quinta-feira, 20 de outubro de 2016

La soberbia: negación de la vida

Su sosegada y honda exposición no le quita la condición de urgencia que tiene el tema: la soberbia está en la raíz de los males de nuestro tiempo, a pequeña y gran escala. La soberbia. Pasión por ser, ensayo de la pensadora Laura Bazzicalupo, traza un arco que va de la mítica entidad de Lucifer a los modos en que la soberbia actúa en la vida cotidiana

Escrito por Neslon Rivera

La soberbia es un arquetipo. Raíz de los pecados en el mundo homérico, en las antiguas tragedias y en pensadores como Agustín y Tomás. En tanto que raíz, en ella se originan otros pecados. Pero a la vez, es culminación, destino. El paso del amor desmesurado al odio también desmesurado. Lucifer, el más bello entre los ángeles, el más inteligente y próximo a Dios, se convierte en su enemigo: quiere ser el único. El soberbio quiere ser Uno. La primera, la única de las criaturas. Por eso la soberbia es pasión-por-ser, pecado ontológico.


En el mundo griego, la hybris es culpa propia de héroes, causada por su misma excelencia. Imbuido de poder y ambiciones, el héroe se enceguece y se encamina a su perdición. Sus virtudes se vuelven defectos. La persona admirable, degenera. Al enceguecer, no logra ver la verdad. La percepción ofusca el reconocimiento de las cosas y los hechos. El ofuscado no mide sus palabras, ni sus gestos, ni su propio estatus. “Solo ve lo que quiere ver”. No solo la Verdad: también el Ser está implicado en la soberbia: se niega, se rechaza la verdad acerca de lo quién se es. Puesto que su pasión consiste en ser único, el Otro constituye la gran amenaza del soberbio. Y por ello le declara inferior, irrelevante, prescindible: el soberbio detesta al Otro.

Soberbia, además de nombrar un terrible defecto, califica de forma positiva. Ocurre que la excelencia, la realización perfecta, la belleza en sus más altas expresiones, alcanzan un punto que se une con la arrogancia, el narcisismo y el egoísmo. La soberbia corroe a los mejores, los incita a traspasar los límites. Lo excelso se aproxima a lo insensible, a lo mezquino. El soberbio rechaza someterse a las reglas comunes. Ellas valen para el resto, para la numerosa humanidad de su desprecio.

La soberbia de Dios

Otra hipótesis: que la soberbia sea el pecado de Dios y no del ángel, este último no más que envidioso. La soberbia de Lucifer es causada por su admiración, que adquiere las proporciones de la rebelión: a partir de un momento niega la jerarquía. No reconoce el poder de su Creador, ni su carácter soberano: niega la diferencia ontoteológica con Dios. Nada menos que esto: el soberbio se asume superior a quien lo ha creado.

La soberbia se configura entonces como un modo de ser, un rasgo del carácter que hace imposible “mantenerse dentro de la medida”. Así, la realidad es el castigo del soberbio, que se ve impulsado a violentar el orden y los límites. De acuerdo a Esquilo, Prometeo y Zeus son soberbios, puesto que ambos se dicen portadores de una verdad única. Lo mismo Antígona y Creonte: ambos argumentaban una visión superior y no negociable. El desafío de Akab a la inmensa ballena blanca narrado por Melville, es el relato de la pura soberbia. En los relatos de lo que conocemos como cultura popular, quien se declara feliz es soberbio, puesto que ha escapado a la precariedad que es el sino de vivir.

Con frecuencia, el soberbio no está solo: tiene seguidores. La inteligencia de Lucifer, su espíritu, tiene atractivo. La tendencia del soberbio a sobrepasar los límites, lo impulsa a dominar y controlar a sus seguidores. Lucifer no tiene amigos ni camaradas: solo fanáticos y militantes. Porque, y esto es esencial, el soberbio aspira a la separación absoluta. A la separación de Dios como si este no existiera (el soberbio es un apóstata). La expulsión del Paraíso es resultado de un acto de soberbia. Aspira a la autonomía, que desconoce toda soberanía y ejerce según voluntad propia. Los reyes serían entonces los soberbios por naturaleza, obligados a manifestar siempre su eterna superioridad.

La creación del moderno sujeto autónomo, la pretensión del hombre de convertirse en eje y referencia del mundo, los programas de perfeccionamiento, el culto al orgullo y a la autoestima, la constante búsqueda de admiradores, no solo nos colocan frente a formas cotidianas de soberbia, sino ante la pregunta sobre las bases del mundo de hoy.



[Fuente: www.colofonrevistaliteraria.com]

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