quinta-feira, 20 de abril de 2017

Buscan que el vino bonaerense encuentre su identidad regional

Investigadores de la CIC analizan por primera vez la microbiota de los viñedos para dar con un perfil que mejore su competividad

Una actividad importante hasta principios del siglo pasado, la vitivinicultura bonaerense estuvo a punto de caer en el olvido luego de que en 1934 el Congreso aprobara una ley que prohibía la producción de vinos bonaerenses para potenciar los de otras regiones del país. Veinte años después de que se derogara aquella norma y comenzaran a resurgir algunas bodegas en la zona de Sierra de la Ventana, un equipo de investigadores platenses impulsa un proyecto para revitalizar esta industria ayudándola a encontrar su identidad.
Impulsado y financiado por la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC), el proyecto apunta a analizar, por primera vez, las comunidades de microorganismos presentes en suelo, mostos y vinos de viñedos ubicados en el sudoeste provincial como un primer paso para su caracterización. Ante un mercado altamente competitivo -explican los investigadores-, la identidad regional del producto es una de las claves para atraer al consumidor.
“Conocer las `signos de identidad´ de los vinos de una región, a través del análisis exhaustivo de las comunidades microbianas que habitan el viñedo y la bodega, posibilita guiar no solo las prácticas agrícolas para la mejora de las vides, sino también la toma de decisiones del enólogo sobre el tipo de elaboración más acertada en cada caso”, explica la doctora Liliana Semorile, una de las responsables de la investigación.
El proyecto -que reúne a investigadores de la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de Quilmes, la CIC y el CONICET- se centra en unas 120 hectáreas de viñedos, hoy el núcleo productivo de una actividad que llegó a tener más de 4 mil. De ahí que lejos de ser “una nueva provincia vitinícola”-, Buenos Aires “está recuperando una forma de producción que de haber podido continuar en desarrollo -sostiene Semorile-, la habría posicionado entre las principales regiones productoras de vino del país”.
Ese proceso de recuperación involucra actualmente a unos 45 viñedos distribuidos entre Médanos y Saldungaray que enfrentan un mercado nacional con sobreoferta y una enorme competencia internacional. De ahí la importancia de lograr que sus vinos encuentren una identidad regional lo suficientemente fuerte para captar la atención del consumidor.
LA CARACTERIZACIÓN
La caracterización de los vinos producidos en el sudoeste bonaerense se realizará mediante una perspectiva experimental novedosa. “En esta primera etapa se identificarán las poblaciones de microorganismos asociados a suelos, mostos y vinos, analizando la información contenida en el material genético a través de técnicas de secuenciación de alto rendimiento y herramientas bioinformáticas”, explica Semorile.
“En una próxima etapa vamos a aplicar lo que se denomina un enfoque metabolómico -agrega-. De esta forma se podrá avanzar en el análisis global de las microbiotas asociada a los vinos bonaerenses, evaluando los distintos procesos metabólicos que levaduras y bacterias están llevando a cabo al momento de toma de las muestras y que serán responsables del complejo conjunto de aromas y sabores de los vinos producidos”.
“En el centro de la actividad vitivinícola se encuentra una comunidad de microorganismos diversa, compleja y escasamente caracterizada, que juega un papel clave en todas las etapas de esta agroindustria y en los procesos de vinificación”, explica la especialista, quien espera que el trabajo permita a los productores bonaerenses conocer más acerca de ella a fin de mejorar la calidad de su producción.
LA CLAVE, EL “TERROIR”
“Cuando nos enteramos que esto iba a ser estudiado lo celebramos con alegría”, cuenta Manuela Parra, integrante de la familia propietaria de la bodega Saldungaray, uno de los emprendimientos que abrió sus puertas a los investigadores de la CIC.
Con veinte hectáreas de viñedos entre los cordones serranos de Ventania y Pillahuincó, la bodega de Saldungaray -que comenzó sus actividades en 2003- produce siete vinos a partir de uvas cabernet y malbec. “Vemos que hay una muy buena heliofanía en el sistema serrano de Ventania que es común a todo el sudoeste de la provincia. Lo comparamos con los productores de Médanos y le está pasando lo mismo”, asegura Parra.
“Cada uno de los productores tenemos potencialidades diferentes por las características que son propias al terroir, señala también Daniel Di Nucci desde la firma Alto Patagonia, la primera en instalarse en la provincia luego de la prohibición. Sus viñedos se encuentran ubicados en Médanos, a treinta kilómetros del mar, lo que les confiere “un efecto atemperador, permitiendo que no haya temperaturas ni muy bajas ni muy altas”.
“Nuestra región es ventosa, lo que se refleja en la uva, que posee una piel más gruesa. Cuando a esa uva la convertimos en vino, la participación de la cantidad de piel en el mosto es importante. El color, el aroma y los sabores de nuestras productos tienen su génesis en la piel”, señala Di Nucci, quien espera que el aporte científico se sume ahora al saber de los emprendedores para lograr una mejora sustancial en la producción.
Recuperación
Antes de que en 1934 se aprobara una ley que prohibía la producción de vinos bonaerenses para potenciar los de otras regiones del país, la actividad llegó a abarcar unas 4 mil hectáreas. Hoy, en pleno proceso de recuperación, cuenta con apenas poco más de un centenar.

[Fuente: www.eldia.com]

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