quinta-feira, 27 de julho de 2017

«PARAÍSO IMPERFECTO», novela redonda

Juan Laborda reconstruye con una habilidad pasmosa la vida en una no tan apacible pedanía mediterránea donde la línea entre la vida y la muerte es tan borrosa como la senda de las olas en la playa

Escrito por SEBASTIÀ BENNASAR
Me gustan las novelas ambientadas en los pueblos costeros cuando el verano ya ha pasado y los turistas -sean nacionales o extranjeros- han abandonado sus tumbonas en la playa, sus quemaduras de hoy, futuros cánceres de piel del mañana, y sus jarras de sangría y raciones de paella que confiman que quien tiene el paladar enladrillado nunca encontrará un buen desenladrillador... Me gustan los pueblos de costa cuando se acaba el verano y empieza la vida real, y por eso, la novela de Juan Laborda tenía un plus añadido antes de empezar su lectura. Empezando por el título y continuando por la imagen de la cubierta -esta vez los chicos de Alrevés sí que han acertado después de algunos desatinos que hacen añorar aún más sus diseños iniciales- todo está predispuesto para que la novela te guste. Y llega el momento temido, el de abrir la primera página. Porque cuando las expectativas son tan altas, es muy fácil llegarse la hostia que te las baje al suelo.
Y es fantástico descubrir que no, que a lo largo de las siguientes 250 páginas un tipo sabio llamado Juan Laborda tiene la rara virtud de transportarte hasta el litoral levantino y hacerte partícipe de la parte inherente del mal, de la venganza, de la esperanza y del amor. Y además de hacerlo con un estilo propio, con una escritura que es un puro goce para los sentidos y de un campo tan vasto de posibilidades lectoras que hay que quitarse el sombrero y saludar Paraíso imperfecto como lo que es: una extraordinaria novela en la que los elementos negros tienen una importancia fundamental en la estructura, pero que va más allá en la búsqueda de una nueva novela social y política poco practicada en nuestros lares y que Laborda ha conseguido crear a la perfección.
El arranque de la novela es espectacular y poco podemos explicar para no desvelar nada clave en la trama. Simplemente quédense con esas tres páginas y un párrafo y si conocen a profesores de escuelas de escritura o similares -ahora todos los juntaletras nos dedicamos a crearnos más competencia porque esas clases son de los pocos oficios vinculados con el mundo del libro que permiten pagar alguna factura a final de mes- díganles que es un magnífico ejemplo de arranque de novela y de creación de tensión literaria.
A partir de aquí Laborda ha optado por engarzar técnicas de novela coral con técnicas de novela de personaje y ha creado un perfecto mosaico en el que todo y todos encajan a la perfección. Hay cinco personajes clave en todo el asunto: Jaume, un policía local con muchos secretos en sus espaldas; Uca, una joven de estética punk con pasión por el cine; Torner, un hombre maduro acechado por las desgracias y que pierde un hijo; Julio Malagón, un personaje tan bueno que da rabia que no sea propio; Olmeda, antiguo púgil reconvertido en informático. Y hay una galería de secundarios y terciarios que consiguen que esa pedanía mediterránea, Albessora, se convierta en un lugar universal: un alcalde más o menos corrupto, un concejal ligón, una família magrebí sobreviviendo de una pequeña explotación agrícola con una hija muy guapa y un chico muy colgado de ella, un pintor de brocha gorda muy guapo, otros policías municipales, un pub llamado Dublineses, una estripper, una actriz venida a menos, una prostituta en busca de un futuro, un empresario de la baldosa, una anciana superviviente de un campo de concentración... a partir de aquí y con los referentes paisajísticos que aporta Laborada que cada cual juegue a buscar la ubicación exacta del paraíso imperfecto más allá de la novela.
La sucesión de capítulos muy breves, la estructura de la obra en tres partes, y la calidad de la prosa y del fraseo -Laborda es un maestro de las comparativas y las metáforas- convierten la lectura de esta novela en un placer en todos los sentidos. Pero es que además Laborda es un maestro de la referencialidad: así pues, películas de cine, libros de historia -sensacional el rescate de Guy Debord-, novelas, pinturas, se dan la mano en un juego en el que el autor nos muestra sus gustos, sus pasiones y enriquece a sus lectores.
En el fondo de todo, esta es una novela sobre la venganza. Sobre la paternidad. Y sobre los sueños y las utopías. Algo así como El conde Montecristo del siglo XXI. Malagón es un perfecto abate Faria y Torner un Edmundo Dantés. Pero que nadie se confunda, esta es también, una novela de perdedores que por un momento se han sentido tentados por esquivar los golpes del destino. Y quizás alguno lo consiga: los grandes boxeadores son los que tienen un gran juego de piernas para esquivar y entereza para fajar.

[Fuente: www.revistabearn.com ]

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