sábado, 8 de julho de 2017

Camarón: una discografía esencial

En tan solo 23 años, de 1969 a 1992, el cantaor entregó en vida 16 discos de estudio, uno en directo y una antología

Camarón y Tomatito, en un concierto en el madrileño Palacio de los Deportes en 1990.
Escrito por FERMÍN LOBATÓN

Las portadas de los discos de El Camarón de la Isla con la colaboración especial de Paco de Lucía, que así había de constar, viajan desde aquellos añejos retratos de Pérez de León, de carácter inequívocamente kitsch, que ilustraron sus primeros discos, hasta la pintura de Miquel Barceló, que define la ultimísima entrega del artista, poco antes de su muerte. La evolución estética del envoltorio resulta descomunal. La del contenido que encerraba es también remarcable: su cante crece de manera pareja a su breve e intensa vida, aunque él siempre hiciera el flamenco que le apasionó. Otra cosa es la forma en que José Monge trató los estilos tradicionales, la manera en que sus productores lo fueron presentando y, sobre todo, el hecho irrepetible del encuentro entre dos genios, el cantaor y el guitarrista, José y Paco, que constituyeron un tándem mágico que supo “desobedecer la tradición sin traicionarla”, como dejó sentado Félix Grande.

En tan solo veintitrés años, los que van de 1969 (primer disco en Philips) a 1992 (Potro de rabia y miel), el cantaor entregó en vida 16 discos de estudio, uno en directo y una antología. Tras su muerte, se editó otro doble con registros en vivo (Camarón nuestro, 1994) que, junto a uno de rarezas, completó la primera Integral de Camarón de la Isla (Universal). Su discografía, sin embargo, no se agota ahí, como comprobaremos. Tras su fallecimiento, se iría incrementando con más directos, registros rescatados o revisiones de dudoso gusto, en alguno de los casos.
Para que el aficionado inadvertido navegue placenteramente en este océano discográfico, se hacen convenientes algunas acotaciones. Es preciso, así, saber que de 1969 a 1977, Camarón impresiona nueve LP’s bajo la tutela y producción del padre de los Lucía, Antonio Sánchez Pecino. Se trata de una etapa fundamentalísima. Dos artistas en un permanente crecimiento. Los nueve álbumes, tomados como un todo, pero también de uno a uno, ofrecen un notable carácter antológico. El cantaor toca (casi) todos los estilos: tiene querencia por su tierra, por las bulerías, los tangos y los fandangos, pero no desdeña soleares, seguiriyas ni los cantes de Levante, que tanto le gustaron. Un flamenco luminoso y fresco (Al verte las flores lloran/ Detrás del tuyo se va, 1969) va dando paso a una prematura madurez en Arte y majestad (1975) o en Rosa María (1976).
El punto de inflexión llegará en 1979 con La leyenda del tiempo. Camarón deja a Sánchez Pecino y se encomienda al productor Ricardo Pachón, que va a cumplir el viejo sueño de poner a un cantaor gitano liderando una gran banda. El artista se va a encontrar con Lorca, Omar Kayam, Villalón y Kiko Veneno (Volando voy). Dentro de un irrenunciable e impecable compás flamenco, arreglos rockeros junto a las guitarras flamencas de Tomatito y Raimundo Amador. Un disco legendario, pero todo un fracaso de ventas en su momento.
Había que volver a la senda tradicional, aunque ya nada volviera a ser lo mismo. Dos años después de La leyenda, regresaría Paco de Lucía, que traería a su hermano Pepe, y con él sus letras, importantísimas en un tiempo en el que el cantaor incrementará su popularidad de manera notable. También se irían incorporando a las grabaciones los componentes del sexteto de Paco (Jorge Pardo, Carles Benavent, Rubem Dantas) y hasta Joan Albert Amargós aporta arreglos, entre ellos a unas seguiriyas compuestas por Pepe de Lucía. Renovados trajes para los viejos estilos o, sencillamente, nuevas formas de expresión de lo flamenco, sin que se perdiera un ápice de su naturaleza original. Una segunda etapa en su carrera, que produce casi íntegramente Pachón. En una sucesión de discos capitales -Como el agua (1981) Calle Real (1983), Viviré (1984)- el cantaor genera éxitos, y lo que crece ahora es la propia leyenda del artista.
A partir del imprescindible Viviré, las cosas parecen complicarse en la vida del artista. Pachón da un paso atrás y no volverá hasta 1987 con un disco en directo. Entre tanto, un cantaor ensimismado, en fase de reconstrucción bucal, graba con Antonio Humanes Te lo dice Camarón (1986), un disco extraño, deficiente técnicamente, pero que no por ello esconde el rajo y el talento de un artista en el que se aprecian ya estragos vitales evidentes, aunque mantiene su tensión flamenca.
Dicen de mí que me amenaza el tiempo / dicen de mí que si estoy vivo o muerto. Resulta curioso que fueran dos jerezanos, Diego Carrasco y Rafael Fernández “El Nene”, los que pusieran música y versos al pulso que José mantenía con la vida. Es una extraña bulería por seguiriya que se incluye dentro del disco Soy gitano (1989). Según Ricardo Pachón, su productor, “otra vez el ambiente experimental y transgresor, pero ahora con la Royal Philarmonic Orchestra de fondo”. Hasta los estudios Abbey Road de Londres fueron a grabarla. Se trata de una producción grandiosa, su mayor éxito de ventas en vida y, en cierta manera, un canto del cisne en la obra de un cantaor que empieza a acusar la enfermedad que le terminaría venciendo.
Quizás para aprovechar el tirón de Soy gitano, en 1990 se publica Autorretrato, una antología con algunas versiones y mezclas nuevas. Por fin, en 1991, de nuevo con Paco de Lucía, se comienza a grabar Potro de rabia y miel (1992), con un artista ya seriamente enfermo. La grabación llevó casi un año y fue tan potente como esforzada, dado el estado de salud de Camarón. Sorprendentemente, el resultado fue brillante: el artista sacó fuerzas de flaqueza o su productor, que fue el propio Paco, logró extraer lo mejor de él. Salió a la venta apenas dos meses antes de su muerte.
José Monge Cruz, Camarón de la Isla, falleció con 41 años, quizás de forma demasiado prematura para un artista que aunaba mucha afición y unas cualidades excepcionales. Imposible imaginar lo que su cante nos hubiera deparado en una edad madura, él que decía que Juan Talega no había empezado a cantar bien hasta después de los cincuenta. Nos legó, sin embargo, un cancionero largo, superior a los 200 cantes. Más de la mitad de ellos son bulerías, tangos y fandangos. También gustó de las cantiñas, de la solea y la seguiriya y de los cantes de Levante.

Los discos póstumos

Además del citado Camarón nuestro, editado dos años después de su muerte y que recoge actuaciones del cantaor con Tomatito en festivales andaluces de los años 1978 y 1979, se han ido sucediendo en el tiempo una serie de discos que llamaríamos póstumos. En casi todos los casos se trata de rescates de actuaciones en directo o en fiestas junto a versiones y tomas alternativas de temas conocidos. El primero en aparecer en 1999 fue París, 1987 que recoge grabaciones inéditas en directo en el Cirque d’Hiver parisino.
Inmediatamente después llegaría Antología inédita (2000) y, un poco más tarde, Venta de Vargas (2005), dos discos de gran interés para el aficionado por los documentos que reúnen. En el primero de ellos, por ejemplo, se recogen tres cantes registrados en una fiesta en Sevilla en 1967. El cantaor contaba 16 años y se acompañaba a la guitarra. No existe acuerdo sobre la edad de Camarón en el segundo de los dos, pero parece por su repertorio que ya había pasado por Madrid. Sea como sea, los cuatro primeros cortes del disco, registrados por el magnetofón de Juan Vargas una noche de verano en la puerta de su venta, constituyen un regalo de una frescura impoluta.
Finalmente, producidos por el entorno de su familia, en 2008 aparecería Reencuentro, entrega que incluye, además de un disco desigual con medleys y remezclas, un DVD con actuaciones del artista en RTVE. Ya en 2010 llegó San Juan Evangelista, 1992, la grabación del último concierto del artista en enero de ese año. Cuentan que llegó sin fuerzas y se negó a actuar hasta el último momento. La grabación muestra, sin embargo, cómo el artista era capaz de transfigurarse en el directo para llegar a ofrecer lo más cercano a cualquiera de sus actuaciones. No cabe duda de que la escucha resulta emocionante por razones obvias.

[Foto: ULY MARTÍN / EPV - fuente: www.elpais.com]

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