quinta-feira, 6 de julho de 2017

Tannat, ese cepaje rioplatense…

Escrito por Ing. Agr. Adrián Vilaplana


Es sabido que cualquier uruguayo, admirado o querido, que se destaca en el mundo ingresa automáticamente en la categoría de “rioplatense” para el público argentino. 

Es así que consideramos rioplatenses, entre muchos, a Leguizamo, Julio Sosa, Enzo Francéscoli, China Zorrilla, El negro Rada y más recientemente a Natalia Oreiro. 

Nadie duda hoy en día acerca de la calidad y aceptación a nivel internacional que están teniendo los vinos uruguayos elaborados con su cepa bandera, el Tannat. Se trata de una variedad tinta con origen en el sur de Francia que se adaptó muy bien a las condiciones productivas uruguayas, de tal forma que se generalizó por casi todo el país, transformándose en la variedad insignia que caracteriza la vitivinicultura charrúa. Sin embargo podemos hoy decir que comienzan a aparecer vinos argentinos ya sea como cortes o varietales de Tannat con excelente calidad y personalidad propia. Resaltan sobre todo los provenientes de las provincias de San Juan y Salta. 

En este punto del texto habrá muchos hermanos del otro lado del charco un poco enojados con la “rioplatización” del Tannat. ¿Y si les contáramos que el Tannat se cultivó antes en Argentina? 



Así como a muchos argentinos nos cuesta aceptar que el Zorzal Criollo sea natural de Tacuarembó y preferimos adjudicarle el honor a Toulouse, a muchos orientales les costará admitir la recategorización de “rioplatense” de su cepa bandera. 

La historia comienza allá por 1838 con independencias incipientes, fronteras difusas, guerras fraticidas e inmigrantes visionarios. 

En ese año llega a Uruguay, con 19 años de edad, un vasco llamado Pascual Harriague. Luego de probar diferentes actividades, en 1860 decidió dedicarse a la viticultura en la zona de Salto. Con mucha tenacidad probó con diferentes variedades, intentando lograr vinos con características parecidas a los de Medoc, en Francia, pero los resultados no lo acompañaron. En 1872, a punto de desistir conoce a un comerciante que le habla de un compatriota suyo, llamado Juan Jáuregui que estaba afincado del otro lado del río, en la ciudad argentina de Concordia. 

Jáuregui, conocido por el apodo de Lorda, llegó a Entre Ríos en 1840, donde se alistó en el ejército. En 1850 se radica en Concordia, y le son concedidas tierras que solicitara al juez de paz. Fue precisamente en esas tierras argentinas donde se cultivo por primera vez el Tannat en América, a partir de nueve estacas que le fueran regaladas por un hermano, capataz de un viñedo en los Pirineos. La variedad se conoció en la zona con el nombre de Lorda, en honor a su introductor en esta tierra. 

Harriague recibe de Lorda catorce estacas que fueron el origen de los viñedos en Salto y en honor a su introductor en Uruguay, la variedad Tannat, también conocida por el nombre de Lorda, recibe el nombre de Harriague. 

Ahora bien, hermanos del Uruguay, en este caso ¿Podríamos decir que el Tannat es rioplatense? 
Y para nuestros compatriotas entrerrianos. ¿No es hora de despertar de su letargo a una vitivinicultura que nunca debieron abandonar? ¿Tendrán que venir nuevos inmigrantes con capitales extranjeros para cultivar la vid otra vez en Entre Ríos? 


[Fuente: escuelaargentinadevinos.blogspot.com]

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