domingo, 4 de janeiro de 2026

El músico Thomas Mann

El escritor alemán, de cuyo nacimiento se han cumplido 150 años, siempre se hizo rodear de música, que acabaría por tener también una relevancia decisiva en su propia literatura e incluso en su vida

Thomas Mann

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¡No perder contacto con la música!”: diarista contumaz durante toda su vida, Thomas Mann escribió esta frase exclamativa —con visos casi de perenne recordatorio— el 15 de marzo de 1941. Acababa de escuchar por la radio la interpretación en directo de un concierto para piano de Mozart y una sinfonía de Schubert. Lo cierto es que jamás había perdido ese contacto asiduo, y así seguiría siendo hasta el final, pero la música le ayudaba entonces especialmente, cabe imaginar, a mitigar el dolor del exilio, del desarraigo, porque esta frase la anotó en su diario en Princeton, muy lejos de su Lübeck natal o su Múnich adoptivo, pocas semanas antes de apartarse aún más de Europa e instalarse en California, el destino final de muchas luminarias culturales alemanas que Alex Ross convertirá en la espina dorsal de su próximo libro, en el que es previsible que Mann, de quien se ha celebrado durante todo este año el sesquicentenario de su nacimiento, vuelva a erigirse en un espectro omnipresente.

De las siete conferencias que impartió en el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton (refugio de Albert Einstein, John von Neumann, Hermann Weyl, Erwin Panofsky o Ernst Herzfeld), tres versaron sobre Wagner (El anillo del nibelungo) y Goethe (Fausto Werther), los dos gigantes que Mann jamás dejó de tener en su punto de mira: para comprenderlos y para emularlos. 

Su primera experiencia musical perdurable fue asistir, siendo aún un adolescente, en el Stadttheater de Lübeck a una representación de Lohengrin, una ópera cuyo héroe ejerce de protector o redentor, dos papeles en los que el escritor se sentía muy cómodo. Muchas décadas después, a menos de cinco meses de su muerte, pidió que se interpretara en ese mismo teatro, antes de leer fragmentos de varias de sus obras, el preludio del primer acto de la “ópera romántica” de Wagner cuando el Ayuntamiento de Lübeck, en un congraciamiento in extremis entre ambos, lo nombró hijo predilecto. La sombra de Lohengrin lo acompañó toda su vida: por voluntad propia. El 20 de junio de 1940, por ejemplo, escribió en su diario: “Terrible bombardeo sobre Burdeos, atestada de refugiados. Ya ha dejado de haber compasión en Europa, dicen los alemanes. Ellos también lo sentirán pronto. Su vaso está a rebosar. La compasión quedó abolida primero en la propia Alemania. Quién sabe cómo se volverá contra ellos la miseria que están creando ahora (...). Música por la noche. Escuché con emoción el preludio de Lohengrin y tuve que llorar, porque me pareció volver a escuchar lo que más amaba en mi juventud en pleno hundimiento [Untergang]”.

Richard Wagner dominó la formación musical de Thomas Mann —autodidacta asimismo en este ámbito—, y casarse con la hija de un wagneriano furibundo, el matemático Alfred Pringsheim, se tradujo en un sinfín de veladas dominicales vividas en la mansión de su suegro en Múnich escuchando transcripciones pianísticas de muchas de las obras del compositor, a veces con la incorporación de los mejores cantantes que pasaban por la ópera. Erika Mann escribió en un artículo celebratorio del octogésimo cumpleaños de su abuelo (“Ofei”), publicado en las Münchner Neueste Nachrichten el 1 de septiembre de 1930, que sus arreglos musicales manuscritos, que él mismo tocaba junto con sus amigos, “parecían matemáticas”. Su hermana Monika, tras recordar aquellas misas profanas a las que asistió con sus hermanos todos los domingos durante su infancia, contrapuso en sus memorias el “ascetismo de papá” con la “pompa wagneriana” (“los polos opuestos se atraen”, sentenció a modo de explicación) y se refirió al “amor algo culpable” que sentía su padre por Wagner, “un amor que no quería desterrar en absoluto de su vida”. Monika fue una excelente pianista que llegó a estudiar con Luigi Dallapiccola en Italia, mientras que su hermano pequeño, Michael, fue violista de la sinfónica de San Francisco y nos ha dejado varias grabaciones como solista. La benjamina de las tres hijas de Mann, Elisabeth, también pianista, tradujo al inglés el Tratado de armonía de Heinrich Schenker.

En nada puede extrañar, por tanto, que, rodeado como estaba de música por los cuatro puntos cardinales, esta se colara mucho más que de rondón en su producción literaria. En su primer volumen de relatos publicado (1898), “El pequeño señor Friedemann”, que da nombre a la colección, toca el violín, como el propio escritor (su instrumento lo heredaría su hijo Michael), mientras que la señora Von Rinnlingen —su amor inalcanzable y la desencadenante de su suicidio—, toca el piano, al igual que Júlia, la madre brasileña de Thomas Mann, que él mismo calificó en un esbozo autobiográfico publicado en 1930 de “extraordinariamente musical” o, explayándose más, en una carta a su protectora Agnes E. Meyer nueve años después: “Su naturaleza sensual y preeminentemente artística se manifestaba en su musicalidad, su elegante forma de tocar el piano, fruto de una educación burguesa, y su refinado arte vocal, al que agradezco mi buen conocimiento de la canción alemana”. El protagonista de otro cuento de este mismo libro pionero, “El payaso”, escucha y contempla “embelesado” a su madre tocar el piano.

Otra colección de relatos, la que se cierra con “Tonio Kröger”, se titula significativamente Tristan (1903), una narración que se desarrolla en un sanatorio para enfermedades pulmonares, un claro augurio de La montaña mágica, y en la que Tristán e Isolda, “la más elevada y más peligrosa” de las músicas de Wagner, al decir de Mann, desempeña un papel crucial. Sangre de volsungos (1905) hubo de publicarse aislada, privada y tardíamente en 1921 después de que el suegro del escritor viera en la familia judía protagonista, los Aarenhold, un retrato calcado de la suya propia. Al final del relato, y después de haber asistido a una representación de La valquiria, Siegmund y Sieglinde, que llevan los mismos nombres que los padres de Siegfried en el Anillo wagneriano, cometen, como ellos, incesto, algo que iba mucho más allá de lo permisible para un preboste de la alta sociedad muniquesa. La osadía de Thomas Mann al verter elementos autobiográficos en sus obras no conocía límites, porque Katia, la mujer de Mann, y su hermano Klaus, que fue un eminente director de orquesta, eran también mellizos y, como en la familia de los Aarenhold, los hijos pequeños de Alfred Pringsheim, que maniobró para detener en seco la publicación del relato, prevista para el número de enero de 1906 de Die neue Rundschau.

En las dos cimas literarias de Thomas Mann, Los Buddenbrook La montaña mágica, sus desenlaces están íntimamente ligados a la música. En la primera hay, de nuevo, una madre llegada del Sur (relativo esta vez: de Ámsterdam), Gerda Arnoldsen, que toca el violín junto con el organista de la Marienkirche, Edmund Pfühl, que es también el profesor de piano de su hijo Hanno, predestinado a ser el último varón de la saga familiar y que el día antes de que se manifieste su enfermedad mortal, siendo apenas un adolescente, toca —otra vez— Tristan und Isolde, cuyo Preludio describe musicalmente Thomas Mann de manera inequívoca. Cuando su amigo Kai le pregunta si va a tocar el piano esa tarde, Hanno contesta: “Sí, supongo que tocaré —dijo—, aunque no debería hacerlo. (...) Pero sí, claro, tocaré, no puedo evitarlo, aunque empeora las cosas aún más”. Y Kai, que, como Mann, sabe de la extrema peligrosidad de esa música, le confiesa: “Yo sé de eso que tocas”. Al novelista ya solo le resta añadir: “Y luego ambos guardaron silencio”. La suerte —el fin de la dinastía de los Buddenbrook, ya presagiado desde el subtítulo de la novela— estaba echada.

En La montaña mágica, la música acapara todo el protagonismo en el capítulo que describe la llegada del gramófono al Berghof (Golo Mann recordaría en 1964 que “el gramófono se convirtió en la forma más cómoda de satisfacer la necesidad de música” de su padre) y los discos predilectos de Hans Castorp. Uno de ellos, que contiene una grabación de “Der Lindenbaum” (“El tilo”), la quinta canción de Viaje de invierno de Schubert, “habrá de desempeñar una función especial en circunstancias bastante extrañas”, nos anticipa el propio Mann. En las últimas páginas de la novela, efectivamente, Castorp abandona por fin el sanatorio y, como parte de “tres mil muchachos enfebrecidos”, se lanza irracionalmente hacia su aniquilación en el arranque mismo de la Gran Guerra. Y, “sin saberlo, con una excitación embrutecedora, sin pensar en nada, a media voz”, Hans canta los versos de Wilhelm Müller con la música folclorizante ideada por Franz Schubert, que en su cuarta estrofa contienen una inequívoca invitación al suicidio: “Y sus ramas susurraron / como si me llamaran: / ¡Ven aquí, compañero, / aquí hallarás tu reposo!”. Thomas Mann construye, por tanto, una poderosa metáfora poético-musical en la que la mórbida y fatal atracción por la muerte del Romanticismo alemán se aventura como posible explicación de la inmolación colectiva desencadenada en 1914.

Thomas Mann confesó a su gran amigo Bruno Walter que, de no haber sido escritor, le hubiera gustado ser director de orquesta. La conclusión lógica de este auténtico crescendo era, por tanto, la escritura de una novela protagonizada por un músico: Doktor Faustus. Aquí Mann intenta, con otra gran elipsis literaria, apuntar claves para comprender por qué el nacionalsocialismo —y la catástrofe posterior— se convirtió en el destino inevitable de aquella Alemania derrotada. Pero el método compositivo de Adrian Leverkühn se parecía demasiado al dodecafonismo de Arnold Schönberg, también exiliado en California. El austríaco, azuzado por la siempre malévola Alma Mahler, escribió en 1948 una carta altiva y desabrida a la Saturday Review of Literature, plagada de acusaciones a Mann por usurpar su “propiedad literaria” y por haberlo denigrado. Para apaciguarlo, las futuras ediciones del libro incluyeron una suerte de nota de descargo en la que Mann dejaba constancia expresa de que “la técnica dodecafónica o técnica de la serie es, en realidad, la propiedad intelectual de un compositor y teórico contemporáneo, Arnold Schönberg”, a quien —suspicaz por naturaleza— le enfureció ese artículo indeterminado y bramó: “Un (¡un!) compositor y teórico contemporáneo’. En dos o tres décadas se sabrá, por supuesto, cuál de los dos era contemporáneo del otro”. El principal consejero musical de Mann durante la redacción de la novela, el filósofo Theodor W. Adorno, otro transterrado trasplantado en California, se sintió asimismo ninguneado y el resarcimiento de su ego adquirió esta vez proporciones mucho mayores: Thomas Mann escribió y publicó Los orígenes de una novela (1949), dos centenares de páginas en las que el nombre del filósofo aparece citado decenas de veces.

Pero el cruce —o el choque— decisivo entre música y vida se había producido antes, en 1933, el año en que se conmemoraba el cincuentenario de la muerte de Wagner. Mann redactó una conferencia, que luego ampliaría para darle forma de ensayo, que pronunció en Múnich, Ámsterdam (el día exacto de la efeméride, el 13 de febrero, precedida en el Concertgebouw de una interpretación a cargo de la orquesta residente, dirigida por Erich Kleiber, de varias obras de Wagner, incluido, cómo no, el preludio de Lohengrin), Bruselas y París. La tituló, con un guiño al Werther de Goethe, Sufrimientos y grandeza de Richard Wagner, y las 26 hojas mecanografiadas de su versión íntegra en alemán, con correcciones manuscritas, que se conservan en la Universidad de Yale, están fechadas el 29 de enero, el día antes del acceso de Hitler al poder. Y fueron justamente muchos de sus adeptos quienes firmaron un manifiesto que se publicó en varios periódicos y se emitió por diversas radios locales con el infamante título de Protesta de Múnich, la ciudad de Richard Wagner. El texto, que escribió el director de orquesta Hans Knappertsbusch, era un ataque ad hominem que citaba parcial y torticeramente la conferencia —entusiasta, pero no acrítica— de Thomas Mann, al que estos nazis fervorosos de primera hora no perdonaban que hubiera abandonado la senda trazada en Consideraciones de un apolítico y que hubiera simpatizado (tardíamente) con la República de Weimar, su tan detestado Systemzeit. Mann, un avezado polemista, decidió replicar y defenderse extensamente en un periódico, el Vossische Zeitung, denunciando las “graves difamaciones” sobre su “carácter” y sus “opiniones” contenidas en ese panfleto instigado por “Kna”, pero que también firmaron, entre muchos otros, Hans Pfitzner y Richard Strauss, poseedor de “la personalidad más podrida que pueda imaginarse: ignorante, satisfecho de sí mismo, codicioso, espantosamente egotista, absolutamente carente de los impulsos humanos más fundamentales de vergüenza y decencia”. Así es como lo describió despiadadamente Klaus Mann en una carta en inglés a su “papá-mago” (“Dear Magician-Dad”) escrita el 16 de mayo de 1945 tras haber entrevistado el día anterior al compositor como soldado del ejército estadounidense —sin revelarle su identidad— en su villa de Garmisch. El título de su posterior artículo para Stars and Stripes no tiene desperdicio: “Su corazón latía al compás nazi”.

La herida que dejó en Thomas Mann aquel brutal ataque, aquella sarta de mentiras y tergiversaciones sobre una de las cosas que más amaba en el mundo, fue tan profunda que, 12 años después, en una carta abierta a Walter von Molo, que le había pedido públicamente volver a Alemania para contribuir a su reconstrucción, Mann confesó: “Nunca olvidaré la campaña analfabeta y asesina que se llevó a cabo en la radio y la prensa contra mi ensayo sobre Wagner, organizada en Múnich, y que me hizo comprender definitivamente que mi regreso era imposible”. De hecho, no volvió a poner un pie en Alemania durante 16 años, tildando en una carta a Hans Pfitzner —de cuya música Mann había escrito elogiosamente, pero que no tuvo reparo alguno en añadir su firma al final del libelo— aquella protesta de una “excomunión nacional” que lo había condenado al “ostracismo social”. En su primer viaje a Europa tras la guerra, en 1947, evitó deliberadamente entrar en su país, y prefirió asociar el regreso, fuertemente simbólico, a una gran causa, ya que dos años después no podía dejar de alzar su voz en el bicentenario del nacimiento de —por supuesto— Goethe en las ciudades en que había visto la luz (Fráncfort) y cerrado los ojos (Weimar) su referente literario por antonomasia. En 1955, el año de su propia muerte en Suiza, la última estación de su larguísimo destierro, haría lo propio en el sesquicentenario de otro gigante: Friedrich Schiller.

En sus “memorias no escritas”, Katia Mann nos brinda informaciones muy valiosas. Por ejemplo: “Mi marido no aprendió nunca a tocar el piano; pero improvisaba de oído, sobre todo Tristan. Amaba la música y, si se quiere dividir a las personas en personas de ojos y de oídos, él no era realmente una persona visual”, al contrario precisamente de Goethe, un dibujante y naturalista a quien cuadraban a la perfección los versos que puso en boca de Linceo al comienzo del quinto acto de la segunda parte del Fausto: “Nacido para ver, / llamado a observar” (“Zum Sehen geboren, / Zum Schauen bestellt”). Golo Mann reveló en una ya citada conferencia leída en 1964 en Múnich que su padre “necesitaba música para descansar, relajarse y limpiar su mente”. Monika Mann, por su parte, recordó cómo se reunía la familia al completo para escuchar música en su casa de la Poschingerstraße: “Nos parecía que papá manejaba muy bien el gramófono y que, con una autoridad natural, velaba por que reinaran el silencio y la concentración. Su manera de escuchar era contagiosa: era una escucha especial; escuchaba con todo su ser y su receptividad era en sí misma un acto creativo”.

Erika, su hermana mayor, que había sido una joven transgresora, rebelde y extravagante, y que, al igual que su hermano Klaus, decidió vivir su homosexualidad sin cortapisas (algo que Thomas jamás se atrevió a hacer), se convirtió en la más fiel ayudante y consejera de su padre en la etapa final de su largo peregrinaje, de sus Wanderjahre, tanto en California como en Suiza, donde está enterrado. Tan solo mes y medio antes de aquella conferencia sobre Wagner, que acabaría teniendo tan nefastas y perdurables consecuencias, Erika había fundado en Múnich su efímero cabaret político-literario Die Pfeffermühle (El molinillo de pimienta), un nombre sugerido, claro está, por El Mago. Y al final mismo del relato que escribió sobre el último año de vida de su padre, la música hace una última y emocionante aparición: “Había muerto mientras dormía. Los médicos lo habían dejado a solas con mi madre. Él no se movía, no había cambiado la posición de su cuerpo yacente. Solo había movido la cabeza de manera casi imperceptible hacia un lado y su expresión había cambiado, como podría haberlo hecho si estuviera durmiendo. Era su cara de música, que se había vuelto ahora hacia mi madre, esa cara, absorta y profundamente atenta, con la que solía escuchar sus obras más familiares y amadas”. Thomas Mann tuvo una muerte tan musical como su vida.


Luis Gago es crítico de música clásica de EL PAÍS. Con formación jurídica y musical, se decantó profesionalmente por la segunda. Además de tocarla, escribe, traduce y habla sobre música, intentando entenderla y ayudar a entenderla. Sus cuatro bes son Bach, Beethoven, Brahms y Britten, pero le gusta recorrer y agotar todo el alfabeto.


[Fuente: www.elpais.com]

Impuls a l'oferta d'assaig i no-ficció en català: més de 350 títols traduïts en dos anys

Predominen les obres provinents de l'anglès, seguit del castellà, el francès, l'alemany i l'italià

Escrit per Adrià Asbert

El Departament de Política Lingüística de la Generalitat segueix impulsant l'oferta d'assaig, divulgació i no-ficció en català amb més de 350 títols traduïts en dos anys. A través d'una línia de crèdit per subvencionar les traduccions d'aquestes obres a la llengua catalana, va donar suport a la traducció de 158 obres de no-ficció el 2024 i de 193 obres més durant aquest any 2025. Les traduccions de l'any passat ja estan disponibles a les llibreries, mentre que les que s'han fet enguany, provinents de 60 editorials diferents, s'aniran incorporant progressivament al mercat durant el 2026. Les traduccions provenen de 14 llengües diferents, amb un predomini clar de l'anglès, seguit del castellà, el francès, l'alemany i l'italià, així com d'altres llengües com el japonès, el portuguès, el rus, el grec clàssic o el neerlandès. Pel que fa a les temàtiques, les obres traduïdes abracen un ampli ventall de disciplines, destacant les memòries, la història i la psicologia.

També sobresurten obres d'assaig i no-ficció sobre filosofia, la sociologia, les arts, la ciència i la natura, així com àmbits com el feminisme, l'educació, la política, la salut o la investigació. Aquesta diversitat contribueix a reforçar la presència del català en camps del coneixement no estrictament literaris i a ampliar els espais d'ús de la llengua catalana en l'acadèmica. Algunes obres destacades que s'han traduït enguany gràcies a aquesta línia d'ajuts inclouen Dotze anys d'esclavitudLionel Messi. El rei LeoLlogateres uniu-vos!Urbanisme feminista. Per una transformació radical dels espais de vidaConviure amb els homes. Reflexions sobre el judici del cas PelicotQuè és l'estoïcisme?; Breu història del conflicte entre Israel i PalestinaAlgun dia tothom hi haurà estat sempre en contraPer què alguns homes odien les dones o Com crear els teus GPT en 15 minuts.

Pel que fa a l'any 2024 la línia d'ajuts va donar suport a la traducció de 158 obres de no-ficció de 49 editorials, totes ja publicades. Les obres traduïdes provenien de 13 llengües diferents, amb l'anglès com a llengua d'origen principal, seguida del castellà, el francès, l'alemany i l'italià, així com d'altres llengües com el japonès, el grec clàssic, l'hebreu o el polonès. Quant a les temàtiques, el 2024 van tenir un pes destacat les obres d'història, filosofia, memòries, sociologia i educació, juntament amb títols d'arts, ciències socials, ciència i natura, feminisme, política, psicologia, religió, salut i lingüística. Les traduccions d'obres no literàries subvencionades en edicions anteriors es poden consultar al web de llengua catalana.

[Foto: Carlos Baglietto - font: www.elnacional.cat]

Pérez Esquivel: «Ataque a Venezuela viola el derecho internacional»

 


La invasión ilegal del presidente, Donald Trump, a Venezuela “es una afrenta a cualquier Estado soberano en el mundo y a los propios  norteamericanos”, sentenció el Premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel.

“Viola el derecho internacional y el nacional porque actuó sin aval del Congreso de Estados Unidos”, remarcó el prestigioso luchador por los derechos humanos en X, y subrayó: “Un grupo de empresarios ricos buscando petróleo…


Por su parte, la célebre intelectual argentina Stella Calloni opina que el cobarde, ilegal y genocida bombardeo del ejército de Estados Unidos “no solo provocará una conmoción mundial, sino que será el principio del fin del propio mandatario estadounidense”.

El mundo tiene que saber que esto es terrorismo de alta tecnología, al que hay que responder y sobre todo en América Latina, donde la resistencia de los pueblos debe pasar a la ofensiva, y a advertir que el proyecto geoestratégico de recolonizar América atina para controlar todos sus recursos, según el objetivo de la Nueva Doctrina de Seguridad estadounidense”, exhortó Calloni.

El politólogo argentino Atilio Borón advierte que el ataque a Venezuela marca la descomposición final del orden mundial, como el colapso de la diplomacia y las reglas de posguerra, asegurando que la acción instaura la "ley del más fuerte" como norma global, con graves riesgos geopolíticos.

“Es inadmisible, no se puede normalizar una situación como esta”, señaló el académico, advirtiendo sobre las peligrosas repercusiones geopolíticas de validar una acción de este tipo.

Para Borón, el peligro no se circunscribe solo a Sudamérica. Al romper el derecho internacional, Estados Unidos podría estar habilitando tácitamente a otras potencias a resolver sus disputas territoriales por la fuerza.  

Alerta al mismo tiempo que la operación podría ser “el primer acto de una guerra civil muy preocupante”, con el riesgo de incendiar el “patio trasero” de Washington y extender la violencia hacia Colombia.  

Este acontecimiento muestra que los organismos multilaterales, como la Organización de Naciones Unidas, han colapsado y carecen de capacidad para frenar a la potencia norteamericana, tal como falló previamente en Gaza o Ucrania. 

El comentarista político Jorge Elbaum escribió para Página 12 que la agresión y el rapto de Maduro y su esposa inauguran un nuevo capítulo en la historia de susceptibilidad y aversión de gran parte de la sociedad civil de América Latina y el Caribe respecto de Washington.  

Lo que Donald Trump postula como una acción militar exitosa, lejos de incrementar su pretendido halo imperial, acrecentará la desconfianza de sus socios occidentales en la capacidad de la Casa Blanca para gestionar la seguridad global, agrega Elbaum.  

Y sugiere que la acción militar supone una declaración de guerra sin eufemismos y clausura el estatus de la región como zona de paz. Es probable que la caja de Pandora de la violencia empiece a exhibir sus fantasmas armados, quebrando los acuerdos de pacificación alcanzados durante la última década en Colombia”, concluye el articulista.

lam/mh

[Fuente: www.prensa-latina.cu]


George Clooney, novèl ciutadan «occitan»

La familha Clooney a obtengut lo ciutadanatge francés, mas lor installacion en Provença soslinha l’oblit de la lenga nòstra e del patrimòni cultural occitan


Lo celèbre actor estatsunidenc George Clooney, son esposa Amal e lors bessons de 8 ans an oficialament obtengut lo ciutadanatge francés, segon un decret de naturalizacion publicat al Jornal Oficial, çò rapòrta Midi Libre. Clooney es proprietari dempuèi 2021 del Domeni del Canadèu, format d’una bastida provençala del sègle XVIII de 900 m² e d’un terren de 172 ectaras amb de vinharedas. Localizat a Brinhòla (Brinholenc), causiguèt de s’ancorar duradissament en Provença, seduch per un quadre de vida mai protector per sa familha.

L’actor a sovent exprimit son estacament a la lenga e a la cultura francesas: «Aimi la cultura francesa, vòstra lenga, e mai siái encara marrit après 400 jorns de corses», çò exprimiguèt en galejant Clooney. A sustot mes endavant la tranquillitat ofèrta per la vida locala, luènh dels paparazzi e de la pression mediatica. E mai los Clooney partegen lor temps entre mai d’un país, lor domeni varés rèsta, segon l’actor, «l’endrech mai aürós» per lor familha.

Aquela exaltacion de la «cultura francesa» sona encara mai voida del moment que passa jos silenci la cultura pròpria del territòri ont la familha Clooney a causit de s’installar. A Brinhòla, la lenga occitana provençala, pasmens constitutiva de l’istòria e de l’identitat localas, es quasi absenta de l’espaci public, sens qu’aquò semble suscitar la mendre curiositat o lo mendre engatjament de part d’aqueles ciutadans globalizats novèls. En revendicant un estat francés abstrach e centralizat, celèbran una cultura dominanta e lingüicida, daissant lo patrimòni cultural provençal al marge de tota reconeissença reala e absoludament necessària


[Sorsa: www.jornalet.com]

«Miroirs nº 3»: a mulher que viveu duas vezes

 


Escrito por Paulo Portugal

Neste seu último filme, Cristian Petzold parece despojar o seu cinema ao máximo, deixando-nos (quase) apenas o que podemos chamar de um esboço, um rascunho de filme. Em todo o caso, com tudo lá dentro. E esse tudo não será pouco, pois revela-nos uma dimensão caleidoscópica do seu cinema, reverberando outras dimensões. Lá está, como um espelho. Miroirs nº 3 é um filme que quer ser pequeno. Vamos descobrir porquê.

Há um plano de um olhar em movimento que vale (quase) por todo o filme. Nele, uma mulher fita a outra de passagem, mas como uma visão de quase cumplicidade. Um olhar que não é inocente, algo que lhe vem do passado. O suficiente para nos fazer abrir os olhos e despertarmos a mente. 

Barbara Auer e Paula Beer – o ‘eu’ e a ‘outra’

Ficaremos a saber que esta mulher, Laura (um nome muito cinematográfico — sim, o título do filme de Preminger, de 1944 — e ligado à duplicidade), poderá ser a reencarnação da sua filha morta, também ela pianista. Laura é interpretada por Paula Beer, digamos, a atriz recorrente nos três filmes anteriores de Petzold (AfireUndineTransit) — assim como Nina Hoss fora nas quatro obras precedentes (PhoenixBarbara, JerichowYella). Talvez esta ideia de ‘parte’ ou reflexo, de um filme maior, comece por essa assunção de camadas na(s) atriz(es), nas suas múltiplas reincarnações.

É verdade que a alusão ao famoso filme de Hitchcock serve também para sublinhar essa dualidade que se enreda no cinema de Petzold. Como se acrescentasse mais uma peça a um filme enigmático maior, alojado, de algum modo, na memória, no lastro do tempo. Mas também numa certa duplicidade que inquieta, no ‘outro’. Afinal de contas, no cinema, na sua capacidade de reprodução.

Miroirs Nº 3 (título do tema musical do filme), é um trecho de Ravel que revela o ‘fantasma’ do filme, a mulher que viveu duas vezes. Uma mulher que sobrevive ao acidente de automóvel que mata o seu marido. Sozinha, ela é recebida por Betty (Barbara Auer), que testemunha a tragédia e a acolhe em sua casa. É então, na presença desse ‘fantasma’, desse mundo em ruínas, que ambos olham para trás, procurando reparar feridas possíveis. Justamente aí, o marido e o filho de Betty (Mathias Brandt e Enno Trebs). Vem à memória o paradigma no texto ‘Angelus Novus’, do filósofo alemão Walter Benjamin, descrevendo um anjo confrontado com o futuro em ruínas, que procura, desesperadamente, olhar para trás, apesar de ser empurrado para a frente, pelo vento da renovação.

Talvez seja exatamente para isso que somos convocados, quase em surdina: participar e ajudar a colocar essas peças, compreender o estado deste mundo fílmico. Li que Miroirs nº 3 se apresenta como uma obra menor na filmografia de Christian Petzold. Independente do seu posicionamento na sua carreira, essa reflexão estimulante sobre identidade, perda e nossas relações com o passado é coisa de grande valor. Sim, Miroirs nº 3 desdenha ser um grande filme – deseja ser apenas o filme que poderemos descobrir, pensando-o.

Em 2019, tive a oportunidade de entrevistar Petzold e, inevitavelmente, abordar a coerência do seu cinema e as revisitações de seus duplos. Algo que permanece tão atual, mesmo after all these years… e que parece estar sintetizado nesta pergunta sobre seu fascínio pelo passado e os fantasmas que nele vivem:

“Quando eu e o Harun Farocki (falecido em 2014, a quem Christian dedica Transit) terminámos o filme The State I am In (2000) — filmado parcialmente no Algarve e, curiosamente, com Barbara Auer — percebi que se tratava de uma história sobre fantasmas, sobre individualidades esquecidas pela História. No fundo, as personagens do filme procuram materializar-se e adquirir uma nova vida. Querem sentir que são feitas de carne e osso. E acho que é exatamente isso que o cinema representa: histórias sobre pessoas que perderam seus entes queridos ou o trabalho; que, de alguma forma, foram traumatizadas ou ficaram para trás na vida e já não têm mais espaço.” 

É isso.


[Fonte: www.insider.pt]

«Revolución»: o prezo humano da liberdade

A nova novela do escritor portugués Hugo Gonçalves explora as  consecuencias da Revolución dos Caraveis a través das vidas de tres irmáns 


Escrito por Adrián García Seoane  

Cincuenta anos despois da Revolución dos Caraveis, esa que puxo fin de forma pacífica a case medio século de ditadura en Portugal, o escritor e xornalista luso Hugo Gonçalves (Sintra, 1976) revive na súa nova novela, Revolución (Libros do Asteroide), a historia recente do seu país a través da vida dunha familia que se verá profundamente afectada polos cambios que transformarán para sempre a nación. Galardoado co prestixioso Premio Literario Fernando Namora, Gonçalves reconstrúe nesta novela de dimensións épicas as emocións, sacrificios e dilemas morais dunha xeración que, a mediados dos anos setenta, creu posible cambiar o seu país e que pagou un alto prezo por iso. O resultado é unha obra traxicómica e coral na que cada frase, cada diálogo, cada descrición irradia unha profunda verdade que poucos poden presumir de acadar.  

Para chegar a ela, Gonçalves penétrase nas vivencias persoais de tres irmáns, os Storm, cada un dos cales encarna diferentes formas de facer fronte ao cambio. A maior, Maria Luísa, unha militante comunista que acaba detida e torturada pola policía política do réxime, pídea, descobre que a liberdade colectiva recentemente conquistada é, en realidade, fonte de novas tensións. A súa outra irmá, Pureza, representa a aqueles portugueses que, sen apoiar abertamente a ditadura, vívena desde a resignación; por iso, a abrupta irrupción do PREC (Proceso Revolucionario en Curso) confróntaa cunha realidade que a excede. O menor dos Storm, Frederico, personifica o contrapunto xeracional: é un adolescente irreflexivo e rebelde que vive a revolución desde o entusiasmo de quen busca abrirse a novas experiencias; un entusiasmo que acabará transformándose en desencanto, pois é demasiado mozo para combater a ditadura e demasiado escéptico para crer na nova política da incipiente democracia.  

E aínda que Revolución fai un intelixente repaso dos anos decisivos que marcaron o fin do réxime ditatorial en Portugal, en última instancia é tamén unha fonda exploración do modo en que os nosos actos e omisións revelan quen somos realmente e, sobre todo, unha meditación sobre o que significa a verdadeira liberdade, sobre a que Frederico Storm reflexiona así nun momento de introspección clave na novela: «Quizais a liberdade non fose un concepto elevado polo que valía a pena morrer, senón unha necesidade fisiolóxica pola que valía a pena vivir».   

Toda esta intrahistoria familiar viviraa nas súas propias carnes a matriarca dos Storm, Antónia, unha muller sufrida que inevitablemente verá como os seus fillos se acaban convertendo nuns completos descoñecidos para ela. Maria Luísa, que regresa do exilio logo da caída do réxime, radicalízase e acaba formando parte dun dos movementos de extrema esquerda que fará uso da violencia para conseguir os seus obxectivos; Pureza, casada cun rico terratenente, decide divorciarse despois de que este entre a formar parte dun movemento de extrema dereita; e Frederico, o pequeno, acabará deixando o seu traballo como redactor nun xornal para caer finalmente nas drogas. Todo un espello da condición humana que Gonçalves reflicte con mestría.


[Fonte: www.lavozdegalicia.es]

Bahram Beyzaï, l’écrivain qui a réinventé le théâtre iranien moderne

Le dramaturge, écrivain, théoricien du théâtre et cinéaste iranien Bahram Beyzaï est mort le 26 décembre dernier à l'âge de 87 ans. Il occupe une place singulière dans la culture iranienne contemporaine : celle d’un auteur total, pour qui l’écriture n’a jamais été séparable de la scène, de l’image, ni de la pensée critique. 

Publié par Hocine Bouhadjera

Né en 1938 à Téhéran dans une famille profondément marquée par la culture lettrée et religieuse, Bahram Beyzaï grandit dans un environnement où la poésie, le récit et la transmission orale occupent une place centrale.

La rencontre avec le théâtre 

Du côté paternel, plusieurs figures de prédicateurs et de poètes ont façonné une tradition familiale attentive à la langue et au verbe, du côté maternel, la mémoire des contes populaires et des légendes nourrit très tôt son imaginaire. Très jeune, il est également confronté aux tensions religieuses et politiques de l’Iran d’après-guerre, expériences qui forgent son regard critique sur les mécanismes d’exclusion et de domination.

Dans les années 1950, il découvre le cinéma et le théâtre comme des espaces de refuge et de réflexion face à la violence de son environnement scolaire et social. Son passage par le ciné-club de Farrokh Ghaffari et sa fréquentation des cercles intellectuels iraniens l’ouvrent à la fois aux traditions théâtrales orientales et aux dramaturgies occidentales.

Mais c’est surtout la découverte directe du ta’zieh — théâtre rituel chiite — qui constitue un choc fondateur : Beyzaï y perçoit une forme dramatique authentiquement iranienne, capable de rivaliser avec les grandes tragédies du répertoire mondial.

Une œuvre engagée

Si son cinéma a fini par lui offrir une reconnaissance internationale, souvent tardive et entravée par le pouvoir, son œuvre première demeure celle d’un écrivain, qui a réinventé, par les textes, les formes et les récits, la possibilité même d’un théâtre iranien moderne.

Dès la fin des années 1950, il écrit pour le théâtre, tout en menant un travail de recherche considérable sur les traditions dramatiques iraniennes. À rebours d’un discours dominant qui faisait du théâtre persan une forme marginale ou tardive, il démontre, livres à l’appui, l’existence d’une continuité historique vivante : rituels, récits populaires, ta’zieh, théâtre de marionnettes, naqqāli. Son ouvrage Namayesh dar Iran (Le Théâtre en Iran), publié en 1965, demeure un texte fondateur, enseigné dans les universités iraniennes.

Ses pièces — comme Arash, Le huitième voyage de Sindbad, La mort de Yazdgard, La ballade de Tara — puisent dans les mythes, l’épopée, l’histoire ancienne, non pour célébrer un passé figé, mais pour interroger le présent. Le mythe est chez lui un outil critique : il sert à penser le pouvoir, la responsabilité, la violence politique, la fabrication des récits dominants.

Une dramaturgie du conflit et de la pluralité

Très tôt, il développe une dramaturgie fondée sur la confrontation des versions, des voix et des récits contradictoires, faisant de la vérité un enjeu conflictuel plutôt qu’un donné stable. La mort de Yazdgard en est l’exemple le plus connu : la mort du dernier roi sassanide n’y est jamais établie comme un fait, mais comme une construction narrative disputée entre plusieurs témoins, chacun parlant depuis sa position sociale, politique, symbolique. L’histoire devient procès, la vérité devient enjeu.

Il travaille le chœur, le récit fragmenté, la répétition, les retours, comme autant de manières de résister à la clôture idéologique. En ce sens, son théâtre est profondément politique, mais jamais programmatique : il ne délivre pas de message, il installe une situation où le lecteur ou le spectateur est contraint de penser.

Un autre trait majeur de son écriture, et l’une des causes récurrentes de la censure, tient à la place qu’il accorde aux femmes. Contrairement à une large part du cinéma et du théâtre iraniens, Bahram Beyzaï ne fait pas de ses personnages féminins des figures passives ou uniquement victimaires. Ses héroïnes sont des sujets : elles agissent, résistent, choisissent, parfois au prix de leur marginalisation ou de leur disparition. Dans La ballade de Tara, dans Bashu, ou dans plusieurs de ses pièces, la femme incarne une conscience morale et politique que les structures patriarcales tentent de neutraliser. 

Lorsque l'Iranien passe au cinéma, il n’abandonne rien de cette exigence textuelle. Ses films sont pensés comme des constructions narratives complexes, où l’image ne remplace pas l’écriture mais la prolonge. Dialogues denses, structures quasi théâtrales, usage du hors-champ et de la répétition : son cinéma reste profondément littéraire dans sa conception.

De la censure à l'exil

Sa trajectoire sera durablement marquée par la censure et l’exil intérieur, puis géographique. Avant la révolution de 1979, il occupait des fonctions universitaires majeures, notamment à la tête du département des arts dramatiques de l’université de Téhéran.

Il en est évincé au début des années 1980 pour ses positions critiques implicites envers le régime théocratique. Plusieurs de ses œuvres théâtrales et cinématographiques sont interdites ou lourdement entravées, le contraignant à de longues périodes de silence public. À partir des années 2000, il s’installe aux États-Unis, notamment en Californie, où il poursuit son travail d’écriture et d’enseignement, loin de l’Iran mais sans jamais rompre avec sa langue ni avec ses mythes. Il poursuivait jusqu’à récemment son travail d’enseignement au sein du département d’études iraniennes de l’université de Stanford. 

Il a fallu des décennies pour que l’œuvre de Bahram Beyzaï bénéficie d’une reconnaissance internationale à la hauteur de son importance. Le travail de restauration mené avec le soutien de Martin Scorsese et du World Cinema Project a permis de redonner une visibilité à certains films majeurs. La présentation restaurée de Bashu, le petit étranger à la Mostra de Venise en 2025 en est un symbole.

Malgré les entraves constantes imposées à son travail, dès 1972, son premier long-métrage, Downpour, remporte plusieurs Grands Prix internationaux, à Moscou, Chicago et Téhéran. Son film La ballade de Tara est ensuite nommé, en 1980, au prix Un certain regard du Festival de Cannes, avant d’être distingué dans de grands rendez-vous internationaux à Nantes, Berlin ou Aubervilliers.

« Un grand maître »

La figure centrale de la Nouvelle vague iranienne n’a pas seulement marqué le cinéma par ses films, mais par son rôle structurant dans les institutions culturelles indépendantes. Il fut l’un des membres fondateurs du Centre des cinéastes progressistes en Iran, de l’Association des écrivains iraniens et de la Société des auteurs et compositeurs dramatiques. 

Sa disparition a suscité de nombreuses réactions au sein de la diaspora iranienne. Le cinéaste Asghar Farhadi lui a rendu hommage sur les réseaux sociaux, saluant « un grand maître » et rappelant combien Beyzaï incarnait, jusque dans l’exil, une fidélité profonde à la culture iranienne. « Je n’ai jamais connu quelqu’un d’aussi iranien que Bahram Beyzaï », écrit-il, soulignant l’amertume de voir disparaître, loin de son pays, un auteur dont toute l’œuvre fut consacrée à en interroger la langue, les mythes et les blessures. 


[Photo : Fakhradin Fakhraddini, source : Payvand.com. Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0 - publié sur www.actualitte.com]

Joves mares sota la mirada lluminosa dels Dardenne

 

Jean-Pierre i Luc Dardenne retratats a Valladolid - SEMINCI

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Gairebé quaranta anys després del seu debut en la ficció, els germans Jean-Pierre i Luc Dardenne es mantenen igual de combatius i compromesos amb la defensa de les classes humils i els desvalguts. Dues Palmes d’Or de Canes (per Rosetta i El niño) i incomptables premis acrediten aquests cineastes belgues com a referents del cinema d’esquerres i obrer europeu, juntament amb el britànic Ken Loach (amb qui els uneixen els inicis en el documental) i pocs més

Gairebé quaranta anys després del seu debut en la ficció, els germans Jean-Pierre i Luc Dardenne es mantenen igual de combatius i compromesos amb la defensa de les classes humils i els desvalguts. Dues Palmes d’Or de Canes (per Rosetta El niño) i incomptables premis acrediten aquests cineastes belgues com a referents del cinema d’esquerres i obrer europeu, juntament amb el britànic Ken Loach (amb qui els uneixen els inicis en el documental) i pocs més.

Justament un dels premis que van guanyar als inicis va ser l’Espiga d’Or de la Seminci del 1996, per La promesa. Aquesta setmana han tornat a competir-hi amb Recién nacidas, també distingida a Canes (en aquest cas pel guió), que arriba avui als cinemes. La pel·lícula, de temàtica similar a la premiada producció catalana La maternal, de Pilar Palomero, segueix les històries de cinc joves mares (de fet, en francès es titula Jeunes mères) en dificultats, per diferents motius: són adolescents, o mares solteres, o no tenen recursos econòmics per criar en condicions els seus fills, o han patit violència domèstica... O són víctimes de dues o tres d’aquestes circumstàncies. Totes troben un sostre i ajut en una casa maternal de Lieja.

 

Jean-Pierre Dardenne explicava dilluns passat en una roda de premsa a la Seminci que els plans originals del film van variar una mica: “Volíem fer una pel·lícula inspirada en una mare jove que vivia en una casa maternal, i ens vam començar a documentar anant al seu centre i coneixent cuidadores, noies, nadons… I ens en vam enamorar! Ens vam adonar que no volíem fer un guió sobre aquella mare en concret, sinó partir de totes aquestes joves mares i fer una pel·lícula coral.”

Basada en fets reals

Jean-Pierre Dardenne subratlla que el film és una ficció: “Vam parlar molt sobretot amb la psicòloga del centre, ens va explicar com eren noies que havien estat allà amb els seus nadons, com se n’havien sortit... Cap de les nostres històries parteix d’una història real, són totes ficció, que serveix per afegir possibilitats a la realitat. Sí que us puc dir, però, que l’interès, l’atenció, la paciència profunda que es veu per part de les professionals d’aquests centres és ben real.”

Luc Dardenne va comentar la importància de la música en les cinc històries que expliquen: “Una de les mares coneix els pares adoptius i demana al pare, que és músic, que li ensenyi a tocar algun instrument. Al final, sonen dues peces de música, una de trista i una marxa de Mozart, perquè volen tocar una cosa alegre per al bebè. A un nen se li han d’encomanar ganes de viure. Això és el que s’ensenya al centre, a ser responsables, i això també vol dir cuidar el nadó i no transmetre tristesa, sinó el contrari.”

A part que fan un cinema menys polític (acceptant que totes les pel·lícules ho són), els Dardenne es diferencien de Ken Loach per la manera positiva de retratar els serveis socials, especialment si comparem Recién nacidas amb títols de l’anglès com Ladybird, Ladybird. Són, però, en un mateix vaixell, i Luc Dardenne reivindica el cinema social europeu, que resisteix a un futur incert: “És un cinema que s’ha de seguir fent, però ara hem d’estar molt atents. Cal impedir sigui com sigui que els Estats Units posin fi a l’excepció cultural que existeix a Europa i que permet que cada estat financi les pel·lícules fetes al seu territori. Els Estats Units volen fer del cinema una mercaderia més, és el seu somni des de fa temps. Europa s’hi enfronta i defensa el cinema com a obra d’art, i hem de mantenir això.”

 

 

[Imatge: SAMUEL DE ROMÁN - font; www.elpuntavui.cat]