segunda-feira, 30 de dezembro de 2013

Al andar se hace camino

"On the road" fue el dibujo de una comunidad en tránsito, con jóvenes rebeldes marcados por la posguerra que empezaban a saber lo que no querían.


Por Jorge Carnvale

Tubos vacíos de benzedrina rodando por el piso de un tráiler. Eso y algunas puteadas mal traducidas es el recuerdo que me queda de aquella primera lectura de En el camino, que hice a comienzos de los 60, cuando en la Argentina gobernaba Arturo Frondizi, acosado por constantes planteos militares, mientras la cultura cool prosperaba en el semanario Primera Plana, el Instituto Di Tella, el boom de la literatura latinoamericana y la música de Piazzolla. Todavía había un temor a las palabras fuertes, de modo que la traducción se conformaba con repetir a cada rato “Eres un hijo de tal”. En inglés, aquello debía sonar bastante más grueso. Ahora sabemos que Jack Kerouac escribió On the road en tres semanas y luego se pasó años corrigiendo ese texto que salió como una escupida. Detrás de Dean Moriarty, Stan, Marylou y el resto de aquellos participantes en el viaje iniciático, se disimulaban apenas los nombres y los rostros del propio Kerouac, Allen Ginsberg y William Burroughs. Novela difícil para llevar al cine por su estructura errática, tentó durante un tiempo a Francis Ford Coppola y a Godard, hasta acabar en manos del brasileño Walter Salles. Se ha dicho que fue el emblema de la beat generation , que al jazz bebop y la droga, se sumaban las ansias de libertad. A fines de los 60, el road movie encontró su película.

Easy Ryder, rebautizada aquí como Busco mi destino, fue la aventura de unos motociclistas surcando rutas en procura de hierba de la buena. El encuentro con representantes de la América profunda, acabaría en tragedia. Las películas “del camino” en general no abren nuevos espacios. Más bien los cierran trágicamente.

Pienso en Vannishing Point y en otros títulos que me darían la razón. La Argentina hizo su aporte en este rubro con Una sombra ya pronto serás, versión del original de Osvaldo Soriano, dirigida por Héctor Olivera. Las rutas son una tentación.Cambiar la vida.

On the road fue el dibujo de una comunidad en tránsito, con jóvenes rebeldes marcados por la posguerra que empezaban a saber lo que no querían. Detrás de Diarios de motocicleta, Salles, con música de Santaolalla, fotografía de Eric Gautier y guión de José Rivera, ilustra puntualmente el texto original. El resultado es la postal de una época. Si antes convirtió el viaje por Latinoamérica de Ernesto Guevara y Alberto Granado en una toma de conciencia social para los protagonistas, acá elabora un filme cuidado en todos los rubros, que no va a quitarle el sueño a nadie. En tren de exagerar, diría que una película como Asesinos por naturaleza, de Oliver Stone sobre guión de Tarantino, con esa pareja de asaltantes que fatigan las rutas liquidando a quien se le ponga enfrente, luce mucho más subversiva que estos homenajes tardíos a un libro que exige que lo dejen en paz, fuera de la pantalla. 

[Fuente: www.revistaenie.clarin.com]

Sem comentários:

Enviar um comentário