Elisa Loncon Antileo es una mujer mapuche, lingüista, miembro de la
Red por los Derechos Educativos y Lingüísticos de los Pueblos
Indígenas de Chile, defiende y habla el Mapuzugun, además de
castellano e inglés. También es académica de la Universidad de
Santiago.
Por Fernanda Sánchez Jaramillo
FSJ: ¿Cuándo se hizo consciente de la necesidad de ejercer una
resistencia lingüística y la importancia de ésta para la
supervivencia de la lengua y del pueblo mapuche?
ELA: Yo nací en una familia donde se hablaban ambos idiomas. Desde
que nací crecí escuchando dos idiomas, mapuzugun y español, eso me
hizo consciente del tema. Años después estudié inglés, pero ya
tenía conciencia del asunto. Al estudiar pedagogía del inglés,
hice un reciclaje de algunas estrategias de enseñanza del inglés
para enseñar el Mapuzugun.
Yo sabía que hablaba un idioma poco valorado socialmente y asociado
con la discriminación que sufrí de niña por ser mapuche, pero
que era una lengua que tenía valor en mi familia. Tomé conciencia,
desde pequeña, de que mi cultura era importante y, simultáneamente, comprendí que era discriminada por ella. Nos enseñaron desde
pequeños que era una equivocación llamarnos indios, que quien llegó
acá pensó que estaba en India. Aprendí que no éramos indios
sino mapuches.
FSJ: ¿Es la rebeldía una herencia familiar, qué papel ha cumplido
su familia en el proceso de resistencia mapuche?
ELA: No es que uno haya nacido rebelde. Nosotros nacimos mapuches en
un contexto de colonialismo interno muy fuerte. La imposición de
una lengua, una manera de ser y las circunstancias históricas te
hacen ubicarte en un lugar y decidir qué está bien y qué no lo
está; de lo contrario, pasarían por encima de nosotros. Como pueblo, decidimos hacernos visibles y pertenecer; a pesar de ser un pueblo
discriminado, creemos en crecer muy conectados a la familia y la
comunidad, en un ambiente colectivo. La rebeldía es una
posición producto de una cultura colectiva, además de nacer en un
contexto de opresión, pero también es la identidad mapuche del
futuro y de los sueños: queremos ejercer nuestros derechos
políticos, recuperar la tierra. Esos sueños son parte de nuestra
historia.
FSJ: La mujer enseña la lengua materna a sus hijas e hijos. Teniendo
en cuenta la importancia de la mujer en la supervivencia de su
lengua, el Mapuzugun. ¿Con qué espacio cuenta la mujer mapuche para
liderar el proceso político ligado a la revitalización de la lengua
y, por consiguiente, de la cultura mapuche?
ELA: Los espacios se construyen con el tiempo. Culturalmente, la
mujer tiene espacios relacionados con el conocimiento, la medicina y
otras prácticas ancestrales. Hay mujeres que se destacan con algunas
acciones y otras son más anónimas. En la historia mapuche no
existía el patriarcado porque todos somos hijos de la tierra,
concebidos para defender la tierra, defender la lengua y en esa
defensa no hay distinción entre el hombre y la mujer.
Los conquistadores tenían un concepto de mujer de la casa, que no
participaba en otras áreas. Esa visión era opuesta a la de la
cultura mapuche en la cual los roles eran comunes. Los conquistadores
instalaron un sistema diferente, el machismo.
Yo nací en un hogar donde la mujer estaba empoderada. Mi madre se
dedicó a trabajar la tierra y generaba su propio ingreso con la
huerta y los productos que vendía. Nosotros, cinco mujeres y dos
hombres, colaborábamos. Esa crianza nos enseñó mucho a cerca de la
autonomía. La mayoría de los niños mapuches trabajan en los
sembrados con la familia y ayudan a la autosubsistencia.
Mi padre, carpintero, prometió jamás ser empleado pues conoció la
servidumbre en su niñez. Además tomó la decisión de enviar a sus
cinco hijas mujeres a la escuela, a pesar de que él nunca fue a la
escuela. Mi padre aprendió a leer a los 17 años.
Él nos compraba libros y ese fue un capital enorme para nosotros.
Nos trajo libros de historia, filosofía, nos enseñó a valorar
nuestra cultura y también promovió el deseo de aprender de otras.
Además, se presentó a una elección para ser diputado en los años
60, pero no salió elegido.
FSJ: Su reconocimiento como académica le concede ciertos privilegios
de los que carecen otras mujeres mapuches, y otras indígenas del
campo –sin formación académica tradicional, pero que poseen
conocimientos ancestrales- ¿Cómo ejerce resistencia la mujer mapuche que está en el campo o en un barrio marginal de Santiago de
Chile?
ELA: Si yo no estuviera en la universidad no tendría el apoyo
institucional para hacer todo lo que hago. Cuando yo no estaba en la
universidad tampoco era escuchada. La universidad te abre las puertas
y da prestigio que la lengua indígena entre a la universidad. La
mujer mapuche mueve las barreras y los obstáculos.
Hay mujeres que están dedicadas al trabajo con la medicina natural,
la sanación y mujeres vinculadas a las expresiones tradicionales que
cantan, hacen platería y quienes poseen otros saberes ancestrales.
A ellas las convocamos en la universidad para hablar de la
importancia de los saberes tradicionales en la enseñanza de la
lengua, son esos espacios e interacciones culturales, ancestrales,
donde se enseña y se cultiva la lengua.
Epurume kewoh fij rume kimvn kimelvn. Educación Bilingüe
Intercultural
FSJ: ¿Qué estrategias utilizan los movimientos y organizaciones
sociales mapuches para incrementar el número de hablantes de
Mapuzugun, que el censo de 2012 estableció en 8.2%, es decir,
1.407.741 personas?
ELA: Hay diferentes estrategias: la asignatura de lengua indígena,
cuatro horas semanales en la primaria –-que inició en el 2009- en
930 escuelas primarias con educadores tradicionales, de cultura y
lengua; se trabaja mucho la cultura oral mapuche, el cuento, entre
otras formas. Los poetas hacen un trabajo de revitalización
interesante que ha provocado una valoración de la lengua y la
cultura a través de la poesía. Esta es una poesía diferente a la
de Pablo Neruda o Gabriela Mistral, pues expone el sentimiento mapuche, la identidad, la historia y los sueños de los mapuches.
Otra vía es la medicina mapuche, que se ha instalado en el sistema
de medicina intercultural porque la resistencia a través de la
práctica medicinal mapuche está muy viva dentro de las comunidades
gracias a los Maci, mujeres y hombres, que la practican.
Esta práctica ha permitido mantener el idioma, porque las ceremonias
se hacen en la lengua materna, ancestral, además porque no
incorporamos los santos cristianos en nuestra espiritualidad, sino
que adoramos nuestras propias divinidades mapuches. La conexión
de la espiritualidad con la naturaleza es especial y no la han penetrado las prácticas cristianas. Eso no quiere decir que no
hayan algunos mapuches católicos y evangélicos.
Antes de que llegara la escuela con la asignatura de lenguas
indígenas, las formas tradicionales de resistencia impidieron que la
lengua desapareciera por completo. Es importante aclarar que la
pérdida del idioma se produjo en el siglo XX; en la época de la
Conquista, la lengua no fue dominada. Era una lengua poderosa
porque estaba en el territorio. Los conquistadores tuvieron que
aprender el idioma para interactuar con nosotros, mientras hubo
defensa del territorio, hubo defensa de la lengua.
La escuela entró en el territorio mapuche en los años 60, con la
reforma educativa que amplió la educación básica de seis a ocho
años, en esa época la gente fue obligada a llevar a sus hijos a
las escuelas; ahí se produjo la castellanización forzada. Se les
prohibió hablar su lengua, se les pegó por hablarla y esto generó
traumas. Las políticas del estado chileno, hicieron desaparecer la
lengua.
FSJ: Tristemente, esto me recuerda la situación que vivieron los
indígenas en Canadá, con el sometimiento y la asimilación que
vivieron en los internados, donde los niños fueron llevados tras
ser arrebatados a sus familias y donde sufrieron abusos físicos,
emocionales y sexuales…
ELA: A los indígenas del extremo sur, en Tierra del Fuego, les pasó
lo mismo. Los desvincularon de sus familias y los llevaron a los
internados, por eso quedan muy pocos indígenas allí. Al pueblo mapuche le ocurrió esto, en menor proporción, fueron internados
debido a que las misiones católicas y evangélicas establecieron
escuelas en territorio mapuche, después vino el Estado. Hoy no
tenemos muchos niños que nazcan hablando su lengua o en hogares
bilingües, mapuzugun y español, el sistema sigue castellanizando y
por eso los educadores tradicionales tratan de explicar los
contenidos en la lengua materna, ancestral.
FSJ: Entre sus críticas a la Educación Bilingüe Intercultural
promovida por el gobierno están la escasez de maestras indígenas;
las escuelas bilingües establecidas mayoritariamente en áreas
rurales; desconociendo el desplazamiento forzado de los mapuches a
centros urbanos, y la exigencia de tener como mínimo 20% de
estudiantes indígenas para que haya una escuela bilingüe. ¿Existe
algún proyecto piloto en las comunidades indígenas que le sirva de
modelo al gobierno para corregir las fallas del sistema?
ELA: En este momento, no existe una propuesta diferente a la
instalada por el gobierno. El tema de fondo es el implementar una
educación bilingüe sin reconocer los derechos de los indígenas,
sin reconocernos en la Constitución.
Se necesitan cambios en la Constitución para que la demanda de
derechos lingüísticos pueda avanzar, porque los no indígenas
deciden por nosotros. Es importante que nuestra gente tome decisiones
sobre el contenido educativo.
La relación entre indígenas y el estado chileno es de tipo
colonial. Por eso, es indispensable la reparación histórica por la
violación de nuestros derechos humanos. Si no se hace, va a haber
conflicto. Primero, hay que reparar y luego avanzar en la educación,
ésta última debe ser producto de la reparación histórica.
FSJ: ¿Qué papel cumplen el partido político mapuche Wallmapuwen y
los movimientos sociales en la consolidación de la resistencia
lingüística y política mapuche?
ELA: Fíjate que la resistencia lingüística ha sido silenciosa en
el movimiento social
indígena porque se le ha dado más importancia
a los asuntos económicos y territoriales. Pero se desarrolló un
trabajo importante en la toma de conciencia acerca de la importancia
de la lengua para el indígena, para el ser humano. El partido
político apareció en el escenario de acción apoyando el movimiento
de la revitalización de la lengua, pero ellos son nuevos en el tema.
Yo trabajo en el tema desde los años 80. Teníamos un grupo de
teatro y actuábamos las historias mapuches. En plena dictadura
llevamos ese tema, en lengua mapuche, a las comunidades. En los años
30 y 40, hubo colectivos que trabajaron en la promoción del idioma.
Últimamente se ha visibilizado más el trabajo de los colectivos por
el derecho a tener una lengua materna. En el contexto actual, de
conflictos medioambientales, de soberanía alimentaria, la lengua nos
ha servido porque nos remite como pueblo a valorar el tema del
conocimiento, al saber vinculado a la soberanía alimentaria. En
nuestra lengua están los nombres de las semillas y a pesar de que
tenemos una situación compleja -porque el territorio ancestral mapuche es arrasado y las fuentes de agua se han secado-, esa
problemática nos remite a buscar dónde está el contenido para
resistir. Está en nuestra cultura, en nuestra lengua y eso ha
generado un despertar, un movimiento nacional por la recuperación de
la cultura. Es un trabajo mancomunado a partir de los colectivos, de
mujeres y hombres que resisten con sus saberes, y en instalarse en
espacios de la otra cultura.
FSJ: Usted y otros representantes de movimientos mapuches criticaron
la creación de la Academia de la Lenguas Indígenas porque no hubo
participación, ni consulta de los pueblos indígenas. ¿Qué tanto
puede avanzar el pueblo mapuche en sus demandas lingüísticas y
culturales en el marco de un indigenismo de Estado?
ELA: Siempre estamos chocando con el indigenismo de Estado porque
establece las barreras para ejercer el derecho. La academia fue
impulsada por el Estado desde la Corporación Nacional de Desarrollo
Indígena (Conadi), ellos llevaron su gente y su plan para crear la
academia.
En nuestra opinión, la lengua pertenece a un colectivo y pertenece
una comunidad. Por eso es al pueblo al que le corresponde definir el
futuro de su idioma, no al Estado. Esto ocurrió hace tres años, pero
el proceso ahora es un poco más participativo.
Nosotros insistimos en que la academia debe ser de derecho público, porque el grupo actual que la creó es dueña de ella y puede
decidir sobre el idioma. El idioma pertenece a un colectivo, tiene
que ser de derecho público, no puede pertenecer a un grupo; además,
si es público, el Estado debe financiarla. La academia debe generarse
a partir de un proyecto de ley que incluya al pueblo mapuche para
decidir sobre el futuro de la lengua. Hemos conversado con el
ministro de educación, el fondo del problema es jurídico y
político.
FSJ: ¿Qué espacio de participación tienen las personas que no son
indígenas “puros”, pero que se identifican como indígenas, pues
tienen varios ancestros? ¿Incluyen ustedes a estas personas o es una
lucha entre mapuches “puros” y los chilenos que se identifican
como descendientes de europeos?
ELA: Es bueno problematizar el tema de la identidad, porque la
identidad no es única. La antigua teoría respecto al indígena,
esencializaba el tema de identidad y de cómo debía ser un indígena.
En Chile se instaló muy fuerte la diferencia entre indígenas y
españoles, los chilenos sí se consideran de origen español.
La historia del racismo tan fuerte no ofreció la posibilidad de
consolidar un grupo mestizo. En Chile, eres indígena o español; el
sistema colonial se estableció de esa manera, y la gente lo
reproduce. A raíz de ese conflicto, poetas mapuches consideran que
los chilenos deben reconciliarse y valorar su “morenidad”. El
problema de este país es que no tiene una identidad definida.
¿De dónde salieron los chilenos? La historia colonial es muy
fuerte. De la violación de las mujeres indígenas por parte de los
españoles se fue conformando la población, las colonias españolas,
alemanas e italianas, son posteriores.
El sistema colonial y el racismo implantado hicieron prevalecer el
cristianismo y su idea de mujer, esto fue instalado en la conciencia
del chileno. Es muy difícil derribar esa mentalidad, es necesario
que mire su “morenidad”, que se estudien lenguas indígenas para
que se valore el conocimiento de una manera distinta. El pueblo mapuche ha construido sus saberes en resistencia cultural permanente.
Uleci antv. El futuro
FSJ: Durante el anterior periodo presidencial no mejoró la situación
de la población mapuche. ¿Esperan más del continuismo por parte de
Michelle Bachelet o un mejor escenario?
ELA: Ha habido algunos gestos en estas semanas de gobierno y sí
esperamos mejoras con ella en el tema de las lenguas indígenas, pues
no avanzamos nada con el expresidente Sebastián Piñera, pues se
redujo la política cultural y no apoyó el trabajo de la resistencia
lingüística.
Ahora estamos a la espera, y una de las propuestas de Bachelet es
crear el Ministerio de Asuntos Indígenas; eso implica reconocer el
derecho de los indígenas y está en la agenda el tema de cambiar la Constitución, pero la cuestión es cómo se implementa. Lo más
importante sería reconocer nuestros derechos políticos y reconocer
los derechos colectivos de los pueblos, tener parlamentarios, tener
representatividad política para tomar decisiones propias.
FSJ: ¿Tienen algún tipo de alianza con movimientos de izquierda y
con el movimiento estudiantil que aporte en la defensa de la causa mapuche y de otras naciones indígenas de Chile?
ELA: Los estudiantes tienen una visión transformadora. En ese
contexto, tienen apertura y a inicios del 2011 se generó una
federación de estudiantes mapuches, pero con el gobierno de Piñera
no pasó a más. Ahora el movimiento se está reconfigurando, y por
otro lado, la resistencia del mapuche contra los megaproyectos ha
sensibilizado a la academia.
Esto le da la posibilidad a los estudiantes de estudiar la lengua y
la cultura, abriendo espacio para abordar el tema y profundizar sobre
la cuestión indígena. Consideramos que tenemos que crear la
universidad intercultural para los pueblos indígenas y para vincular
el trabajo de la juventud. Siempre se han buscando alianzas con
movimientos sociales, estudiantiles y otros grupos organizados.
Fernanda Sánchez Jaramillo, periodista y magíster en relaciones
internacionales.
[Fuente: www.rebelion.org]

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