Por Elisa Silió
En 2012 Rafael Correa, presidente de Ecuador, ordenó cerrar 14
universidades que no cumplían unos mínimos de calidad. En 2013 clausuró
la 15º y 86 carreras. Un tiempo en el que ha habido un continuo goteo de
profesores españoles hacia el país. “Hace dos años en la Universidad
Técnica de Ambato no había ninguno y ahora somos 14 y otros seis se han
marchado a Quito o a España”, cuenta José María Lavín, hasta 2012
profesor en la facultad de Telecomunicaciones de la Universidad Rey Juan
Carlos.
Esto no ha hecho más que empezar. Solo el 2,33% de la población tiene
educación superior, cuando UNESCO recomienda el 10%. Dentro del Plan
Internacional de Captación y Selección de Educadores se han ofertado 500
puestos para profesores españoles que impartirán clase en la gratuita Universidad Nacional de Educación
(UNAE). La República Dominicana también ha hecho el esfuerzo de formar a
sus educadores, pero sin contar con profesorado extranjero.
Enrique Iglesias, ex-Secretario General Iberoamericano, resume los
motivos del auge educativo en el subcontinente en tres ideas: la pobreza
solo se erradica desde una educación de calidad; en la sociedad del
conocimiento no habrá espacio para los no formados a todos los niveles y
edades; y la vorágine tecnológica es de tal magnitud que solo quien
reciba la formación de base podrá pertenecer a la sociedad del futuro.
Otras tres universidades del conocimiento de excelencia —relacionadas
con la investigación, las ciencias de la vida (energías renovables o
cambio climático) y la tierra (geología, minas o petróleo)— están en
marcha. Además, el programa de investigación Prometeo ha seleccionado ya
a 180 españoles de los que 125 ya están allí o han trabajado. “Se trata
de captar a los mejores científicos e investigadores de todas las áreas
para que aporten sus conocimientos en nuestro país”, explica el
embajador de Ecuador en España, Miguel Calahorrano. “Un 25%
aproximadamente de los prometeos proceden de España, país con
el que Ecuador tiene unas excelentes relaciones consolidadas por el lazo
histórico, la cultura, el idioma y la religión y acentuada a partir del
siglo XXI por el fenómeno migratorio”, se felicita.
Los prometeos acuden para una estancia de entre dos meses y
un año, pero resulta muy fácil reengancharse. Aunque hay quien se lo
plantea como una estancia de movilidad. Es el caso de Gorka Moreno,
sociólogo de la Universidad del País Vasco. En mayo se va con su familia
por cuatro meses. Allí investigará sobre cómo invertir las remesas
económicas en el turismo, formará a profesores y estudiantes y dará
alguna charla divulgativa a la población. Es un programa “con una
logística muy buena”. La dotación económica va entre los 3.300 y los
4.500 euros mensuales, y a Moreno, director del Observatorio Vasco de Migraciones, le pagan además la casa, un seguro médico y el billete de avión.
“Me ha sorprendido el cambio del flujo migratorio. Tantísimos
ecuatorianos que llegaron a nuestro país durante nuestros años de
bonanza (1999-2005) —llegaron a ser medio millón— y ahora están
volviendo y nosotros yendo”, razona el murciano Rafael López, ingeniero
agrónomo, que trabaja en un programa de uso sostenible del agua y el
suelo de la Universidad de Cuenca. El gasto en Educación en el país se
ha triplicado en seis años. Pero el peso de la enseñanza privada sigue
siendo muy fuerte. Representa un tercio del total en el mundo, pero en
el caso de Latinoamérica el 50%.
El sueldo en la UNAE va de los 1.600 a los 3.800 euros, más un bono
adicional de vivienda (de 300 a 530 euros), comida en el centro de
trabajo y transporte. Cuentan en la embajada que recibieron 19.000
candidaturas por vía telemática, pero se descartaron a muchos no
licenciados. Se entiende el interés despertado por la precariedad
peninsular. Lo ilustra bien la malagueña Alba Anaya, que estudió Bellas
Artes y Comunicación Audiovisual, es técnica superior en Artes Gráficas y
tiene un máster en Didáctica. “En España estaba trabajando de profesora
de extraescolares, de acomodadora en un teatro y daba clases en un
centro cultural. No ganaba lo suficiente para vivir dignamente y estaba
estresada”. En una semana en Ecuador tuvo varias ofertas de
universidades y empresas de diseño. Da clase en la Pontificia
Universidad Católica del Ecuador
Aix Jorquera siguió los pasos de Alba e imparte clase en la Universidad de las Américas
de Periodismo y trabaja en una empresa audiovisual. “Por fin me he
sentido valorada. Nos han abierto la veda y estarán contentos de que no
sumemos en las listas del paro, pero a la larga, ¿quién se va a quedar
en España?”, se pregunta. “Los españoles me han pagado dos carreras y un
máster, para que ahora los frutos de mi trabajo se los lleve otro
país”, se lamenta la antigua becaria.
“Es distinto de España. Aquí la asistencia a clase es siempre
obligatoria, se pasa lista dos veces durante la clase, y se controla lo
que se imparte”, cuenta la murciana Claudia Alonso. Licenciada en Bellas
Artes y doctoranda, va a combinar el trabajo en dos universidades
privadas y una pública. “España no apoya el arte ni la cultura. En
Guayaquil la gente está muy despierta”, subraya.
La historiadora santanderina Rocío Pérez redunda en la capacidad
ecuatoriana “para poder hacer cosas, proponer y participar, asumir
responsabilidades...”, aunque la experiencia en investigación sea mucho menor. Ecuador tan solo ha registrado diez patentes en una década, el
70% de sus universidades no tenía identificadas líneas de investigación y
un promedio de 4, 3 libros por estudiante cuando en Europa son 100.
Rocío, a punto de leer su tesis sobre Antropología del Desarrollo en
la Universidad de Cantabria y profesora de Sociología en la Universidad
de Cuenca, se pregunta "cómo es posible que una persona que ha invertido
más de diez años en su formación gane como profesor universitario menos
de mil euros al mes". Un sueldo muy bajo impartiendo tres asignaturas
semanales y participando en varios proyectos de investigación.
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Sin doctorado en 2017 no hay plaza fija
Apenas un 1% de los docentes ecuatorianos tiene un doctorado —en las públicas españolas un 70%— y desde 2017, como en España, para ser profesores titulares será obligatorio haber leído la tesis. Un 26% tiene una maestría. “Resulta muy traumático para ellos. No hay casi másteres —previos a hacer la tesis— y se ven obligados a irse a México, España o Argentina”, cuenta la doctora en Psicología María Provencio, que se ha vuelto a Madrid con una beca. “Supone irse fuera cuatro o cinco años. Aquí se tienen hijos pronto y les cuesta mucho tomar la decisión”, relata José María Lavin, antes en la Rey Juan Carlos, que tiene a su cargo a tres doctorandos en la Universidad de Ambato.
Apenas un 1% de los docentes ecuatorianos tiene un doctorado —en las públicas españolas un 70%— y desde 2017, como en España, para ser profesores titulares será obligatorio haber leído la tesis. Un 26% tiene una maestría. “Resulta muy traumático para ellos. No hay casi másteres —previos a hacer la tesis— y se ven obligados a irse a México, España o Argentina”, cuenta la doctora en Psicología María Provencio, que se ha vuelto a Madrid con una beca. “Supone irse fuera cuatro o cinco años. Aquí se tienen hijos pronto y les cuesta mucho tomar la decisión”, relata José María Lavin, antes en la Rey Juan Carlos, que tiene a su cargo a tres doctorandos en la Universidad de Ambato.
“Una vez vuelvan no habrá tanta demanda de españoles en tres años”,
sostiene Mario Sánchez, al frente de un proyecto social de la
Universidad de Cuenca. “Los jóvenes estarán mejor formados y habrá
programas de investigación importantes que mejorarán las capacidades de
su pueblo y su buen vivir”.
Las universidades españolas realizan giras por el subcontinente para
firmar acuerdos que les proporcionen doctorandos. Más ahora que con la
subida de las tasas de los másteres han perdido clientela (un 5,8% menos
el pasado año). En la actualidad el 53,7% de los 20.000 extranjeros que
hacen un posgrado en España son latinos, frente al 20% de europeos. Y
el 60% de las tesis extranjeras (un cuarto del total) son de latinos.
[Fuente: www.elpais.com]
[Fuente: www.elpais.com]
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