quinta-feira, 9 de janeiro de 2014

Las colocaciones, un reto lingüístico

Publicado por Tamara Andrés Padín

Un texto bien escrito es aquel que, además de presentar una puntuación mimada y carecer de faltas de ortografía, posee una estructura coherente, como si se tratase de una de esas bufandas de lana que se tejen con mucho mimo.

En este artículo hablaremos de las colocaciones, un término asociado a la lingüística desconocido por la mayoría de la gente que fue introducido en el español en 1978 por el filólogo y miembro de la Real Academia Española Manuel Seco. La filóloga Gloria Corpas Pastor las define como «sintagmas libres generados a partir de reglas, que presentan cierto grado de restricción combinatoria determinada por el uso (cierta fijación interna)». También considera que son «combinaciones prefabricadas» compartidas por una comunidad de hablantes. Sus miembros se denominan «colocados». Mientras que el primero es independiente desde el punto de vista semántico (la «base» o «núcleo»), el segundo lo determina (el «colocativo»). Ambos elementos se seleccionan entre sí de tal modo que la precisión deja de ser la misma si se modifica uno de ellos. A título de ejemplo, mencionaremos «albergar esperanzas», «adoptar medidas» o «caer en desuso». No obstante, las colocaciones no son únicamente combinaciones fijas de verbo y sustantivo, sino también de sustantivo y verbo («estallar una guerra»), dos sustantivos («discusión acalorada») o verbo y adverbio («salir zumbando»), entre otras posibilidades.

Asimismo, hay que prestar especial atención a aquellos términos que comparten el mismo significado, pero que no se utilizan de la misma forma. Por ejemplo, hablamos de «instinto maternal», pero no de «instinto materno». La Real Academia Española no suele aclararnos mucho en este sentido, ya que, por ejemplo, define «navegador» y «navegante» de la misma forma. ¿Acaso se utilizan indistintamente estas dos palabras? ¡En absoluto!

Grado de combinaciones de tipo afectivo

Uno de los principales problemas que plantean las colocaciones es su traducción. No se puede traducir sus constituyentes de forma individual, sino que es necesario buscar el bloque correspondiente en la otra lengua. Por ejemplo, mientras que en español se dice «vino tinto», los franceses se refieren a este como vin rouge y los ingleses como red wine («vino rojo» en ambos casos). Hay muchas colocaciones que hoy en día se están introduciendo desde el inglés que deberían evitarse, puesto que son auténticos anglicismos, como «tomar riesgos». En nuestro idioma, los riesgos «se afrontan» o «se asumen», pero nunca «se toman»; y, en caso de duda, también podemos optar por «arriesgarse». Del mismo modo, la traducción correcta de new drivers es «conductores noveles», y no «conductores nuevos». Además, en español una persona no tiene una salud «pobre» (poor health), sino «débil», «delicada», «frágil», «endeble» o «quebradiza». El francés también nos hace pasar malas jugadas, tal y como demostró el filólogo y traductor Valentín García Yebra al detectar frases como «procurar tirar partido de ella» (de tirer parti, «sacar partido») o «librarse a la caza de tal o cual elemento connotador» (calco de se livrer à la chasse, «entregarse a la caza»).

La prensa no se libra de este tipo de errores. En un artículo de El Mundo, por ejemplo, se afirmaba que el ex número uno de Elf reconoció que lamentaba «fuertemente» haberse beneficiado indirectamente de ciertas prácticas. Obviamente, el periodista tradujo literalmente al castellano regretter fortement. Sin embargo, tendría que haber utilizado dicho verbo junto a «mucho», «profundamente», «vivamente» o «enormemente».

Por otro lado, muchas veces las colocaciones que escogemos, a pesar de ser correctas, empobrecen nuestro discurso. Tendemos a emplear verbos neutros (conocidos también como «verbos grises»): «hacemos exámenes», nos «ponemos el sombrero» o «damos un discurso». Para enriquecerlo, podríamos considerar otras opciones, como «efectuar» o «realizar» un examen o «someternos» a él (según el caso); «calarnos» o «enfundar» el sombrero o «pronunciar», «predicar» e incluso «recitar» un discurso. 

Las colocaciones también son caprichosas, por lo que no podemos aplicarlas de manera lógica. El adverbio «olímpicamente» no se relaciona con los deportes, sino que lo utilizamos con verbos que denotan falta de interés, como «pasar olímpicamente». «Limpiamente» lo utilizamos junto a «robar» o «ganar», pero no con verbos como «fregar» o «barrer», lo que tendría más lógica. 
   
Todos aquellos que procuren una fuente para consultar combinaciones de palabras pueden recurrir a los diccionarios Redes y Práctico, ambos dirigidos por Ignacio Bosque. Parece, por tanto, fácil: si desconocemos una colocación o no estamos seguros de ella, basta con consultar una de estas obras. No obstante, algunas de ellas varían según el área geográfica. En Argentina, por ejemplo, la pelota no se «pasa», sino que se «toca». Asimismo, en la mayoría de países de América Latina, lo más común es que un preso se «meta a la cárcel». 
   
En conclusión, a pesar de que consideremos que somos libres en términos léxicos, nuestra libertad se reduce a elegir entre unas determinadas opciones. De no ser así, viviríamos en una anarquía lingüística en que la comunicación resultaría imposible. Colocaciones...¡qué caprichosas!


[Fuente: www.lapiedradesisifo.com]



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