación y vacíos de los rigores geométricos del pasado. Aquellas
propuestas formaban parte de un todo cultural en el que los aires de libertad
tuvieron tanto que ver como la
explosión del LSD y la psicodelia. Pues allí
estaba Moscoso, que no inventó nada, pero que sí llegó con el suficiente afán
profesional y con la preparación académica necesaria como para elevar aquellas
propuestas a sus niveles más excelentes. Además, fue quizás el
productor de gráfica lisérgica más prolífico de su momento.
Lo gracioso de todo esto es que Moscoso no era de San Francisco ni de cerca de
California. Víctor Moscoso era gallego, de Oleiros, y nacido en 1936. Llegó en
1959 a la ciudad estadounidense después de estudiar Bellas Artes en Nueva York
y Yale, y se quedó prendado de la efervescencia creativa de todo lo que rodeaba
a la comunidad de Haight-Ashbury.
¿No te suena todo esto?
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"Avalon Ballroom," Quicksilver Messenger Service, Mount Rushmore, Big Brother & the Holding Company, Horns of Plenty, en Avalon Ballroom
for Typefactory
Peacock Ball, 1967
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The Miller Blues Band poster, offset litho, 1967
© Neon Rose
Zap Comix #4, portada y contra, offset litografía, 1970
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El gallego fundió en una coctelera el modernismo, el surrealismo y un poquito de ácido y llegó a componer más de 60 carteles en el año 1967. Era habitual que muchas de las salas de conciertos de la ciudad californiana le encargasen los carteles anunciadores de sus actividades y, justo en aquel sitio y en aquel lugar, el volumen era casi hemorrágico.
El nombre de Moscoso figuró siempre junto al de otros grandes artistas psicodélicos como Wes Wilson y Bonnie McLean. Cuando el hippismo se fue extinguiendo, la evolución apuntó al mundo del cómic, que ya había empezado a cultivar simultáneamente que el de los carteles. Víctor Moscoso sigue vivo y residiendo en Estados Unidos y su obra forma parte ahora de museos como el MoMA.
En su país de nacimiento, España, muy poca gente sabe que uno de los iconos de la gráfica musical de los años sesenta salió de un pequeño municipio coruñés.
[Fuente: www.yorokobu.es]





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