terça-feira, 7 de junho de 2016

De basurero a escritor famoso, peripecias de la novela mexicana de John Irving

La sombra omnisciente de México instalada en el imaginario estadounidense irrumpe en la novela "Avenida de los Misterios", donde los temas recurrentes del escritor se reiteran a través de dos historias -el niño criado en un basurero y el escritor famoso rumbo a las Filipinas para cumplir una promesa- que se entrecruzan y anulan el sentido del tiempo.

Escrito por Mora Cordeu 

El lector conocerá a Juan Diego, que aprendió a leer en castellano e inglés de los libros recogidos en el basurero en el que creció, y también a su pequeña hermana Lupe, una niña que tiene dificultades para hablar pero lee la mente de las personas, ambos hijos de una prostituta y padres desconocidos, protegidos por el capo de ese lugar marginal.

Con el eco de un realismo mágico con fantasmas y estatuas vivas, Irving va desplegando su artillería literaria, que a excepción de una sola novela -"La cuarta mano"- siempre vuelve a la infancia y otro temas como la memoria, el sexo, el circo, el destino... Desbordante de tópicos que a veces detienen o dificultan el habitual ritmo atrapante de Irving, esta novela en particular se ensaña con la institución de la Iglesia, aunque reivindica los milagros y abre la puerta a los misterios.

El título del libro, "Avenida de los Misterios", es el nombre de la calle que desemboca en el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, venerada por los mexicanos pero acechada en la novela por el monstruo María (la virgen que tiene un tamaño descomunal en relación a la morenita). Esa morenita que justamente fue descubierta en 1531 en la cumbre del cerro Tepeyac por un indio llamado igual al personaje de la novela.

En 1970, a sus 14 años, Juan Diego quedará cojo en un accidente que no modifica su actitud vital pero marcará su destino, ya que pronto abandonará México para siempre.

"De vez en cuando, Juan Diego recalcaba 'Soy mexicano; nací en México, me crié allí'. Desde hacía algún tiempo tenía por costumbre decir: 'Soy estadounidense: he vivido cuarenta años en Estados Unidos'. O, intentando quitar el hierro a la cuestión de la nacionalidad, Juan Diego se complacía en decir. 'Soy del medio, de hecho soy de Iowa' ", así comienza esta novela publicada por Tusquets.

"Nunca decía que era mexicano-estadounidense", desliza el narrador sobre su personaje, escindido por dos vidas desligadas entre sí: la experiencia mexicana y la experiencia en el país del Norte.

Entre los temas que desbordan el argumento de esta historia, emerge como una incógnita la identidad de Juan Diego, y de tantos, que no regresaron a México pero que tampoco sienten el escenario estadounidense como propio, aunque se hayan adueñado del lugar. Esos sapos de otro pozo que irritan tanto a candidatos como Donald Trump, en un Estados Unidos con problemas diferentes a los conflictivos días de la guerra del Vietman, cuando Juan Diego era un adolescente. Un escenario cuyas obsesiones y miedos, quizás sin pensarlo, Irving describe tan bien.

A los 54 años, el protagonista es ya una exitoso escritor y, aunque nació en Oaxaca, ahora reside en Iowa luego de ser adoptado por una pareja gay formada por un exseminarista, Edward Bonshaw, que lo sacó del basurero, y Flor, una travesti mexicana, que terminan muriendo de sida.

Su infancia irrumpe solo en sueños, cuando deja de tomar los betabloqueantes -cuyo cometido es impedir el paso de los formadores de adrenalina en el organismo- que le prescribieron porque tiene presión alta y sufre del corazón.

En estos sueños, además de Bonshaw, aparecen otros personajes como el responsable del basurero, un tal Rivera, el padre Alfonso y el padre Octavio, el hermano Pepe, el orfanato -más conocido como el Hogar de los niños Perdidos- y la prostituta Esperanza. También, el gringo bueno que huyó de su país porque no quería ir a Vietman y a quien el niño del basurero le prometió visitar la tumba del padre, enterrado en Manila.

El pasado, presente y futuro ensamblan en un todo distintos momentos de la vida de Juan Diego y dan lugar a varias ideas que cruzan el texto y actúan como digresiones -algunas muy interesantes como el hecho de que las mujeres son grandes lectoras ("eran quienes poseían la capacidad de sentirse afectadas por una historia"), o sobre el oficio de escribir (con menciones a varios escritores desde Shakespeare a Mark Twain)-, pero Irving tiene muñeca para convocar nuevamente al lector hacia esta historia excesiva y a la vez cautivante.

Quizás el hecho, contado por el propio Irving, de que esta novela fuera primero un guion, reescrito como la parte mexicana y luego de un intervalo largo proseguido como narración en Filipinas, en la que escribe el viaje de Juan Diego con un ritmo más lento, colabora con ese superposición de las voces del protagonista, encaminado a un destino previsible.

En su viaje a Filipinas el protagonista conoce a Dorothy y Miriam, madre e hija, con las que experimenta el placer sexual, aunque esto también puede ser fruto de una ensoñación debido a que olvidó tomar los betabloqueantes, un disparador para que las imágenes de su infancia vuelvan con nuevos bríos a tomar posesión de su memoria.

En ese recorrido caprichoso aparecen los artistas circenses, el león y las leonas, el doctor Vargas, Bonshaw cuando le leía "El poder y la gloria", una novela de Graham Greene en voz alta: "Siempre hay un momento en la infancia en el que la puerta se abre y deja entrar el futuro".

Y de ahí, sin pausas, el lector encuentra a Clark French, un experto en la obra del ahora escritor Juan Diego, a quien describe como "el maestro del rumbo de colisión. El suyo es un mundo predeterminado, lo inevitable se cierne en el futuro".

Y de regreso en el circo, Irving describe a una pareja de argentinos, volatineros, amantes del sexo, y de nuevo especula sobre la vida de Juan Diego como escritor, quien menciona la importancia del origen en su novela "Una historia desencadenada por la Virgen María", ambientada en la India -no hay ninguna novela suya que transcurra en México ni tampoco personajes mexicanos- que trataba sobre el origen de todo.

"Como en gran parte de la infancia y adolescencia de Juan Diego, los jesuitas o el circo eran el origen de muchas cosas", escribe Irving y más adelante afirma que, en toda buena novela, lo importante para la trama tiene su origen en algo o en alguna parte".

El autor de "El mundo según Garp", "El hotel New Hampshire", "Una mujer difícil" y "El hijo del circo" logra con maestría hilvanar esta historia donde todo sucede al mismo tiempo.


[Fuente: www.telam.com.ar]


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