Enrique Gallud Jardiel sabe perfectamente qué es eso que llamamos literatura (es doctor en Filología hispánica, profesor en varias universidades) y tiene un muy desarrollado sentido del humor, probablemente heredado (es nieto del gran Enrique Jardiel Poncela).
Por Francisco R. Pastoriza
La combinación de estos dos elementos, uno adquirido y otro natural,
ha dado como resultado un hilarante «ensayo» (?) que es al mismo tiempo
una crítica a ciertos métodos de escritura y a ciertas formas de
entender en nuestros días la creación literaria y la cultura en general.
Aunque el título de esta obra alude a una historia («Historia estúpida de la literatura». Ediciones Espuela de Plata), no se
trata de un estudio cronológico ni de una selección de autores y obras
de la literatura universal, ni siquiera de la española. Es, como dice el
autor, «una heterogénea recopilación de artículos y poemas de índole
burlesca sobre literatura», elaborada con reseñas falsas de obras
conocidas, textos apócrifos, hallazgos impostados de investigadores
inexistentes, recreaciones poéticas de las más variadas épocas y
estilos, interpretaciones metafísico-surrealistas de textos clásicos y
modernos… dispuestos sin orden ni concierto, como si un caprichoso
ventilador como el de los poemas que inician el primero de los capítulos
(dedicado, por cierto, a la crítica literaria) los hubiese colocado en el lugar que cada uno de ellos ocupa.
Desmontando tópicos
A lo largo de las páginas de «Historia estúpida de la literatura» se van sucediendo algunos de los temas de los que
se habla en los ámbitos literarios y eruditos, ahora desde una visión
divertida pero al mismo tiempo ácidamente crítica. De lo que se trata
aquí es de desenmascarar, a través de lo burlesco, algunos de esos
movimientos supuestamente vanguardistas que, ocultos en lenguajes
intrincados y abstrusas interpretaciones, pretenden hegemonizar la
explicación de la historia de la literatura.
Es precisamente el conocimiento de la literatura lo que permite a
Enrique Gallud imitar géneros y estilos de todos conocidos, esos que
todos hemos aprendido desde el bachillerato, a los que somete a un
tratamiento en el que el humor se constituye como principal elemento. Y
ese conocimiento le permite también la utilización de recursos literarios
poco conocidos como la tmesis, una licencia métrica que consiste en
dividir una palabra en dos versos diferentes, utilizada entre otros por
Fray Luis de León («Y mientras miserable-/mente se están los otros
abrasando») y que Gallud Jardiel utiliza como recurso humorístico («a
fray Guillermo de Bas-/kerville un inglés
muy serio»).
Lo que Gallud Jardiel hace con la literatura me recuerda a lo que en
música hacen los componentes del grupo argentino Les Luthiers con los
tangos, los boleros, la canción popular o la música clásica. Sólo desde
un profundo conocimiento de la materia (sea música, literatura o en su
caso artes plásticas) se puede abordar esta decodificación desde el
prisma del humor. Así, el lenguaje gíglico de Cortázar, recreado en
«Foruncios corviplastos», la deconstrucción, al estilo Derrida, de la
poesía de Góngora («versión para periodistas y políticos»), los
hallazgos de nuevas greguerías ramonianas en el lenguaje de internet y
en los usos contemporáneos («puenting es un deporte para suicidas
indecisos»), los anacronismos con los que salpica sus composiciones…
revelan un intenso conocimiento de los temas que trata. Incluso a riesgo
de resultar irrespetuoso con algunas grandes obras maestras, cuando
ironiza sobre sus protagonistas (Raskolnikov, Ana Karenina, D’Artagnan) o
cuando sintetiza en verso las tramas de clásicos como «La Iliada»,
«Hamlet», «Fuenteovejuna» o «El nombre de la rosa».
La crítica a los métodos didácticos de los talleres de escritura, tan
de moda y muchas veces tan fraudulentos, merece el último de los
capítulos de esta «Historia estúpida de la literatura», con sus recursos
literarios, desde la inversión (el escarabajo que se despierta
convertido en hombre), a los consejos de cómo empezar un libro (aquí,
cómo no empezarlo), la tendencia a suprimir los signos de puntuación de
un escrito o la técnica creativa de la combinación de épocas, lugares
geográficos y tramas literarias para elaborar una nueva obra: «Macbeth»
ambientada en Grecia durante la dominación romana, la historia que
cuenta Friedrich von Schiller en «Los bandidos» trasladada a los
escenarios de Chicago en la época de Al Capone… al fin y al cabo, señala
Jardiel, «West Side Story» no es más que «Romeo y Julieta» ambientada
en Brooklin.
«Historia estúpida de la literatura» no es un tratado sobre el hecho
literario ni un ceñudo escrito acerca de los usos y las normas de la
literatura. Tan sólo pretende ser un divertimento que gustará más y será
mejor entendido por quienes sepan más de literatura, porque su único
propósito es el de divertir. El mismo, por cierto, entre otros, que el de la literatura.
[Ilustración: Xulio Formoso - fuente: www.euroxpress.es]

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