El
desenfado, el pastiche, la cápsula poética explosiva que hace uso del
retruécano y el sarcasmo, conforman la singularidad de una producción de textos
breves que el poeta mexicano Efraín Huerta dio a conocer en 1980 y que se
acaban de reeditar en el libro "El gran cocodrilo en treinta poemínimos",
con ilustraciones del Dr. Alderete.
El libro, bellamente ilustrado y publicado por la editorial Fondo Nacional de Cultura, pone de nuevo a circular la voz mordaz de Huerta (1914-1982), que lejos de toda solemnidad lo ubicó junto a Octavio Paz como los poetas de mayor envergadura de su generación y en la poesía mexicana contemporánea.
La obra de Huerta "“poeta, periodista de extensa trayectoria, especializado en la crítica de cine- se inicia en 1935 con el libro "Absoluto amor" y se continúa con "Los hombres del alba", "Poemas de Viaje", "La Raíz amarga", "El Tajín", "Poemas prohibidos y de amor", "Los eróticos y otros poemas" y "Transa poética", entre otros títulos de una de las obra más solicitadas por los lectores de poesía de México.
"El gran cocodrilo en treinta poemínimos", alude al apelativo por el cual era conoció Huerta, y que se remonta al año 1950 cuando crea junto a otros poetas el "cocodrilismo" "“tomadura de pelo de los "ismos" de las de los movimientos de vanguadia-, una especie de antiescuela que llamaba a darle a la vida un sentido "cocodrilesco", o sea, un no rotundo a la pompa, la autocompasión, la soberbia.
De ese espíritu gozador y del estilete de esa ironía saldrían textos con aire aforístico, cuasi greguerías que llamó "poemínimos" (un libros suyo es, justamente, Estampida de poemínimos), apitafios en solfa, pero no tanto: "El que/ sabe/ ser pobre/ sabe/ el/ resto", o "Todas/ las/ cosas/ se parecen/ a/ su/ sueño", o también: "Lo de menos/ es que sea/ el cuarto poder// lo que importa/ es poder/ en el cuarto".
A esa cuerda, también pertenece su "Manifiesto Nalgaísta" conjunto de poemas eróticos con un lenguaje que mixtura la imagen, el coloquio, la onomatopeya, el remedo, lo narrativo, las palabras inventadas y el humor: "la dulce nalga que murmura y canta/ la que nos huele a leguas/ la que es ancha y ajena ("¦) como una nalga constelada de estrellas/ para escribir en ella los versos más tristes esta noche" (...) tuérzanle el cuello al ángel/ de engañoso trasero".
Si el eros y el amor son ejes de la poesía del mexicano, también lo es la cuestión social. Militante político "“es uno de sus primeros artículo periodísticos escribe contra el fascismo- fue un poeta conmocionado por la guerra civil española y la segunda conflagración mundial, llevando a sus libros de poesía un sentimiento de fraternidad y solidarizándose con las luchas de liberación de Cuba y Nicaragua.
Otro de sus núcleos es "la ciudad", su destino de Titanic, de mole a la deriva, su contaminación, su vértigo (dice en uno de sus poemínimos: "todos/ los lunes/ descubro/ que llegué/ muy tarde/ a mi/ fin/ de/ semana"), la urbe que ama y odia al mismo tiempo como dejará plasmado en muchos de sus poemas.
De modo que si cada ciudad tiene su cantor, Huerta lo fue del Distrito Federal mexicano (sobre todo en el libro Los hombres del alba), como Carl Sandburgt lo fue de Chicago, Evaristo Carriego de Buenos Aires y Baudelaire de París; para situarse incluso como uno de los cronistas de la rispidez cotidiana y el bullicio de la gran urbe.
Para el poeta y filósofo mexicano Jaime Labastida: "la poesía mexicana le debe a Huerta un ritmo, un objeto, un tema, un sentido. Un ritmo: el de la calle, áspero y amargo; el de la vida urbana pues. Un objeto: la ciudad de México. Un tema: el erotismo desnudo, cercano a la carne y al sexo. Un sentido: la política".
Para el ensayista Carlos Monsiváis, el poeta que exalta la marginalidad, "amaba todo lo que de insólito, de subversivo, de extraño, de canallesco en el mejor sentido, podía depararle la ciudad".
Lejos de cualquier pose, el Huerta, frecuentador de cantinas, hincha del club Atlante, admirador de las canciones de José Alfredo Jiménez, fanático de Carlos Gardel y enamorado desde siempre de las actrices Dolores del Río y Marilyn Monroe, captaba el dictado de la calle.
Sus poemínimos reafirman su vagabundia y desapego por la arrogancia; escribe: "Cuando/ la cordura/ me aburre/ enloquezco/ la cordura/ siempre/ me/ aburre" y además: "Voy/ aponer/ manos/ a la obra/ comenzaré/ por el/ muslo derecho",
Es sustancial la relación de Huerta con aspectos de la cultura y la vida de Argentina; aunque amigo de sus maestros Pablo Neruda y Rafael Alberti, reconoció en una nota publicada en 1938 en el periódico mexicano El Nacional, que la gran influencia de sus inicios había sido Raúl González Tuñón.
Lector de numerosos escritores argentinos como Ezequiel Martínez Estrada y David Viñas; el poeta mexicano fue amigo y compañero de trabajo de Enrique Santos Discépolo, ya que participó como guionista de películas que el argentino autor del tango "Uno" filmó en México a mediados de los 40.
Y otro argentino es el ilustrador de "El gran cocodrilo en treinta poemínimos", el renombrado artista plástico y diseñador Dr. Alderete, ilustrador que conjunta en su estilo el arte pop, la ciencia ficción, los grabados de José Guadalupe Posadas, la lucha libre y el mundo kitsch, todo con una paleta cromática llamativa, estridente.
[Fuente: www.telam.com.ar]
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