quarta-feira, 7 de junho de 2017

Roman Polanski, el eterno juguetón

El cineasta francopolaco estrena, fuera de competición, 'D'Après una histoire vraie', un 'thriller' sobre una fan que fagocita a una escritora de éxito

La actriz Emmanuelle Seigner besa a su marido, Roman Polanski,
antes de la rueda de prensa de 'D'Après une histoire vraie'.
Escrito por GREGORIO BELINCHÓN

Roman Polanski era el último nombre que faltaba por estrenar película en esta edición de Cannes. A sus 83 años no ha perdido en persona el humor ni en pantalla la capacidad para mantener en tensión al espectador, que espera que en cualquier momento la trama estalle. En buena parte de ese talento se cimenta la adaptación de D’Après una histoire vraie (Basada en hechos reales), una novela de Delphine de Vigan, que se usa a sí misma en una historia con aromas a Misery: una fan (en la pantalla, Eva Green con su mirada turbia) entra en contacto con Delphine (Emmanuelle Seigner en el cine) y poco a poco fagocita la vida de la escritura, en un claro ejercicio de autoficción, género tan de moda. Fue Seigner, actriz y esposa de Polanski, la que leyó el libro (en España está editado por Anagrama) y pensó que ahí había un gran material para el cineasta, que mientras sigue intentado realizar su drama sobre el caso Dreyfus decidió dirigir este thriller.
En Cannes, en la presentación de este thriller fuera de la competición a Polanski le acompañaron Seigner, Green (que habitualmente no trabaja en su francés materno), el compositor Alexandre Desplat, el coguionista Olivier Assayas, el productor Wassim Béji y la novelista Delphine de Vigan. Un cartel de lujo para un primer espada como Polanski que ante la prensa se ha mostrado igual de chispeante en inglés y francés, y capaz de vacilar hasta a su pareja. Para empezar, ha reconocido que le faltaba en su currículo un thriller como este, con tensión entre dos mujeres: “Sentí que en la novela resonaban ecos de mis primeros trabajos, y que por tanto estaba en el lugar adecuado”. Sí recalcó que Assayas y él no se han alejado del libro: “Yo he adaptado antes obras de teatro y libros, y siempre he procurado no irme lejos del material original. De niño, cuando veía adaptaciones en pantalla con nuevos personajes o líneas argumentales, me sentía decepcionado”. 
En el thriller, Elle (así se llama el personaje de Green) escribe para otros, es un negro, una profesión que Polanski ya ilustró en El escritor. “Conozco buenos escritores en ese cometido, y es una labor interesante. ¿Es un cineasta un negro de la vida de otros? No lo había pensado antes, pero me quedo con la idea para otras entrevistas”, ha respondido sobre el paralelismo entre directores de cine y esos redactores. Sobre su relación profesional con su esposa, tras apuntar Seigner que no es su musa, sino que él le inspira a ella, el aludido se lanzó: “Tenemos una relación muy profesional. Lo complicado es volver a casa después de un día duro de trabajo. Porque a mí me gusta dejar las cosas atrás y ella no para de preguntarme por su trabajo [Seigner hace un gesto de sorpresa]. Ella es una profesional como el resto”.
Hace poco se reeditó en España, como en el resto del mundo, la autobiografía que Polanski escribió en 1985. Ahí hay material para una gran película… pero no será él quien la haga. “Cuando trabajo en un guion no pienso en mi propia vida como elemento del cine”, cortó rápido. Y sí desarrolló más su visión del futuro del cine a cuenta de la polémica Netflix-Festival de Cannes. “Lo de las plataformas y los certámenes está más allá de lo que yo puedo analizar. Pero sí sé que no son una amenaza para el cine: la gente no va a las salas porque haya mejor sonido o proyección que en su casa, sino porque es una experiencia sentarte con otra gente a ver una película, disfrutar de un espectáculo en común. Recuerdo cuando salieron los walkman, el miedo que había en la música, y no por ello se acabaron los conciertos. No es lo mismo ver Borat solo en casa o rodeado de un montón de gente riéndose”. 
Polanski aún tuvo tiempo para confirmar que en su vida ha conocido a gente como Elle en fiestas y ha huido de ella, y a reflexionar sobre la tecnología: “No tengo Facebook, y me mantendré lejos de él. Antes tenía muchos cacharros tecnológicos, y los voy tirando por esto [enseña su móvil], que cada día es más completo”. Y explicó que el actual bombardeo tecnológico interfiere con la verdad en los tiempos actuales. “No puede confiar en la fotografía como documento de la realidad porque se puede trucar en minutos. Hay un ansia por la verdad que no se corresponde con lo que nos llega desde los medios de comunicación: lo que era cierto ayer, es completamente falso hoy”. Y en un requiebro muy Polanski, el cineasta le vaciló a un periodista italiano que le preguntó si era más fácil dirigir a una mujer o vivir con ella: “No sé cómo alguien tan inteligente puede hacer una pregunta tan estúpida. ¡Es evidente que es más fácil trabajar que vivir con ellas!”. Y el geniecillo se fue a otra parte.
[Foto:  AFP - fuente: www.elpais.com]

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