Científicos del centro de investigación australiano CSIRO han equipado a miles de abejas melíferas con diminutos sensores como parte de un programa de investigación para monitorear sus movimientos por primera vez en el mundo. El equipo está trabajando con el Vale Institute of Technology de Brasil para llevar la tecnología al Amazonas.
Las abejas son los polinizadores de cultivos alimenticios más prolíficos del mundo: con un tercio de los alimentos que consumimos cada día y que dependen de la polinización, estas criaturas pequeñas contribuyen cada año a la economía mundial. Las abejas sanas son un signo de una industria agrícola saludable. Desafortunadamente, las poblaciones de abejas melíferas en algunas partes del mundo están en riesgo debido a una serie de factores que interactúan, como la intensificación de la agricultura, el ácaro Varroa, los patógenos de las abejas, los cambios en los complementos alimenticios de las abejas y los pesticidas. De importancia clave para la bioseguridad es el temido ácaro Varroa, un parásito que se alimenta de la sangre de las abejas y transmite patógenos que matan a poblaciones completas de abejas. Si bien el Varroa no ha aparecido en Australia, existe un riesgo muy real, ya que temido ácaro se ha extendido a Nueva Zelanda e Indonesia.
Averiguar dónde pasan los insectos su tiempo, qué tan lejos viajan y qué están haciendo ha sido tradicionalmente muy difícil. Pero esta tecnología de microdetección puede revelar esta información con detalles sin precedentes. Como parte de un primer programa mundial de investigación de detección de enjambres, CSIRO ha instalado minúsculos sensores a miles de abejas en Tasmania para controlar sus movimientos y su entorno.

Los dispositivos de identificación son diminutos sensores por radiofrecuencia que funcionan de forma similar a la etiqueta electrónica de un vehículo y registran cuando el insecto pasa un punto de control particular. La información se envía de forma remota a una ubicación central para construir un modelo tridimensional completo y visualizar cómo los insectos se mueven a través de su entorno. Los sensores tienen un tamaño de 2.5 mm x 2.5 mm y pesan aproximadamente 5 miligramos cada uno. Se está diseñando una nueva generación de tan solo 1,5 mm x 1,5 mm que interferirán menos en el comportamiento del insecto.
”Las abejas son insectos sociales que regresan al mismo punto y operan en un horario muy predecible. Cualquier cambio en su comportamiento indica un cambio en su entorno. Si podemos modelar sus movimientos, podremos reconocer muy rápidamente cuando su actividad muestre variación e identifique la causa. Esto permitirá a los agricultores y productores de fruta aumentar el beneficio recibido de este servicio gratuito de polinización, y también nos permitirá controlar cualquier riesgo de bioseguridad como el ácaro Varroa”, dijo CSIRO.
Los investigadores aseguran que esta aplicación es solo un ejemplo de la tecnología y que los sensores que ”algún día podrán ser utilizados también en moscas de la fruta y mosquitos podrán capturar información sobre nuestro mundo con una densidad sin precedentes y en lugares que antes no eran accesibles”. Se espera que la próxima generación de sensores sea aún más avanzada, que genere energía a partir del movimiento de insectos y almacene la energía en las baterías, así como la capacidad de seguimiento que seguirá el movimiento de un insecto en tiempo real.

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