quarta-feira, 26 de abril de 2017

Ciclo homenaje a Osvaldo Fattoruso - entrevista a Hugo Fattoruso



Escrito por Emilio Pérez Miguel

Con 72 años, Hugo Fattoruso mantiene intacto el ímpetu que lo llevó a convertirse en una de las figuras fundacionales no solo de la música de nuestro país sino de la región toda.

Tuvimos el agrado de entrevistarlo en su hogar del barrio La Comercial con motivo del primer ciclo de homenaje a su hermano Osvaldo, que tiene lugar todos los fines de mayo en Fray Bentos. La conversación coincidió también con la nominación de su disco “Piano Forever” a los Premios Gardel 2016, y los preparativos de una nueva gira en Japón de “Dos Orientales” – dúo conformado por Fattoruso y Yahiro Tomohiro, que este año edita su tercer trabajo discográfico “Tercer Viaje”.

Así como Spinetta decía que “todo es un instante que dura por siempre”, creo que podemos entender al arte como la manera de darle continuidad a esos pequeños momentos donde luego construimos nuestros mejores recuerdos. Ahora, vivimos una época donde se tiende a glorificar lo efímero mediante la proliferación de redes sociales y tecnologías que nos hacen estar más conectados pero a la vez menos comunicados con las personas.

Habiendo tenido un carácter fundacional en la música de nuestro país, y atravesado tantos movimientos, ¿Cómo ve la vocación artística en esta época? ¿Qué le llama la atención?

Que perdura a través de todas las paredes. Es una efervescencia natural de estas latitudes, esas ganas y ese ímpetu de combinar notas. Y cada uno hace lo que puede. Uno es de una manera, y otro es de otra. Uno gritando, otro susurrando, otro tirándose en el escenario, otro estudiando hasta que se le queman los dedos… existimos todos al mismo tiempo, y hacemos lo que podemos. Aquí perdura. Y es muy vital. Siempre ha dado de todo, en todas las direcciones. Yo solamente presencio. No estoy definiendo nada. Eso es lo que yo veo.
Justamente este mes se está llevando a cabo el primer ciclo de homenaje a su hermano en Río Negro, el cual incluye no solo conciertos sino también clínicas. Ahí tiene la posibilidad de interactuar directamente con personas más jóvenes que se acercan a plantearle inquietudes…

Sí, pero hacen pocas preguntas. En mi caso, el día que estuvimos charlando (porque yo no puedo dar una clínica, no soy especialista en nada) les di las respuestas que pude darles. Pero más que nada, en la clínica lo que hicimos fue tocar con Albana. Pienso que el próximo sábado que van a estar Wellington Silva, Mathías Silva y Guillermo Díaz Silva probablemente les pregunten muchas cosas a ellos, porque hay mucha gente que le interesa saber algo sobre esa magia que tiene el tambor, y cómo se toca. Porque si bien hay mucha gente que sabe tocarlo, los Silva tocan con raza y con estirpe.

Usted acaba de regresar de Argentina, donde estuvo de gira con “Piano Forever”, obra que acaba de ser nominada a un Premio Gardel…

¡Sí, pero me mataron, porque me pusieron en jazz, y no es un disco de jazz!  Yo quizá tenga trabajos que sí puedan entrar en esa categoría, por ejemplo el CD “Aéreos” que pertenece a estos dos CDs recién editados que son “Canciones y  Aéreos”. “Canciones” es eso, canciones en un formato típico. Pero “Aéreos” tiene visos jazzísticos, por así decirlo. Y “Piano Forever” no, son todas canciones. Igual, estoy contento de que lo hayan considerado de todas maneras, en una terna que incluye a Daniel Maza –nuestro querido Daniel Maza– y Pipí Piazzola, que siempre ha ofrecido trabajos muy honestos, y elaborados con el corazón. Así que estar en esa terna ya es un premio, y le estoy muy agradecido a la gente que consideró el disco… ¡pero me mataron! [Risas]
Usted ya recibió un Gardel en 2010. De hecho, tiene ese Gardel, tiene cinco Graffitis, tiene dos premios Florencio Sánchez, tiene el diploma de la Fundación Konex… y más allá de toda la charla filosófica sobre la razón de ser de los premios en el arte, uno pensaría que tantos reconocimientos permitirían visibilizar lo que hace de modo exponencial. Sin embargo, he leído muchas notas donde comenta lo laborioso que le resulta hacer conciertos que tengan una convocatoria acorde con ese nivel de reconocimientos. ¿Cómo entiende esa dicotomía?

Me resulta difícil explicarlo… pero puedo decir que lo que hacemos es para un grupo más reducido. Poca gente sigue de cerca nuestras evoluciones, nuestras propuestas. En mi caso, como yo soy instrumentista y cancionista, propongo esas dos corrientes. De todas maneras, mi mundo es reducido en términos de minutos por obra, o composición, o invento, o como se le diga… y si es una canción, va a tener formato de canción, y durar tres minutos. No va a ser una sinfonía que dura una hora y media, y que tiene todo un desarrollo. Mi mundo es simple. Y la parte instrumental también podría decir que es bien simple. No hay solo cuatro acordes y hay que estudiar un poco más para conocer las piezas y las partes, pero son trabajos simples. No son conciertos de Beethoven.
Lo más tragicómico es que con los Shakers tampoco tuvieron una ganancia acorde. De todos modos (y no sé si sirva de consuelo), eso era característico de aquella época – una constante de artistas como los Beatles, los Stones y los Who es que todos eventualmente tuvieron algún problema serio con los managers, y terminaron con una economía infinitamente más precaria de la que hubieran tenido de otra manera. Y eso se debe simplemente a que no estaba claro qué se podía hacer y qué no, como así tampoco se entendía la proyección en el tiempo que podría alcanzar una carrera musical.

Bueno, si uno hubiese estado bien asesorado se hubiera cubierto.
Me viene a la mente un tema de Richard Thompson, que dice que uno debe pagar un precio por todas esas cadenas que rehúsa.

 [Risas] ¡Qué se le va a hacer!

Hay cosas peores, ¿no?

¡Sí las habrá! [Risas]

Un proyecto con el que va a estar muy compenetrado en 2016 es el dúo “Dos Orientales” con Yahiro Tomohiro, el cual celebra diez años de existencia. ¿Qué actividades ya han sido planificadas?

Vamos a hacer una gira de cuatro semanas en Japón, conmemorando el décimo año consecutivo del dúo “Dos Orientales”. Y va a ser la cuarta vez consecutiva que Albana también participa, pero como invitada en un par de temas, y me ayuda a cantar. Y al final, podemos tocar los tres tambores. Antes éramos solo piano y chico. Y ahora también tenemos el repique. A la gente le encanta, generalmente los tocamos al final de la presentación, nos vamos tocando entre el público. Este año estaremos solo cuatro semanas, así que me imagino que serán unas quince ciudades. Eso aún no está definido. Además, ahora está por salir el tercer disco del dúo, llamado “Tercer Viaje”. Fue grabado en Tokio en diciembre del año pasado, al final de la gira. Participan Albana Barrocas, y Diego Paredes, Fernando Núñez y Noé Núñez del extinto Rey Tambor, porque lo desarmé, y formé Barrio Sur Quinteto, con los Silva y con Albana. Y “Tercer Viaje” fue mezclado aquí en Montevideo en Sondor, por Gustavo de León a la cabeza. Sale ahora, es nuestro tercer disco, y estamos muy contentos con los resultados.

Hace no mucho habían comenzado a trabajar en una película contando la historia del dúo. ¿Cuándo va a estar lista?

Pronto tendría que estar terminada. El equipo incluso estuvo en Japón, filmando algunas instancias en camarines, y en escuelas japonesas, porque con el dúo también vamos a escuelas y Tomohiro les explica a los niños con un mapamundi cómo el pandeiro es árabe pero también se toca en Brasil, y les señala a Perú cuando les muestra el cajón peruano, y les muestra el norte de argentina cuando toca el cajón leguero… y después les dice “acá está Montevideo, acá se tocan los tambores”.

¿En qué momento se estableció esta conexión directa con Japón?

Fue gracias a esas coincidencias de la vida. El vínculo con el país surgió cuando yo estaba en la banda de Djavan, y él fue de gira para allá. En la actualidad, es un proyecto que existe gracias a nuestra manager (Atusko Kai) y a Tomohiro. Porque para lograr tocar en Japón, les requiere mucho esfuerzo no solo en términos de organizar las actividades sino también desde lo mecánico – ellos manejan la camioneta donde viajamos nosotros y los instrumentos. Y cuando viajaba el Trío Fattoruso (que también lo llevó él) eran dos camionetas viajando por todo Japón. Ellos son los roadies, los plomos, los managers y los músicos. Y somos todos plomos, también. De otra manera sería imposible hacerlo. Es lo mismo que estábamos hablando sobre la convocatoria hace un rato, nosotros en Japón no podemos tocar en grandes teatros con una taquilla que sustente todo. No, nosotros tocamos en lugares chicos, donde entran unas treinta personas. O sesenta. U ochenta. Pero no más. En cada gira que hacemos, lo que ellos logran también es que participemos en un festival grande. Porque sino, la gira no es viable. Es muy cara. Y a veces se consigue un segundo festival que estabiliza un poco las cosas, porque este dúo (que somos cuatro personas viajando, con Albana como invitada) entre semana toca en estos lugares chicos, y eso nos permite pagar los hoteles y las comidas. O sea, no es algo que se haga así nomás. No somos Paul McCartney.
Me recuerda a esa “vida paralela” que alguna vez narró que tenía con los Shakers: una existencia en los restaurantes para poder sustentar la otra, la de creación y registro en el estudio

Así es.
¿Hay algún proyecto que aún tenga pendiente a esta altura de su carrera?

La vorágine de las actividades se sucede día a día. Considero que soy alguien con mucha suerte por tener tantos proyectos. Ahora mismo estoy estudiando porque la semana que viene voy a  grabar un tema de Francisco que me tiene loco [risas]. Vamos a grabar en Sondor con un productor inglés que viene a Montevideo. Es una sesión con Tato Bolognini, Albana Barrocas, Nicolás Ibarburu, Mathías Silva, Guillermo Díaz Silva, Wellington Silva, Francisco Fattoruso y quien les habla. Y yo estoy estudiando, hay unos temas que ya los sé, pero este de Francisco me tiene como loco. [Risas] De cualquier manera, eso es un proyecto para la semana que viene, y ya tengo las manos calientes, ¿me entiende? ¡La silla ya está caliente! Recién vengo de Argentina, donde hicimos más kilómetros que Colón. La comida que comimos no sabe lo que fue, porque no tuvimos tiempo. Los viajes en los ómnibus eran ocho horas para aquí, ocho horas para allá, te acostás a las dos de la mañana y a las siete ya salís… O sea: vida de músico normal. Fueron cinco días picantes. Ahora también voy a tocar con la banda sinfónica, con la big band de AUDEM, estoy viajando mucho a Argentina, en unos meses a Japón…

Como admirador de Living Colour, me gustaría preguntarle sobre Vernon Reid. ¿Cómo y cuándo surgió ese vínculo?

Nos conocimos personalmente gracias a Naná. Y también fue gracias al mismo Reid, porque a Naná le dieron la batuta para que formase un grupo con americanos y brasileros para tocar en un festival de Heineken que tenía dos fechas, una en Sao Paulo y otra en Río. Entonces, Nana invitó a Vernon Reid, a quien ya conocía. Y le preguntó a Reid, “¿Qué pianista brasileiro você quer que toque?” Y le dijo, “Hugo Fattoruso”. Y cuando Naná le explicó que yo era uruguayo, Reid se sorprendió. Pero igual solicitó que yo fuera el pianista, y Naná entonces me convocó. Y así conocí a Vernon en persona. Aparte de ser tremendo músico, era muy buena gente, una persona realmente cándida. Y Living Colour siempre fue una banda muy sofisticada. Lo que hacen te gusta, o no te gusta.  Hay gente que no los entiende. El estilo de ellos no es nada fácil. Pero hay un mundo que  entiende todo lo que ellos tocan. Por eso son reconocidos, y por eso fue tan fuerte el golpe. Lo que tocan no es verdurita, es de postalina. Son músicos muy preparados. Aparte, vienen de países donde el tipo que está tocando en la calle tirando la manga ya toca diez veces más que vos. El nivel en el norte es tremendo. Sobrevivir es difícil con nivel, y sin nivel… imagínese.

¿Esa competitividad se puede atribuir a la existencia de una industria musical fuertemente establecida?

El mercado vende lo que la gente compra, y le enchufan a la gente lo que ellos quieren. Si a nosotros nos dan la comida que nos están dando hoy, esos pollos que no son pollos, esas papas que son iguales a las papas… imagínese lo que le ponen a la comida del gato, que es una lata que la abrís y se la das al gato. ¿Sabe lo que le debe estar dando? ¡Aserrín con anilina con gusto a pescado! ¿Vio lo que nos dan acá? ¡Mejor imposible! [Risas] ¡Los tomates son iguales! Después vas a otro lugar (a Japón, por ejemplo), comés un tomate de verdad, y decís “¡ahh, mirá cómo son!”. Y con la música, pasa exactamente lo mismo. Las modas se suceden, y las cosas se venden. Hay gente que hace las cosas de una manera, y gente que las hace de otra. Ahí no hay nada para comentar. Es solamente presenciar y ver lo que está pasando. Hay cosas peores, como dijo usted. [Risas]

¿De qué etapa de su carrera diría que extrae más conocimientos o enseñanzas?

Del contacto mismo con diferentes músicos, de todos los niveles. Hay músicos con un nivel tan alto, que el contacto es solo para tomar un café. ¡No aprendo nada, me quedo con la boca abierta, y los ojos así! [risas] Uno es Hernán Jacinto, con quien voy a tocar ahora, no sé qué hace con el piano. Leo Masliah también está en otro nivel. Es un nivel muy, muy alto. Mi mente no puede comprenderlo. No entiendo lo que hacen con el instrumento. Y el Mono Fontana es otro. Yo estoy al lado de ellos, pero no aprendo nada. Me quedo maravillado de la sabiduría y musicalidad que veo, porque no es solamente académico. El lío es que combinan las dos cosas, combinan el infinito con las mismas teclas. ¿Cómo diablos lo hacen? No lo sé.

¿Qué artistas uruguayos jóvenes le resultan llamativos o destacables?

Bueno, alguien que no es tan joven, pero tiene una propuesta fantástica es Herman Klang. Es un músico fantástico. También me viene a la mente Nico Ibarburu. O Nacho Algorta, que es un compositor increíble. Y un chiquilín que no sé por qué no tiene más suerte en este país es Damián Gularte. Él tiene unos candombes fabulosos, es el uno. Y no sé qué pasa.

Hace poco entrevisté a Mandrake, y me decía que el candombe es un género que todo el mundo lo conoce y lo identifica y muchas veces hasta se identifica con el género en sí. Pero si le pedís a la gente que nombre un candombe de factura reciente, no te puede nombrar ninguno. Porque no lo hay. Hace años no hay nuevos éxitos de candombe sonando en la radio.

Es que no se populariza. No sé bien qué pasa, no lo podría explicar. Y eso que es un estilo absolutamente fabuloso.
No se cuida. A veces pienso que no nos cuidamos ni nosotros mismos. La primera vez que fui a Buenos Aires me quedé anonadado con la prevalencia que tenía el tango. Un extranjero que desconozca por completo la historia del Río de la Plata podría asumir con total naturalidad que el tango es una invención exclusivamente argentina.

Sí, pero a su vez un señor llamado Roberto Sabán, que tiene un programa de radio en Buenos Aires, me contó que él vino con un amigo argentino acá, y que fueron a cuatro reductos de tango fabulosos. Y le pregunté dónde, y me enumeró lugares: lo de la Lola, lo de la Pocha, lo de la Tota… me dijo que uno era los martes, otro los jueves, y que estaba lleno de gurises jóvenes bailando. Y yo la verdad no sabía. Ahora, lo que es tocar tango, eso ya es otra cosa. Y para eso hay que ir Buenos Aires. Porque está más arraigado allí.

A modo de conclusión, ¿hay algún concepto que quisiera compartir con la gente joven que comienza su carrera artística?  ¿Algún recaudo que es prioritario que tomen?
A grandes rasgos, les diría que se aprende de todas las maneras, y que de todos se aprende algo. La música es una pasión que está dentro de la persona. Y esa pasión la lleva a subir, a escalar y a mejorarse. Son días, y horas, y almanaques.



[Fuente: www.cooltivarte.com]

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