Literatura latinoamericana para lectores en inglés.
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| Roberto Bolaño |
La prosa de Roberto Bolaño ha cautivado al
público anglófono, en parte debido a las sutilezas de uno de sus
traductores, el australiano Chris Andrews, a quien se le debe el estilo
sucio, desafiante, hard-boiled, de Nocturno de Chile y Estrella distante.
Explica qué diferencia hay entre traducir a Bolaño y traducir el estilo
matemático de César Aira, y el por qué de ciertos estereotipos que los
norteamericanos construyeron en torno a la figura de Bolaño.
-¿Cómo llegaste a la traducción?
-Cuando terminé mis estudios en la Universidad de
Melbourne pensé que me gustaría traducir textos literarios, pero mis
comienzos fueron muy lentos, porque, como se sabe, hay pocas
traducciones literarias al inglés. Además, los encargos se hacen casi
siempre en Nueva York y Londres, casi nunca en Australia. Empecé sin
embargo con una editora de Melbourne, para la cual traduje dos libros de
viaje (en el sentido amplio). La segunda fue el hermoso Negro sobre negro de la autora catalana Ana Briongos, sobre el Irán de los años noventa.
-¿Y a Roberto Bolaño?
-En 2001 estaba de viaje en Chile, hablando con libreros y pidiendo consejos. Acababa de salir Nocturno de Chile, pero por cautela o tacañería compré Los detectives salvajes, en
la edición de bolsillo. El diario de Juan García Madero me agarró desde
el primer párrafo. Había allí una energía y una frescura que me dieron
ganas de seguir, y que seguí. Es una experiencia ampliamente compartida.
Hay como una vibración que se desprende de las páginas de Bolaño; se
transmite mediante ciertas estructuras sintácticas, pero no creo que
haya una explicación puramente formal. Tiene que ver también con el
estilo existencial del autor.
De Chile me fui a Londres, para molestar a unos
editores, porque no me había servido de nada mandar cartas y e-mails
desde Melbourne, y allí tuve mucha suerte, aunque no lo supe hasta casi
un año más tarde. Me recibió Christopher Maclehose de The Harvill Press y
me preguntó qué había leído recientemente. Hablé con entusiasmo de
Bolaño. Él acababa de comprar los derechos de Nocturno de Chile
pero ya tenían un traductor para el libro. Al año siguiente Euan Cameron
de Harvill me pidió diez páginas traducidas a título de prueba. Por
alguna razón, el traductor no había podido hacer el trabajo y Harvill
necesitaba un sustituto, y rápido, porque el libro ya estaba en el
catálogo. Me contrataron, y Barbara Epler de New Directions publicó el
libro poco después en los Estados Unidos. Hay que decir que los dos
primeros libros traducidos -Nocturno de Chile y Estrella distante- no se
vendieron muy bien en Gran Bretaña. En el mundo anglófono, el fenómeno
empezó a cobrar fuerzas en Nueva York con los cuentos de Last Evenings on Earth (tomados de Llamadas telefónicas y Putas asesinas) y sobre todo con Los detectives salvajes, traducido por Natasha Wimmer.
-En el mundo anglosajón se han consolidado algunos
mitos sobre Bolaño. Por ejemplo, el que lo pinta como un drogadicto que
se redime a sí mismo. O que es un producto manufacturado por las
fuerzas capitalistas. Y hay gente que critica estos mitos.
-Creo que hay que mirar las críticas por separado.
La de Sarah Pollack me parece muy inteligente: lo que ella propone es
una "lectura de una lectura," y lo que critica no es la obra de Bolaño
directamente, sino su recepción en Estados Unidos. Ella dice que la obra
se presta "inconscientemente o quizás con una deliberación provocativa"
a lecturas que confirman una serie de estereotipos acerca de América
Latina. No veo allí una deliberación provocativa, pero es cierto que los
lectores norteamericanos tenían por donde agarrar la obra de Bolaño, en
particular por el lado de la violencia. Sin embargo, no hay que dejar
pasar por alto la manera en que su ficción tuerce también los
estereotipos. En Los detectives salvajes, los realistas
viscerales son haraganes, pero lo son más por poetas que por mexicanos:
no faltan mexicanos trabajadores en la novela. Para no ir más lejos, las
chicas que salen del grupo: Laura Jaúregi, las hermanas Font, Xóchitl
García. Además, la haraganería encarnada por Ulises Lima, o mejor dicho,
la inmunidad al exotismo (porque él se dedica a su oficio: escribe
poemas) es una característica que la novela en su conjunto valora
positivamente. Eso, al menos, es lo que trato de sostener en un libro
que saldrá el año próximo.
Cuando a veces se presenta a Bolaño como un
artefacto manufacturado por las fuerzas capitalistas, eso es un
contrasentido. Bolaño era un escritor profesional -lo ha subrayado
Christopher Domínguez Michael- pero no comercial. Escribió sus novelas
con la esperanza de que se vendieran bien, pero no modificó su propuesta
para que encajara mejor con las supuestas expectativas del mercado. Al
contrario, se volvió más radical en el plano estético, a medida que el
éxito fortalecía su posición. Lo muestra su decisión de publicar Amberes -en vez de otro texto inédito, mucho más ameno, El Tercer Reich- y la monstruosidad estructural de 2666.
En cuanto al inexistente Bolaño heroinómano, fue un
malentendido de ésos que suelen acompañar la fama, pero comprensible,
porque hay una continuidad trabajada entre autobiografía y ficción en su
obra. Designar a un personaje por la mayúscula B., por ejemplo, que
puede remitir tanto a Bolaño como a Belano, es una manera de desdibujar
la distinción entre el yo autobiográfico y el alter ego ficcional.
-¿Qué diferencia hay entre traducir a Bolaño y traducir a César Aira?
-Es curioso que, tratándose de autores tan
disímiles, el trabajo no es muy distinto en su fenomenología, quizás
porque el traductor tiene la nariz pegada al texto, salvo en las últimas
revisiones, y lo ocupan tanto los miles de elecciones entre palabras y
giros. Claro que hay desafíos diferentes. ¿Como reflejar el
abigarramiento multinacional del castellano de Bolaño en inglés, que
también es una lengua intercontinental pero dominada por dos bloques
rivales: la estadounidense y la británica? No hay una solución general a
este problema recurrente; se resuelve caso por caso, según los
parámetros dados por el contexto. El traductor de Aira se enfrenta a un
desafío muy particular: el de seguir el movimiento ultrarrápido de sus
desarrollos conceptuales sin cometer sinsentidos ni normalizar su
pensamiento extravagante. A veces pienso que cuando Aira se va por un
sendero ensayístico es como un matemático brillante y travieso que
demuestra un teorema en la pizarra: va saltando etapas por creerlas
evidentes, y a veces termina por franquear el paso hacia el delirio sin
avisar. Quizás el riesgo mayor sea el de dejar que la traducción entre
demasiado pronto en el delirio, porque Aira no sólo es loco sino que
también es sabio.
-En la segunda parte del Quijote, se dice que leer un libro en traducción es como ver un tapiz flamenco desde la parte de atrás. ¿Qué opinas?
-La metáfora del hidalgo es ingeniosa: se pierden
colores y detalles de la formas; las figuras no se ven "con la lisura y
tez de la haz." Cuando se publica una traducción, se vuelve posible una
experiencia que sencillamente no lo era antes, por ejemplo, la
experiencia de leer La orilla africana de Rodrigo Rey Rosa en
inglés (el libro acaba de salir en la traducción de Jeffrey Gray). Es
una obviedad, pero me gusta pensar que los traductores estamos
aumentando la suma de experiencias valiosas posibles en el mundo.
[Fuente: www.elpais.com.uy]

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