Un traductor amateur argentino hace una versión completa por primera vez en español de la obra más oscura y compleja de Joyce de la mano de una prestigiosa editorial independiente
"riverrante, pasando Eva y Adán, de curva
ribereña a codo de bahía, nos trae por un comodioso vicus de recirculación de
vuelta a Howth Castle y Environs". No, no han leído mal ni hay errores
tipográficos. Así arranca la primera traducción completa al español del Finnegans
Wake, la novela más oscura, compleja y ambiciosa de James Joyce, una obra
inclasificable por su estructura circular, su audaz transgresión
narrativa y el empleo de miles de neologismos, vocablos distorsionados
y términos híbridos de varios idiomas. ¿Una obra intraducible? Eso se creía
hasta ahora. Pero la prestigiosa editorial independiente El Cuenco de Plata
se ha enfrentado a esa asignatura pendiente y acaba de publicar en Argentina la
primera versión íntegra en castellano de la novela. Y lo ha hecho
confiando en las buenas artes de un traductor tan atípico como apasionado, Marcelo
Zabaloy, un exinstalador de redes informáticas de 59 años alejado
totalmente de esa hoguera de las vanidades que ilumina el mundo literario.
Zabaloy, que ya entregó a la imprenta hace un
año en la misma editorial la cuarta versión española del Ulises,
reside en la apacible ciudad de Bahía Blanca, a 650 kilómetros de Buenos Aires.
Exjugador de rugby, bien podría ser uno de esos personajes prodigiosos creados
por el escritor irlandés. "La verdad, no tenía ideas preconcebidas sobre
si el Finnegans era o no intraducible", confiesa por
teléfono. Su Ulises ha cosechado buenas críticas en Argentina
y lleva vendidos 3.000 ejemplares, una cifra nada despreciable para un clásico
al que tampoco es fácil hincarle el diente. "Cuando comencé a traducir el UIises lo
hice de una manera espontánea. Y al terminarlo, me quedé con una sensación de falta
de objetivos intelectuales. Entonces me puse a curiosear el Finnegans para
saber qué grado de dificultad tenía con esa reputación de libro impenetrable. Y
encontré lugares que son remansos de belleza y otros en los que vuelve la
oscuridad y el cielo se cierra". Si Joyce empleó 17 años en escribir el
mamotreto más indescifrable de la literatura universal, a Zabaloy le tomó siete
años traducirlo, los tres últimos a tiempo completo, dedicando diez horas
diarias a buscar el equivalente español a esas 250.000 endemoniadas
palabras, muchas de ellas con varias interpretaciones posibles: "He
tratado de que sea como un espejo del original, con el mismo número de páginas
en español (628), pero sin que se trate de una traducción literal. A quien lo quiera
leer en inglés, le será más sencillo ahora seguir el hilo con esta
traducción".
Zabaloy asegura no haber leído las traducciones
parciales que ya había publicadas en español. Víctor Pozanco realizó una
versión abreviada de la obra para la editorial Lumen en 1993. Un año antes
Francisco García Tortosa había publicado en Cátedra el célebre capítulo octavo
del Libro I, conocido como Anna Livia Plurabelle. "A Pozanco
la crítica lo destrozó", recuerda Zabaloy, quien tomó como referencia de
trabajo una traducción inédita francesa y tuvo siempre como
faro la impagable ayuda interactiva del FWEET (Finnegans Wake Extensible
Elucidation Treasury).
El Finnegans de Zabaloy se
presenta a pelo, sin notas aclaratorias ni prólogo. "Las notas o una
edición bilingüe podrían haber duplicado o triplicado el número de
páginas", se excusa. El gran escritor mexicano Salvador Elizondo
(1932-2006) quien hizo ese intento de traducción crítica hace muchos años. Muy
influenciado por Joyce, tradujo la primera página del Finnegans con
33 notas aclaratorias. Y ahí se quedó. Un compatriota suyo, Juan Díaz
Victoria, lleva tiempo empeñado en dar a luz una versión completa en español
con notas en cada página. "A lo mejor le lleva varios años pero no tiene urgencias.
Hemos intercambiado opiniones sobre la obra", cuenta Zabaloy, cuyo Ulises
y el proyecto del Finnegans contaron con el aval del prestigioso editor
Edgardo Russo, quien fuera director de El Cuenco de Plata hasta su muerte el
año pasado.
Joyce publicó Finnegans Wake en
1939, diecisiete años después de la primera edición del Ulises y
dos años antes de su muerte en 1941. La novela, una gigantesca epifanía
poliédrica, arranca con la historia de Finnegan, un albañil que se cae
de un andamio y resucita (o se despierta) gracias a unas gotas de
whisky para reencarnarse en el personaje central de la obra: H.C. Earwicker. El
argumento es lo de menos en esta novela inclasificable que propone un viaje
onírico con un sinfín de personajes a través de un devenir cíclico de la
historia. Ante tal desmesura, no cabe una lectura convencional del texto.
A partir de 1924 el escritor irlandés fue
publicando en la prensa extractos de su trabajo (work in progress). Se
conservan más de 14.000 notas de ese esfuerzo titánico que le llevó media vida
creativa. Su publicación no dejó indiferente a nadie. A lo largo de los años
hubo detractores como Ezra Pound, D. H. Lawrence o Nabokov y entusiastas como
Samuel Beckett, Thornton Wilder, Anthony Burgess o Harold Bloom. Entre los intelectuales
hispanos, Jorge Luis Borges fue uno de sus más duros críticos:
"Es una concatenación de retruécanos cometidos en un inglés onírico que es
difícil no calificar de frustrados e incompetentes". Joyce se había
defendido desde el principio alegando que el Finnegans no
podía compararse con el Ulises. Su pretendida "oscuridad"
tenía una explicación. La acción, recordaba su autor, transcurre principalmente
por la noche.
A Zabaloy no le preocupa demasiado qué
repercusión pueda tener su libro entre la crítica y los expertos. "¿Cuál
es el problema de que un tipo de la Pampa que sale debajo de una baldosa haga
esto? ¿A quién le puede molestar?", se pregunta el traductor:
"Trabajé toda mi vida reparando máquinas de oficina, instalando cables para
computadoras. Hice esta traducción, como la de Ulises, por gusto. Es
como una adicción".
A quien probablemente le habría gustado que un tipo como Zabaloy
tradujera sus obras (al menos el Ulises) es al propio Joyce. Seguro
de ello se mostró el escritor irlandés Declan Kiberd, autor del prólogo de la
edición más vendida del Ulises (la publicada por Penguin
Classics). Kiberd asistió el año pasado en Buenos Aires a unas jornadas sobre
cultura irlandesa y declaró al diario uruguayo "El País": "Joyce
escribió el Ulises pensando en gente como Zabaloy. Lo escribió
para porteros, para guardas de tren, para personas con oficios comunes o
trabajos mecánicos. Con el Ulises estaba celebrando a la gente
común". Y gente común, ya se sabe, hay en todas partes, de Dublín a Bahía
Blanca.
[Fuente: www.elmundo.es]

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