La crítica y ensayista
Mercedes Monmany reúne en Ya sabes que volveré las vidas de
tres escritoras, una diarista, una poeta y una novelista, que fueron asesinadas
en Auschwitz.
De izda. a dcha. Irène Némirovsky, Gertrud Kolmar y Etty Hillesum
Escrito por ALBERTO GORDO
Irène Némirovsky, Gertrud Kolmar y
Etty Hillesum fueron las tres grandes escritoras y las tres compartieron
destino: murieron en Auschwitz entre 1942 y 1943. Sus vidas breves fueron sin
embargo distintas; provenían, respectivamente, de Francia, de Alemania y de los
Países Bajos, y en su obra lo documental no se trata igual, o directamente
(como en el caso de la poeta Kolmar) no se trata. A ellas ha dedicado Mercedes Monmany (Barcelona,
1957) su último libro, Ya sabes que volveré (Galaxia
Gutenberg), en donde además de los tres perfiles incluye un ensayo sobre la
tragedia cultural que fue el Holocausto.
"Siempre me
interesó el tema de los intelectuales en Auschwitz -comenta la ensayista-. Y lo
cierto es que, a poco que se investigue, no dejan de aparecer. Ocurre a nivel
general, en el Holocausto. Se cercenó a toda una parte, la más importante quizás,
de la cultura europea. Por los asesinatos, pero también a consecuencia
de los suicidios, de la dispersión. Ahora cabe preguntarse qué significó
ese corte, ese vacío. Pero me temo que nunca lo sabremos".
Ls tres autoras
escribieron diarios, poesía y narrativa. Y las tres, dice la autora de Por las fronteras de Europa, pertenecían a
"una élite intelectual cuyo mundo se desmoronó cuando comenzó la
persecución".
Nèmirovski fue una
escritora reconocida en la Francia de entreguerras (aunque era de origen
ucraniano escribió en francés). Fue deportada en 1942 y murió, como tantos
otros, nada más llegar a Auschwitz. Su carrera, dice Monmany, "estaba ya
lanzada", pero su fama hoy no se debe a ninguna de las novelas que
despertaron el interés de sus contemporáneos, sino a una obra póstuma que
apareció sesenta años después de ser escrita.
El manuscrito
de Suite francesa, novela
ambientada en la Francia ocupada, acompañó en la huida por todo el país a las
dos hijas de Nèmirovski, una de las cuales, Denise Epstein, revelaría su existencia
en 2004. Aquel año se publicó en francés y en 2005 Salamandra la editó en
español. Ganó el Premio Renadout, que por primera vez se entregó de manera
póstuma.
Gertrud Kolmar,
prima hermana de Walter Benjamin, era una poeta
cuya voz empezó a oírse en el Berlín de los años veinte, y cuya originalidad
hizo que la crítica de entonces ya apuntara a ella como la gran poeta judía en
lengua alemana del momento.
Durante muchos
años estuvo olvidada, pero su poesía se comenzó a reivindicar en Alemania en
los años noventa. De no haber muerto entonces, dice Monmany, habría alcanzado
la categoría de una Nelly Sachs. "Es una simbolista, una
poeta de la naturaleza y de los animales. No es una cronista. Fue una especie
de Emily Dickinson alemana, con
un mundo interior torturado y muy rico", explica la crítica.
Kolmar vivió en el
Berlín loco de entreguerras, una ciudad tan cosmopolita como caótica, pero no
participó de aquella explosión de libertad. Pertenecía a las élites
intelectuales judías, pero se percibe -dice la ensayista catalana- que tenía
dificultades para relacionarse en sociedad. "Mi recomendación es buscarla
en su correspondencia, una correspondencia bellísima, llena de imágenes, que
mantuvo con sus hermanos que se habían ido a Suiza".
Etty Hillesum, la
más desconocida, dejó escritos unos diarios. Esta sí fue en vida una escritora
secreta. Era neerlandesa de Middelburg y murió el 30 de noviembre de 1943, tras
formar parte de un convoy de deportados de 987 personas, incluidos 170 niños, del
que solo sobrevivirían ocho. Toda su familia murió en Auschwitz. "Sus
diarios, que fue lo único que dejó, son impresionantes, pero por alguna razón
aquí no ha llegado del todo. En Italia, en Adelphi, lo tienen publicado
íntegro", cuenta Monmany.
Aquí se han
publicado antologías en Anthropos, pero su alcance fue mínimo. Las
comparaciones con Ana Frank son inevitables, si bien estos son los apuntes de
una mujer madura, de 27 años, con una sólida formación intelectual.
"Hillesum tenía una lucidez, una penetración, una capacidad analítica y
una potencia expresiva impresionantes, así que es inevitable pensar que, de no
haber muerto, podría haber sido una gran ensayista, una gran
filósofa".
[Fuente: www.elcultural.com]

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