quarta-feira, 26 de agosto de 2026

El sionismo es una opción política, no siempre forma parte de la identidad judía

 Entrevista a Alan Wald

Michigan News

El activismo estudiantil en los campus estadounidenses como respuesta a la guerra en Gaza se ha convertido en un debate nacional sobre dónde trazar la línea entre la disidencia política y el antisemitismo.

Aunque muchas universidades han tomado medidas para restringir, dispersar o sancionar las protestas, estas –y los debates sobre cómo describirlas– han seguido adelante, lo que ha planteado dudas sobre la libertad de expresión, la seguridad en los campus y si las críticas a Israel se están confundiendo con el odio hacia los judíos.

¿Qué es el sionismo? ¿Y por qué describes convertirte en sionista como una elección en lugar de una identidad?

Para entender el sionismo hay que adentrarse en un terreno político complejo. La afirmación de que el sionismo es esencial para la identidad judía es engañosa por varias razones. El judaísmo es una religión monoteísta con al menos 3000 años de antigüedad, mientras que el sionismo surgió como un movimiento político de carácter laico a finales del siglo XIX. Como respuesta comprensible al odio hacia los judíos, el sionismo se inspiró en el auge del nacionalismo europeo. Al igual que muchos otros movimientos nacionalistas, recurrió a la retórica religiosa; en este caso, reinterpretando temas del Antiguo Testamento sobre el regreso del pueblo judío a la Tierra Santa, que se produciría tras la llegada de un mesías.

El número de personas judías que se sumaron al proyecto de colonización del sionismo europeo fue reducido hasta que el antisemitismo del siglo XX limitó la inmigración judía a EE UU. y el incipiente genocidio nazi expulsó a los judíos de Europa. Hoy en día, sin embargo, la mitad de la población judía mundial vive fuera de Israel, sin muchas ganas de emigrar y sin voz ni voto en las decisiones políticas de Israel. Debido a la creciente estrechez de miras y al cariz de derechas del sionismo político, cada vez más jóvenes judíos se están distanciando de él y se oponen a él. La mayoría de las y los sionistas de EE UU y de todo el mundo son sionistas cristianos.

¿Qué es el antisemitismo hoy en día? ¿Qué tipo de amenaza supone? ¿Y los manifestantes y estudiantes de los campus son realmente antisemitas?

El significado del antisemitismo (odio a la gente judía) ha evolucionado en etapas entrelazadas desde que surgió en el mundo antiguo como hostilidad hacia la diferencia cultural. Primero vino el supersesionismo cristiano, seguido de las teorías de la conspiración en la Europa medieval y luego, tras la Ilustración, un prejuicio racial pseudocientífico que culminó en el exterminio nazi. Tras la fundación del Estado de Israel en 1948, una población judía minoritaria (y en gran parte formada por gente inmigrante y refugiada) en Palestina fue ganando terreno cada vez más a la población mayoritaria (árabe indígena) del antiguo mandato británico. Aunque se reconoce que las y los judíos israelíes tienen sin duda un vínculo histórico con la tierra y que están ahí para quedarse, a quienes critican las políticas y prácticas de este Estado que privilegia a la población judía se les ha acusado injustamente de antisemitismo. Esto ocurre sobre todo si se oponen a la falta de democracia de Israel para toda la población bajo su dominio, a las estructuras similares al apartheid y a la represión violenta de los palestinos en Gaza y Cisjordania.

Como todos los movimientos políticos, las protestas en los campus no han estado exentas de cánticos y consignas ambiguas, ni de algunos comportamientos innecesariamente provocadores. Pero el argumento principal de las y los manifestantes, muchos de los cuales son judíos, es que la política y las prácticas sionistas ni representan plenamente a los judíos ni benefician sus intereses a largo plazo. En la actualidad, la mayor parte del odio real hacia las y los judíos en los campus proviene de elementos conservadores y de derechas que sostienen la opinión contraria; estos promueven teorías conspirativas que equiparan a los judíos con el sionismo y la política del Estado israelí.

¿Qué similitudes hay entre la represión en los campus de los años 50 (el macartismo) y lo que está pasando ahora?

Las similitudes son evidentes en dos aspectos: 1) la colaboración entre las universidades y el Gobierno en diversas formas de represión política, a veces llevadas a cabo en nombre de la protección de la libertad académica; y 2) el uso de pretextos exagerados y alarmistas, como las acusaciones de "infiltración comunista" entonces y de "antisemitismo desenfrenado" ahora, para provocar cambios más profundos en la cultura académica. La razón de esta fijación en el ámbito académico en ambos periodos de represión es que las universidades han sido, potencialmente, centros de pensamiento crítico, donde se concentran académicos y estudiantes que plantean preguntas que cuestionan los discursos oficiales. Entender cómo y por qué la capitulación anticipada de las administraciones universitarias en la década de 1950 facilitó un daño duradero a nuestra cultura puede ayudarnos a comprender cómo responder hoy en día.

¿Cómo deberían responder las universidades a los conflictos en los campus sobre Israel/Palestina sin dejar de proteger la libertad de expresión y la libertad académica?

Los conflictos en los campus se dan en un contexto mucho más amplio. El cambio en el clima político de EE UU forma parte de un auge mundial del nacionalismo de derechas. Protestar por los derechos de las y los palestinos es un tema político delicado porque plantea preguntas sobre la historia política de esa región tan inestable: ideas inquietantes sobre el legado del colonialismo, la política exterior de EE UU, el antirracismo, la necesidad de que un Estado represente a todos sus ciudadanos, la enseñanza precisa de la historia y mucho más. Solo un intercambio honesto y abierto de todos los puntos de vista, incluidos los más polémicos, llevará a aclarar las cosas. Pero eso no es lo que está pasando ahora mismo en muchos sitios, bajo el pretexto engañoso de la neutralidad institucional y la diversidad de puntos de vista.

Pueden ser nuevas políticas mal definidas, impuestas desde arriba por las administraciones, que las aplican, interpretan y refuerzan de forma selectiva.

La realidad es que las nuevas leyes en algunos estados están limitando las protestas y la actividad política en los campus; se han eliminado los consejos académicos o se han sustituido por órganos consultivos más débiles; las asambleas legislativas intentan cada vez más influir en los planes de estudios, restringir asignaturas o imponer contenidos; y las universidades han recortado programas, fusionado departamentos y despedido a profesores de humanidades –un ámbito fundamental del pensamiento crítico y creativo–. Hay que restablecer la gobernanza compartida como requisito previo para proteger la libertad de expresión y la auténtica libertad académica.


Alan Wald, catedrático emérito H. Chandler Davis de la Universidad de Míchigan, es historiador de la izquierda cultural estadounidense del siglo XX. Habla de los paralelismos con la política universitaria de la época de la Guerra Fría, del sionismo y de cómo los debates sobre el significado del antisemitismo dan forma a las protestas en los campus.

 

[Traducción: Viento Sur - reproducido en www.vientosur.info]

Perfecto Feijoo, o boticario que fixo soar Galicia: 168 anos do nacemento do fundador de Aires d’a Terra

 

Perfecto Feijoo / Museo de Pontevedra

Escrito por David M. Sobrino Platas 

Este 25 de agosto cúmprense 168 anos do nacemento de Perfecto Feijoo Poncet, unha figura ligada á historia cultural de Pontevedra e ao proceso de recuperación, dignificación e difusión da música tradicional galega entre finais do século XIX e as primeiras décadas do XX. Farmacéutico de profesión, gaiteiro, investigador do folclore e impulsor de Aires d’a Terra, a súa biografía atravesa ámbitos tan diversos como a música, a vida intelectual, a farmacia e mesmo o Entroido pontevedrés.

Perfecto Feijoo naceu en Pontevedra o 25 de agosto de 1858, nunha vivenda da rúa Real situada na esquina coa rúa Isabel II. A súa vida remataría tamén na cidade do Lérez, o 10 de xuño de 1935. Entre ambas as datas desenvolveu unha actividade que deixou pegada tanto na cultura musical galega como na memoria urbana pontevedresa. O Consello da Cultura Galega sitúao entre os principais impulsores da recuperación do repertorio tradicional nun momento no que as transformacións sociais estaban facendo retroceder moitas das manifestacións musicais vinculadas ao mundo rural.

De Farmacia en Santiago á botica da Peregrina

Feijoo estudou Farmacia na Universidade de Santiago de Compostela, onde obtivo a licenciatura en 1877. A súa primeira etapa profesional levouno a Madrid, onde entrou en contacto cun ambiente no que se cruzaban profesión, política e vida cultural. Despois regresou a Pontevedra e quedou ligado durante décadas á coñecida botica da Peregrina, situada nun dos puntos máis transitados da cidade.

A farmacia acabaría tendo unha función que ía moito máis alá da venda de medicamentos. A súa rebotica e o banco de pedra do exterior convertéronse nun espazo habitual de conversa, encontro e debate. Por alí pasaron persoas relacionadas coa política, as letras, a música e as artes, nunha Pontevedra na que este tipo de faladoiros formaban unha parte importante da vida social.

Entre os nomes relacionados con aquelas reunións aparecen Eugenio Montero Ríos, Práxedes Mateo Sagasta, Pablo Iglesias, Emilia Pardo Bazán, Miguel de Unamuno ou Ramón María del Valle-Inclán, ademais de intelectuais e artistas vinculados directamente á cidade. O Museo de Pontevedra lembra que o faladoiro de Feijoo convivía e competía con outros círculos pontevedreses, como os relacionados con Casto Sampedro ou Jesús Muruais.

A súa carreira farmacéutica tampouco quedou limitada á atención da botica. Exerceu responsabilidades no ámbito sanitario e profesional, foi subdelegado de Farmacia durante décadas, inspector de xéneros medicinais da Aduana de Marín e farmacéutico honorario da Casa Real, e recibiu a Medalla do Traballo despois de medio século de exercicio profesional.

Pero foi precisamente arredor daquela farmacia onde tomou forma a parte da súa obra que acabaría tendo maior transcendencia para a historia da música galega.

Un farmacéutico detrás da gaita

A afección de Feijoo pola música tradicional viña de atrás. Percorrera festas e romarías e interesárase polos repertorios que escoitaba fóra dos ámbitos académicos. Recibiu formación musical e aprendeu a tocar a gaita con Manuel Villanueva, gaiteiro de Poio. Co tempo sería coñecido como ‘O Gaiteiro do Lérez’, denominación que sintetizaba unha faceta que acabou ocupando unha parte central da súa vida.

O contexto no que desenvolveu ese interese resulta clave para entender a súa importancia. A música que Feijoo recollía procedía en boa medida da transmisión oral: alalás, foliadas, muiñeiras, cantos de fiada, coplas de cego, cantigas e outras composicións que se conservaban nas aldeas a través das sucesivas xeracións.

O seu propósito non era simplemente empregalas como materia para crear un espectáculo. Había tamén unha vontade de recoller repertorios, instrumentos, formas de vestir e modos de interpretación que podían desaparecer. Esa actividade sitúao dentro dun movemento máis amplo de interese polo patrimonio popular galego que avanzaba en paralelo ao desenvolvemento do galeguismo cultural.

Anos despois, ao explicar o sentido daquela iniciativa, o propio Feijoo resumiría a súa intención como a de “llevar al ánimo y gusto de todos aquella música que yo oí centenares de veces en los campos de mi tierra”.

1883: nace Aires d’a Terra

O paso decisivo produciuse en 1883, cando Perfecto Feijoo impulsou xunto con varios amigos Aires d’a Terra, considerada a primeira das agrupacións do modelo que posteriormente sería coñecido como os coros galegos.

O grupo reunía voces con instrumentos vinculados á tradición popular. Gaita, tambor, pandeiro, pandeireta, triángulos, cornas ou zanfona entraban nunha proposta escénica que tamén incorporaba indumentaria tradicional e un repertorio procedente en boa medida da recollida oral. Instrumentos, fotografías e abundante documentación relacionados con aquela experiencia forman actualmente parte dos fondos do Museo de Pontevedra.

Aires d’a Terra / Commons

Entre os integrantes de Aires d’a Terra estiveron figuras como Víctor Said Armesto, Carlos Gastañaduy, Víctor Cervera Mercadillo ou Leoncio Feijoo. Co paso dos anos tamén participaron Enrique Campo Sobrino, Francisco Portela Pérez e Alfonso Daniel Rodríguez Castelao.

O proxecto tardou, con todo, en consolidarse publicamente. O Consello da Cultura Galega sinala que durante anos atopou incomprensión nunha parte da sociedade. A súa presentación en Madrid durante o Entroido de 1901 e, especialmente, unha conferencia-concerto no Ateneo contribuíron a darlle unha proxección que superou o ámbito pontevedrés.

O que comezara arredor dun grupo de amigos acabou converténdose nun modelo para novas agrupacións dedicadas á música e ao baile tradicional galegos. A pegada pode observarse en formacións posteriores. O propio Real Coro Toxos e Froles de Ferrol naceu inicialmente baixo a denominación de Coro Feijóo ‘Toxos e Froles’, nunha referencia explícita ao precedente pontevedrés.

A relevancia histórica de Aires d’a Terra, polo tanto, non reside unicamente en ser o primeiro. A agrupación contribuíu a establecer unha maneira de presentar o patrimonio musical galego nos escenarios e participou nun cambio na consideración social dun repertorio e duns instrumentos estreitamente asociados ata entón ao mundo popular e rural.

Un dos aspectos da actividade de Feijoo foi precisamente a revalorización da figura do gaiteiro. Nunha época na que determinados ambientes urbanos podían mirar estas manifestacións como expresións dunha cultura rural afastada dos modelos musicais considerados cultos, Aires d’a Terra colocounas no centro das súas actuacións.

O proceso non consistiu unicamente en recuperar pezas. Había unha dimensión visual e escénica: os compoñentes aparecían vestidos con indumentaria que pretendía representar formas tradicionais galegas, mentres o repertorio e os instrumentos construían unha imaxe identificable da cultura do país.

O propio traballo de Feijoo tamén implicaba escoitar, lembrar, anotar e reconstruír melodías. O arquivo xerado ao longo dese proceso converteuse posteriormente nunha fonte para o coñecemento da música tradicional de finais do século XIX e comezos do XX.

Aires d’a Terra levou esta proposta a diferentes cidades galegas e tamén fóra de Galicia. Houbo actuacións en Madrid e O Porto, e en 1914 a formación realizou unha importante xira pola Arxentina, onde a presenza dunha numerosa colectividade emigrante ofrecía un público especialmente receptivo a unha agrupación que chegaba desde Galicia cun repertorio construído arredor da cultura tradicional.

Aquela viaxe americana sería tamén o capítulo final da agrupación. O elevado número de actuacións e as tensións xurdidas durante a xira desgastaron o proxecto. Aires d’a Terra disolveuse en 1914, pero a fórmula que Feijoo impulsara xa se estendera a outras localidades galegas.

1904: cando a música tradicional galega entrou no gramófono

Se a creación do coro foi un primeiro fito, o outro gran momento da traxectoria musical de Perfecto Feijoo chegou en 1904.

O empresario coruñés Pedro Ferrer, editor de Portfolio Galicia, promoveu a chegada á Coruña dun equipo da Compagnie française du gramophone. A tecnoloxía de gravación sonora atopábase aínda nunha fase inicial e a compañía desprazaba estudos móbiles para rexistrar intérpretes en diferentes lugares.

Aires d’a Terra situouse diante daqueles equipos e deixou unha serie de rexistros que hoxe están considerados as primeiras gravacións conservadas da música tradicional galega. O Arquivo Sonoro de Galicia conserva exemplos daquelas lousas, entre eles interpretacións de ‘Foliada de montaña’, ‘Foliada das Rías Baixas’ ou ‘Canto de fiada’.

As fontes ofrecen cifras diferentes segundo se fale dos temas rexistrados durante as sesións ou dos rexistros finalmente conservados e restaurados. O proxecto de recuperación realizado por Ouvirmos sinala que se chegaron a gravar 22 temas, mentres que a Biblioteca Nacional de España e o Consello da Cultura Galega documentan dezaoito rexistros históricos recuperados daquela experiencia.

Máis alá desa diferenza documental, o alcance do episodio é claro: aquelas lousas permiten escoitar hoxe unha interpretación da música galega realizada hai máis de 120 anos.

A primeira zanfona que quedou rexistrada nunha gravación

Feijoo non se interesou unicamente pola gaita. Outra das súas preocupacións foi a zanfona, un instrumento cunha longa presenza histórica en Galicia pero que a finais do século XIX atravesaba unha situación de retroceso.

Nas sesións de 1904 empregouse unha zanfona para acompañar as coplas de cego. A documentación sobre a historia da música galega considera ese rexistro como a primeira gravación coñecida dunha zanfona no mundo, o que engade unha dimensión internacional ao legado fonográfico de Aires d’a Terra.

A relación de Feijoo co instrumento non foi circunstancial. O patrimonio relacionado coa zanfona que deixou inclúe instrumentos e documentación que posteriormente resultaron útiles para estudar a súa tradición en Galicia. O Consello da Cultura Galega destaca, ademais, que Galicia conserva unha concentración especialmente importante de exemplares históricos deste instrumento.

As gravacións de Aires d’a Terra tiveron continuidade comercial. En 1911 apareceron novos discos baixo o selo Odeón, e algunhas das lousas conservadas no Arquivo Sonoro de Galicia permiten seguir escoitando interpretacións asociadas a Feijoo e ao seu coro. 

Un investigador ademais de intérprete

O labor musical de Perfecto Feijoo tampouco quedou reducido aos escenarios. Participou nos debates da época sobre a música tradicional e publicou textos dedicados á gaita.

Baixo o título de ‘La gaita gallega’ reuniu artigos arredor do instrumento, nun momento no que músicos e investigadores discutían sobre repertorios, interpretación, construción e recuperación da tradición. Nalgúns dos seus textos xornalísticos utilizou precisamente o alcume de ‘O Gaiteiro do Lérez’.

Tamén elaborou a súa propia versión da ‘Alborada de Rosalía de Castro’, unha cuestión que deu lugar a unha coñecida controversia con Casto Sampedro sobre a reconstrución da melodía á que Rosalía facía referencia nos seus escritos. Feijoo estreou a súa proposta en Mondariz en 1913 e publicouna anos máis tarde.

Estes episodios permiten entender que o seu traballo non respondía unicamente ao interese dun intérprete. Feijoo participou activamente nunha cuestión que estaba a cobrar importancia na cultura galega da época: como recuperar un patrimonio transmitido oralmente e como trasladalo aos novos formatos culturais sen perder a súa identidade.

Ravachol: o outro habitante da botica que acabou facendo historia

A historia de Perfecto Feijoo ten ademais un protagonista inesperado que, co paso do tempo, alcanzou unha popularidade propia: o papagaio Ravachol.

Segundo a información recompilada polo Museo de Pontevedra, o animal chegou ás mans de Feijoo arredor de 1891 e instalouse na farmacia da Peregrina. Alí permaneceu máis de dúas décadas, escoitando clientes, empregados, visitantes e participantes nas tertulias.

O loro Ravachol / Museo de Pontevedra

O papagaio aprendeu palabras, expresións e mesmo maneiras de responder aos que entraban na botica. Entre as frases que quedaron asociadas á súa memoria figuran “Don Perfeuto, xente na tenda”, “Aquí non se fía” ou “Se collo a vara”.

O animal acabou incorporándose á paisaxe social da cidade. O seu vocabulario irreverente, as interrupcións e as respostas aos visitantes fixeron que aparecese en numerosas anécdotas locais e mesmo que participase, en 1900, nunha representación teatral, aínda que a súa tendencia a abandonar o guión obrigou a retiralo da escena.

Ravachol morreu o 26 de xaneiro de 1913. A noticia provocou unha resposta pública que mesturou a parodia funeraria coa tradición carnavalesca. Houbo velorio, comitiva, música e un multitudinario enterro simbólico que atravesou as rúas de Pontevedra. Aires d’a Terra participou na despedida diante da propia farmacia de Feijoo.

Décadas máis tarde, en 1985, aquela historia recuperouse como parte do Entroido pontevedrés. O Enterro do Papagaio Ravachol converteuse desde entón nun dos actos que pechan as celebracións da cidade. Deste modo, unha das tradicións festivas máis recoñecibles da Pontevedra actual continúa directamente ligada á figura e á botica de Perfecto Feijoo.

Boa parte do material que permite reconstruír actualmente esta historia atópase no Museo de Pontevedra. Fotografías, documentos, instrumentos e outros obxectos vinculados a Perfecto Feijoo, á súa botica e a Aires d’a Terra forman parte das súas coleccións.

Arquivo Sonoro de Galicia do Consello da Cultura Galega conserva tamén lousas e dixitalizacións de gravacións do coro, permitindo que o son daquela experiencia iniciada no século XIX continúe accesible máis dun século despois.

Ese legado documental explica en boa medida a posición que Perfecto Feijoo ocupa na historia cultural galega. A súa actividade desenvolveuse nun momento no que aínda non existían as ferramentas actuais da etnomusicoloxía nin os sistemas modernos de rexistro audiovisual. Recoller unha melodía significaba escoitala, memorizala ou transcribila; conservar un son comezou a ser posible precisamente durante a súa propia vida.

Feijoo estivo situado nesa fronteira histórica. Primeiro recuperou repertorios mediante a transmisión persoal e o traballo de campo; despois levounos aos escenarios e, finalmente, participou na chegada dunha tecnoloxía que permitía fixalos fisicamente nun disco.

168 anos despois

Perfecto Feijoo morreu en Pontevedra o 10 de xuño de 1935, aos 76 anos. Para daquela, o panorama da música tradicional galega xa era moi diferente ao que atopara cando comezou a súa actividade décadas antes.

O modelo aberto por Aires d’a Terra continuara a través doutras agrupacións; a gaita adquirira unha nova presenza nos escenarios; parte do repertorio recollido fora documentado e difundido; e aquelas primeiras gravacións de 1904 iniciaran unha historia fonográfica que hoxe constitúe por si mesma patrimonio cultural.

A súa propia biografía quedou ademais entrelazada coa de Pontevedra: a botica da Peregrina, os faladoiros, Aires d’a Terra, a gaita e o papagaio Ravachol forman capítulos dunha mesma historia.

Este 25 de agosto de 2026, 168 anos despois do seu nacemento, a figura de Perfecto Feijoo permite volver a unha etapa decisiva na maneira de entender e preservar a música popular galega. O farmacéutico pontevedrés que reuniu amigos arredor dunha botica acabou impulsando unha agrupación pioneira, participou nas primeiras gravacións da tradición musical do país e deixou materiais que hoxe permiten coñecer sons, instrumentos e repertorios dunha Galicia que estaba a entrar no século XX.

 

[Fonte: www.historiadegalicia.gal]


«Tothom vol ser fill de Joseph Conrad», de Francesc Cuéllar

La bellesa en flames 

Escrit per Anna Carreras i Aubets

Aquest llibre de Francesc Cuéllar (Sant Sadurní d’Anoia, 1993) és una obra mestra de color vermell infern que maneja capes de registres: el literari, el metaliterari, el psicològic i el simbòlic. Invocar Joseph Conrad al títol no és només una referència cultural aleatòria, sinó una declaració d’intencions. 

Conrad escriu sobre la culpa imperial, la fragilitat moral dels individus i el terror de descobrir que la barbàrie no és exterior sinó interior. És el gran cartògraf de les zones obscures de la consciència; voler ser “fill” seu implica assumir una herència literària marcada pel conflicte entre civilització i barbàrie, entre narració i experiència, entre aventura exterior i vertigen interior, entre el pus gran amador que fou Ausiàs March i l’enfant terrible –amb causa– del segle XXI.

La novel·la de Cuéllar repassa un viatge iniciàtic i una dissecció de la identitat contemporània. Ernest, el protagonista, és un jove de 30 anys atrapat entre el desig d’una vida plena i la brutalitat material del present, que malda per “prendre decisions com a acte d’identitat” en un món que és una maleïda salvatjada i que manipula amb la llum com ho fan “els centres de fisioteràpia, les esglésies, els bingos i els puticlubs”.   

L’obra adopta la forma d’un dietari –un laboratori íntim– en un compte enrere que abasta 9 dies i que s’intercala amb capítols titulats “buits: Escenes oblidades d’algunes biografies” –Woolf, Beckett, Conrad, Gates, Kahlo, etc. Ernest no és només qui explica la història; és l’espai on passa tot, dins del seu “caparró exhaust”La seva consciència és el veritable escenari de la novel·la.

El punt de partida narratiu —el jove ha de marxar de Barcelona, la ciutat dels “núvols taronja urani”, pels lloguers abusius i tornar a casa dels pares— pot semblar anecdòtic, però és un dels traumes fundacionals del personatge. No només és un obstacle econòmic, sinó una expulsió simbòlica.

Francesc Cuéllar, Tothom vol ser fill de Joseph Conrad, La Magrana (2026)

Barcelona representa el centre cultural, l’espai on ell imagina que podria existir com a escriptor i intel·lectual, el lloc que por fer possible el simulacre. Mentre revisa les cintes vhs de la família per fer-li un regal al pare –que fa 60 anys– revela un secret que convertirà el poble en un camp de mines “de bombes abanderades i justificades per la revolució de la veritat”.

Cuéllar reflexiona sobre com es construeixen les històries. La narració metaliterària avança amb una consciència clara del propi artifici. L’estratègia recorda la tradició de narradors que desconfien de la transparència: com Conrad, però també d’altres que saben que explicar una història sempre és manipular la percepció del lector: explicar és interpretar, i interpretar és trair. 

El protagonista es mou dins d’un món en què la identitat és fluida, sovint impostada. La idea de voler ser “fill de Conrad” es torna una metàfora d’un fenomen molt actual: la construcció cultural del jo. Vivim en una època en què les persones es defineixen a través de referents simbòlics —literaris, polítics, estètics— que són marques d’autenticitat, però també a partir del fracàs i la frustració en contemplar el “futur lluminós inexistent”. Ernest és un “cor viu”, un personatge de gran densitat psicològica.

El de Cuéllar no és un heroi clàssic ni un antiheroi espectacular; és una figura molt més subtil: un intel·lectual desplaçat, algú que intenta preservar una vida de pensament en un context que sembla hostil. El dietari és una forma de resistència íntima: una manera de demostrar que, fins i tot en un món dominat per la lògica immobiliària, l’emergència climàtica, el declivi de l’art institucional, la violència de gènere, les criatures robades, l’especulació turística, la ineficiència de la justícia, el neofeixisme i la precarietat laboral, encara és possible pensar, observar i escriure, conscient tothora que la imaginació és un “caramel emmetzinat”.

Cuéllar no regala una prosa transparent, sinó densa, muscular, amb gran consciència rítmica i molts jocs de paraules. Les frases contenen una tensió constant entre ironia i gravetat, entre observació sociològica i introspecció, entre el renec i la poesia, entre l’argot i el cultisme, entre la psicoanàlisi de les “pupil·les blaves tristes” de la mare i la incomoditat de les violetes i les “verges expectants” de l’àvia Maria.

La novel·la funciona com a retrat generacional i intergeneracional alhora. Cuéllar observa amb una barreja de fascinació i escepticisme el món d’avui, un univers marcat per la precarietat simbòlica, l’ansietat de legitimitat i la necessitat d’autorepresentació. Però en paral·lel retrata el món dels pares, forjat a còpia de culpes, silencis, ànimes escabetxades secrets i pèrdues: “Puta catequesi, puta confirmació, putos diumenges de missa”. 

Som davant d’una reflexió filosòfica sobre l’autenticitat: “No ens escapem de la tradició mil·lenària que enfosqueix l’ésser humà: l’absència de la veritat”. L’autenticitat és un valor molt invocat però rarament practicat. I aquí és on el títol es torna irònic: gairebé ningú està disposat a assumir la càrrega que comporta heretar tradicions i traumes.

Aquesta és una novel·la ambiciosa i intel·lectualment exigent que pretén interrogar i incomodar. Densitat conceptual, ús sofisticat del llenguatge i de la intertextualitat, prosa curulla d’intensitat crítica a tots nivells i mirada hiperlúcida. La idea omnipresent de precarietat fa del personatge una figura molt potent en el pla literari: un outsider que viu en un deliciós estat constant de desajustament amb el món.

 

[Font: www.diarilaveu.cat]


terça-feira, 25 de agosto de 2026

Antisemitismo y poder imperial en América Latina

La lucha contra el antisemitismo se ha convertido en un terreno de disputa política global. De la mano del gobierno de Javier Milei y de algunos de los empresarios más poderosos de la Argentina, avanza por América Latina una definición de antisemitismo que busca equiparar las críticas al Estado de Israel y al sionismo con expresiones de odio antijudío, con graves consecuencias para la solidaridad con Palestina y la libertad de expresión.

Marcelo Mindlin asume la presidencia de la Alianza Internacional para la Memoria del Holocausto (IHRA), desde donde el gobierno argentino busca extender por América Latina su definición de antisemitismo.

Escrito por Fenia Chertkoff 

Pido a los lectores que se detengan unos minutos a observar la imagen que se encuentra arriba de este texto. Es muy probable que ninguno de los rostros de las personas allí presentes les resulte familiar. Se puede apreciar que el evento tuvo lugar en Argentina por dos datos inequívocos: la bandera celeste y blanca y el retrato del libertador José de San Martín. Ahora bien, ¿qué relación existe entre esos objetos y las personas allí sentadas? Si nos dejamos llevar por las apariencias diríamos que se trata de un acto institucional rutinario de un país soberano. ¿Pero qué tal si esta imagen reflejara todo lo contrario? ¿Qué tal si esa bandera y ese libertador fueran el atrezzo, los elementos de utilería empleados por un poder que ahora mismo actúa bajo la sombra en todo el continente americano?

Vuelvan a mirar la imagen y ahora permítanme contar una historia.

La foto proviene de un vídeo que puede verse por YouTube y capta el encuentro que tuvo lugar durante el mes de marzo en el Palacio San Martín de la ciudad de Buenos Aires. En el centro de la escena se observa a un hombre que lee un texto, no sabemos si escrito por él o por alguien más.

Se trata del empresario argentino Marcelo Mindlin, que en su discurso agradece su designación como nuevo chair de la Alianza Internacional por la Memoria del Holocausto (IRHA). Esta entidad intergubernamental fue fundada en el año 1998 por el expresidente de Suecia Göran Persson, una figura clave a la hora de acercar a su país al Estado de Israel.

Según destaca su mismo fundador, esta entidad nació por la necesidad de llevar a cabo una lucha internacional contra el antisemitismo y recordarle a las nuevas generaciones los horrores del holocausto.

Reino Unido y Estados Unidos fueron los socios más entusiastas de esta iniciativa y durante los últimos años se han sumado 35 países de todo el mundo, la mayoría de Europa occidental. Si bien el único país latinoamericano en adherir a este proyecto ha sido la República Argentina, la tarea encomendada a Mindlin, gracias a un acuerdo sellado en Jerusalén, es la de «construir un puente entre la IRHA y nuestra vasta región latinoamericana», bajo el lema «expandiendo las fronteras de la memoria».

Pero basta hurgar un poco en la información disponible para comprobar que los objetivos son más ambiciosos, puesto que «esta presidencia busca abrir nuevas conversaciones y escenarios para que la concientización sobre la memoria por el Holocausto sea la más global posible. Pretendemos iluminar tanto a nuestra región como a las diferentes naciones del sur global».

Por qué una de las prioridades de la región latinoamericana debería ser la lucha contra el antisemitismo es algo que ni el mismo Mindlin puede explicar en su discurso. Mediante una curiosa voltereta retórica aclara que las naciones latinoamericanas «no han tenido una relación directa con la Solución Final» pero aun así tienen el «deber» de «hacer su contribución a la construcción de memorias locales que incorporen aquella tragedia en una fuente de enseñanza para mejorar nuestras sociedades».

Quizá esto explique por qué, a pocos días del evento que tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, mientras indígenas y campesinos son masacrados y reprimidos por protestar contra el gobierno, firmaba un acuerdo con la embajadora del Estado de Israel para incorporar la enseñanza de la memoria del Holocausto en el sistema educativo ecuatoriano.

Según el singular concepto de la «memoria» que aplican actualmente los países gobernados por la extrema derecha regional, la prioridad es mantener vivo el relato admonitorio del holocausto nazi mientras hacen todo lo posible por borrar el recuerdo de las múltiples violaciones de derechos humanos, masacres y tropelías cometidas contra los pueblos de nuestras naciones por parte de esas mismas oligarquías.

Pero volvamos a la imagen. A la derecha de Mindlin se encuentra el chair saliente, a quien aquel identifica como su «amigo» Dani Dayan, empresario israelí y uno de los principales promotores de los asentamientos ilegales en territorio palestino. A la derecha de Dayan, a su vez, se encuentra el ministro de Relaciones Exteriores de la Argentina, Pablo Quirno, descrito por Mindlin como viejo conocido de los tiempos en que él arrancaba como empresario y Quirno se consolidaba como banquero de J.P. Morgan.

La única mujer que aparece en la imagen es la alemana Michaela Küchler, secretaria general de IRHA, a quien Mindlin saluda protocolariamente tras agradecer al sector judicial de la
República Argentina por su apoyo constante para combatir el antisemitismo en el país.

A estas alturas los lectores podrán preguntarse por qué un empresario como Marcelo Mindlin asume la dirección de una entidad intergubernamental como IRHA. Más aún, también podrán preguntarse qué papel tiene esta institución en el mundo y por qué Argentina asume su liderazgo.

Marcelo Mindlin, además de ser el actual chair de IRHA, está vinculado a oscuras maniobras para obtener cuantiosas ganancias con la privatización de los Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires (SEGBA) -actual EDENOR- y con la instalación del cancerígeno PVC en los hogares de muchos argentinos. Pero, por sobre todas las cosas, Mindlin es la mano derecha de uno de los dueños de la Argentina: el empresario Eduardo Elsztain.

La relación entre ambos se consolidó después de una peculiar maniobra financiera que, apoyada en una importante inversión de capital extranjero, permitió que Elsztain se hiciera con una participación decisiva en el Banco Hipotecario Nacional (BH), entidad bancaria que ofrecía créditos para la vivienda y la producción agropecuaria y disponía de información estratégica sobre la propiedad inmobiliaria del país. Tras esa audaz operación, Elsztain se convirtió en un exitoso tiburón inmobiliario de la Capital Federal, dueño de casi un millón de hectáreas en todo el país y empresario del rubro financiero, tecnológico y agroindustrial a escala global. En el año 2009, Elsztain fue elegido presidente del governing board del Congreso Judío Mundial (CJM), una entidad fundada en Suiza, con sede principal en el estado de Nueva York y sucursales en diferentes lugares del mundo, entre ellos Buenos Aires.

Entre las prioridades del CJM cabe resaltar su respaldo al Estado de Israel y su combate a la «amenaza iraní», descrita en esos términos tras los dos tristemente célebres atentados a la comunidad judía en Argentina en los años 90, a pesar de que, hasta el día de hoy, no se ha podido determinar que Irán haya sido el autor intelectual o material de dichos atentados y a pesar de los esfuerzos de Cristina Fernández de Kirchner por esclarecer judicialmente estos sucesos, cosa que, como es sabido, le ha costado un persecución política sin precedentes por parte de ese mismo poder judicial al que Mindlin agradece sus diligencias en su lucha contra el antisemitismo.

El CJM no solo aglutina a un grupo de millonarios promotores de los asentamientos del Estado de Israel en Cisjordania, sino que se presenta como «brazo diplomático del pueblo judío». Su principal hazaña cultural, además de un llamativo interés por el mundo del arte contemporáneo, consistió en lograr la suspensión de una resolución de la Asamblea General de la ONU, donde se sostenía que el sionismo era una forma de racismo y discriminación racial equiparable al apartheid sudafricano.

Tras desvincular al sionismo de cualquier identificación con el supremacismo, este Congreso Judío Mundial no ha dejado de presentarse, junto a IRHA, como una plataforma de lucha contra el antisemitismo a nivel mundial.

Pero Elsztain no solo hace lobby a escala global en el CJM sino también a nivel local. A través de su holding IRSA, instaló en Buenos Aires la red blockchain más grande de toda América Latina acordada con Ethereum.

Y un dato no menor, también decidió hospedar en su hotel Libertador, otra de las tantas empresas de su propiedad, a uno de los mayores estafadores de criptomonedas de la Argentina, Javier Milei, durante su campaña presidencial en el año 2023. Asimismo, se rumorea que la conversión de Milei al judaísmo y su acercamiento a la rama ultra-ortodoxa Jabad-Lubavitch fueron iniciativas del mismo Elsztain.

Repasemos entonces la trama. La Alianza para la Memoria del Holocausto ha considerado a la Argentina gobernada por Javier Milei como el país idóneo para impulsar la lucha contra el antisemitismo a nivel regional y mundial. Y el presidente Milei, por su parte, no ha dudado en poner a la dupla empresarial Elsztain-Mindlin a la cabeza de esta organización intergubernamental.

Pero lo más grave a resaltar es que, tras la exacerbación del genocidio en curso contra el pueblo palestino, diferentes países miembros de IRHA han tomado la decisión de incorporar en sus respectivas legislaciones la definición de antisemitismo elaborada por la entidad.

En la actualidad, y bajo la excusa de una aumento acelerado de antisemitismo a escala global, dicha definición está siendo aplicada en países como Reino Unido o Estados Unidos para desarticular la capacidad crítica de la academia, despedir profesores, expulsar estudiantes, arrestar activistas pro-Palestina y perseguir discursos socialistas, feministas o antirracistas.

Francia e Italia, por su parte, vienen discutiendo diferentes proyectos de ley para incluir la definición. En marzo de 2026, el senado de Italia aprobó el proyecto contemplando penas de 2 a 6 años de cárcel por discursos antisemitas, ofreciendo cursos de formación para docentes y estudiantes en las escuelas. En abril de 2026, Francia ha comenzado a debatir el proyecto con la finalidad de identificar al antisemitismo con el terrorismo.

En Argentina, tres diputados de izquierda han sido acusados de antisemitismo y uno de ellos, Vanina Biasi, acaba de ser imputada por el juez Daniel Rafecas. Por eso no es de extrañar que Mindlin resalte en su discurso que el gran acierto ha sido «la adopción de parte del Estado argentino y de los organismos del poder judicial (…) de la definición de IRHA. Se trata de una herramienta crucial para combatir el antisemitismo y que nuestro país puede mostrar con orgullo el éxito de su implementación tanto en causas judiciales como acciones políticas».

Algún lector desprevenido, o al menos dispuesto a creer en las buenas intenciones de empresarios vinculados al proyecto libertario, podría pensar que no habría nada de malo en hacer todo lo posible para evitar que el antisemitismo vuelva a instalarse en nuestras sociedades. Pero las cosas se complican cuando prestamos atención a la letra chica de su definición.

Según IRHA: «El antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los judíos. Las manifestaciones físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto». No hace falta un agudo ejercicio de comprensión lectora para darnos cuenta de que la acusación de antisemitismo empleada por muchos países para perseguir, imputar e incluso encarcelar personas depende de la «percepción» que cualquier individuo, judío o no, pueda tener.

Más aún, esta definición de antisemitismo no solo expresaría una discriminación hacia las personas sino también hacia sus «propiedades», «instituciones» y «lugares de culto». Esto abre las puertas a que cualquier crítica hacia el accionar del Estado de Israel o entidades financieras que lo secundan pueda ser tildada de antisemita.

Y si a eso le sumamos que son los ricos del mundo, millonarios fascistas y libertarios de ultra derecha -en complicidad con un presidente que tiene por costumbre humillar mujeres, discapacitados, jubilados y sectores populares-, quienes tienen el control de la nueva semántica para combatir el antisemitismo, qué duda cabe de que esta definición no ha sido pensada para combatir el odio sino justamente para exacerbarlo y ponerle un bozal a cualquier persona que se atreva a denunciar los intereses de estos paladines de la noble causa contra el antisemitismo.

Ahora bien, ¿sobre la base de qué certezas se nos advierte de un avance descontrolado del antisemitismo en el mundo? ¿No resulta sospechoso que este supuesto peligro sea denunciado por las mismos empresarios y políticos que autorizan el genocidio en Gaza y destruyen las economías en los países del sur global? ¿Desde cuándo la lucha contra la supuesta aniquilación de un pueblo ha sido liderada por los megarricos del planeta?

Para nadie es un secreto que las clases dominantes que un siglo atrás alentaron el auge del fascismo antisemita son las mismas que hoy dicen combatirlo, escudándose en la retórica de los valores del mundo libre. Si rascamos en la superficie de estos valores solo encontramos a un puñado de millonarios aferrados a la rentabilidad de la economía fósil, la usura financiera y la expansión de la guerra por todo el planeta. Crean a toda velocidad esta farsa de antisemitismo con la única finalidad de confundir y atemorizar a la inteligencia popular, esa forma de la sabiduría que sabe llamar las cosas por su nombre.

Por tanto, si nos atenemos a la definición de IRHA, según la cual «el antisemitismo es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como el odio a los judíos», denunciar el genocidio en Palestina, que se ha cobrado la vida de decenas de miles de seres humanos, sería un acto antisemita; trazar con rigor y evidenciar los vínculos entre el Estado de Israel, el narcotráfico y el triunfo de la ultraderecha regional sería entonces un acto antisemita.

Y si nos atenemos a la definición de IRHA, según la cual las percepciones «físicas y retóricas del antisemitismo se dirigen a las personas judías o no judías y/o a sus bienes, a las instituciones de las comunidades judías y a sus lugares de culto», exigirle al Estado de Israel, Reino Unido y Estados Unidos que dejen de usar el agua, el petróleo y otros recursos naturales del continente americano como un botín de guerra sería también un acto antisemita; y, por último, sostener que han convertido al Estado de Israel en la punta de lanza del viejo proyecto europeo de dominación supremacista imperial, ese mismo proyecto que un siglo atrás permitió el genocidio judío, sería también un acto de antisemitismo.

Esta guerra por los nombres ha convertido a la Argentina en un laboratorio social de claro signo distópico que deberíamos tratar de comprender con todos los instrumentos críticos y científicos a nuestra disposición y, como parte esencial del proyecto, ha designado al país suramericano la tarea de expandir el sionismo semántico por todo el continente.

Todo indica que las extravagancias de Javier Milei, que tanto espacio ocupan en los medios, desvían la atención para que no se discutan las maquinaciones de un poder mucho más opaco, empeñado en materializar las nuevas y brutales formas del colonialismo del siglo XXI.

 

[Fuente: www.jacobinlat.com]



Vivre avec moins pour être plus libre : l’étonnante sagesse de Diogène

Les philosophes grecs de l’Antiquité Socrate, Antisthène et Diogène nous ont légué de précieux conseils pour mener une vie saine et vertueuse.

« Diogène », 1860, de Jean-Léon Gérôme. Huile sur toile ; 74,5 cm sur 101 cm. Acquis par William T. Walters en 1872. Walters Art Museum, Baltimore. Photo : domaine public 

Écrit par Lorraine Ferrier

Selon le philosophe grec de l’Antiquité Socrate (470 av. J.-C.-399 av. J.-C.), la clé d’une vie bonne réside dans l’autosuffisance, et cette vie bonne repose sur la vertu. L’ami de Socrate, Antisthène (455 av. J.-C.-365 av. J.-C.), fonda la philosophie du cynisme autour de la liberté, de l’idéal socratique d’autosuffisance et de la conviction que l’une et l’autre peuvent se réaliser à travers les rigueurs du labeur et de l’adversité.

Diogène (404 av. J.-C.-323 av. J.-C.), qui mit cette philosophie en pratique, affirmait que la seule façon d’être véritablement autosuffisant et libre consistait à comprendre notre véritable nature humaine, qu’il estimait en contradiction avec la société. Pour apprendre à nous connaître, nous devrions donc nous débarrasser de tous les artifices superflus et des désirs contre nature que la société nous inculque.

Le mode de vie « cynique »

Le mot « cynique » trouve son origine dans le grec kunikos, qui signifie « semblable à un chien » ou « à la manière d’un chien ». Les théories divergent quant à la raison exacte pour laquelle les Cyniques choisirent ce terme pour désigner leur mode de vie. Certains avancent que c’est parce que le chien ignore la honte. C’est en tout cas unedescription que Diogène assumait pleinement par son comportement.

Diogène menait une existence simple dans les rues d’Athènes, en marge des conventions sociales et des règles de bienséance. Il dormait dans un tonneau à vin, mangeait, buvait et déféquait dans la rue, sans chercher à dissimuler aucune des fonctions naturelles de son corps.

Bien que certaines des actions de Diogène aient pu paraître étranges, les Cyniques cherchaient toujours à améliorer la vie des hommes en la mettant en accord avec la raison, la nature et la vertu. Ils accordaient également une grande importance à la liberté de parole. Parce qu’ils croyaient en la raison, par exemple, ils critiquaient publiquement les théories ou les idées dépourvues de fondement rationnel.

Trois anecdotes sur Diogène

Diogène nous a légué de précieux enseignements sur la vie. Entendant un sot accorder une harpe, il lui dit : « N’as-tu pas honte de parvenir à tirer des sons harmonieux de ce morceau de bois, alors que tu es incapable de mettre ton âme en harmonie avec ta vie ? »

Un jour, Diogène vit un garçon joindre ses mains en coupe pour boire l’eau d’une rivière et s’exclama : « Il m’apprend que je conserve un ustensile inutile. » Il se débarrassa alors du seul ustensile qu’il possédait, une coquille dont il se servait comme coupe.

Alors qu’il prenait le soleil à Craneum, Diogène vit s’approcher Alexandre le Grand, l’homme le plus puissant du monde occidental. Celui-ci se plaça devant lui et lui déclara : « Demande-moi ce que tu veux. » Diogène lui répondit : « Ôte-toi de mon soleil. » Lorsque Alexandre déclara qu’il était le roi, Diogène répondit : « Je suis Diogène le Cynique », autrement dit « Diogène le Chien ».

Le roi déclara alors : « Si je n’étais pas Alexandre, je voudrais être Diogène. »

Peut-être Alexandre le Grand venait-il, pour la première fois, de rencontrer le véritable pouvoir. Devant lui se tenait Diogène, un homme qui vivait en accord avec ses convictions et qui n’avait besoin de rien ni de personne.

Alexandre et Diogène, 1763, de Jacques Gamelin. Huile sur toile ; 113 cm sur 142,9 cm. Musée des Beaux-Arts de Carcassonne, France. Photo: Didier Descouens/CC BY-SA 4.0

[Source : www.epochtimes.fr]


Antiintel•lectualisme i sobreintel•lectualitat

Molta gent viu la cultura amb una barreja fatal de complaença i malestar, paralitzada entre el reconeixement i la certesa que tot es pot (i s’hauria de) fer molt millor. 

Escrit per Pol Viñas

Mentre escric això, o rumio com escriure-ho, m’envien el vídeo d’una booktoker que explica que no es vol sentir malament per no llegir “literatura elevada”. Sospito que vol dir “literatura” i prou, i sospiro mentre enfila un discurs que ja em conec: que a ella ja li agraden, ja, aquesta mena de llibres, els “clàssics”, no us confongueu; que ella llegeix molt, sí, però que no passa res per llegir “coses més lleugeres, llibres més mainstream…”, i que nota “com un classisme” perquè ara sembla que tots hàgim de llegir Dostoievski, etcètera. El vídeo em referma una intuïció, a saber, que la gent de la meva edat –de la meva generació, millor– viu la cultura amb una barreja fatal de complaença i malestar, resultat de dues forces oposades, però igualment paralitzants: antiintel·lectualisme i sobreintel·lectualització.

En primer lloc, tenim un antiintel·lectualisme en alça, del qual fa temps que s’alerta: una desconfiança generalitzada envers l’expertesa, el coneixement, el món acadèmic o l’alta cultura (sigui què sigui, perquè aquí tot es barreja). Normalment, se’n parla arran del qüestionament conspiranoic de consensos científics o l’ofensiva contra tot allò que és públic –en aquest cas, subvencions, beques i pressupostos culturals–, però la tragèdia es rebla quan són els mateixos entorns intel·lectuals els qui, revestits de democratització i igualitarismes mal entesos, interioritzen aquest rebuig. Quan es menysté l’acadèmia, es desacredita la idea de cànon, la magistralitat o els discursos aparentment massa abstractes, o “sofisticats”, es reprodueix i es legitima –canviant de bàndol la raó– la mateixa separació del món en dues castes que es pretén destruir d’entrada. 

Però això no explica tota la realitat: una altra força empeny en la direcció oposada. Es tracta d’una pulsió intel·lectual, també en alça, present a les xarxes; prova en són la pallissa crítica al voltant de L’Odissea de Christopher Nolan o el darrer disc de la Rosalía, la romantització de plataformes com Goodreads i Letterboxd i, sobretot i més recentment, l’auge de Substack... No es tracta ben bé d’esnobisme, sinó d’un anhel de reconeixement molt més mundà. Llegir, escriure, cultivar-se culturalment, res d’això no ha deixat mai d’ésser ben vist; la diferència és que ara tenim més recursos que mai per a demostrar, encara que sigui mentida, que ho fem. Posat al servei d’identitats digitals i analògiques a la recerca d’autenticitat, qualsevol gest –un tuit, una història, un vídeo, un article– pot ser sobreintel·lectualitzable i, un cop reconegut, sobreintel·lectualitzat.

El xoc, la combinació d’ambdues forces, fa que la mateixa societat que castiga la pedanteria, que es vanta de democratitzar l’art i el coneixement, que restringeix l’accés al cànon amb “massa difícils” i “no necessaris”, elevi tothora –servint la indústria que, teòricament, fa possible la cultura– llibres mediocres, obres fluixes, amateurisme alambinat, reflexions vagues i prescriptors infantilitzats. Això genera, com deia al principi, complaença i malestar. Complaença, perquè és més senzill que mai publicitar el capital cultural, gaudir d’una satisfacció reconeguda amb la teva obra o el teu consum i, en conseqüència, amb la teva persona; i malestar, perquè és difícil, per a molta gent que encara pot tocar de peus a terra, malgrat tot, no sentir-se un frau, no sospitar que alguna cosa no rutlla i que podrien fer quelcom millor amb la seva vida.

El vídeo que he explicat al començament m’ha fet gràcia perquè, malgrat la crítica antiintel·lectual a l’aparent “classisme” de les lectures canòniques, no pot evitar caure en la pulsió virtuosista d’admetre que sí, que ella llegeix i que li agrada de llegir clàssics. Sobre això, dos detalls interessants (i deslligats de l’anècdota). El primer és l’existència d’un paternalisme esquizofrènic –molt comú al món cultural–, una mena de despotisme antiil·lustrat segons el qual no pots reivindicar res de valor sense alhora matisar que el valor és relatiu, que tot està bé i que és molt important no sentir-se malament per res, ni tan sols per la ignorància fingida o volguda. El segon és l’error, també comú, de limitar la idea de “literatura elevada” als clàssics i, per tant, limitar-los també la crítica, el reconeixement i fins la justificació d’exigència lectora, mentre que les novetats editorials es jutgen, si és que són jutjades, a partir de criteris del tot diferents, laxos, banals i d’una frivolitat esfereïdora.

Fa dies que es parla –sobretot al món castellanoparlant– de la caiguda dels influenciadors: una campanya (a la qual aprofito l’avinentesa per a afegir-me) de boicot i desprestigi als creadors de contingut arran d’unes xifres que suggerien la relativitat del seu suposat impacte, però també d’un afartament generalitzat envers les plataformes i una cultura de xarxes superficial i nociva. En el sector cultural, la superficialitat i la nocivitat es poden aplicar igualment als mitjans tradicionals, sobretot els públics, i la seva funció de promoció acríticament entusiasta. Es pot entendre, per motius essencialment econòmics, que autors, creadors, editorials, llibreries, cinemes, promotores, agències de representació, etcètera, participin en aquest circ; en canvi, el paper de mitjans, ajuntaments, biblioteques i més organismes és escandalosament irresponsable, negligent i contrari a qualsevol concepció raonable d’interès públic.

La conseqüència lògica del xoc entre forces, antiintel·lectualisme i sobreintel·lectualització, per acabar, no és sinó una rebaixa general del nivell fins a un punt mort aparentment satisfactori, la creació d’una mena de sostre de vidre en “l’anar fent” que sols es pot trencar amb la voluntat individual de progressar, independentment de l’opinió pública. Malauradament, o afortunada, hi ha un motor raonable en la nostàlgia reaccionària que denuncia els mals del relativisme o la caiguda de l’exigència: hem de decidir si ens n’apropiem, recuperant la crítica i el valor, l’aspiració convençuda a un ideal de societat instruïda, o si el deixem en mans de qui, antiintel·lectualista sense falsa modèstia, ens vol ben feliços, esclaus d’una falsa intel·lectualitat. 

 

[Font: www.vilaweb.cat]

Barenboïm-Chicago : la rencontre d’un chef imaginatif et de l’excellence instrumentale

 

Écrit par Serge Martin

Daniel Barenboim, Chicago Symphony Orchestra – The Warner Classics Edition. Complete Teldec, Erato & EMI Classics Recordings. Ludwig van Beethoven (1770-1827), Luciano Berio (1925-2003), Hector Berlioz (1803-1869), Leonard Bernstein (1918-1990), Pierre Boulez (1925-2016), Johannes Brahms (1833-1897), Elliott Carter (1908-2012), John Corigliano (né en 1938), Claude Debussy (1862-1918), Antonín Dvořák (1841-1904), Manuel de Falla (1876-1946), Wilhelm Furtwängler (1886-1954), George Gershwin (1898-1937), Hannibal Lokumbe (né en 1948), Witold Lutosławski (1913-1994), Gustav Mahler (1860-1911), Felix Mendelssohn (1809-1847), Carl Nielsen (1865-1931), Serge Prokofiev (1891-1953), Maurice Ravel (1875-1937), Nicolaï Rimski-Korsakov (1844-1908), Arnold Schoenberg (1874-1951), Jean Sibelius (1865-1957), Johann Strauss II (1825-1899), Richard Strauss (1864-1949), Igor Stravinsky (1882-1971), Toru Takemitsu (1930-1996), Piotr Ilitch Tchaïkovski (1840-1893), Giuseppe Verdi (1813-1901), Richard Wagner (1813-1883). Plácido Domingo, Tina Kiberg, Waltraud Meier, John Aler, Robert Holl, Janet Williams, Thomas Hampson, Jennifer Larmore, Siegfried Jerusalem, Alessandra Marc, Ferruccio Furlanetto, Deborah Polaski, Itzhak Perlman, Maxim Vengerov, Jacqueline du Pré, Yo-Yo Ma, Daniel Barenboim (piano). Chicago Symphony Chorus, Margaret Hillis. Enregistré entre 1970 et 2001. Livret en anglais. 1 coffret de 37 CD Warner Classics 5021732980724.

Commençons par préciser le défi que représenta ce passage à Chicago. Barenboïm vient de l’orchestre de Paris et reprendra plus tard le Staatsoper de Berlin et sa fameuse Staatskapelle, l’étape ultime dans sa recherche du grand son d’Europe centrale d’avant-guerre. De son côté, le Symphonique lui offre l’éclat de la plus fameuse machine de guerre musicale, forgée jusqu’à la perfection dans la puissance par deux chefs légendaires de l’après-guerre, les Hongrois Fritz Reiner et Georg Solti. C’est dire si leur rencontre n’allait pas de soi. À ces maniaques de la précision instrumentale et de la rigueur rythmique, Barenboïm va vouloir apprendre une autre respiration, une attention soutenue à des phrasés nuancés. En fait, pour lui, c’est quand l’excellence technique est atteinte que le vrai travail commence : il permet alors d’aller au fond des choses et de rechercher au cœur des œuvres leur message profond. Il ouvre aussi la porte à des aventures nouvelles, notamment celle de la création. Cette approche le chef israélien va la conduire dans des directions bien différentes que nous allons essayer de parcourir une à une.

Le grand répertoire européen

Le grand répertoire d’Europe centrale d’inspiration germanique demeure le cœur de la démarche de Barenboïm. Dans sa recherche d’un son germanique souple et profond, Chicago constitua une étape fondamentale en lui offrant l’incroyable profondeur de son  spectre sonore qui lui permet de creuser ce son glorieux, osant des pianissimi d’une douceur impalpable et construisant des crescendos d’une grande ampleur sans jamais devenir tonitruants mais gardant une incroyable réserve de puissance pour les dernières mesures d’un tutti. Les tempi sont souvent assez lents pour prendre le temps d’exprimer les secrets d’une partition (les symphonies de Brahms) ou pour savourer son affolante richesse sonore (Richard Strauss dans la « Symphonie alpestre » et l’« Heldenleben » ) et, ô surprise, pour restituer en majesté les valses de Johann Strauss. Incontestable hommage à celui qui fut son chef de référence, la deuxième symphonie de Furtwängler, très rare au disque dans son intégralité (elle dure plus de 80 minutes !), est rendue avec un lyrisme éperdu.

Mahler fut un permanent centre d’intérêt bizarrement peu présent au disque : une déchirante 5e symphonie qu’il emmena dans une tournée européenne triomphale qui passa par Bruxelles et un « Chant de la terre » très attentif au texte avec ses vieux complices Waltraud Meier et Siegfried Jerusalem. Dans le même esprit, le répertoire russe bénéficia d’une relecture enrichie, les dernières symphonies de Tchaïkovski dans la densité de leur énergie, Rimski-Korsakov pour les méandres gourmandes de ses féériques « Shéhérazade » et « Tsar Saltan ».

À la conquête du son wagnérien et de la musique du début du siècle

Et puis, il y a Wagner où, après Paris, Barenboïm continue son apprentissage pour Bayreuth et, ici, l’orchestre lui apporte des ressources colossales sans jamais forcer le ton : il y a chez les Chicago boys une façon de trouver la grandeur sans effet, d’habiter chaque nuance d’une beauté sonore envoutante. Barenboïm ira certes plus loin avec sa Staatskapelle Berlin mais c’est à Chicago qu’il a appris à construire le son wagnérien dans une opulence qui n’est jamais un cri. Hormis la scène finale de « Götterdämmerung » avec la grande Deborah Polaski, l’ensemble des extraits sont instrumentaux mais ils nous en disent long sur l’ambition wagnérienne de celui qui deviendra la vraie référence wagnérienne de la fin du 20e siècle.

Cette même recherche d’un son personnalisé se retrouve dans les musiques du début du 20e siècle. Arrivé de Paris, Barenboïm aura à cœur de servir le répertoire français : une « Fantastique » de Berlioz qui donne la chair de pouleune « Mer » de Debussy d’une rare limpidité et une poignée de Ravel d’une distinction secrète. Dans son « Sacre du printemps », Stravinsky est rendu à son imparable rigueur rythmique.  Chez Manuel de Falla, avant un « Tricorne » d’une redoutable verdeur, il n’hésite pas à confier la baguette à Placido Domingo pour se mettre lui-même au clavier pour d’ensorcelantes « Nuits dans les jardins d’Espagne ».

Un pianiste inventif

Car il ne faut pas oublier que Barenboïm demeure aussi un pianiste prodigieusement imaginatif qui n’hésite à se mettre au clavier pour exprimer l’autre versant de son activité. Cela nous vaut une sonate « Pathétique » enflammée de Beethoven, une 3e sonate réfléchie de Brahms avec Vengerov et, surtout, un programme Schoenberg où, entre une « Verklärte Nacht » passionnée et des Cinq pièces orchestrales op.11 qui cultivent l’étrangeté de ses jeux de timbres, il donne un poids inattendu aux « Pièces op.11 et 19 » 

Un chœur splendide

Barenboïm sut aussi tirer parti du fabuleux chœur attaché à l’orchestre et dirigé par Margaret Hillis. Ils se produisirent plus souvent en concert qu’en disque mais dans ces enregistrements, le chef sut conduire sa phalange vocale vers des sommets expressifs dans la prière confiante aux bords du murmure du « Deutsches Requiem », vers une belle ampleur symphonique dans la « Missa solemnis » et, surtout, là où on l’attendait moins, dans la religiosité poignante d’un Requiem de Verdi d’une admirable ferveur (solistes inclus).

La création

Et puis, il y eut la création, un souci permanent du chef d’aller ailleurs dans son temps. Ce coffret nous laisse quelques témoignages frappants de la politique de commandes d’œuvres nouvelles qui va emmener l’orchestre de la force expressionniste de la 1re symphonie de Corigliano à l’onirisme envoutant du Berio de « Continuo » ou la clarté discursive de la « Partita » du dernier Eliott Carter. Lutoslawski (concerto pour orchestre et 3e symphonie), Takemitsu (« Visions ») profitèrent aussi de cette aubaine de même que Hannibal Lakombe qui introduisit la magie de ses « Portraits africains ». Sans oublier la présence assidue de son ami Pierre Boulez qui grava à Chicago ses plus flamboyants Bartók et dont il sut révéler les rappels de Berg au milieu d’une descendance ravélienne de son insondable Notation VII.

L’accompagnateur

Musicien complet, Barenboïm demeure un incomparable accompagnateur de concertos. Ses débuts à la tête de Chicago datent déjà de novembre 1970 lors d’une tournée à East Lansing dans le Michigan où il dirige sa femme Jacqueline du Pré dans un chaleureux concerto de Dvorak qu’ils enregistrent trois jours plus tard pour EMI. On ne le retrouve plus avec l’orchestre dans les studios avant son arrivée officielle. Mais il déploya alors une intense activité d’enregistrement, invitant ses amis (Perlman dans Mendelssohn par deux fois dont un live et le double de Brahms avec Yo Yo Ma) ou son protégé, Maxim Vengerov dans Brahms, Sibelius et Nielsen) pour de flamboyants partenariats. Sans oublier le cadeau merveilleux aux prodigieux solistes instrumentaux de l’orchestre d’une large sélection des concertos pour vents de Richard Strauss.

Au bout de cet impressionnant panorama, quelques réflexions s’imposent :  ne faisant rien au hasard, Barenboïm impose toujours sa vision d’une partition. Toujours réfléchie, souvent traversée d’un chaud lyrisme, sa lecture, parfois appuyée, demeure très humaine. L’ensemble de ces enregistrements ne revendiquent pas la vérité absolue d’une version de référence mais, chaque fois, ils font entendre une voix originale qui s’impose dans le débat et est servie par une incomparable beauté sonore. C’est un peu cela l’héritage d’un chef qui a passé quinze saisons au bord du lac Michigan.

Son 9  - livret 9 - répertoire 9  - interprétation de 8 à 10

 

[Source : www.crescendo-magazine.be]