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Me cuenta un amable lector del blog, de nombre Julián, que el pasado
fin de semana conoció a una chica en un local nocturno de su ciudad. Que
entablaron conversación y que, unas horas después, intimaron. Según sus
palabras, en líneas generales la experiencia resultó muy placentera
para ambos, cosa que celebro. Sin embargo, desde aquel día Julián no
para de darle vueltas a la cabeza. Le inquieta el hecho de no saber
exactamente cómo calificar el acto del que tomó parte. «¿Me lie con la chica o ligué con ella?», me pregunta angustiado. «Quisiera pensar que se trató de un ligue, sin más; yo sé por qué lo digo», añade.
Podría tributar un homenaje a la emisora
decana de España, a esa Radio Barcelona (Cadena Ser) que el próximo 2014
se convierte en nonagenaria, adoptar el rol de Elena Francis (seudónimo
bajo el que se escondía la retorcida mente de los voceros más
conspicuos del régimen anterior, Juan Sotoviñolo como su representante
más señero), abrir puntualmente un consultorio y contestar a mi
dubitante lector. Pero no voy a hacerlo. Entre otras cosas porque
desconozco un dato clave: si Julián está casado o es soltero. En su
lugar le invito a él y todos aquellos a quienes pueda interesarle a
descubrir, por medio del siguiente artículo, la particular relación de
significados que subyace entre los términos ligar y liar.
Concluye tú mismo, querido amigo.
Historia de las palabras
Del étimo latino ligāre, ´atar`, derivan dos palabras en castellano:
Ligar: Semicultismo[1].
Liar: Posiblemente tomada del francés lier[2].
Ligar
La última edición del DRAE
define esta palabra como ´atar` en su primera acepción, como ´unir,
enlazar` en la segunda y como ´entablar relaciones amorosas o sexuales
pasajeras` en la décimo sexta.
Las primeras dos acepciones referidas recogen el significado etimológico de ´atar` y coinciden, como más adelante veremos, con el sentido de la voz liar, en un caso de práctica sinonimia.
Estos sentidos de ´atar` y de ´unir, enlazar` los sanciona el académico Diccionario de Autoridades en 1734: ´lo mismo que atar`, ´metafóricamente significa unir o enlazar`.
La primera documentación de la palabra con estos sentidos la encontramos, según el CORDE, ya en el primer siglo de la serie literaria española, en 1200, en La fazienda de Ultra Mar, obra atribuida por Moshé Lazar en 1965 a Almerich, Arcediano de Antioquía:
Estonz el rey Nabucodonosor mandolos prender e fizolos ligar manos e pies e fizolos echar en el fuego del camino encendudo que era .vii. tanto encendudo mas que solie.
Corominas, por su parte, retrasa este primer testimonio hasta 1251, inserta en el Calila e Dimna.
A partir de la edición de 1984 (diccionario manual) el DRAE recoge el sentido de ligar
como ´entablar relaciones amorosas o sexuales pasajeras` al que
aludíamos al inicio. Se hace así eco del uso popular que,
previsiblemente, existía desde unas décadas antes. En esa edición de
1984, sin embargo, la Academia
presenta la definición con un significativo matiz valorativo:
´entablar relaciones amorosas pasajeras y superficiales`. El matiz, si
bien algo atenuado, persiste en la edición de 1992: ´entablar relaciones
amorosas pasajeras`; ha desaparecido, como vemos, el rasgo semántico
´superficiales` que anclaba la definición entre las tenidas por
ideológicas, pero continúa hasta el día de hoy (no hay prevista una enmienda
en la inminente próxima edición del diccionario, en 2014) el de
´pasajeras`, igualmente desacertado. Al respecto, creemos que la
definición más atinada del término es la que presenta el María Moliner:
´establecer contacto con otra persona con el fin de iniciar una
relación amorosa o sexual con ella`, ejemplificada por la célebre
lexicógrafa como: «Se pasó la noche ligando en la discoteca». Una
relación amorosa (pero no solo: también puede entablarse con fines
exclusivamente sexuales) no necesariamente pasajera, ni superficial por
definición, por tanto.
El CORDE sitúa la primera documentación del término con este sentido en 1965, en el Discurso de entrada de don Julián Marías en la Academia:
Muchos viejos siguen empleando la expresión ‘pollo’ para hablar de un muchacho, pero es claro que esa forma de designación ya no es vigente en español; y el verbo ligar o el sustantivo ligue, tan constantemente usados por los muy jóvenes, no han alcanzado por ahora vigencia general en la lengua española.
Un ejemplo de este sentido inserto en una obra de ficción lo encontramos, por ejemplo, en la obra Torremolinos, Gran Hotel, de Ángel Palomino, en 1971:
Arturo sí lo sabe; ni por un segundo ha pensado que Sergio pueda reunir tal cantidad. Pero le ha hecho dos encargos, dólares y chicas. Y le ha ofrecido una comisión, solamente una, por los dólares.- Descuide, don Arturo, eso está hecho.- ¿Y lo otro?- Veremos… Esto no es Madrid; el ligar no es cuestión de dinero. Voy a organizar una fiesta; le avisaré.
Liar
La edición del DRAE de 2001, la última,
define esta voz como ´atar y asegurar los fardos y cargas con lías`. De
esta acepción hace derivar, por generalización semántica, una segunda:
´envolver algo, sujetándolo, por lo común, con papeles, cuerda, cinta,
etc.`: de los específicos «fardos y cargas» se pasa, por tanto, al más
genérico e impreciso ´algo`. Aún hay más acepciones del término en la
entrada. De ellas nos interesa, como veremos, la octava: ´Dicho de dos
personas: ´Enredarse con fin deshonesto, amancebarse`.
El sentido de liar como ´atar`, que podríamos considerar etimológico y que además, como hemos podido comprobar, coincide con el de ligar, está presente en la lexicografía académica desde sus inicios, desde que en 1734 aparece el primer tomo del Diccionario de Autoridades:
´atar, ligar y asegurar los fardos, cargas u otra cosa, con cordeles,
sogas o lías, de cuyo nombre se forma´. El sentido más genérico de
´envolver algo` queda sancionado en la edición del DRAE de 1884, con la
misma definición que presenta en la actualidad.
La primera documentación del término con esos sentidos, que Corominas sitúa en 1605, en la primera parte del Quijote, la fija el CORDE en 1414, en la anónima Traducción de Lanzarote del Lago:
E le enbio por su sobrino E ablo conel a puridad E dixo le que por mal que le biese que no diese porel un palmo de tierra ca mas queria morir que bibir pobre y desheredado E bien tenia el por suyo lo que le fincaba a su sobrino quando vterpandragon vio que no habria la tierra hizo liar al rrei brayn vn paño ante los ojos e las manos atras e la cuerda ala garganta E lleuolo a fuerza.
El referido sentido de liar como ´enredarse con fin deshonesto, amancebarse` (empleado también como verbo pronominal: liarse)
que el término tiene en la actualidad se incorpora al DRAE en 1970. Sorprende (relativamente: en 1970 estábamos todavía bajo el régimen
franquista) la profunda carga ideológica (enredarse, fin deshonesto,
amancebarse) con la que aterriza ese nuevo sentido en el artículo.
Pero todavía sorprende más si cabe que esa errónea práctica
lexicográfica se perpetúe no solo en la actualidad, sino incluso en la
edición del diccionario que verá la luz en 2014, pues no hay prevista
una enmienda. En ese sentido, como apuntábamos en el caso de ligar,
la definición más acorde con los tiempos, la más neutra y objetiva,
también la más respetuosa con el destinatario de la obra (a la postre
los fines últimos de una definición lexicográfica, como leemos, por
ejemplo, en la obra colectiva Lexicografía española, coordinada por el la profesora Medina Guerra) es la que presenta en su edición de 1998 el María Moliner:
´establecer relaciones amorosas dos personas sin estar casadas`. Desde
aquí conminamos a la Academia a que revise el contenido del artículo,
siempre, por supuesto, reconociendo el ingente esfuerzo que la
institución realiza por poner al día una obra tan lejana en el tiempo
como es el Diccionario de Autoridades, germen del actual DRAE.
Un ejemplo temprano del sentido de liar (liarse) como ´enredarse con fin deshonesto, amancebarse` lo encontramos en la obra de Manuel Longares La novela del corsé, de 1979:
Impelidos, si acaso, a tomar postura, recriminarán con blandas oscilaciones de su científica testa la malhadada crapulosidad del ministro de Fomento, que al liarse con la cupletista traiciona su augusta promesa de exclusiva entrega a la Patria y las esperanzas de unos contribuyentes en cuyos votos se aupó para ejercer la política.
Relación de significados entre ambos términos
Como hemos visto, tanto el semicultismo ligar como el posible galicismo liar comparten
un mismo significado general: el de ´atar`. Más adelante (ya en el
siglo XX) y por vía metafórica ambas voces contraen nuevos sentidos. En
el caso de ligar, el de ´entablar relaciones amorosas o sexuales
pasajeras`, por medio de las cuales las dos personas afectadas quedan
atadas, unidas o enlazadas, siquiera temporalmente. Para liar (liarse)
queda sancionado el sentido de ´enredarse con fin deshonesto,
amancebarse`. En este caso, la atadura pasa necesariamente porque, como
mínimo, una de las dos personas afectadas sea casada. Por tanto, en
puridad ligan dos solteros y se lían un casado (como mínimo) y un
soltero.
Julián, sabrá, por tanto, si ha ligado o
se ha liado con la chica que conoció el fin de semana pasado en un local
nocturno de su ciudad.
[1]Como las patrimoniales,
los semicultismos son palabras heredadas oralmente del latín vulgar.
Pero a diferencia de estas, como dice el profesor Penny en su Gramática histórica del español,
«experimentan una remodelación durante el periodo medieval, por
influencia del latín, que en esa época era la lengua de la iglesia y los
tribunales». Así, en el caso que nos ocupa, del étimo latino ligāre deriva en castellano liar, pero en seguida se cambia a ligar, acotando así la forma latina (y dando de paso la impresión de un cultismo,
que recordemos que son palabras con forma semejante al étimo).
Simplificando, podríamos afirmar que un semicultismo es un falso
cultismo. En base a eso, y a todos los efectos, vamos a tratar la
palabra ligar como una palabra patrimonial, evolucionada fonéticamente del latín. Como en cierta medida también consideraremos el término liar. En este artículo, por tanto, no hay doblete léxico: ambas palabras son herederas directas del latín por vía oral.
[2]Podríamos aceptar que la palabra liar entra en la lengua castellana directamente del francés, con la evolución oral ligāre>lier>liar,
como apunta Corominas, habida cuenta de lo relativamente tarde que
tenemos el primer testimonio documental de la misma (1414). Pero bien
podría ser también que el término fuese una simple variante de ligar,
en tanto que semicultismo. Que las dos palabras, compartiendo el mismo
significado básico de ´atar` conviviesen en la época: que las dos formas
derivaran directamente del latín ligāre por vía oral. En
cualquier caso, lo que no ofrece dudas es el hecho de que ninguna de las
dos es un cultismo, una palabra rescatada por la escritura del acervo
léxico latino. En este artículo, volvemos a decirlo, no hay ningún
cultismo, y en consecuencia no hay doblete léxico. Pese a ello
consideramos interesante traer a colación este par de voces.
[Fuente: lasdosvidasdelaspalabras.wordpress.com]
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