Bachir Lazhar (Fellag) es un
inmigrante argelino en Montreal (Canadá), tiene 55 años y necesita un trabajo.
Tras leer en el periódico local que una maestra de primaria se ha ahorcado en
el aula en la que impartía clase a niños de 7 años, se presenta ipso facto en
la escuela como sustituto. La directora, ante la difícil tarea de encontrar a
alguien adecuado en medio del curso escolar, accede a contratarlo sin indagar
demasiado sobre el personaje. Basada en una obra de teatro de Evelyne de la
Chenelière, Monsieur Lazhar - Profesor Lazhar - no pretende
aportar respuestas sino plantear preguntas que pueden ayudarnos a aprehender la
sociedad moderna.
Monsieur
Lazhar, el primer
largometraje del director Philippe Falardeau que llega a España, no es la
primera película que trata el tema de la enseñanza, ni será la última. Y aun
así la recordaremos como una de las más pertinentes, al igual que la excelente
“Entre les murs”, la famosa Clase de Laurent Cantet (2008), el delicioso
documental “Etre et avoir” - Ser y tener - de Nicolas
Philibert (2002), o bien “Ça commence aujourd’hui” – Hoy empieza todo –
de Bertrand Tavernier (1999).
El
aula como imagen de las contradicciones de la sociedad moderna en un país
privilegiado, eso esMonsieur Lazhar. Falardeau no sólo trata el rol del
profesor, de los administradores, de los padres y los modelos que necesitan los
niños, sino también la inmigración, la integración cultural y social, el exilio
político, el concepto del esfuerzo – ese que parece haber desaparecido hoy en
día -, el conocimiento del otro, la necesidad de hablar de los traumas, de la
culpa…
Monsieur
Lazhar es un
ejercicio de equilibrio a caballo entre las visiones de los niños y los adultos,
un ejercicio de sutileza que hace posible expresar la intensidad y fragilidad
de los lazos que se forman en una clase de 12 niños, que, en muchas ocasiones,
pasan más tiempo con el profesor que con los propios padres. Plantea también
dilemas recientes de la educación moderna como la tenue frontera entre enseñar
y educar, entendido aquí en su más amplio sentido cívico y humano: Bachir es
regañado por un padre poco comprensivo que le recuerda que está ahí
exclusivamente para transmitir conocimientos -¿es eso realmente lo que
queremos?-, o la prohibición estricta del contacto físico entre profesores y
alumnos - un sinsentido.
Mientras
tanto, la historia personal de Bachir irá permeando a lo largo del film, una
historia traumática que le ha llevado a pedir asilo político en Quebec, una
historia de la que nunca habla, como tampoco se menciona, por prohibición
explícita, el suicidio que pesa en el aula como una condena y que los niños, a
pesar de la ayuda que reciben periódicamente de una psicóloga infantil, no son
capaces de dejar atrás. Pero Bachir irá ganándose el cariño y la confianza de
los pequeños para así poder guiarlos a través del dolor y la incomprensión, un
proceso de cura lento a través del habla, la lectura, la enseñanza y sí, por
supuesto, también la educación.
Monsieur Lazhar es simplemente magnífica.
Por Eva Pereiro López
[Fuente: www.ojosdepapel.com]

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