sábado, 30 de janeiro de 2016

≪El Renacido≫, película de Alejandro González Iñárritu (2015)

Alonso Ramírez Cover ::
A pesar de ser un filme realizado con una habilidad técnica extraordinaria, la nueva producción del laureado director Alejandro González Iñárritu, El Renacido, acarrea las pesadas características de un ambicioso, pero aún no refinado experimento fílmico. Con un montaje y una cinematografía envidiables y una de las mejores actuaciones de Leonardo DiCaprio, no me cabe duda de que esta película ha sido elaborada con la precisión esperable de cineastas en lo mejor de su arte, pero a la vez falla en concretarse como la obra de arte profunda y abundante en ricas texturas narrativas que pretende ser. Lo que tenemos aquí es una maravillosa forma de contar un relato que al final de cuentas no termina siendo muy notable.
El Renacido toma lugar en la frontera de la colonización blanca de Estados Unidos, a principios del siglo XIX, en momentos en que la vida en Montana y las Dakotas pendía de los precarios hilos del salvajismo humano y los crueles caprichos de la naturaleza. El filme se centra en la odisea de un tal Hugh Glass (DiCaprio), un colono a cargo de una expedición que busca hacerse de las pieles de animales salvajes, para luego venderlas en los asentamientos cercanos. Cuando la expedición resulta atacada por los Arikara (indígenas locales), los colonos se ven forzados a huir a través de los densos bosques hacia un emplazamiento militar. Días después, las cosas se ponen peores cuando Glass resulta seriamente herido tras ser atacado por un oso. Temeroso de que los Arikara lo atrapen, Glass termina siendo traicionado y abandonado a morir en el frío invernal por uno de sus hombres (Tom Hardy). Sin embargo, él logra sobrevivir y, a pesar de sus heridas, pasa el resto de la cinta atravesando el inhóspito paisaje para cobrar venganza.
Uno de los puntos altos de El Renacido descansa en la convergencia entre el estilo directoral de Iñárritu y la cinematografía de Emmanuel Lubeski. Esta película está repleta de escenas compuestas de tomas largas que avanzan a un ritmo frenético al tiempo que expresan con detalles crudos y viscerales la adrenalina, el pánico, la fatiga y el dolor de la vida en la frontera. Las intrincadas secuencias de batallas a pie o a caballo al principio del filme o las que narran los extremos a los que Glass debe llegar para sobrevivir en el segundo acto constituyen los episodios cinematográficos más memorables e impactantes, todos los cuales hacen valedera la cinta como una demostración de la capacidad técnica de estos cineastas a la hora de ejecutar asombrosas hazañas visuales. Por su parte, en los momentos más serenos del relato, la fotografía comunica hermosamente los temas centrales y secundarios. Así, imágenes de cadáveres de bisontes sobre las gélidas planicies de esta región se yuxtaponen a la meteórica y violenta caída de los pueblos indígenas del oeste estadounidense, mientras que la ominosa presencia de los imponentes bosques contrastan con la tenaz lucha de Glass por sobrevivir.
El equipo de producción hizo la filmación principal de la cinta casi exclusivamente en exteriores, en zonas relativamente alejadas de Canadá y Argentina y haciendo uso de la menor cantidad posible de efectos en computadora. Para ello tomaron ventaja de las condiciones del lugar e incluso descartaron el uso de iluminación artificial. Todas estas decisiones – que sin duda hicieron muy difícil la filmación – estuvieron guiadas por el objetivo de que la historia de supervivencia de Glass se sintiera lo más realista posible; y creo que es indispensable decir que no sólo lograron alcanzar este objetivo, sino que es factible que la audiencia quede maravillada por el espectáculo visual. Yo confieso que no logro entender cómo putas hicieron algunas de las tomas incluidas aquí, lo cual sumado a las secuencias previamente discutidas y la escena del ataque del oso – una literal maravilla de tensión y montaje – éste quizás sea uno de los filmes más preciosos y mejor realizados que he visto en mi vida.
Ahora bien, el gran problema que viene aparejado a esta indiscutible fortaleza es que el filme se vuelve demasiado indulgente con el uso de técnicas visuales, desarrollándolas frecuentemente a costas de la narrativa. Hay que reconocer que la trama de El Renacidoes esquelética, no muy innovadora y bastante parecida a la del western ordinario centrado en una historia de venganza, razón por la cual no siento que justifique los kilométricos 150 minutos que dura el filme. Hay muy poco diálogo aquí, y lo que hay es aceptable, si bien un tanto interesado en deletrear sin mucho tapujo las ideas principales del filme (restándole al realismo del relato). Sí quedo muy incómodo con las líneas asignadas a los personajes indígenas, pues no ayudan a darles profundidad en lo más mínimo. Todo lo anterior deriva en un filme lento, que avanza en su mayoría como un glaciar, centrándose en momentos serenos marcados por algún grado de simbolismo pasajero y que ocasionalmente da paso a frenéticas secuencias de acción. Por eso es que no cuestiono a los miembros de la audiencia que terminen durmiéndose o revisando la hora de sus teléfonos durante las agotadoras metáforas visuales que acaparan partes considerables del reiterativo segundo acto. No me cabe duda que el filme pudo haberse beneficiado de una mejor edición, aunque no por ello digo que esto termine haciendo irrelevante todo lo demás.
Curiosamente, el guion de Iñárritu y Mark Smith pareciera ir contracorriente a los objetivos visuales del filme, dado que embarra una capa gruesa (y en ocasiones, innecesaria) de surrealismo y metáforas visuales encima de la más realista y cruda historia de supervivencia y venganza. Esto es particularmente notable en las continuas escenas en las que Glass tiene sueños sobre su familia, su pasado y su futuro. A mí me encantan las películas que demandan atención del público, funcionando como rompecabezas visuales que uno debe ordenar para dar cabida a un todo narrativo y temático coherente, y aquí hay algo de eso. Pero, tomada en su conjunto, yo considero que la resonancia narrativa de estas escenas es debatible: algunas sí colaboran en profundizar al personaje, pero otras se sienten superfluas y hasta pretenciosas. Algunos de los sueños parecieran invocar el tema del inminente cataclismo de la población indígena norteamericana a manos de la dominación neocolonial blanca, mientras que otros profundizan la temática central que considera a la venganza como una emoción constituida esencialmente por un salvajismo visceral y descontrolado (y por ende, esperable para una historia de hombres que enfrentan a la naturaleza humana y no humana en los límites de su civilización). El problema es que todo esto ya queda clarísimo en el más que evidente diálogo, así como en las escenas de brutales confrontaciones con armas de fuego, cuchillos, flechas, hachas, etc., violaciones, asesinatos, destripamiento de personas y animales del relato. Con esto dicho, esas escenas surrealistas son preciosas en todo sentido, pero también alargan innecesariamente una historia que de por sí se siente un tanto pesada y carente de acontecimientos.
Por lo demás, DiCaprio ofrece una actuación que enarbola el realismo al que apuestan los cineastas. Según dicen, el actor comió carne de bisonte cruda, nadó en lagos fríos arriesgando potencial hipotermia  y otras cosas más  con el fin de dar una presentación realista de su personaje. Su actuación es indiscutiblemente física, mejorando a medida que avanzamos en el relato. No hay mucho diálogo, pero su interpretación de un hombre batallando contra la naturaleza en búsqueda de sobrevivir es genial. Los demás personajes reciben considerablemente menos tiempo en escena (reforzando la noción de que esta cinta es un vehículo para garantizar el Oscar para DiCaprio), pero incluso así no puede desdeñarse el trabajo de Hardy, quien ofrece más profundidad al villano de la que el diálogo o el guion pudieron ofrecer. El resto del elenco está ahí para dar una imagen convincente de la vida en un lugar tan inhóspito como éste y creo que todos los actores hacen bastante bien su trabajo.
En conclusión, El Renacido es uno de esos filmes en los que la suma de sus partes no necesariamente ofrece el resultado más óptimo, pero en el que también es indiscutible que las partes que funcionan son muchas, y lo hacen impresionantemente bien. Yo estaba al borde del asiento por la tensión de las excelentes escenas de acción, estupefacto por la creatividad visual y dificultad de realización de otras más serenas y pensativas, y, en todo momento, felizmente agradado por las actuaciones del elenco. Sin embargo, mi sensación al salir del cine es que el filme no ofrece un todo coherente más que esos placeres, dada la trama ordinaria, y en ocasiones, innecesariamente empantanada en pesadas (y pretenciosas) metáforas visuales. El Renacido es un filme con claras contradicciones, pero que creo es muy valedero a pesar de éstas. Mi recomendación es que vayan a verla, es una experiencia fílmica impresionante que merece ser vista en la pantalla más grande que encuentren y con una buena taza de café para garantizar que aguanten hasta el final.
8/10 – Genial
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*Ficha técnica de la película
Director: Alejandro González Iñárritu. Guion: Mark L. Smith y Alejandro González Iñárritu (basado en el libro The Revenant de Michael Punke). Fotografía: Emmanuel Lubezki. Edición: Stephen Mirrone. Elenco: Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhall Gleeson y Will Poulter. Distribución: 20th Century Fox. País: Estados Unidos. Duración: 156 minutos.
[Fuente: www.revistapaquidermo.com]

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