El Malba inaugura el jueves próximo la última muestra del año, Antropofagia y modernidad, con obras pertenecientes a la colección Fadel
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| Tarsila do Amaral. Morro da Favela, 1924 / Gentileza Malba |
Escrito por Julio Sánchez
Desde 1987 no se veía en Buenos Aires un
panorama tan completo del arte brasileño como el que se verá desde el jueves
próximo en el Malba. En aquel año aterrizaba en el Museo Nacional de Bellas Artes
la colección Roberto Marinho de pintura moderna brasileña, una muestra que fue
un hito por la calidad excepcional de las obras y también por el concepto de
dinamismo expositivo y comunicacional.
A casi treinta años de aquella
panorámica, el Malba cerrará otro año brillante con Antropofagia y modernidad.
Arte brasileño en la colección Fadel, una selección de obras a cargo de Victoria
Giraudo. La muestra permanecerá en Buenos Aires hasta el 21 de febrero y luego
viajará al Museo Nacional de
Arte (Munal) de México, que dirige hoy Agustín Arteaga, primer director del
Malba.
¿Qué es la colección Fadel? Un
acervo pictórico y escultórico del abogado Sergio Fadel y su señora Hecilda,
quienes se ocupan con sus hijos de promover y preservar unas 3000 piezas.
Abarcan un arco temporal que comienza en el siglo XVII y llega hasta nuestros
días. La colección se inició luego del casamiento de la pareja, en 1968, y
durante más de una década estuvo al cuidado de Paulo Herkenhoff, quien la hizo
visible en el Museo de Arte de Río (MAR).
¿Qué verá el público?
Básicamente, el primer arte moderno (Belmiro de Almeida, Giovanni Castagneto,
Eliseu Visconti); los modernistas (Vicente do Rego Monteiro, Anita Malfatti,
Emiliano di Cavalcanti, Ismael Nery, Tarsila do Amaral, Alberto Guignard); los
llamados "primitivos"; el concretismo; el neoconcretismo, la
abstracción informal y experimentaciones de los años 70.
En la colección permanente del
museo hay ya varios nombres capitales del arte brasileño. El Malba también ha
dedicado muestras importantes a artistas como Lasar Segall, Tarsila do Amaral,
Beatriz Milhazes, Adriana Varejão y Claudia Andujar, y colectivas como El hilo de la trama. La curadora subraya que el
recorte de esta muestra no es un panorama de Brasil, sino que se apoya por un
lado en el concepto de "modernidad" relativo a las metrópolis con
contactos internacionales asociados a la Revolución Industrial y sus coletazos;
por otro, en el de "antropofagia" como modelo de apropiación y
deglución caníbal de lo que viene de afuera.
La muestra se organiza con un
recorrido histórico que arranca con el primer modernismo. Es decir, artistas
que se anticiparon al lenguaje pictórico moderno, como Belmiro de Almeida
-presente con una notable Maternidad en círculos-, el ruso Lasar Segall -que
ya en 1913 mostraba sus obras expresionistas-, o Anita Malfatti, que en 1917
había sorprendido con una muestra que acusaba influencia del expresionismo
alemán matizado con cierto fauvismo.
Con la Semana de Arte
Moderno de 1922 llega oficialmente el modernismo a Brasil, con exposiciones,
lecturas poéticas, conciertos y conferencias de la mano de escritores como Mário y Oswald de Andrade, pintores como Vicente do Rego Monteiro,
escultores como Victor Brecheret y el músico Heitor Villa-Lobos. El Manifiesto
antropófago de Oswald de Andrade publicado en 1928 exhortaba "a devorar a
nuestro colonizador para apropiarnos de sus virtudes y habilidades y transformar
el tabú en tótem".
De Tarsila
do Amaral se puede ver Morro
da Favela (1924). Atestigua un fenómeno urbanístico nuevo en Río de
Janeiro, la favela, que según Herkenhoff fue resultado de la abolición de la
esclavitud y de las migraciones. Es una pintura abundante de casuchas
multicolores, con personajes negros sin rostro, ropa tendida, vegetación
variada, un perro blanco que acude al llamado de una niña y un pavo distraído.
Emiliano di Cavalcanti está presente con una escena
costumbrista conmovedora, Futbol (1935):
once niños jugando en un campo sin césped que comparten con un chivo y un asno,
son blancos y negros (uno luce un curioso sombrero) y parecen salir al recreo
de una escuelita que se divisa a lo lejos, mientras que al otro lado del camino
las vacas descansan cerca de un pequeño cementerio custodiado por una gran cruz
con los símbolos de la Pasión.
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Emiliano Di Cavalcanti. Roda de Samba, 1929 / Gentileza Malba
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El arte abstracto de raíz geométrica surge
en Brasil en la década de 1950, cuando el país contaba con un impulso dado por
la creación de varios museos (Arte Moderno de San Pablo, Arte Moderno de Río de
Janeiro) y la creación de la primera Bienal Internacional de San Pablo, entre
otros estímulos. Hubo varios grupos que adherían a la propuesta geométrica,
como Atelier Abstracción; Ruptura, liderado por Waldemar Cordeiro, y un
desprendimiento de este mismo que fusionaba el arte concreto con la poesía
visual (grupo Noigandres).
En la vereda de enfrente estaban quienes admiraron la
exposición de grandes telas del expresionista estadounidense Jackson Pollock en
la Bienal de San Pablo de 1957. Eran brasileños de origen japonés, como Manabu
Mabe o Tomoshige Kusuno, y otros como Iberê Camargo.
En la década de 1960 no existía en América
Latina una sociedad de consumo semejante a la de Estados Unidos, ni mucho menos pop art, pero los artistas de
Brasil tomaron algunos elementos de la historieta y del diseño para encarar una
crítica de denuncia. Como Wanda Pimentel -carioca nacida en 1943-, que
construye un mundo doméstico con líneas rectas y colores planos. La obra de
1968 que se verá en el Malba tiene dominantes de verdes, rojos y blancos para
mostrar una pava que parece derramar su líquido sobre la cocina mientras una
mujer observa subida a la mesada.
Al terremoto conceptual de Yoko Ono en el Malba sigue
-para equilibrar quizá- esta muestra historicista de soportes clásicos de la
historia del arte, la pintura y la escultura de un país vecino y próximo.
[Fuente: www.lanacion.com.ar]


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